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| ¿Y después? Foto: BAER |
Sin embargo, hay un asidero al que podemos aferrarnos y es que, a pesar de que todos los temas ya hayan sido abordados en algún momento, nadie en el mundo los ha visto de la misma manera ni desde la misma perspectiva que nosotros; habrá coincidencias, por supuesto, por cuestiones culturales pero las diferencias se establecen por la educación que recibimos y las maneras en que hayamos entendido las teorías en la escuela o en la calle; podemos empezar en cómo entendemos la existencia en general, nada para hacer un tratado sobre ello, todo con razonamientos simples. De la misma manera, cómo entendemos nuestra existencia personal y ya encarrerados, si eso que pensamos lo vemos reflejado en alguien más que no necesariamente sea pariente... o real. Alguien con ese esquema de vida ¿qué tipo de aventuras puede pasar? Ahí estaremos perfilando a un personaje.
Quizá todavía no sea del todo publicable, pero será un muy buen paso para volverlo así o para perfilar otros que lo sean; conforme pase el tiempo y la tenacidad se mantenga, las historias mejorarán al punto de que se volverá una necesidad el ser leído, además de sentir que todo será bajo las propias reglas ¡el opio del escritor! Como sea, los segundos previos a plasmar palabras en una hoja en blanco hacen que nos preguntemos un montón de cosas, a veces inconexas, otras tantas relacionadas con eventos del pasado; las evocaciones pueden ser útiles en tanto no nos expongan sin razón, mucho menos a las personas que nos importan. Parece mentira que tantos pensamientos crucen por nuestra mente en sólo sesenta segundos, posiblemente una muestra de la relatividad del tiempo o quizá el equivalente de escritorio del pánico escénico en un atril.
Los sesenta segundos antes de herir a la hoja con el filo de la pluma sirven también para acomodar los cuadernos, afilar los lápices, ordenar los apuntes y los señaladores y la atención se centra en cómo empezará la primera oración; nada para angustiarse pero sí para ponerse a pensar, una vez terminado el texto, cómo será la rutina al día siguiente. Es posible que lleguemos a angustiarnos un poco por lo que pudiéramos olvidar el próximo mes y no tener tema para escribir; lo que significa el minuto anterior a la escritura, estará impregnado de aquello que queremos que los demás sepan del entorno, de los nuestros o de nosotros, de cómo los vemos y ellos los pueden ver. Ese instante, preludio de la composición literaria podría ser visto como la antesala de una cita encarecidamente esperada, los nervios se manifiestan de la misma manera, pero al escribir se quedan con nosotros. Salud.
Beto

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