martes, 31 de diciembre de 2024

Doce campanadas

El año nuevo viene crecidito. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Los símbolos suelen ser interesantes y algunos hasta divertidos, los de fin de año además cuentan con cierta teatralidad; quienes tienen por costumbre barrer la calle, sacar maletas, ondear banderas y comer uvas lo tienen muy claro, esos símbolos reunidos en rituales paganos son en realidad muy divertidos. Tomándolos en serio o en broma (en realidad no importa) suelen mostrarnos realidades alternas en las que hay una espiritualidad tan válida como cualquiera pues los mecanismos mentales son los mismos, más allá de los discursos sobre adhesiones y destinos; es posible que ya hayan realizado sus ejercicios para prepararse para este año que llega y despedir con dignidad al que termina, el entornos se transforma de acuerdo a los intereses que mantengamos vigentes hasta este día, mañana comenzará otro ciclo en el que las promesas se combinan con las trabas que ponemos para realizarlas y la diferencia queda.

Recuerdo algunos detalles en los que mi familia tuvo que ver, que cambiaron un poco la tradición como aquella en la que se comen doce uvas como símbolo de que nada nos faltará en el siguiente año, al menos el sustento pero al rededor de 1972, con la llegada de mi hermano Pepe, las compras no pudieron hacerse tan puntuales como habían sido los años anteriores, así que no había uvas para la cena, pero estando en la capital mundial de las fresas, ¿cuál era el sustituto natural? Lo adivinaron, los higos... ¡no es cierto! Creo que el ritual nos salió sui géneris porque tratar de tragar fresas lo más rápido posible, no es muy recomendable que digamos, varios estábamos atragantándonos, creo que las semillitas incrustadas en la piel de la frutilla era un buen aviso de que no debimos hacerlos, pero lo hicimos y la tentativa ce competencia por ver quién las terminaba primero se realizó en cámara lenta.

Sin importar la fruta, el simbolismo no cambia, cada «mes» que se engulle lleva consigo la promesa de que será bueno y que nada habrá que nos preocupe; mi ejercicio mental inició el pasado noviembre, recorriendo lo hecho desde enero, lo cual resultó fácil ya que un blog (para mí, una columna virtual) funciona casi como un diario. traté de hacer una comparativa a manera de proyección, algo así como si en marzo del año pasado hice... ¿qué haré en el próximo? Lo mismo con todos los demás, sólo espero no haber dejado la vara muy alta en algunos de ellos para poder superarlos; he pensado incluso iniciar una tradición personal, si llego a cumplir o superar una de las tareas que me haya propuesto cada mes, tocaré la pequeña campana que perteneció a mi abuela y luego a mi tía, teniendo como testigo a la licenciada Rodríguez para que dé fe del hecho.

No creo que haya problema si inicio inmediatamente mañana, aunque me levante tarde, ya que he tenido a bien publicar en cada inicio de año, sólo tendré que ubicar en qué día cayó el 1° de enero. Sólo espero que a todos nos vaya mejor y que nada se interponga entre lo que nos proponemos y nosotros; a ustedes, mis diez lectores, que encuentren solución a todos los problemas que se les presenten y si no los tienen, ¡pasen la receta, no sean ingratos! Desde está humilde pero aguerrida trinchera, espero que el siguiente año nos lleve por caminos parejitos, sin contratiempos y con todo lo necesario para llegar a buen término, dando cuenta de aquello que hayamos emprendido; tengan buena salud, ánimos para trabajar y el mejor entendimiento de todo lo que vaya sucediendo en el entorno que, de mi parte, será lo mejor que nos pueda pasar. Reciban un gran abrazo. Salud.

Beto

martes, 24 de diciembre de 2024

¿Y para el cierre?

Escribir es como andar en bicicleta. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Les habrá ocurrido que están haciendo algo en su casa, como una reparación, de pronto se dan cuenta que les falta una herramienta y no pueden salir rápido a la ferretería porque es domingo y está cerrado y ni cómo ir a una tienda de autoservicio porque si se separan de la obra, corren el riesgo de que la reparación provisional no aguante, lo peor del caso es que se trate de una simple llave de tuercas que uno de sus parientes les pidió prestada por una semana que se cumple al día siguiente pero lo malo, es que ese pariente no vive en la ciudad, por lo que la alternativa es dejar todo como está, hecho un desastre, vigilándolo para que no se haga más grande. ¿Mandar a alguien con los vecinos a pedir prestada una? ¡Ni pensarlo! ¿Para que todo el mundo se entere de que no somos capaces de encontrar una solución adecuada? Además, ni tu mujer sabe de herramientas como para pedir una, ni tus hijos podrían porque están muy chiquitos.

¿A quién recurrir entonces? El manual del macho mexicano (si existiera), dice que hombre que se precie de serlo, saldrá por sí mismo de cualquier problema que se le presente, con los mejores resultados posibles; las úlceras gástricas son lo de menos, la hipertensión no es más que una simple molestia y los infartos son el pan de cada día, así que una pequeña traba no va a detenernos, por lo que en cuestiones de escritura sólo seremos el cierre y nosotros -nota aclaratoria: también hay machos con faldas-; los días y las noches que estuvimos devanándonos los sesos para encontrar a los personajes idóneos, los lugares adecuados, las situaciones reveladoras y todos los detalles escabrosos, estarían a un paso de volverse nada si no encontramos el final de nuestra historia y no hablo de cualquier término con la palabra fin, sino de la culminación que provocará que los lectores quieran más.

También está la sensación de apego a lo que se produce, la cual resulta muy complicado de desligar de nuestro sistema por lo cual, supongo, se vuelve muy difícil terminar lo que se empezó, una especie de sentimiento de no querer que los hijos crezcan; las separaciones son dolorosas y cuando se trata de cosas salidas de uno mismo, el trabajo mental tiene un poco de luto, sin embargo, dejarlas sin terminar tampoco es digno, así que como si se tratara de ver partir a un hijo, hay que procurar que nuestros escritos salgan a defenderse solos, porque como nos decían en la carrera, cuando un texto es publicado, ya no le pertenece al autor sino a cada lector que se toma el tiempo de echarle un vistazo. Lo anterior es lógico porque no va a estar el escritor explicando a cada uno lo que éste no entendió de la obra, ni siquiera se puede pensar en una conferencia masiva, las preguntas serían muchas.

Cerrar es concluir de todos modos, en un instante, de un jalón con aquello que iniciamos con cierta ilusión, no importa si el escrito es corto o largo, la micro despedida funciona igual en cualquier época del año, el desapego sirve por temporadas pero la necesidad de sentir que un escrito nos pertenece, vuelve con una cadencia como si se tratara del primer bailable de un hijo en el kinder y eso de que el texto, una vez que es publicado, debe defenderse solo, debe ayudar a forjar nuestra templanza como creadores. Lo mejor es tratar de ubicar que la idea de lo que escribimos se queda con nosotros aunque el texto se vaya por diferentes rumbos y, aunque los motivos para escribir sean muchos, debe ser sólo uno el que nos lleve a terminas cada texto y es el tener la oportunidad de iniciar otro. Porque la razón de ser escritor es escribir, no acumular escritos. Salud.

Beto

martes, 17 de diciembre de 2024

Un minuto antes

¿Y después? Foto: BAER

Irapuato, Gto. La idea ha cruzado varias veces por nuestra cabeza y estamos frente al cuaderno, la máquina de escribir, el ordenador, la tableta, el teléfono, la pluma o lo que sea que usemos para escribir, la idea que había dado vueltas en nuestras mentes se sostiene como un paracaidista antes de saltar del avión con la salvedad de que el salto que vamos a presenciar, deben estrellarse en una hoja de papel o en una pantalla sin desparramamientos inconexos; los dedos parecen briosos corceles lanzando coces en el arrancadero y algo parecido a la ansiedad se agolpa en nuestro pecho, tanto que ya quisiéramos que todo estuviera escrito, pero no, el proceso exige paciencia para que las palabras puedan salir en orden y una por una. La antesala comienza a subir la temperatura y hasta hay tiempo para preguntarnos si lo que estamos a punto de redactar será bueno o sólo un montón de oraciones que todos verían como algo ya hecho en todas las etapas de la humanidad.

Sin embargo, hay un asidero al que podemos aferrarnos y es que, a pesar de que todos los temas ya hayan sido abordados en algún momento, nadie en el mundo los ha visto de la misma manera ni desde la misma perspectiva que nosotros; habrá coincidencias, por supuesto, por cuestiones culturales pero las diferencias se establecen por la educación que recibimos y las maneras en que hayamos entendido las teorías en la escuela o en la calle; podemos empezar en cómo entendemos la existencia en general, nada para hacer un tratado sobre ello, todo con razonamientos simples. De la misma manera, cómo entendemos nuestra existencia personal y ya encarrerados, si eso que pensamos lo vemos reflejado en alguien más que no necesariamente sea pariente... o real. Alguien con ese esquema de vida ¿qué tipo de aventuras puede pasar? Ahí estaremos perfilando a un personaje.

Quizá todavía no sea del todo publicable, pero será un muy buen paso para volverlo así o para perfilar otros que lo sean; conforme pase el tiempo y la tenacidad se mantenga, las historias mejorarán al punto de que se volverá una necesidad el ser leído, además de sentir que todo será bajo las propias reglas ¡el opio del escritor! Como sea, los segundos previos a plasmar palabras en una hoja en blanco hacen que nos preguntemos un montón de cosas, a veces inconexas, otras tantas relacionadas con eventos del pasado; las evocaciones pueden ser útiles en tanto no nos expongan sin razón, mucho menos a las personas que nos importan. Parece mentira que tantos pensamientos crucen por nuestra mente en sólo sesenta segundos, posiblemente una muestra de la relatividad del tiempo o quizá el equivalente de escritorio del pánico escénico en un atril.

Los sesenta segundos antes de herir a la hoja con el filo de la pluma sirven también para acomodar los cuadernos, afilar los lápices, ordenar los apuntes y los señaladores y la atención se centra en cómo empezará la primera oración; nada para angustiarse pero sí para ponerse a pensar, una vez terminado el texto, cómo será la rutina al día siguiente. Es posible que lleguemos a angustiarnos un poco por lo que pudiéramos olvidar el próximo mes y no tener tema para escribir; lo que significa el minuto anterior a la escritura, estará impregnado de aquello que queremos que los demás sepan del entorno, de los nuestros o de nosotros, de cómo los vemos y ellos los pueden ver. Ese instante, preludio de la composición literaria podría ser visto como la antesala de una cita encarecidamente esperada, los nervios se manifiestan de la misma manera, pero al escribir se quedan con nosotros. Salud.

Beto

martes, 10 de diciembre de 2024

La belleza en los ojos

Hay gusto que causan disgustos. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Alguna ocasión escuché que la belleza no era algo estático, que se transformaba conforme íbamos creciendo, lo cual me pareció ridículo pues, si nos fijamos bien, las pinturas, las esculturas y las construcciones consideradas bellas no cambiaban ni su estructura, ni su valor, además en ese preciso momento, estaba observando el rostro de alguien sumamente atractiva que, para mi sensibilidad adolescente (sarcasmo), suponía que sería eterna. Lo mismo pasaba cuando descubría un paraje o coincidía con una máquina o veía un espectáculo, pero todos cambiaban, quizá mantenían intacta su esencia, pero lo que en un inicio había llamado mi atención, habría desaparecido después; a lo que tuve que enfrentarme fue a mi tendencia de mantener las cosas inamovibles y era claro que el mundo no estaba interesado en dejar las cosas a mi entero gusto; posiblemente era hora de entender e interiorizar lo que teóricamente había racionalizado.

Por una parte, es cierto lo que afirmé al principio, las obras de arte no cambian, lo que se transforma es la manera de mirarlas o de percibirlas con los demás sentidos; si nos imaginamos una de cada una (según sus gustos muy particulares) quizá descubramos que ha pasado un proceso indirecto por el cual o ya no nos gustan como antes y dejaron de ser nuestros favoritos o adquirieron un valor teórico por lo que tuvimos un resultado semejante. Yo podría pensar en la icónica fotografía del Che Guevara, la que en mis veintes me parecía un logro estético y de diseño que se alejaba de manera abismal de todo lo que hasta ese momento conocía y llevaba poco más o menos siete años de pensar así; mis primeros escarceos con las teorías marxistas y la ideología de izquierda vinieron primero a darle a esa imagen un valor adicional y después, a cuestionar su exagerada comercialización.

Hay que estar preparados para la belleza, esto es, haber aprendido a diferenciarla de aquello que sólo es impresionante, por así decirlo, sería como saber la diferencia (mediante el gusto) entre Odisea del espacio 2001 y la saga completa de Viernes 13; ambas pueden gustarnos, pero sólo una nos dejará algo en qué pensar. El aprender qué es bello nos conduce por varios derroteros que, si me lo permiten, yo ubicaría en tres pasos; el primero tiene que ver con la naturaleza, ya que ésta en la mayoría de sus manifestaciones es tan bella como sorprendente y, a veces, aterradora, así que la producción humana que la imite, tiene un paso ganado para considerarse bella. Un segundo estadio se referirá a la armonía, lo cual significa que sus proporciones están equilibras y un tercer punto sería la evocación o sea, que nos haga sentir algo bueno, pero claro, todo tiene que ver con la percepción personal.

La mayoría de nosotros no somos capaces de ver lo que no tenemos como valioso, esto es quizá un eufemismo para decir que no ponemos atención en lo que no nos importa, lo que es entendible puesto que observamos según nos hayamos educado y las referencias académicas que hayamos cultivado, entendemos la belleza sin dudarlo, pero hay diversas maneras, algunas por conveniencia, otras por afinidad y las otras, por una que otra perversión menor. Otra forma coloquial de decirlo es «en gustos se rompen géneros» y podríamos redundar con más expresiones, pero lo realmente importante es entender que, a pesar de la relativización de la mayor parte de los contenidos, el que a muchos les guste la música actual, el expresionismo, el pollo frito empanizado del Coronel Sanders y las hamburguesas del payaso, no significa que siquiera sean buenos. Salud.

Beto

martes, 3 de diciembre de 2024

Sí hay diferencias

«Pintar los sentimientos» Autor desconocido
incluso en su casa. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Así como acomodamos nuestras escalas de valores (y varios cambiándolas), así también acomodamos nuestros gustos, según la época , las relaciones o el acceso que tengamos los espectáculos después de haber pasado todo un proceso de educación en el arte o eso debería ser en teoría. La práctica es otra cosa, a diario somos bombardeados por información de toda índole, principalmente de noticias (generalmente malas) y de supuesto contenido artístico (algunas veces peores); lo que más vemos y escuchamos se refiere al teatro o la actuación en general y a la música, ésta con una penetración mayor debido a que su naturaleza le permite estar presente en nuestras casas casi todo el tiempo y desde hace mucho, nos parece natural llamar a cualquiera que lance dos notas al aire como «artista», pero las circunstancias que involucran sus trabajos, distan mucho de apegarse a la definición académica de lo que es el arte.

Claro está, no hay una única definición pero la que dice que una obra debe presentar equilibrio entre el fondo y la forma es la que más me hace sentido dado que, como dirían en la antigua Grecia, el equilibrio es la base de la belleza la cual, es el objetivo de todo arte; no haré uso de mi ejemplo favorito aunque me cosquillean las manos, pero Andy Warhol está reservado para ocasiones especiales. Me declararé culpable de no haber buscado otros exponentes, seguidores, copistas de la obra de ese señor, porque la verdad nunca me pareció una expresión digna de una admiración más allá de considerarlos buenos diseños, es decir, la forma era muy llamativa y hasta bonita pero nada hay en la parte del contenido, en otras palabras, no tienen una historia que contar. Lo anterior no es tan malo si consideramos que la principal facultad que necesitamos para apreciar el arte es nuestro sentido del gusto.

Ahora bien, ¿qué nos gusta y sabemos definir el porqué nos gusta? Si se trata de comida, sólo debemos seguir las rutas de los sabores: salado, dulce, picante, amargo, ácido y mientras unos alimentos nos producen placer instantáneo, otros atacan nuestros receptores del dolor, porque eso es lo que produce el chile; ¿acaso somos masoquistas o creemos que con el picor estamos expiando nuestros pecados? Vaya usted a saber, el caso es que cada uno tendrá sus razones a ese nivel, pero sabemos que un platillo está rozando los niveles del arte, cuando la forma en la que es presentado agrada también a nuestra vista y algunos de ellos logran hacernos evocar algo de nuestro pasado lo cual, por mínimo que parezca, añadirá otro nivel de percepción a lo que estamos llevándonos a la boca y, quién sabe, el apreciarlo de esa manera quizá esté arrancándole una sonrisa a alguien que ya partió de este mundo.

El arte en estos tiempos no lo es en sí mismo hasta que alguien con poder decide que lo es; por desgracia, la afirmación anterior se basa en la suposición de que una de dos, ese alguien con poder tiene muy mal gusto o supone que somos nosotros los que no tenemos naciones de apreciación artística, de cualquier forma, el resultado es el mismo, tenemos que fletarnos música estridente con voces deplorables, pinturas que apuntan a la exclusividad supuestamente simbólica pero que sólo son manchas sin sentido evidente, esculturas que parecen sacadas de las pesadillas de Lovecraft, bailes que cada vez se alejan de la danza, películas basadas en historias de diván, edificios que sólo pueden pagar los que tienen dinero y libros que deben pelear un sitio porque supuestamente, nadie lee. Los valores artísticos se han confundido con la comodidad y el ornato de baja producción intelectual. Salud.

Beto

martes, 26 de noviembre de 2024

Arte que no es arte

Cantidad y calidad nunca van a la par. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Antes que todo, debo aclarar que no soy crítico calificado, ni siquiera un seguidor seguidor asiduo de algún artista en particular, sin embargo en mi favor diré que, por mi carrera, debo estar preparado para decodificar mensajes y ¿qué otra cosa son las pinturas o las esculturas, sino mensajes? Empezaré por la definición que entiendo de lo que el arte es y diré que para mí, la academia da la más sencilla y comprensible, «el arte es una expresión que tiene un equilibrio entre fondo y forma», lo que nos da pie a tratar de identificar, mediante la lupa de la belleza, aquello que valga la pena ver, escuchar, oler, acariciar o degustar porque su apariencia corresponde a su estímulo en nuestros sentidos y no es sólo la impresión personal, las coincidencias en las impresiones crea reglas como la manera en que debe cocinarse un pavo, cómo debe presentarse una obra de teatro o qué debe contener un fotograma en un retrato, así que, ¿por qué somos tan laxos con la música?

La industria de las notas y el gorgorito estableció un ritmo de producción industrial muy fuerte en el que la novedad dura lo mismo que un suspiro, por lo cual se apuesta más por la cantidad que por la calidad, dejando con ello, un círculo vicioso que difícilmente va a romperse; la mecánica ha sido muy simple, parece que ahora es poco rentable mantener ventas de acuerdo a una lista de popularidad, así que la vigencia de las canciones es mucho menos que antaño, dado lo anterior, las casas productoras exigirán a los compositores el tener nuevas canciones en un lapso no mayor (por así decirlo) a dos meses, sean éstas éxitos o no, porque un hit deberá salir cada tres (viéndonos generosos), eso solamente para mantener al cantante o al grupo vigentes, ya que si desean que su fama se prolongue por más de medio año, tendrán que sacar un éxito trimestral por al menos cinco años.

O rezar por que su obra original sea de esas pocas que se tocan hasta en las bodas, cumpleaños y primeras comuniones, lo cual tampoco es garantía de ventas porque posiblemente recuerden quiénes son los autores e intérpretes de La macarena pero, ¿y los de Sopa de caracol? Volviendo a la idea de que es mejor producir, los autores son sometidos a un estrés que muy pocos resisten por lo que tienen tres opciones, la primera ya mencionada en líneas arriba y con ello volverse alguien influyente en el medio, hacerse de un equipo de letristas que más o menos aseguren el nivel de calidad de las composiciones así como el estilo o de plano, bajar la calidad tanto de letras como de música para poder trabajar a destajo; aunque no descartaría la opción de combinar las dos últimas como sospecho que siempre lo hicieron Juan Gabriel y Julio Iglesias, porque hay que ver cómo se llegaron a fusilar a sí mismos.

De la música que se escucha ahora tengo muy poco qué decir, no la escucho, pocas veces las notas chillonas sacadas de un acordeón o de la garganta de aspirantes a cantantes populares me son atractivas y tampoco hago mucho caso a denominaciones que parecen haber sido escogidas sólo para salir al paso y no nada más lo digo por el supuesto regional mexicano, porque regionales y del país también son los sones veracruzanos y yucatecos, la música de mariachi y las polkas regiomontanas y tamaulipecas, sino también a mi muy apreciable rock le he cuestionado sus clasificaciones como ópera-rock (si sólo hay un grupo) o el glam-rock (que se basa nada más en la vestimenta y no en un aspecto musical) pero como afirmé en alguna ocasión, las tonterías mejor no entenderlas y si en español van a venderme engaños, dramones de telenovela o asesinatos, mejor consumo otra cosa porque no cualquier pelagatos es artista. Salud.

Beto

martes, 19 de noviembre de 2024

Líneas de investigación artística

Ella sólo pinta lo que la otra toca. Foto: BAER

Irapuato, Gto. El arte, como objeto de estudio, involucra a varias disciplinas siendo la principal en nuestros días, la historia; si tomamos en cuenta el punto de vista del artista, sus averiguaciones tendrían que ver con técnicas, materiales, tendencias y todo aquello que le ayude en su expresión. Un sociólogo posiblemente se interese en para qué se produce, un psicólogo vería la relación entre su historia de vida y el mensaje plasmado en la obra y un comunicólogo se avocaría a averiguar si hay mensajes cifrados, pero la tradición no es investigada, se da como un hecho, es decir, ¿cómo sabemos que lo vivido altera o no la producción artística? Damos por hecho que todos somos hijos de nuestro tiempo, quizá porque nos avocamos a seguir las reglas impuestas por el grupo, sin embargo, suponemos que un artista ve las cosas de manera distinta, por lo tanto, es posible que sienta que lo que nos rige a los «normales» no se aplica a ellos.

Lo que suponemos es que, lo que ven, les sirve de referencia para plasmar aquello con lo que no concuerdan pero, ¿por qué pasaría eso? La segunda suposición es que ellos pueden ver todo eso que nosotros no y la tercera (poco probable), que con su obra proponen alternativas para todo lo que está mal; lo más seguro es que las obras de cualquier artista se queden en el nivel de la denuncia porque su papel no es el de administrar la vida de ninguna nación, apenas y embellece el entorno cumple con ciertas expectativas. Otra línea de investigación sería la de la educación del gusto y la apreciación por medio de la experimentación, es decir, ¿cómo podemos valorar una obra, si no tenemos idea del proceso creativo que implica la misma? Hasta ahora, la educación artística es sólo una nota en las escuelas y poco más o menos, una práctica de ornato, aunque admiramos prácticas pseudo artísticas.

¿Qué pasa con los protagonistas y los movimientos? La forma en la que se presente cada obra es importante porque las técnicas de investigación exigen orden y como una de sus herramientas, la clasificación nos facilitará su observación en sí mismas de las obras y sus contextos; es importante establecer un orden coherente y significativo para los demás pues lo más importante de una investigación (con mayor razón una sobre arte) es la difusión de los resultados pues son ellos precisamente los que dictan los rumbos a transitar en la producción de las expresiones artísticas sean escénicas, de transformación o ingeniería. Las piezas resultantes de todo ese trabajo irán adquiriendo valor conforme se alineen a un propósito sea éste de contemplación o de utilidad, a las de la segunda categoría solemos calificarlas de artesanías porque interviene en ellas la producción en serie.

Desde la generalidad que tiene que ver con la identidad de una región, hasta asuntos más específicos como los materiales, herramientas y tendencias, todo es motivo de investigación en arte, sin embargo, la difusión del mismo se toma como algo hecho cuando los canales, contenidos y exponentes «gozan» de un casi permanente anonimato en lo que a la población en general se refiere; el estilo de la difusión cultural y por ende, del arte, no ha cambiado en casi un siglo, por lo que parece acartonada y sin atractivo en sí misma; sería interesante implementar un estilo más dinámico para ello en el sentido de que tratamos, al igual que en otros planos, sobre la relación entre productos y consumidores, por lo que el objeto de estudio podría ser encontrar un método que incluya la creación de imágenes que provoquen el consumo de arte, ¡está fácil! Salud.

Beto

martes, 12 de noviembre de 2024

La interactividad

Tocar también es un modo
de apreciar el arte. Foto: BAER

Irapuato, Gto. No sé dónde se inició la idea, pero aquí en el país el primero fue Papalote Museo del niño en la ciudad de México, si no me equivoco; debió ser allá por el tamaño y el número de personas que hay, aunque cabría preguntar si realmente el número de visitantes es proporcional a la población total, pero eso es material para otra ocasión, lo que importa ahora es imaginarnos cómo describiríamos la experiencia de hacer uso de instalaciones que parecen contraponerse al concepto clásico de museo. Lo más cercano que tenemos en el estado se encuentra de forma permanente en la ciudad de León con el nombre de Explora que ya con él nos dan una idea de lo que se trata, en la ciudad de Silao, el Parque Bicentenario, de forma itinerante, que cada cierto tiempo cambia sus contenidos y algunos son aptos para manipularlos. Los que no tomamos en cuenta son dos ciudades enteras que son Guanajuato capital y la ciudad de San Miguel de Allende.

Menciono ambas ciudades porque es posible que no tengamos conciencia de que son dos lugares en los que inter actuamos con el pasado directamente, en algunos sectores, desde las mismas baldosas que pisamos, las paredes con las que nos protegemos de sol o los puentes que aún funcionan para cruzar calles o ríos; pareciera que las piedras con las que fueron hechos nos hablaran, pero en un español que apenas va saliendo del medievo, por lo que entenderlas nos cuesta algo de trabajo sin que eso impida admirarnos por su enorme belleza y perenne utilidad. Los utensilios, a pesar de su tamaño, van por el camino de convertirse en piezas de arte como los metates y los molcajetes de Comonfort; no creo que haya más interacción entre una obra de arte y un usuario como cuando alguien machaca unos jitomates, chiles y cebolla con esas piedras fabricadas con técnicas ancestrales conservadas rigurosamente por generaciones.

A veces el llegar a un museo donde está permitido tocar las piezas en exhibición, se siente como estar en casa de la tía que tiene muchos adornos y los cuida como su tesoro más preciado, pero que no se molesta si llegamos a tocar alguno, por el contrario, nos conmina a seguir explorando y nosotros seguimos escuchando la voz de nuestra madre diciéndonos que no toquemos nada porque lo vamos a romper. Un espacio así presenta primero la lucha entre dos partes que parecían irreconciliables porque un museo no es para jugar y si lo inventaron, entonces era para niños. Pareciera que el ser lúdico está prohibido para algunos que deben mantenerse adultos como contrapeso a los infantiles que podemos ser en estos días, lo que podría parecer triste si tomamos en cuenta todo aquello que se están perdiendo pues, por derecho, todos deberíamos tener la oportunidad de seguir jugando o de comenzar a jugar para quienes crecieron antes.

Para que los museos interactivos sigan funcionando, necesitan ser visitados; como todo juego, su atractivo se incrementa con la repetición. Recuerden cómo es que no nos aburríamos con la rayuela, el trompo, el balero, ¡el fútbol! Quizá sea imposible calcular las veces que jugábamos lo mismo cada día y a toda hora sin importar con quiénes lo hacíamos. Posiblemente el atractivo haya residido en eso, en la variedad de la gente con la que compartíamos esos momentos y un museo interactivo pudiera ser la oportunidad de repetir la experiencia de conocer a más personas en un ambiente que provee también las condiciones suficientes para aprender. Para alguien dedicado a sorprenderse con los acontecimientos diarios, un museo interactivo representaría todo un caldo de cultivo para la creación de historias en la que la ciencia y el conocimiento fueran los protagonistas como en una investigación. Salud.

Beto

martes, 5 de noviembre de 2024

Arte contemplativo

El arte también yace en los ojos
de quien contempla. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Ver y no tocar pareciera una sentencia que nos dieron de niños para cuidar las cosas delicadas como adornos, aparatos electrónicos, herramientas y piezas de porcelana las que, posiblemente, tuvieran un valor estimativo alto por haber pertenecido a algún familiar querido. Lo mismo que en un museo, hay cosas en nuestra vida cotidiana que deben ser tratadas con tal cuidado que parecieran ser frágiles desde los cimientos y todo por estar llenas de cabo a rabo de adornos que buscan de mil y un formas una identidad propia; las hay con un gran compendio de figuras, artefactos, modelos a escala y cualquier objeto que pareciera contar una historia por sí mismo, las otras, las sofisticadas, revientan esas historias creando otras con acomodos distintos, ya sea por temporadas o a diario, algo que sólo los más fijados de las visitas podrían notar pero quién sabe si lo pudieran apreciar, el gusto es tan volátil como el estado de ánimo de una recién parida en sus dos primeras semanas.

Estar frente a una obra maestra nos transforma pues nuestra razón decide tomar el camino trazado por los sentimientos, la fusión entre ellos se da de manera natural pues a pesar de los racionalistas y de los románticos que suelen ver la vida en una dicotomía irreconciliable, si esa obra nos permite su manipulación, la experiencia se vuelve inolvidable; si fuéramos capaces de recordar nuestra primera experiencia táctil  consciente, quizás entenderíamos la sorpresa que provoca el darnos cuenta de que compartimos cierta parte del proceso creativo que nos acerca a la divinidad. Es algo así como poder tocar una de las cabezas colosales de Palenque, subir las escaleras de la pirámide del Sol o caminar por los pasillos del Castillo de Chapultepec, los constructores y escultores de esos portentos nos dejaron a la mano mensajes que podemos descifrar poniendo atención en los detalles que suelen jugar con nuestras cabezas asomándose de vez en cuando.

¡Y podemos tocarlos! Pero su misma grandeza nos hace sentir tal estupor que no profanaríamos su esencia con nuestra ignorancia, me imagino que lo mismo sucedería si tuviéramos al alcance a la Mona Lisa, los Girasoles o las Majas, con las manos en la espalda en señal de respeto. Es que hay obras que quitan el aliento como los Atlantes de Tula, la Piedad o el David, su tamaño se podría equiparar a la grandeza de sus autores; ya fuera talento individual o educación colectiva, lo que la humanidad ha producido con una gran carga artística se puede observar a diario, en cualquier pequeño taller de talabartería, un campo de fresas o en el hogar de todos los habitantes de este país, pero sólo unos cuantos son capaces de resumirlo con formas, manchas de colores y palabras y a pesar de los cínicos tiempos que vivimos, aún los hay que tienen la facultad asombrosa de dejarnos boquiabiertos.

Pero hay algo que debe complementar la complicidad entre la obra y el observador que son precisamente los ojos de quienes están en el otro lado del lienzo, los cinceles y el papel; la producción artística valdría poco menos que nada si no hubiera quien lo apreciara, las formas carecerían de un sentido más allá de su inserción en las tres dimensiones tangibles, los colores no pasarían de ser bonitos o feos y no habría nada más muerto que las letras. El observador replica la obra en su mente lo que lo convierte en una especie de coautor que pondrá su sello particular el cual añadirá en el momento de narrar sus impresiones a otros igual de inquietos por abstraer la naturaleza al pensamiento; contemplar y disfrutar del arte requiere de educación y quien guíe por un laberíntico camino lleno de sorpresas que nos devuelven parte de la capacidad de asombro que teníamos cuando niños. Salud.

Beto

martes, 29 de octubre de 2024

Las lecturas complementarias

Hay compañías que exigen más compañías.
Foto: BAER

Irapuato, Gto. La manera más sencilla de realizar esta categorización sería una especie de campo cartesiano donde pondríamos en el eje de las equis a los medios de difusión y en el de las yes, los géneros a considerar; la fama o la crítica positiva pueden darnos un buen parámetro, sin embargo, el gusto personal es el que debe predominar para encontrar las líneas directrices por tema, por características de los personajes, de la ubicación geográfica o cualquier otro tópico que nos pareciera interesante. Tomando en cuenta que no sólo estamos hablando de libros, los medios electrónicos jugarán un papel importante para tener una visión global de cualquier fenómeno; eso es importante porque la inspiración hay que informarla. El tiempo invertido en cada medio a considerar, aportará cierta lógica para saber qué cantidad y calidad de información va a obtenerse de cada uno de ellos, ya sea por la confiabilidad o por la extensión de sus textos.

Es relativamente sencillo ahora, con la llegada y democratización de la red, el poder hacernos de los servicios de un «combo» de información, pues la inmediatez en la que ha venido funcionando permite un esfuerzo menor que el que se hacía décadas atrás; si somos asiduos consumidores de textos en pantalla, videos o audios (y la vista aún lo permite) bien podemos localizar diarios en línea, resúmenes noticiosos en servidores como You Tube o los llamados pod casts, con los cuales estar al día con lo acontecido en nuestra localidad y el mundo, pero lo más interesante es que lo mismo podemos hacer con otros temas de interés; en el caso de la literatura es factible, además de libros, podríamos averiguar sobre reseñas de los mismos, cómo es que se fabrican, pistas para convertirnos en escritores, artículos para hacer de la experiencia algo más placentero, con el fin de tener todo un sistema global sobre el tema.

En investigación, la imagen de la lectura complementaria queda clara, para una práctica literaria, pareciera raro el tratar de enlazar y complementar historias entre sí porque se supone que son independientes, pero como ya lo dijeron en su momento Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, los escritores latinoamericanos están realizando una sola gran historia, así que tratarlas como complementos no suena tan descabellado. En algunas obras, los enlaces se darán de manera natural, en otras tantas se requerirá el uso alternativo de la imaginación, lo que significa que la responsabilidad de la interpretación es totalmente del lector lo cual no es malo, por el contrario, significa la libertad total para recrear las historias en función de sí mismas y entre ellas, lo que nos convierte a los lectores en escritores en potencia con todas las ventajas que esto significa ya que, de alguna manera, todos tenemos algo que decir.

Sería interesante averiguar si hay alguna conexión entre La región más transparente y Los trabajos de la ballena, Las batallas en el desierto y Persona normal o Pedro Páramo y Arráncame la vida; la tarea no es fácil pero sí lo suficientemente interesante como para poner a prueba nuestras capacidades de análisis y deducción; es posible entender que la atención que se debe aplicar es un poco más específica que la que aplicamos en la lectura lúdica aunque hay algo de ludicidad policiaca cuando se intenta atar cabos sueltos. Si en el universo físico algunos cuerpos estelares coinciden en sus órbitas, con más razón en el universo literario donde las impresiones y el conocimiento conforman sabidurías semejantes que, tarde o temprano, colisionarán dando por resultado una nueva narrativa. En la intimidad, en el espacio dedicado a la lectura, un libro nos lleva de la mano hacia una historia y hacia otro libro. Salud.

Beto

martes, 22 de octubre de 2024

Las características esenciales

Las coincidencias pueden no ser atractivas
hasta que se prueba lo contrario. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Hay rasgos en personas y objetos que son imprescindibles para poder describirlos con la precisión debida, un escrito carente de una descripción puntual de ellos así como de los lugares donde van a desarrollarse las acciones, presentará huecos que al lector le será difícil de llenar por lo cual, la comprensión del relato quedará trunca. Por muchas similitudes que tengan entre sí los bosques, los océanos o los desiertos, hay la necesidad de encontrar detalles que los saque de la posible monotonía que los haría perder lectores, así que lo mejor es hablar de los espacios que mejor se conocen, lo mismo aplica para las personas (de una manera peculiar) y las cosas, pues aunque los refrigeradores estén hechos en serie, lo que los distingue es lo que contienen en su interior y cómo está acomodado; la comida y la basura dicen mucho del carácter y el comportamiento de una persona.

En los comportamientos encontramos cicatrices como en la piel de un veterano de guerra o un campesino que se ha expuesto al sol toda su vida lidiando con maquinaria pesada y animales de arrastre, cada actitud o reacción ante lo que sucede en la vida cotidiana, es un pequeño resumen de cómo hemos percibido la existencia desde nuestro primigenio uso de conciencia; la concordancia entre palabra y gesto nos da pista de qué tan conforme está un individuo con su realidad y si eso lo trasladamos a un personaje que estemos perfilando, seguramente tendremos un buen marco de referencia para que el resultado sea interesante, con matices que lo acerquen a una circunstancia creíble. Incluso en los relatos fantásticos hay rasgos de realidad, ya que se apuesta a los valores identificables por casi toda la población, aquellos que exaltan esas características que nos hacen únicos o que solemos presumir a la menor provocación ante propios y extraños.

En la observación de los seres vivos es casi automático el tratar de distinguir entre sí a los miembros de un grupo, así se trate de cebras; tamaños, formas de los ojos, colores en los pelajes, abundancia de los mismos, etc., todo aquello que nos permita dramatizar nuestros relatos, ya sea enfatizando con ellos el carácter, los valores o los ideales que podemos transformar en arrojo, prudencia o cualquier actitud que nos lleve a la solución de cualquier problema por parte del protagonista de nuestra historia. Hagamos un ejercicio mental, imaginen a dos personas una masculina y la otra femenina, la primera mide 1.52 m, es regordeta y viste generalmente de traje, se peina de raya en medio y su cabello negro brilla por la buena cantidad de vaselina que usa, un incipiente bigote divide su redonda cara en dos acentuando su lánguida mirada que contrasta con la eterna sonrisa con la que suele saludar a todos.

La mujer, por su parte, mantiene una expresión de arrobamiento como si se encontrara en un eterno modo de contemplación su larga cabellera lacia le da un marco misterioso a su 1.75 m y esa especie de coquetería indiferente con la que mantiene a raya a su marido, sin mencionar el largo y entallado vestido negro que siempre porta. ¿Ya los ubicaron? Si es así, les doy diez segundos para que reconsideren su respuesta; listo, si pensaron en Homero y Morticia Adams, les diré que no, en realidad se trata de Natasha y Boris Malosnov, personajes de la serie animada Rocky y Bullwinkle, el parecido puede ser extraño sólo si pensamos que toda creación de personajes es original, lo cual no es del todo cierto, cada creador se toma licencias que seguramente coincidirán con las que se toman otros ya que la mayoría está expuesto a la misma información y si sirve de consuelo, hay un patrón en la literatura de rasgos que definen a los personajes. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...