martes, 10 de junio de 2014

Mil horas de fútbol

Con ganas de ir a echarles porras.
Antes de que las invasión balompédica sea total, siento la necesidad de tener un escape que me recuerde que no todo es un estadio con veintidós en el rectángulo verde, setenta mil en las tribunas y millones delante de un televisor. Eso sin contar con otros tantos pegados a dispositivos móviles con lo que este próximo mundial será el primero en ser transmitido por pantallas de diferentes tamaños.
No diré que voy a ser ajeno a la justa mundialista, seguramente buscaré la manera que seguir al equipo nacional, pero creo que necesitaré momentos de solaz alejado de todo lo que huela a vinil, pasto y sudor. Sin embargo, al parecer hasta los canales culturales y los dedicados a la investigación científica tendrán sus momentos de culto al "juego del hombre", como lo bautizara Ángel Fernández. El pretexto es lo de menos, estar de moda se impone para no quedarse fuera del patrocinio ni del favor del público -para poder venderles más cosas poco útiles- que estará atento a todo lo que suceda en Brasil.
Quizá mi búsqueda obedezca más a evitar a toda costa caer en el espejismo de que la oncena mexicana tendrá una participación histórica donde cumpla con todos los deseos reprimidos en años de expectativas nunca cumplidas, máxime cuando los augurios empiezan a parecerse al ya lejano papel hecho por la selección de 1978 en Argentina. Veo frustración en mi futuro cercano. Salud.
Beto

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