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| A un lado que ahí les voy. Foto: BAER |
Lo que podría faltar es la publicación en físico de todo el material ya producido o, al menos, lo que está formateado y en espera del visto bueno del consejo editorial (me adorné); en realidad sólo debo darle una nueva revisada para establecer fechas, por ejemplo, de la adquisición de una nueva impresora, de la impresión de los pliegos, la producción de los volúmenes y la difusión y venta de los mismos, cosa que en estos momentos adquiere más importancia porque hace mucho que no hay nuevas historias en el estanquillo, podría decir que no recuerdo qué tanto tengo en bodega. Fuera de los textos que ya di por perdidos como lo que escribí en mi estancia en Juárez o lo que alguna vez envié a un concurso en la Ibero, lo demás está en carpetas que sólo cambian de lugar, por fortuna, virtual.
Tengo además una asignatura pendiente que es la de nombrar a uno de mis personajes principales, lo que está tomando tintes de urgencia puesto que ya lo he pensado para conformar con ella una trilogía, ahora que eso está en boga; y no es que lo haya pensado así desde el principio, el caso fue que en la libreta donde escribo los temas que pudieran interesarme, dos de ellos parecen acoplarse a lo que mi detective está resolviendo en otro escrito, aunque siento que hago trampa porque no los había pensado para ella. Sólo espero hacerle justicia y que sus aventuras sean de verdad atractivas. Todo eso ha provocado que recuerde los escritos que tengo caso olvidados, como el segundo cuento de Pánfila, la hormiga exploradora, el segundo también que trata sobre las fiestas del mes pasado y algunos otros por ahí guardados.
Ahora recuerdo que me había propuesto el ser más sociable (no sé si lo comenté por este medio), lo que he quedado a deber porque lo de estar contactando gente no se me da en la realidad, aunque debo admitir que mis relaciones más cercanas han sabido más de mí, nada espectacular, pero más. La búsqueda de la justificación profesional sigue en pie, lo bueno es que va teniendo cada día una forma más definida; tomo todo como un nuevo inicio, posiblemente como si se tratara del último cuarto en un partido de americano, tengo el balón en la yarda veinte a punto de iniciar, quizá con una corrida para ir reubicando la táctica con la que la vida ha venido aporreándome en los otros cuartos, después un buen pase para estar a tiro de tres puntos, sin embargo, lo que importa es el touch down. Salud.
Beto

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