martes, 28 de enero de 2025

Temas casi negados

Algunos temas parecieran para Judas Tadeo.
Foto: BAER

Irapuato, Gto. Aunque revisara, estoy seguro que mis emisiones de Co2 son mínimas ya que no cuento son estufa de leña, calentador de combustibles ni siquiera automóvil, mis instrumentos de cocina son de gas y no los uso muy seguido; so sé si sumarme a las huestes que conforman el frente contra las emisiones de bióxido de carbono con tan poca experiencia en el ramo, tanto en el cuidado como en la difusión de la información. En la literatura es difícil encontrar obras que traten sobre el cuidado del ambiente y si los hay, tendrán un tono como de película cristiana; puede ser que para niños hasta los incluyan en los libros de texto, dado que en otros medios, como la televisión, las producciones sobre el tema parecen estar hachas para Plaza Sésamo; ¿podría el ambiente ser tratado como un tema para la lectura de adultos?

Posiblemente sí, pero la tendencia a romantizar situaciones y relaciones, provoca que los escritos se balanceen entre el academismo y la victimización de «los buenos» salen adelante claro, pero sería el colmo que no fuera así ni en la ficción; la justicia, por lo tanto, difícilmente llega por medio del sistema o alguna institución gubernamental, por lo cual aparecen súper héroes o justicieros que aunque fuera de la ley, tratan de equilibrar las cosas, sabiendo que sus acciones los convierten en delincuentes como a Arsène Lupin, lo que pocas veces ponemos a discusión es la calidad moral de todo aquello que callan quienes están en torno a esos personajes, ya que al parecer, se han olvidado de sus obligaciones como ciudadanos y están esperanzados sólo a la protección que esos paladines les brindan.

Un tema difícil éste de la justicia dado que, como es tratada, más que ajustar las consecuencias de nuestras acciones, se busca un desquite que se le parece mucho y que podemos ver claramente en «El conde de Montecristo», una historia como otras tantas que propone dejar de lado a las instituciones pues sólo convirtiéndonos en caudillos es como logramos justicia, ya que las policías o los ejércitos para nada son confiables, como se manejan también en «El hombre araña» o en «El Zorro» pero, ¿por qué nos parece tan natural que se plasmen historias así, si casi nadie se anima a ser «justiciero solitario»? Porque todos sabemos en desenlace en la vida real y dado que lo único organizado en este país es la delincuencia, ese final sería poco apreciable o heroico. Miren que a más de uno pudo habérsele ocurrido emular las hazañas de «El Santo».

La eterna frase de que «de política, religión y fútbol mejor ni hablar», sólo muestra el nivel de adoctrinamiento al que hemos llegado que somos capaces de suponer que podríamos tener entre nosotros un intercambio de ideas civilizado, buscando con ello el consenso, pues creemos que nuestro punto de vista debe imponerse sobre el de los demás. Otra ilusión en la que solemos insertarnos al no considerar nuestras debilidades que ni siquiera llamamos así, sino que nos referimos a ellas con el eufemismo áreas de oportunidad que apunta y apuesta a la ambigüedad con el único fin, supongo, de evitar responsabilidades. ¿Cuáles? El tener que dar explicaciones de nuestros fracasos, como si eso fuera pecado; el tener que aceptar las razones de los demás, como si la verdad fuera única y exclusivamente nuestra. Sólo gajes del egocentrismo. Salud.

Beto

martes, 21 de enero de 2025

Historias paralelas

No es necesario imaginar a todo el orbe,
donde vivimos no nos conocernos. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Es normal pensar que ya todo está escrito, lógico si pensamos en los miles de relatos que se han contado en todas las épocas de la humanidad, lo que creo es que desde el inicio, por los corto de las referencias y los lenguajes en desarrollo, hemos contado las mismas historias, con la diferencia del estilo de cada narrador; no recuerdo si fue Fuentes, Cortázar o García Márquez quien dijo justo eso, que en Hispanoamérica se escribe una misma novela pero a cada país le toca un capítulo; pero no serán éstos totalmente distintos, ni siquiera cronológicos dado que todos tenemos una visión particular de nuestra realidad como continente, misma que nos sirve de referencia para entender en qué momento nuestras narrativas serán fantasía, romanticismo o la más cruenta crudeza para describir un mismo evento.

Por otro lado, existe también el recurso de correr dos historias al mismo tiempo, complementarias pero totalmente distintas; esto sirve para dar dinamismo a los relatos, sin embargo, es una manera de mantener el interés y la concentración del escritor, lo que garantiza una mayor dedicación y esmero a la creación literaria. Un beneficio extra es que dicho recurso ayuda a ejercitar la memoria a corto plazo ya que nos obliga a poner atención en distintos personajes en situaciones diferentes y hasta en tiempo que nada parecen tener en común. Leer una obra que nos cuenta dos o más historias que pueden entrelazarse, nos crea un ambiente en el que parece capacitarnos para entender, desde un mismo punto de vista, todas aquellas situaciones posiblemente cercanas.

Esta cercanía no sólo es geográfica, posiblemente la menos importante puesto que con la velocidad de pensamiento es más fácil establecer lazos más fuertes; la afinidad es más un trabajo de autosugestión porque somos nosotros mismos quienes justificamos lo que sentimos y esperamos que los demás sientan, si eso hacemos con personas reales, con mayor razón con personajes ficticios. Podríamos pensar al principio que la identificación con ellos, de manera natural debe ser con «los buenos», pero no siempre es así, por ejemplo lo que sucede con el monstruo de Frankenstein o con el jorobado de Notre Dame, con los cuales somos capaces de identificar otro tipo de belleza, paralela a la que estamos acostumbrados por estar basada en la fealdad, lo que podría ayudarnos a ser más abiertos.

Si pensamos en la cantidad de personas que somos en el lugar donde estemos cada uno, la comparación entre las que hemos tratado, las que conocemos y las que potencialmente conoceremos contra las que nunca tendremos contacto alguno, la diferencia es perturbadora y aunque popularmente o de manera intuitiva sabemos que tenemos semejanzas cono otros, en realidad preferimos pensar en las diferencias esperando que eso nos haga únicos. Aun así fuera, los paralelismos nos delatarían ya que estamos insertos en una misma cultura, a decir de algunos, desde el río Bravo hasta Tierra de Fuego; todos solemos contar cosas familiares hasta hacer un chiste, hablar de antiguos amores hasta crear una novela o sobre los amigos hasta revelar sociedades secretas y todo con el maravilloso medio que es el español. Salud.

Beto

martes, 14 de enero de 2025

Retomando prioridades

A un lado que ahí les voy. Foto: BAER

Irapuato, Gto. En los últimos días del año pasado, estuve pensando sobre el posible avance en mi idea original de la editorial, supuse que no habría problema con la producción de textos y sin adornarme, no lo ha habido, pero el complemento que serían otras visiones, aún no se ha concretado; en cuanto a la producción de audio, La Ranita Cuántica va viento en popa hacia la séptima temporada, las ideas con las cuales hemos llenado ese espacio han funcionado y, lo mejor de todo, sigue siendo divertido. A las novelas se les unió una puesta en escena, los blogs no han tenido tregua y ha vuelto un poco mi interés sobre los dibujos a lápiz negro o de colores; sigue emocionándome escribir con mi pluma fuente o comprar cajas de bolígrafos o adquirir libretas. Resulta muy interesante ver cómo van llenándose de letras los renglones.

Lo que podría faltar es la publicación en físico de todo el material ya producido o, al menos, lo que está formateado y en espera del visto bueno del consejo editorial (me adorné); en realidad sólo debo darle una nueva revisada para establecer fechas, por ejemplo, de la adquisición de una nueva impresora, de la impresión de los pliegos, la producción de los volúmenes y la difusión y venta de los mismos, cosa que en estos momentos adquiere más importancia porque hace mucho que no hay nuevas historias en el estanquillo, podría decir que no recuerdo qué tanto tengo en bodega. Fuera de los textos que ya di por perdidos como lo que escribí en mi estancia en Juárez o lo que alguna vez envié a un concurso en la Ibero, lo demás está en carpetas que sólo cambian de lugar, por fortuna, virtual.

Tengo además una asignatura pendiente que es la de nombrar a uno de mis personajes principales, lo que está tomando tintes de urgencia puesto que ya lo he pensado para conformar con ella una trilogía, ahora que eso está en boga; y no es que lo haya pensado así desde el principio, el caso fue que en la libreta donde escribo los temas que pudieran interesarme, dos de ellos parecen acoplarse a lo que mi detective está resolviendo en otro escrito, aunque siento que hago trampa porque no los había pensado para ella. Sólo espero hacerle justicia y que sus aventuras sean de verdad atractivas. Todo eso ha provocado que recuerde los escritos que tengo caso olvidados, como el segundo cuento de Pánfila, la hormiga exploradora, el segundo también que trata sobre las fiestas del mes pasado y algunos otros por ahí guardados.

Ahora recuerdo que me había propuesto el ser más sociable (no sé si lo comenté por este medio), lo que he quedado a deber porque lo de estar contactando gente no se me da en la realidad, aunque debo admitir que mis relaciones más cercanas han sabido más de mí, nada espectacular, pero más. La búsqueda de la justificación profesional sigue en pie, lo bueno es que va teniendo cada día una forma más definida; tomo todo como un nuevo inicio, posiblemente como si se tratara del último cuarto en un partido de americano, tengo el balón en la yarda veinte a punto de iniciar, quizá con una corrida para ir reubicando la táctica con la que la vida ha venido aporreándome en los otros cuartos, después un buen pase para estar a tiro de tres puntos, sin embargo, lo que importa es el touch down. Salud.

Beto

martes, 7 de enero de 2025

Los regresos a clases

Pero era bueno tener todos los días
un público cautivo. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Pensamientos previos, nerviosismo por no tener claro si se podrá mantener el nivel, la exigencia diaria, las tareas otra vez y todo lo que el aula significa, tejen en cada cabeza certezas y dudas sobre lo que cada uno debe hacer en esas cuatro paredes; y si creen que estoy hablando de los estudiantes, están muy equivocados. cada cabeza de cada docente da vueltas en lo que cada nuevo curso representa para su carrera, ¿será acaso un aprendizaje o una tortura? Si posiblemente fuera otra cosa, ¿estará preparado para ello? La relación maestro-alumno, en mi manera de ver las cosas, se encuentra en una especie de limbo en el que la estructura jerárquica que la sostenía, se ha fracturado en sus cimientos por lo que se tambalea entre el respeto vertical arriba-abajo y otra horizontal supuestamente amistosa. No digo que no pueda existir la segunda de ninguna manera, pero no puede darse por decreto desde un escritorio.

Recuerdo la manera que tenía de ver a los maestros de las escuelas donde estuve, en el primer año aún tenía fresca la imagen materna que la maestra de segundo se empeñó en destrozar; del tercero al sexto fluctué entre la imagen que añoraba y de la que quería alejarme a toda costa. En la secundaria entendí que los acercamientos eran imposibles dado que los trabajos de los profesionistas que fungían como maestros eran más importantes que atender a chiquillos inquietos y aquellos que estaban de tiempo completo, seguramente cumplían un castigo. En la prepa la cosa cambió poco, tal vez sólo en el aire de suficiencia que flotaba en el alumnado porque la información (de todo tipo), fluía por la libre (en términos de la tecnología imperante en ese momento) y su manejo requería de cierto toque que no todos tenían por lo que había que escoger un tópico que pudiéramos manejar con soltura.

El cambio radical se dio en la universidad; para empezar, el trato entre compañeros era muy distinto a lo que yo estaba acostumbrado, cambio que atribuí a mi entonces visión clasista de las cosas, ¿qué era eso de saludarse de beso entre adolescentes? ¿Acaso nunca les dijeron que se hacía sólo con familiares? ¿Qué tal lo de andar preguntando por nuestros estados de salud? ¿No era territorio exclusivo de los adultos? El colmo fue cuando escuché, en la primera clase, referirse como «Luis Fernando» por parte de una alumna ¡al director de la carrera! ¿Lo conocía lo suficiente como para tutearlo así? ¿O es que el señor no tenía título alguno? Llegué a pensar que se trataba de una novatada para el último que llegara ¡y ése había sido yo! Pero no, respiré tranquilo una vez que me di cuenta que así era la costumbre y que debía adaptarme ¡otra vez!

¡Otra cosa era comenzar cursos como docente! Ni siquiera cabe la comparación; le di la despedida a los tropiezos, los nervios y los temores de hacer el ridículo y di paso al terror, la incertidumbre y la constatación de que era más viable parecer un payaso desde el frente del salón; cada enero y cada agosto eran precedidos por dos o tres noches de insomnio, algunas laxitudes estomacales y otros tantos sueños extraños en los que me veía corriendo por los callejones oscuros de una ciudad perdida buscando... no sé qué demonios. Para empezar, no tengo idea de lo que debía estar haciendo en un lugar así, a menos que se tratara de una protesta onírica por lo poco que pagan en las escuelas o tal vez, por recordarme que yo era un impostor frente a grupo. En mi defensa debo decir que nunca me llamé maestro, sólo era un comunicólogo dando clases. Salud.

Beto

martes, 31 de diciembre de 2024

Doce campanadas

El año nuevo viene crecidito. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Los símbolos suelen ser interesantes y algunos hasta divertidos, los de fin de año además cuentan con cierta teatralidad; quienes tienen por costumbre barrer la calle, sacar maletas, ondear banderas y comer uvas lo tienen muy claro, esos símbolos reunidos en rituales paganos son en realidad muy divertidos. Tomándolos en serio o en broma (en realidad no importa) suelen mostrarnos realidades alternas en las que hay una espiritualidad tan válida como cualquiera pues los mecanismos mentales son los mismos, más allá de los discursos sobre adhesiones y destinos; es posible que ya hayan realizado sus ejercicios para prepararse para este año que llega y despedir con dignidad al que termina, el entornos se transforma de acuerdo a los intereses que mantengamos vigentes hasta este día, mañana comenzará otro ciclo en el que las promesas se combinan con las trabas que ponemos para realizarlas y la diferencia queda.

Recuerdo algunos detalles en los que mi familia tuvo que ver, que cambiaron un poco la tradición como aquella en la que se comen doce uvas como símbolo de que nada nos faltará en el siguiente año, al menos el sustento pero al rededor de 1972, con la llegada de mi hermano Pepe, las compras no pudieron hacerse tan puntuales como habían sido los años anteriores, así que no había uvas para la cena, pero estando en la capital mundial de las fresas, ¿cuál era el sustituto natural? Lo adivinaron, los higos... ¡no es cierto! Creo que el ritual nos salió sui géneris porque tratar de tragar fresas lo más rápido posible, no es muy recomendable que digamos, varios estábamos atragantándonos, creo que las semillitas incrustadas en la piel de la frutilla era un buen aviso de que no debimos hacerlos, pero lo hicimos y la tentativa ce competencia por ver quién las terminaba primero se realizó en cámara lenta.

Sin importar la fruta, el simbolismo no cambia, cada «mes» que se engulle lleva consigo la promesa de que será bueno y que nada habrá que nos preocupe; mi ejercicio mental inició el pasado noviembre, recorriendo lo hecho desde enero, lo cual resultó fácil ya que un blog (para mí, una columna virtual) funciona casi como un diario. traté de hacer una comparativa a manera de proyección, algo así como si en marzo del año pasado hice... ¿qué haré en el próximo? Lo mismo con todos los demás, sólo espero no haber dejado la vara muy alta en algunos de ellos para poder superarlos; he pensado incluso iniciar una tradición personal, si llego a cumplir o superar una de las tareas que me haya propuesto cada mes, tocaré la pequeña campana que perteneció a mi abuela y luego a mi tía, teniendo como testigo a la licenciada Rodríguez para que dé fe del hecho.

No creo que haya problema si inicio inmediatamente mañana, aunque me levante tarde, ya que he tenido a bien publicar en cada inicio de año, sólo tendré que ubicar en qué día cayó el 1° de enero. Sólo espero que a todos nos vaya mejor y que nada se interponga entre lo que nos proponemos y nosotros; a ustedes, mis diez lectores, que encuentren solución a todos los problemas que se les presenten y si no los tienen, ¡pasen la receta, no sean ingratos! Desde está humilde pero aguerrida trinchera, espero que el siguiente año nos lleve por caminos parejitos, sin contratiempos y con todo lo necesario para llegar a buen término, dando cuenta de aquello que hayamos emprendido; tengan buena salud, ánimos para trabajar y el mejor entendimiento de todo lo que vaya sucediendo en el entorno que, de mi parte, será lo mejor que nos pueda pasar. Reciban un gran abrazo. Salud.

Beto

martes, 24 de diciembre de 2024

¿Y para el cierre?

Escribir es como andar en bicicleta. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Les habrá ocurrido que están haciendo algo en su casa, como una reparación, de pronto se dan cuenta que les falta una herramienta y no pueden salir rápido a la ferretería porque es domingo y está cerrado y ni cómo ir a una tienda de autoservicio porque si se separan de la obra, corren el riesgo de que la reparación provisional no aguante, lo peor del caso es que se trate de una simple llave de tuercas que uno de sus parientes les pidió prestada por una semana que se cumple al día siguiente pero lo malo, es que ese pariente no vive en la ciudad, por lo que la alternativa es dejar todo como está, hecho un desastre, vigilándolo para que no se haga más grande. ¿Mandar a alguien con los vecinos a pedir prestada una? ¡Ni pensarlo! ¿Para que todo el mundo se entere de que no somos capaces de encontrar una solución adecuada? Además, ni tu mujer sabe de herramientas como para pedir una, ni tus hijos podrían porque están muy chiquitos.

¿A quién recurrir entonces? El manual del macho mexicano (si existiera), dice que hombre que se precie de serlo, saldrá por sí mismo de cualquier problema que se le presente, con los mejores resultados posibles; las úlceras gástricas son lo de menos, la hipertensión no es más que una simple molestia y los infartos son el pan de cada día, así que una pequeña traba no va a detenernos, por lo que en cuestiones de escritura sólo seremos el cierre y nosotros -nota aclaratoria: también hay machos con faldas-; los días y las noches que estuvimos devanándonos los sesos para encontrar a los personajes idóneos, los lugares adecuados, las situaciones reveladoras y todos los detalles escabrosos, estarían a un paso de volverse nada si no encontramos el final de nuestra historia y no hablo de cualquier término con la palabra fin, sino de la culminación que provocará que los lectores quieran más.

También está la sensación de apego a lo que se produce, la cual resulta muy complicado de desligar de nuestro sistema por lo cual, supongo, se vuelve muy difícil terminar lo que se empezó, una especie de sentimiento de no querer que los hijos crezcan; las separaciones son dolorosas y cuando se trata de cosas salidas de uno mismo, el trabajo mental tiene un poco de luto, sin embargo, dejarlas sin terminar tampoco es digno, así que como si se tratara de ver partir a un hijo, hay que procurar que nuestros escritos salgan a defenderse solos, porque como nos decían en la carrera, cuando un texto es publicado, ya no le pertenece al autor sino a cada lector que se toma el tiempo de echarle un vistazo. Lo anterior es lógico porque no va a estar el escritor explicando a cada uno lo que éste no entendió de la obra, ni siquiera se puede pensar en una conferencia masiva, las preguntas serían muchas.

Cerrar es concluir de todos modos, en un instante, de un jalón con aquello que iniciamos con cierta ilusión, no importa si el escrito es corto o largo, la micro despedida funciona igual en cualquier época del año, el desapego sirve por temporadas pero la necesidad de sentir que un escrito nos pertenece, vuelve con una cadencia como si se tratara del primer bailable de un hijo en el kinder y eso de que el texto, una vez que es publicado, debe defenderse solo, debe ayudar a forjar nuestra templanza como creadores. Lo mejor es tratar de ubicar que la idea de lo que escribimos se queda con nosotros aunque el texto se vaya por diferentes rumbos y, aunque los motivos para escribir sean muchos, debe ser sólo uno el que nos lleve a terminas cada texto y es el tener la oportunidad de iniciar otro. Porque la razón de ser escritor es escribir, no acumular escritos. Salud.

Beto

martes, 17 de diciembre de 2024

Un minuto antes

¿Y después? Foto: BAER

Irapuato, Gto. La idea ha cruzado varias veces por nuestra cabeza y estamos frente al cuaderno, la máquina de escribir, el ordenador, la tableta, el teléfono, la pluma o lo que sea que usemos para escribir, la idea que había dado vueltas en nuestras mentes se sostiene como un paracaidista antes de saltar del avión con la salvedad de que el salto que vamos a presenciar, deben estrellarse en una hoja de papel o en una pantalla sin desparramamientos inconexos; los dedos parecen briosos corceles lanzando coces en el arrancadero y algo parecido a la ansiedad se agolpa en nuestro pecho, tanto que ya quisiéramos que todo estuviera escrito, pero no, el proceso exige paciencia para que las palabras puedan salir en orden y una por una. La antesala comienza a subir la temperatura y hasta hay tiempo para preguntarnos si lo que estamos a punto de redactar será bueno o sólo un montón de oraciones que todos verían como algo ya hecho en todas las etapas de la humanidad.

Sin embargo, hay un asidero al que podemos aferrarnos y es que, a pesar de que todos los temas ya hayan sido abordados en algún momento, nadie en el mundo los ha visto de la misma manera ni desde la misma perspectiva que nosotros; habrá coincidencias, por supuesto, por cuestiones culturales pero las diferencias se establecen por la educación que recibimos y las maneras en que hayamos entendido las teorías en la escuela o en la calle; podemos empezar en cómo entendemos la existencia en general, nada para hacer un tratado sobre ello, todo con razonamientos simples. De la misma manera, cómo entendemos nuestra existencia personal y ya encarrerados, si eso que pensamos lo vemos reflejado en alguien más que no necesariamente sea pariente... o real. Alguien con ese esquema de vida ¿qué tipo de aventuras puede pasar? Ahí estaremos perfilando a un personaje.

Quizá todavía no sea del todo publicable, pero será un muy buen paso para volverlo así o para perfilar otros que lo sean; conforme pase el tiempo y la tenacidad se mantenga, las historias mejorarán al punto de que se volverá una necesidad el ser leído, además de sentir que todo será bajo las propias reglas ¡el opio del escritor! Como sea, los segundos previos a plasmar palabras en una hoja en blanco hacen que nos preguntemos un montón de cosas, a veces inconexas, otras tantas relacionadas con eventos del pasado; las evocaciones pueden ser útiles en tanto no nos expongan sin razón, mucho menos a las personas que nos importan. Parece mentira que tantos pensamientos crucen por nuestra mente en sólo sesenta segundos, posiblemente una muestra de la relatividad del tiempo o quizá el equivalente de escritorio del pánico escénico en un atril.

Los sesenta segundos antes de herir a la hoja con el filo de la pluma sirven también para acomodar los cuadernos, afilar los lápices, ordenar los apuntes y los señaladores y la atención se centra en cómo empezará la primera oración; nada para angustiarse pero sí para ponerse a pensar, una vez terminado el texto, cómo será la rutina al día siguiente. Es posible que lleguemos a angustiarnos un poco por lo que pudiéramos olvidar el próximo mes y no tener tema para escribir; lo que significa el minuto anterior a la escritura, estará impregnado de aquello que queremos que los demás sepan del entorno, de los nuestros o de nosotros, de cómo los vemos y ellos los pueden ver. Ese instante, preludio de la composición literaria podría ser visto como la antesala de una cita encarecidamente esperada, los nervios se manifiestan de la misma manera, pero al escribir se quedan con nosotros. Salud.

Beto

martes, 10 de diciembre de 2024

La belleza en los ojos

Hay gusto que causan disgustos. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Alguna ocasión escuché que la belleza no era algo estático, que se transformaba conforme íbamos creciendo, lo cual me pareció ridículo pues, si nos fijamos bien, las pinturas, las esculturas y las construcciones consideradas bellas no cambiaban ni su estructura, ni su valor, además en ese preciso momento, estaba observando el rostro de alguien sumamente atractiva que, para mi sensibilidad adolescente (sarcasmo), suponía que sería eterna. Lo mismo pasaba cuando descubría un paraje o coincidía con una máquina o veía un espectáculo, pero todos cambiaban, quizá mantenían intacta su esencia, pero lo que en un inicio había llamado mi atención, habría desaparecido después; a lo que tuve que enfrentarme fue a mi tendencia de mantener las cosas inamovibles y era claro que el mundo no estaba interesado en dejar las cosas a mi entero gusto; posiblemente era hora de entender e interiorizar lo que teóricamente había racionalizado.

Por una parte, es cierto lo que afirmé al principio, las obras de arte no cambian, lo que se transforma es la manera de mirarlas o de percibirlas con los demás sentidos; si nos imaginamos una de cada una (según sus gustos muy particulares) quizá descubramos que ha pasado un proceso indirecto por el cual o ya no nos gustan como antes y dejaron de ser nuestros favoritos o adquirieron un valor teórico por lo que tuvimos un resultado semejante. Yo podría pensar en la icónica fotografía del Che Guevara, la que en mis veintes me parecía un logro estético y de diseño que se alejaba de manera abismal de todo lo que hasta ese momento conocía y llevaba poco más o menos siete años de pensar así; mis primeros escarceos con las teorías marxistas y la ideología de izquierda vinieron primero a darle a esa imagen un valor adicional y después, a cuestionar su exagerada comercialización.

Hay que estar preparados para la belleza, esto es, haber aprendido a diferenciarla de aquello que sólo es impresionante, por así decirlo, sería como saber la diferencia (mediante el gusto) entre Odisea del espacio 2001 y la saga completa de Viernes 13; ambas pueden gustarnos, pero sólo una nos dejará algo en qué pensar. El aprender qué es bello nos conduce por varios derroteros que, si me lo permiten, yo ubicaría en tres pasos; el primero tiene que ver con la naturaleza, ya que ésta en la mayoría de sus manifestaciones es tan bella como sorprendente y, a veces, aterradora, así que la producción humana que la imite, tiene un paso ganado para considerarse bella. Un segundo estadio se referirá a la armonía, lo cual significa que sus proporciones están equilibras y un tercer punto sería la evocación o sea, que nos haga sentir algo bueno, pero claro, todo tiene que ver con la percepción personal.

La mayoría de nosotros no somos capaces de ver lo que no tenemos como valioso, esto es quizá un eufemismo para decir que no ponemos atención en lo que no nos importa, lo que es entendible puesto que observamos según nos hayamos educado y las referencias académicas que hayamos cultivado, entendemos la belleza sin dudarlo, pero hay diversas maneras, algunas por conveniencia, otras por afinidad y las otras, por una que otra perversión menor. Otra forma coloquial de decirlo es «en gustos se rompen géneros» y podríamos redundar con más expresiones, pero lo realmente importante es entender que, a pesar de la relativización de la mayor parte de los contenidos, el que a muchos les guste la música actual, el expresionismo, el pollo frito empanizado del Coronel Sanders y las hamburguesas del payaso, no significa que siquiera sean buenos. Salud.

Beto

martes, 3 de diciembre de 2024

Sí hay diferencias

«Pintar los sentimientos» Autor desconocido
incluso en su casa. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Así como acomodamos nuestras escalas de valores (y varios cambiándolas), así también acomodamos nuestros gustos, según la época , las relaciones o el acceso que tengamos los espectáculos después de haber pasado todo un proceso de educación en el arte o eso debería ser en teoría. La práctica es otra cosa, a diario somos bombardeados por información de toda índole, principalmente de noticias (generalmente malas) y de supuesto contenido artístico (algunas veces peores); lo que más vemos y escuchamos se refiere al teatro o la actuación en general y a la música, ésta con una penetración mayor debido a que su naturaleza le permite estar presente en nuestras casas casi todo el tiempo y desde hace mucho, nos parece natural llamar a cualquiera que lance dos notas al aire como «artista», pero las circunstancias que involucran sus trabajos, distan mucho de apegarse a la definición académica de lo que es el arte.

Claro está, no hay una única definición pero la que dice que una obra debe presentar equilibrio entre el fondo y la forma es la que más me hace sentido dado que, como dirían en la antigua Grecia, el equilibrio es la base de la belleza la cual, es el objetivo de todo arte; no haré uso de mi ejemplo favorito aunque me cosquillean las manos, pero Andy Warhol está reservado para ocasiones especiales. Me declararé culpable de no haber buscado otros exponentes, seguidores, copistas de la obra de ese señor, porque la verdad nunca me pareció una expresión digna de una admiración más allá de considerarlos buenos diseños, es decir, la forma era muy llamativa y hasta bonita pero nada hay en la parte del contenido, en otras palabras, no tienen una historia que contar. Lo anterior no es tan malo si consideramos que la principal facultad que necesitamos para apreciar el arte es nuestro sentido del gusto.

Ahora bien, ¿qué nos gusta y sabemos definir el porqué nos gusta? Si se trata de comida, sólo debemos seguir las rutas de los sabores: salado, dulce, picante, amargo, ácido y mientras unos alimentos nos producen placer instantáneo, otros atacan nuestros receptores del dolor, porque eso es lo que produce el chile; ¿acaso somos masoquistas o creemos que con el picor estamos expiando nuestros pecados? Vaya usted a saber, el caso es que cada uno tendrá sus razones a ese nivel, pero sabemos que un platillo está rozando los niveles del arte, cuando la forma en la que es presentado agrada también a nuestra vista y algunos de ellos logran hacernos evocar algo de nuestro pasado lo cual, por mínimo que parezca, añadirá otro nivel de percepción a lo que estamos llevándonos a la boca y, quién sabe, el apreciarlo de esa manera quizá esté arrancándole una sonrisa a alguien que ya partió de este mundo.

El arte en estos tiempos no lo es en sí mismo hasta que alguien con poder decide que lo es; por desgracia, la afirmación anterior se basa en la suposición de que una de dos, ese alguien con poder tiene muy mal gusto o supone que somos nosotros los que no tenemos naciones de apreciación artística, de cualquier forma, el resultado es el mismo, tenemos que fletarnos música estridente con voces deplorables, pinturas que apuntan a la exclusividad supuestamente simbólica pero que sólo son manchas sin sentido evidente, esculturas que parecen sacadas de las pesadillas de Lovecraft, bailes que cada vez se alejan de la danza, películas basadas en historias de diván, edificios que sólo pueden pagar los que tienen dinero y libros que deben pelear un sitio porque supuestamente, nadie lee. Los valores artísticos se han confundido con la comodidad y el ornato de baja producción intelectual. Salud.

Beto

martes, 26 de noviembre de 2024

Arte que no es arte

Cantidad y calidad nunca van a la par. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Antes que todo, debo aclarar que no soy crítico calificado, ni siquiera un seguidor seguidor asiduo de algún artista en particular, sin embargo en mi favor diré que, por mi carrera, debo estar preparado para decodificar mensajes y ¿qué otra cosa son las pinturas o las esculturas, sino mensajes? Empezaré por la definición que entiendo de lo que el arte es y diré que para mí, la academia da la más sencilla y comprensible, «el arte es una expresión que tiene un equilibrio entre fondo y forma», lo que nos da pie a tratar de identificar, mediante la lupa de la belleza, aquello que valga la pena ver, escuchar, oler, acariciar o degustar porque su apariencia corresponde a su estímulo en nuestros sentidos y no es sólo la impresión personal, las coincidencias en las impresiones crea reglas como la manera en que debe cocinarse un pavo, cómo debe presentarse una obra de teatro o qué debe contener un fotograma en un retrato, así que, ¿por qué somos tan laxos con la música?

La industria de las notas y el gorgorito estableció un ritmo de producción industrial muy fuerte en el que la novedad dura lo mismo que un suspiro, por lo cual se apuesta más por la cantidad que por la calidad, dejando con ello, un círculo vicioso que difícilmente va a romperse; la mecánica ha sido muy simple, parece que ahora es poco rentable mantener ventas de acuerdo a una lista de popularidad, así que la vigencia de las canciones es mucho menos que antaño, dado lo anterior, las casas productoras exigirán a los compositores el tener nuevas canciones en un lapso no mayor (por así decirlo) a dos meses, sean éstas éxitos o no, porque un hit deberá salir cada tres (viéndonos generosos), eso solamente para mantener al cantante o al grupo vigentes, ya que si desean que su fama se prolongue por más de medio año, tendrán que sacar un éxito trimestral por al menos cinco años.

O rezar por que su obra original sea de esas pocas que se tocan hasta en las bodas, cumpleaños y primeras comuniones, lo cual tampoco es garantía de ventas porque posiblemente recuerden quiénes son los autores e intérpretes de La macarena pero, ¿y los de Sopa de caracol? Volviendo a la idea de que es mejor producir, los autores son sometidos a un estrés que muy pocos resisten por lo que tienen tres opciones, la primera ya mencionada en líneas arriba y con ello volverse alguien influyente en el medio, hacerse de un equipo de letristas que más o menos aseguren el nivel de calidad de las composiciones así como el estilo o de plano, bajar la calidad tanto de letras como de música para poder trabajar a destajo; aunque no descartaría la opción de combinar las dos últimas como sospecho que siempre lo hicieron Juan Gabriel y Julio Iglesias, porque hay que ver cómo se llegaron a fusilar a sí mismos.

De la música que se escucha ahora tengo muy poco qué decir, no la escucho, pocas veces las notas chillonas sacadas de un acordeón o de la garganta de aspirantes a cantantes populares me son atractivas y tampoco hago mucho caso a denominaciones que parecen haber sido escogidas sólo para salir al paso y no nada más lo digo por el supuesto regional mexicano, porque regionales y del país también son los sones veracruzanos y yucatecos, la música de mariachi y las polkas regiomontanas y tamaulipecas, sino también a mi muy apreciable rock le he cuestionado sus clasificaciones como ópera-rock (si sólo hay un grupo) o el glam-rock (que se basa nada más en la vestimenta y no en un aspecto musical) pero como afirmé en alguna ocasión, las tonterías mejor no entenderlas y si en español van a venderme engaños, dramones de telenovela o asesinatos, mejor consumo otra cosa porque no cualquier pelagatos es artista. Salud.

Beto

martes, 19 de noviembre de 2024

Líneas de investigación artística

Ella sólo pinta lo que la otra toca. Foto: BAER

Irapuato, Gto. El arte, como objeto de estudio, involucra a varias disciplinas siendo la principal en nuestros días, la historia; si tomamos en cuenta el punto de vista del artista, sus averiguaciones tendrían que ver con técnicas, materiales, tendencias y todo aquello que le ayude en su expresión. Un sociólogo posiblemente se interese en para qué se produce, un psicólogo vería la relación entre su historia de vida y el mensaje plasmado en la obra y un comunicólogo se avocaría a averiguar si hay mensajes cifrados, pero la tradición no es investigada, se da como un hecho, es decir, ¿cómo sabemos que lo vivido altera o no la producción artística? Damos por hecho que todos somos hijos de nuestro tiempo, quizá porque nos avocamos a seguir las reglas impuestas por el grupo, sin embargo, suponemos que un artista ve las cosas de manera distinta, por lo tanto, es posible que sienta que lo que nos rige a los «normales» no se aplica a ellos.

Lo que suponemos es que, lo que ven, les sirve de referencia para plasmar aquello con lo que no concuerdan pero, ¿por qué pasaría eso? La segunda suposición es que ellos pueden ver todo eso que nosotros no y la tercera (poco probable), que con su obra proponen alternativas para todo lo que está mal; lo más seguro es que las obras de cualquier artista se queden en el nivel de la denuncia porque su papel no es el de administrar la vida de ninguna nación, apenas y embellece el entorno cumple con ciertas expectativas. Otra línea de investigación sería la de la educación del gusto y la apreciación por medio de la experimentación, es decir, ¿cómo podemos valorar una obra, si no tenemos idea del proceso creativo que implica la misma? Hasta ahora, la educación artística es sólo una nota en las escuelas y poco más o menos, una práctica de ornato, aunque admiramos prácticas pseudo artísticas.

¿Qué pasa con los protagonistas y los movimientos? La forma en la que se presente cada obra es importante porque las técnicas de investigación exigen orden y como una de sus herramientas, la clasificación nos facilitará su observación en sí mismas de las obras y sus contextos; es importante establecer un orden coherente y significativo para los demás pues lo más importante de una investigación (con mayor razón una sobre arte) es la difusión de los resultados pues son ellos precisamente los que dictan los rumbos a transitar en la producción de las expresiones artísticas sean escénicas, de transformación o ingeniería. Las piezas resultantes de todo ese trabajo irán adquiriendo valor conforme se alineen a un propósito sea éste de contemplación o de utilidad, a las de la segunda categoría solemos calificarlas de artesanías porque interviene en ellas la producción en serie.

Desde la generalidad que tiene que ver con la identidad de una región, hasta asuntos más específicos como los materiales, herramientas y tendencias, todo es motivo de investigación en arte, sin embargo, la difusión del mismo se toma como algo hecho cuando los canales, contenidos y exponentes «gozan» de un casi permanente anonimato en lo que a la población en general se refiere; el estilo de la difusión cultural y por ende, del arte, no ha cambiado en casi un siglo, por lo que parece acartonada y sin atractivo en sí misma; sería interesante implementar un estilo más dinámico para ello en el sentido de que tratamos, al igual que en otros planos, sobre la relación entre productos y consumidores, por lo que el objeto de estudio podría ser encontrar un método que incluya la creación de imágenes que provoquen el consumo de arte, ¡está fácil! Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...