martes, 3 de diciembre de 2024

Sí hay diferencias

«Pintar los sentimientos» Autor desconocido
incluso en su casa. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Así como acomodamos nuestras escalas de valores (y varios cambiándolas), así también acomodamos nuestros gustos, según la época , las relaciones o el acceso que tengamos los espectáculos después de haber pasado todo un proceso de educación en el arte o eso debería ser en teoría. La práctica es otra cosa, a diario somos bombardeados por información de toda índole, principalmente de noticias (generalmente malas) y de supuesto contenido artístico (algunas veces peores); lo que más vemos y escuchamos se refiere al teatro o la actuación en general y a la música, ésta con una penetración mayor debido a que su naturaleza le permite estar presente en nuestras casas casi todo el tiempo y desde hace mucho, nos parece natural llamar a cualquiera que lance dos notas al aire como «artista», pero las circunstancias que involucran sus trabajos, distan mucho de apegarse a la definición académica de lo que es el arte.

Claro está, no hay una única definición pero la que dice que una obra debe presentar equilibrio entre el fondo y la forma es la que más me hace sentido dado que, como dirían en la antigua Grecia, el equilibrio es la base de la belleza la cual, es el objetivo de todo arte; no haré uso de mi ejemplo favorito aunque me cosquillean las manos, pero Andy Warhol está reservado para ocasiones especiales. Me declararé culpable de no haber buscado otros exponentes, seguidores, copistas de la obra de ese señor, porque la verdad nunca me pareció una expresión digna de una admiración más allá de considerarlos buenos diseños, es decir, la forma era muy llamativa y hasta bonita pero nada hay en la parte del contenido, en otras palabras, no tienen una historia que contar. Lo anterior no es tan malo si consideramos que la principal facultad que necesitamos para apreciar el arte es nuestro sentido del gusto.

Ahora bien, ¿qué nos gusta y sabemos definir el porqué nos gusta? Si se trata de comida, sólo debemos seguir las rutas de los sabores: salado, dulce, picante, amargo, ácido y mientras unos alimentos nos producen placer instantáneo, otros atacan nuestros receptores del dolor, porque eso es lo que produce el chile; ¿acaso somos masoquistas o creemos que con el picor estamos expiando nuestros pecados? Vaya usted a saber, el caso es que cada uno tendrá sus razones a ese nivel, pero sabemos que un platillo está rozando los niveles del arte, cuando la forma en la que es presentado agrada también a nuestra vista y algunos de ellos logran hacernos evocar algo de nuestro pasado lo cual, por mínimo que parezca, añadirá otro nivel de percepción a lo que estamos llevándonos a la boca y, quién sabe, el apreciarlo de esa manera quizá esté arrancándole una sonrisa a alguien que ya partió de este mundo.

El arte en estos tiempos no lo es en sí mismo hasta que alguien con poder decide que lo es; por desgracia, la afirmación anterior se basa en la suposición de que una de dos, ese alguien con poder tiene muy mal gusto o supone que somos nosotros los que no tenemos naciones de apreciación artística, de cualquier forma, el resultado es el mismo, tenemos que fletarnos música estridente con voces deplorables, pinturas que apuntan a la exclusividad supuestamente simbólica pero que sólo son manchas sin sentido evidente, esculturas que parecen sacadas de las pesadillas de Lovecraft, bailes que cada vez se alejan de la danza, películas basadas en historias de diván, edificios que sólo pueden pagar los que tienen dinero y libros que deben pelear un sitio porque supuestamente, nadie lee. Los valores artísticos se han confundido con la comodidad y el ornato de baja producción intelectual. Salud.

Beto

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