martes, 15 de julio de 2014

Borrón y ¿me da la cuenta?

¿Y o'ra? Foto: Baer
Quienes aún gozamos de periodos vacacionales, podemos entender que el valor del trabajo reside en el crecimiento que se pueda obtener como persona; la actividad, cualquiera que ésta sea, debe proveer de un grado elevado de entretenimiento, lo cual no significa que deba tenernos muertos de la risa, sino que mantenga nuestro interés por el mayor tiempo posible.
Tampoco debe pensarse que el trabajo por sí mismo, deba tener los elementos necesarios para que nos sintamos a gusto en él, por el contrario, es responsabilidad personal que encontremos los beneficios en nuestra labor, es decir, que si estamos en un empleo en el cual no nos sentimos totalmente satisfechos, es nuestra culpa y de nadie más.
Cada uno de nosotros sabemos cuál es el grado de interés que tenemos en nuestro trabajo. Cada quien conoce los puntos a favor y los que están en contra para que sigamos invirtiendo nuestro tiempo en determinada actividad. Y lo mejor del caso, todos nos damos cuenta cuando se termina un ciclo y la necesidad de iniciar otro, ya sea en el mismo empleo o en otro.
Matizaré, si las circunstancias nos lo permiten, cambiar de aires debe ser más benéfico que perjudicial. No estoy para dar consejos, pero creo que si se tiene la oportunidad de dar un giro a nuestro ritmo y estilo de vida, tarde o temprano se verá fortalecido nuestro plan existencial. Cuestión de tener un minuto para analizar en dónde nos encontramos parados. Salud.
Beto

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