![]() |
| Anticipación ridícula. Foto: Baer |
Estoy lejos de asegurar que siga ilusionándome con las fechas navideñas como lo hacía antaño, pero claro que creo que mantienen cierta magia donde los buenos sentimientos afloran -cada vez en menos medida- en la mayoría de los pobladores de estos confines. Confieso que en ocasiones me he transformado en un amargado de la natividad, pero me dura poco.
Para empezar a festejar el nacimiento de Jesús sobran los pretextos y las tiendas de autoservicio principalmente, no han claudicado en aumentar el tiempo en que inician las ventas de artículos que dan ambiente decembrino a nuestras casas; recuerdo que en mis tiempos de niño, éstas iniciaban en la segunda semana del último mes y ahora...
Ni siquiera había pasado la conmemoración del día de muertos, cuando ya estaban los estantes rebosantes de coronas, esferas y arbolitos. Quizá no se han dado cuenta que, posiblemente, ésta manía de ganar el mercado sea la causa de que ya no nos emocionemos con la llegada de la Navidad, que tanta oferta nos sature al grado de sólo desear que se pase lo más pronto posible.
Para colmo, la supuesta variedad no hace que tengamos opciones parta escoger cómo queremos festejar, por el contrario, sólo aumenta la sensación de un ambiente saturado. Será que no he visto demasiada televisión, pero no tardan en mencionar la palabra navidad unas diez o quince veces por hora en cada uno de los canales. Lo malo no es la cantidad sino lo empalagoso. Salud.
Beto






