| Las ideas como las gotas de agua, caen, se evaporan y vuelven a caer. |
Lo bueno de pasar una buena parte del día solo, es que puedes cuestionar el mundo en primera persona; el pensamiento vuela hacia donde empezaste a pensar en cambiar las cosas que te rodean, en cuánto tiempo te duró la sensación de ser inmortal y omnipotente, en cuántas veces deseaste acompañar a alguna persona durante su viaje en este muy menospreciado mundo.
Algunas de las cuestiones que no creo que vaya a darles respuesta en el corto plazo, tienen como origen el miedo, pero no es un miedo irracional, sino uno fundamentado y razonado por lo que he logrado o perdido. La balanza se mantiene horizontal, lo cual no es bueno aunque tampoco malo. El miedo entra en este punto puesto que, aunque no soy infeliz, mantengo el "gusanillo" de que me falta algo por hacer.
Podría tener que ver con el plantar un árbol, escribir un libro, pero de tener un hijo... de eso nada. No es que no me gusten, pero creo que no me insertaron el gen de la paternidad o quizá se trate de estar harto de cuidar hijos ajenos. Por lo que sea, preguntarme cosas sobre la existencia y la humanidad sumado al sentimiento ya mencionado, se convirtió en un muy buen pasatiempo.
En los momentos de mayor participación neuronal me pregunto ¿qué era lo que deseaba hacer? ¿qué he hecho de mi vida en estos años? ¿qué me falta por hacer? Seguramente de las tres, tenga un montón de posibles respuestas y otras tantas, que no están consideradas. Lo único lamentable sería que los orígenes de mis inquietudes no estuvieran intactos. Por fortuna lo están. Salud.
Beto
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