![]() |
| Escribir es como andar en bicicleta. Foto: BAER |
¿A quién recurrir entonces? El manual del macho mexicano (si existiera), dice que hombre que se precie de serlo, saldrá por sí mismo de cualquier problema que se le presente, con los mejores resultados posibles; las úlceras gástricas son lo de menos, la hipertensión no es más que una simple molestia y los infartos son el pan de cada día, así que una pequeña traba no va a detenernos, por lo que en cuestiones de escritura sólo seremos el cierre y nosotros -nota aclaratoria: también hay machos con faldas-; los días y las noches que estuvimos devanándonos los sesos para encontrar a los personajes idóneos, los lugares adecuados, las situaciones reveladoras y todos los detalles escabrosos, estarían a un paso de volverse nada si no encontramos el final de nuestra historia y no hablo de cualquier término con la palabra fin, sino de la culminación que provocará que los lectores quieran más.
También está la sensación de apego a lo que se produce, la cual resulta muy complicado de desligar de nuestro sistema por lo cual, supongo, se vuelve muy difícil terminar lo que se empezó, una especie de sentimiento de no querer que los hijos crezcan; las separaciones son dolorosas y cuando se trata de cosas salidas de uno mismo, el trabajo mental tiene un poco de luto, sin embargo, dejarlas sin terminar tampoco es digno, así que como si se tratara de ver partir a un hijo, hay que procurar que nuestros escritos salgan a defenderse solos, porque como nos decían en la carrera, cuando un texto es publicado, ya no le pertenece al autor sino a cada lector que se toma el tiempo de echarle un vistazo. Lo anterior es lógico porque no va a estar el escritor explicando a cada uno lo que éste no entendió de la obra, ni siquiera se puede pensar en una conferencia masiva, las preguntas serían muchas.
Cerrar es concluir de todos modos, en un instante, de un jalón con aquello que iniciamos con cierta ilusión, no importa si el escrito es corto o largo, la micro despedida funciona igual en cualquier época del año, el desapego sirve por temporadas pero la necesidad de sentir que un escrito nos pertenece, vuelve con una cadencia como si se tratara del primer bailable de un hijo en el kinder y eso de que el texto, una vez que es publicado, debe defenderse solo, debe ayudar a forjar nuestra templanza como creadores. Lo mejor es tratar de ubicar que la idea de lo que escribimos se queda con nosotros aunque el texto se vaya por diferentes rumbos y, aunque los motivos para escribir sean muchos, debe ser sólo uno el que nos lleve a terminas cada texto y es el tener la oportunidad de iniciar otro. Porque la razón de ser escritor es escribir, no acumular escritos. Salud.
Beto

No hay comentarios:
Publicar un comentario