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| Hay gusto que causan disgustos. Foto: BAER |
Por una parte, es cierto lo que afirmé al principio, las obras de arte no cambian, lo que se transforma es la manera de mirarlas o de percibirlas con los demás sentidos; si nos imaginamos una de cada una (según sus gustos muy particulares) quizá descubramos que ha pasado un proceso indirecto por el cual o ya no nos gustan como antes y dejaron de ser nuestros favoritos o adquirieron un valor teórico por lo que tuvimos un resultado semejante. Yo podría pensar en la icónica fotografía del Che Guevara, la que en mis veintes me parecía un logro estético y de diseño que se alejaba de manera abismal de todo lo que hasta ese momento conocía y llevaba poco más o menos siete años de pensar así; mis primeros escarceos con las teorías marxistas y la ideología de izquierda vinieron primero a darle a esa imagen un valor adicional y después, a cuestionar su exagerada comercialización.
Hay que estar preparados para la belleza, esto es, haber aprendido a diferenciarla de aquello que sólo es impresionante, por así decirlo, sería como saber la diferencia (mediante el gusto) entre Odisea del espacio 2001 y la saga completa de Viernes 13; ambas pueden gustarnos, pero sólo una nos dejará algo en qué pensar. El aprender qué es bello nos conduce por varios derroteros que, si me lo permiten, yo ubicaría en tres pasos; el primero tiene que ver con la naturaleza, ya que ésta en la mayoría de sus manifestaciones es tan bella como sorprendente y, a veces, aterradora, así que la producción humana que la imite, tiene un paso ganado para considerarse bella. Un segundo estadio se referirá a la armonía, lo cual significa que sus proporciones están equilibras y un tercer punto sería la evocación o sea, que nos haga sentir algo bueno, pero claro, todo tiene que ver con la percepción personal.
La mayoría de nosotros no somos capaces de ver lo que no tenemos como valioso, esto es quizá un eufemismo para decir que no ponemos atención en lo que no nos importa, lo que es entendible puesto que observamos según nos hayamos educado y las referencias académicas que hayamos cultivado, entendemos la belleza sin dudarlo, pero hay diversas maneras, algunas por conveniencia, otras por afinidad y las otras, por una que otra perversión menor. Otra forma coloquial de decirlo es «en gustos se rompen géneros» y podríamos redundar con más expresiones, pero lo realmente importante es entender que, a pesar de la relativización de la mayor parte de los contenidos, el que a muchos les guste la música actual, el expresionismo, el pollo frito empanizado del Coronel Sanders y las hamburguesas del payaso, no significa que siquiera sean buenos. Salud.
Beto

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