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| Las coincidencias pueden no ser atractivas hasta que se prueba lo contrario. Foto: BAER |
En los comportamientos encontramos cicatrices como en la piel de un veterano de guerra o un campesino que se ha expuesto al sol toda su vida lidiando con maquinaria pesada y animales de arrastre, cada actitud o reacción ante lo que sucede en la vida cotidiana, es un pequeño resumen de cómo hemos percibido la existencia desde nuestro primigenio uso de conciencia; la concordancia entre palabra y gesto nos da pista de qué tan conforme está un individuo con su realidad y si eso lo trasladamos a un personaje que estemos perfilando, seguramente tendremos un buen marco de referencia para que el resultado sea interesante, con matices que lo acerquen a una circunstancia creíble. Incluso en los relatos fantásticos hay rasgos de realidad, ya que se apuesta a los valores identificables por casi toda la población, aquellos que exaltan esas características que nos hacen únicos o que solemos presumir a la menor provocación ante propios y extraños.
En la observación de los seres vivos es casi automático el tratar de distinguir entre sí a los miembros de un grupo, así se trate de cebras; tamaños, formas de los ojos, colores en los pelajes, abundancia de los mismos, etc., todo aquello que nos permita dramatizar nuestros relatos, ya sea enfatizando con ellos el carácter, los valores o los ideales que podemos transformar en arrojo, prudencia o cualquier actitud que nos lleve a la solución de cualquier problema por parte del protagonista de nuestra historia. Hagamos un ejercicio mental, imaginen a dos personas una masculina y la otra femenina, la primera mide 1.52 m, es regordeta y viste generalmente de traje, se peina de raya en medio y su cabello negro brilla por la buena cantidad de vaselina que usa, un incipiente bigote divide su redonda cara en dos acentuando su lánguida mirada que contrasta con la eterna sonrisa con la que suele saludar a todos.
La mujer, por su parte, mantiene una expresión de arrobamiento como si se encontrara en un eterno modo de contemplación su larga cabellera lacia le da un marco misterioso a su 1.75 m y esa especie de coquetería indiferente con la que mantiene a raya a su marido, sin mencionar el largo y entallado vestido negro que siempre porta. ¿Ya los ubicaron? Si es así, les doy diez segundos para que reconsideren su respuesta; listo, si pensaron en Homero y Morticia Adams, les diré que no, en realidad se trata de Natasha y Boris Malosnov, personajes de la serie animada Rocky y Bullwinkle, el parecido puede ser extraño sólo si pensamos que toda creación de personajes es original, lo cual no es del todo cierto, cada creador se toma licencias que seguramente coincidirán con las que se toman otros ya que la mayoría está expuesto a la misma información y si sirve de consuelo, hay un patrón en la literatura de rasgos que definen a los personajes. Salud.
Beto

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