martes, 31 de marzo de 2026

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo
de mi pluma. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Obligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos o nos creamos, tienen en común que una vez construidas, hay que darles mantenimiento; los frentes a los que me refiero pueden ser personas, objetos o situaciones de los cuales nos forjamos ideas, precisamente los lugares (las ideas) donde presentamos la batalla. Una forma de hacerlo es la escritura, lugar común en los que muchos logran solucionar problemas, señalar fallos, indicar o sopesar fuerzas y entretener conciencias. Gracias a las rutinas de observación del entorno que algunos profesionales de la pluma realizan, son capaces de llevar a cabo una crítica sobre lo que acontece, sin que esto se reduzca al formato de la noticia, pueden hacerlo a manera de novela o cuento o, en el caso de Sor Juana, con poemas.

2. Autoridad cuestionable. No se trata de un ataque a los literatos, por el contrario, el considerar que su autoridad no es absoluta, abre la posibilidad a verlos como entes abiertos a la crítica, a la posibilidad de seguir aprendiendo y tenerlos como los entes más cercanos a lo humano; por supuesto que alguien dedicado a la escritura sabe algo del gran conocimiento que nos circunda o que está almacenado en todos los dispositivos a la manos actualmente. Hay, de alguna manera, cierto respeto a la opinión expresada por escrito en cualquier medio pero eso, más que convertirnos en eruditos incuestionables, pone al alcance del público el derecho a refutar lo publicado pudiendo llegar con ello a un convencimiento de su parte o a un desacuerdo que cambie nuestra perspectiva.

3. Producción que busca respeto. A la imagen de un escritor que lucha por los derechos de su grupo, se le añade una guitarra para que tenga mayor presencia escénica, ese instrumento que acompañó a grandes trovadores que ponían en sus coplas, el sentimiento de las naciones en las que habían visto la primera luz para luego hacerlas extensivas a todo el continente. Es posible que al conjugar dos tipos de producciones, la admiración producida sea el doble, pues ya por separado, ambas tienen un grado de dificultad específico. Manejarlas con soltura requiere disciplina, sí, pero ésta no tendrá peso sin el trabajo de auto convencimiento para hacer de ellas (letras y música) la principal forma de expresión y de vida que dé el respeto suficiente para realizarlo por toda la vida.

4. Los límites de las letras. Hace mucho tiempo, el límite máximo para que un escritor tuviera impacto, era el analfabetismo rampante, pero eso quizá era también su mayor ventaja pues los gustos no serían tan variados; con el advenimiento de las ideas liberales, el derecho a la instrucción académica extendió el universo a los profesionales de la pluma y con ello, las posibilidades de contar otras historias, por ejemplo, ahora se han volcado a contar situaciones de corte psicológico. Prácticamente las letras van hacia donde la vista del escritor apunta, a la velocidad que propone y por el tiempo que considere necesario. Si de verdad la imaginación es el límite, la creatividad tendrá una variedad inmensa de fronteras en las que perderse y encontrarse con las ideas que incendien las iniciativas. Salud.

Beto

martes, 24 de marzo de 2026

No cualquier escrito

La única manera de evitar la incomunicación
es tener medios compatibles. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Una carta a un pariente lejano. Escribir es complicado cuando se trata de dirigir las palabras a una persona en específico y además, la convivencia no es común, encontrar algo que compartir lo vuelve difícil; algunos apelan a la novedad, pero ésta tiene una fecha de caducidad muy pronta y es casi imposible tener algo realmente nuevo todos los días. Otros se van por los recuerdos sobre lo que vivieron o que tienen sobre un tercero, el tema en sí da para mucho, si lo intercambiado fue muy nutrido; los amigos en común suelen ayudar si además se coincidió con ellos en algún momento, pero tampoco es algo que suceda seguido, así que lo que queda es tomar a cada escrito como si fuera el primero, quizá por un tiempo razonable, mientras se hace común el intercambio de misivas.

2. Un recado a la sirviente. Hay cercanías que no pueden pasar ciertos límites, como aquellas que tienen que ver con un contrato; una secretaria, una dependiente de mostrador, una sirviente doméstica, por mucho que tenga un largo tiempo trabajando para nosotros y por ello, le tengamos confianza, no tienen la obligación de soportar impertinencias de nuestra parte, por lo que (aquí voy a exagerar), si les dejáramos un recado con instrucciones, éste no podría comenzar con la leyenda «Juanita de mi corazón», a menos de que hubiera un entendido al respecto, como tampoco cabría el dirigirnos a ellas de manera institucional. Como en todo, hay reglas negociables en la manera de redactar mensajes a subalternos que no tienen que ver nada más con la jerarquía.

3. Un telegrama a un amigo. Al igual que con un desconocido o en una relación laboral, lo que priva en un escrito a un amigo es el respeto, sin embargo, éste no es solemne, se presenta cuando mantenemos el lugar ofrecido al otro, intacto, con todas las consideraciones sin alterar, que las ceremonias son para los que admiramos de lejos. Los mejores mensajes son los breves, que van al punto y que no hacen perder al otro su tiempo; la tecnología sirve para acercar a los que están lejos, la otra parte será tema para otra ocasión, por lo pronto enfoquémonos en las bondades de la electrónica, la primera y más obvia es el ahorro del papel y del tiempo y el único obstáculo (como siempre) es tener un tema a tratar, aunque está la vieja confiable de ponerse al parejo con las vidas... o el clima.

4. Al público en general. La impersonalidad tiene límites variados, según sea cercano su trato, el que escribe podrá darse libertades que lo conduzcan a impactar a quienes recibirán su texto con la esperanza de que la reacción sea fuerte y pareja para que se logre exactamente lo que busca; la escritura para un perfil no personal debe estandarizarse de alguna manera, quizá por posición ideológica, por el tipo de historias o la calidad del consumo; las letras resultantes pueden adecuarse a cualquiera, dado que por cuestiones culturales, las coincidencias saltarán a la vista sin mayor dificultad. De ese punto a la identificación individual con un personaje, distaría sólo un paso por lo tanto, nos encontraríamos a varios émulos de los héroes literarios en todos lados. Salud.

Beto

martes, 17 de marzo de 2026

Las referencias literarias

«Como dijo Westinghouse...». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Motivos aventureros. No es posible, con la economía como está, que tengamos la libertad de deambular por el mundo dado que tenemos asuntos más urgentes que atender, por lo tanto, el viajar a otras latitudes debe hacerse de manera virtual y no hablo de computadoras nada más, los libros fueron la manera anterior de conocer otras tierras, los grandes escritores se forjaron con esfuerzos de acercar al lector de a pie a los rincones más recónditos del mundo, porque no es en el privilegio donde mora el asombro, sino en los sectores donde las limitaciones han establecido sus reales. Quien ha descubierto una pluma que le ha hecho viajar, se engancha de tal manera que podríamos hablar de cierta fidelidad por autoría y, en menor medida, por las editoriales.

2. El sabroso homenaje. No todas las copias de estilo o de letras lo son, pero las que logran la simpatía de los seguidores del «homenajeado», podrán afirmar que conservaron algo de la originalidad de su antecesor, de cualquier manera, una imitación no será igual al «molde», no por falta de calidad, sino porque el desarrollo de cada uno es distinto, dos escritores pueden usar las mismas metáforas o los mismos giros dramáticos, pero gracias a sus distintas relaciones familiares y afectivas, habrá usos sutiles que los caracterizará a cada uno. También habrá que tomar en cuenta que tratar de imitar a Rulfo, Yáñez, Fuentes o Garro es sumamente complicado, el único camino sería tratar de encontrar el propio que, al final de cuentas, es lo que esas grandes plumas hicieron.

3. Las citas como aval. Siempre habrá alguien que sepa más que nosotros sobre cualquier tema, pero nadie lo sabrá en la manera en que nosotros lo sabemos, así que siempre tendremos algo que decir, nada más hay que encontrar el espacio adecuado en el cual decirlo; volvamos a la idea inicial, el citar a otro, especialmente a una autoridad sobre el tema que estemos tratando, nos sirve de respaldo ante el posible escrutinio de otros, algo así como echarles montón para que nos crean. También habla bien de uno cuando damos el lugar que le corresponde a otro escritor, es como hacer de anfitrión y tener en nuestro texto a un invitado especial, claro está, los honores que vayamos a prodigarle, se adaptarán a la envergadura de su prestigio, aun con el mismo respeto.

4. Las cercanías según las páginas. Así como con las palabras en forma oral, las escritas tienen la facultad de acercarnos entre escritores y lectores o entre lectores que comparten las mismas obras y entre más páginas sean leídas, más cercanas se sentirán las relaciones, por muy nuevas que sean; es muy grato platicar sobre autores y cómo llevaron sus vidas o de dónde habrá salido la inspiración para escribir tal o cual obra y si acaso hay manera, en qué se diferenciarían sus tiempos a los nuestros. Cada página leída es un paso dado en la misma dirección de quien plasmó en ella sus pensamientos, sería algo así como la invitación a visitar su casa y él o ella serían nuestros guías, con la calidez, la brutalidad, la intriga o el desparpajo de esas grandes plumas que provocan nuestra imaginación. Salud.

Beto

martes, 10 de marzo de 2026

La inspiración como apoyo

Brota de donde menos se espera
y como mejor se le antoja. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Un origen debió tener. Fue la puerta de acceso a la creación en el romanticismo, cuando un halo de superioridad basada en el sufrimiento judeo-cristiano cubría a los artistas en general; ese soplo divino del cual presumen algunos creadores y la mayoría de los críticos, separa a los que ven realidades alternas de los simples mortales, suponiendo que se trata de un patrimonio exclusivo de aquellos que no se resignaron a gastarse la vida detrás de una máquina o de un escritorio, pero no, la inspiración está en todos y se despierta en diferentes momentos y por diferentes motivos en cada uno, pero que difícilmente los demás vemos el arte en ello. Por otro lado, el que surja no es fortuito, sin que es el resultado del trabajo constante y la mecanización de los movimientos.

2. Sentido sobrevalorado. Artista e inspiración parecen haber nacido juntos, ser uno mismo y deambular, gracias a la hipersensibilidad, quince centímetros sobre el piso; a veces pensamos que la inspiración se presenta como un halo extra terrenal que envuelve al «elegido» y que nos hace esperar maravillas que deleitarán nuestros sentidos. Entendemos que el estar frente a un artista nos ponga en una situación de desventaja creativa porque uno de ellos solo, tiene la imaginación de diez personas, eso dicen y lo hemos creído por generaciones; quizá sea cierto pero no tiene un sustento mágico, debe ser una combinación entre educación temprana, capacidad de observación, influencia social y gustos adquiridos que se mezclan distinto en cada uno.

3. Motivo de musicalidad. Compositores y poetas saben mucho de ritmos y cadencias, pues cada una de sus creaciones ser rigen por ellas para que las palabras, con su sonoridad propia, se combinen y seduzcan nuestros oídos con cantos que parezcan bajados de los cielos; un cantante tendrá mucho más impacto en una mujer, que un futbolista, simplemente porque es más atractivo escuchar un aterciopelado «... perdido me encuentro, en el azul profundo de tus ojos...» que un estruendoso «gooool...»; canciones y poemas tienen así, una gran ventaja sobre el balón, cuyos efectos en el aire, nunca superarán a la rima, al hipérbaton o a una bien manejada hipérbole. No puedo afirmar que no hay inspiración en el patear un balón, pero para crear algo, se requiere algo especial.

4. Creadora de ídolos. Algunos crecimos con la idea de que la inspiración era la moneda de cambio para sobresalir en el mundo de la creación artística, quien parecía tener más solvencia creativa, algo que los simples mortales sólo podemos soñar. Si hemos sido testigos de interpretaciones poéticas, habremos constatado cómo es que el sentimiento aflora por ojos y boca llenando los espacios con imágenes sacadas de algún rincón del Valhalla, cual héroes nórdicos; la odas irán y vendrán en un concierto celestial que exaltarán las cualidades de esos seres que blanden sus plumas dejando marcas imborrables en hojas tomadas por asalto. Las figuras de esos colosos se grabarán en nuestras mentes como piezas monolíticas que indicarán los caminos a seguir. Salud.

Beto

martes, 3 de marzo de 2026

Historias globales

Nacer y crecer crea pertenencia,
no propiedad. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Segmentación inútil. Cuando escuchamos hablar de un personaje famoso de nuestro interés, ¿nos quedamos a escuchar porque ignorábamos ciertos detalles? ¿Había cierto morbo en el tono de la conversación? ¿O queríamos comparar notas? Sucede porque, aun con los medios a nuestro alcance no es posible comprender a cabalidad su entorno y, por tanto, la razón de su actividad profesional, artística, literaria, etc., entonces, si alguien ofrece datos o perspectivas que nos ayuden para tal cometido, siempre será bienvenido. Lo malo de la historia institucionalizada, es que se avoca a enumerar fechas y hechos simplificados a su mínima expresión narrativa lo que la hace, además de aburrida, tan segmentada que con eso no alcanzamos a entender qué tiene que ver la revolución francesa con el segundo imperio mexicano ¡y sí hay nexos!

2. Ellos eran su entorno. Imagino que era más por una cuestión de sobrevivencia el que su curiosidad no se aventurara más allá de los límites que imponía la veintena de individuos que compondrían su clan y no podía ser muy abierta la libertad en un mundo diferentemente hostil hace unas decenas de miles de años; si suponemos que el espacio vital de cada individuo lo componen nueve metros cuadrados aproximadamente, sería acertado inferir que, como mínimo, un clan requeriría ciento ochenta metros cuadrados para sentirse seguro y protegido, así como para poder defender su posición. El ser humano antiguo tenía sus cinco sentidos puestos en mantenerse vivo y asegurar a los suyos, ya fuera alejándolos del peligro o tratando de evitar las muertes de parto tan comunes en los mamíferos de ese tiempo.

3. La bendita muerte. Parece contradictorio, pero de lo que más hablamos y creamos historias es de lo que menos conocemos, posiblemente se trate de un intento de capturar lo desconocido para poder tener certezas; desde Don Juan Tenorio hasta Pedro Páramo, el tema de la muerte no trata sobre el final de la vida, sino de la esperanza de la gloria o el castigo después de cruzar el umbral. Puede ser tratada como el alivio a los pesares, la pérdida absoluta o el castigo original o condena perenne a buscar un perdón. A la muerte se le respeta por justa y por su condición de inapelable, es decir, a todos nos llega y no hay argumentos para evadirla, cuando mucho pudiéramos alargar las agonías, lo cual es poco atractivo por donde quiera que se le vea y, por ello, la fascinación que provoca enciende nuestra imaginación.

4. El juicio no está en el cielo. Hasta donde he podido darme cuenta, en ningún lado se ha descrito cómo es eso del juicio final, lo que me parece una omisión totalmente tramposa puesto que al no saber cuál será la mecánica, no sabremos plantear nuestra defensa, si es que podremos realizarla; y en todo caso, ¿para qué es necesario un juicio final? ¿No se supone que lo que fuimos, somos y seremos ya es sabido? Además, en esos términos no podemos ser juzgados, sólo apartados los que fueron buenos de los que no, puesto que no habría margen para argumentación alguna y si lo hubiera ¿quienes serían los abogados? Yo creo que el juicio debe darse aquí, ya sea por los hombres o por una divinidad, pero aquí. Un juicio a posteriori no tiene chiste, por lo general, la muerte vuelve buenos a todos. Salud.

Beto

martes, 24 de febrero de 2026

El texto patrio

Podemos ser muy fuertes, pero el país
está muy desdibujado. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La multiplicidad. Desde poemas hasta novelas y películas, varios pechos se han inflamado de sentimiento patrio para ensalzar a una figura o a un símbolo que nos guíe por los intrincados caminos del amor al país; ríos de tinta han corrido elevando a héroes o eventos que pretenden engrandecerlos más allá del logro terrenal. Los nuevos panteones que producen, dictan las maneras con las que debemos conducirnos respecto de las figuras ya establecidas y de las que esperan establecerse en nuestro imaginario. Llevamos un tiempo desmitificando a los que estaban y mitificando a los que no, los que logres sobrevivir, esperarán una remitificación, porque ya sabemos que los relatos emanados de los intereses nacionales, no pueden estar del todo humanizados pues, ¿dónde estaría el chiste de la veneración?

2. Odas a lo abstracto. Los cultos alternativos nacen con los nacionalismos que suelen ser narrativas que suplen a santos y dioses con héroes defensores de una causa y un territorio, sólo hay una constante: el enemigo. Para las religiones suele ser el demonio (en cualquiera de sus facetas) u otra religión, lo que no tiene lógica si observamos que todas persiguen lo mismo, sólo que se sacrifican y humillan de diferentes formas; las «patrias» tampoco se salvan de la quema porque otras suelen ser las invasoras o tienen a sus «demonios» dentro, por lo tanto en ambos universos, nos manejamos a la defensiva. Y así como lanzamos alabanzas a espacios míticos, cantamos versos a fronteras arbitrarias e inexistentes, poniendo por lo general, un derramamiento de sangre que no alimenta al suelo.

3. Hemoglobina que no será de los dirigentes. En las enaltecidas letras de la poética patriota, se nos conmina enardecidamente a ofrendar la sangre para mantener libre a la nación, sangre que obvia y curiosamente no es de los dirigentes; es posible que se deba a que, como se escriben por encargo (de ellos por supuesto), además del pago de todas las rentas que llevamos a cuestas, también debamos morir con honor por una tierra que ni siquiera nos pertenece. No lo digo para que nos sintamos despojados, sólo intento señalar algo que todos sabemos, estamos aquí de paso, sí con el derecho de ocupar un espacio, pero que al final no vamos a llevárnoslo, en otras palabras, no defendemos la tierra, sino nuestro derecho de hacerla productiva y disfrutar de lo obtenido, que suele ser tan efímero como nuestra propia existencia.

4. No es nuestra. Aunque tengamos el permiso de los docentes de apropiárnosla, más como una obligación que como un derecho, la patria «agradecida» no nos pertenece, bueno, ya ni siquiera la imagen romantizada de Victoria Dorantes en los libros de texto nos inspira el respeto sobre la pertenencia a un país que cada sexenio da tumbos y le cuesta más trabajo mantener en su lugar a las fuerzas productivas, principalmente a la campesina. El pago de la renta, insuficiente para la codicia gubernamental y excesivo para los inquilinos, de ninguna manera garantiza el bienestar de la comunidad, debido a la incertidumbre galopante que, desde la década de los setenta, ha venido acentuándose y extendiéndose por todo el mundo, sin que parezca haber una solución en el corto plazo. Salud.

Beto

martes, 17 de febrero de 2026

Costumbres en la literatura

Los universos se vuelven uno. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Elitismo y no. La novela caballeresca, además de la aventura, dejó establecidas las formas en las que el español debía escribirse y hablarse, que halló su cumbre en la obra de Miguel de Cervantes; por supuesto, no nos expresamos de esa forma actualmente puesto que la costumbre, la ignorancia y el suavizar algunos vocablos, han traído como consecuencia que cada región del mundo hispano haya evolucionado por su lado, lo que implica que nos entendamos en lo general, sin embargo, hay particularidades que nos hacen detenernos al no quedarnos clara alguna expresión. «Sea por lo que fuere -dijo Don Quijote-; que más fío de tu amor y de tu cortesía; y así, has de saber que esta noche me ha sucedido una de las más extrañas aventuras que yo sabré encarecer...».

2. Agua quemada. Aunque venga de la pluma de un citadino cosmopolita, su intento de retratar el campo mexicano post revolucionario mediante acciones simples y cotidianas del general Vicente Vergara o las ocurrencias de doña Manuelita o esas «excentricidades» de Federico Silva en las noches de una ciudad que sólo dormita cuando está a punto de amanecer o el día con día de una colonia en una zona marginada que ha tenido que mejorar por sus medios, ponen los cuatro apartados una luz sobre lo que otros hacen para pasar el tiempo en lugares distintos geográficamente, pero muy similares pues el fondo es el mismo, un abandono por un pobre entendimiento o la mala interpretación de las propias realidades; del campo a la ciudad, sólo cambian los entramados sociales, pero la esencia es la misma.

3. Como agua para chocolate. Alguna vez pensé que había una fascinación inexplicable de muchos escritores mexicanos por retratar al campo de principios del siglo XX nacional, hasta que me di cuenta de que eso era una tendencia en los cincuenta, pero que bien visto, de alguna manera todos teníamos antecedentes rurales. Quizá no igual, pero habremos tenido un pariente como Tita, destinada a cuidar a su madre cuando ésta envejeciera por el simple hecho de ser la menor de las hijas; no sé si esa costumbre haya estado muy extendida o si aún existe o si sólo fue ficción emanada de la mente de Laura Esquivel, lo que me pone a pensar es ¿cómo alguien puede ocurrírsele fijar un destino a otro ser, sin importarle las consecuencias de una decisión así, por mucho que se le deba la vida?

4. El nombre de la rosa. Acostumbrarnos a lago requiere de un proceso, repetitivo y constante para poder realizar mecánicamente y para que parezca natural; para empezar, la vida en un monasterio debió ser declarada antinatural, dado que la vida en comunidad se da combinada, hombres y mujeres, segundo, un voto de silencio podría ser un placer para aquellos que no ven razón al hablar constantemente, pero un verdadero tormento para quien no pueda callar. Por último, matar, aunque sea por una idea, es condenable en cualquier instancia y todo lo anterior sucede en un espacio medieval que seguramente sentó las bases para que creamos que así ha sido toda la vida, ¡ah! No me refiero a la novela, sino a la creación de monasterios y conventos en los que la vida parece tener muchos secretos. Salud.

Beto

martes, 10 de febrero de 2026

Los escribanos

Avanzará la tecnología, pero el escribano
será igual. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Elitismo y no. Posiblemente el escribano actual tenga su origen en los escribas, esos curiosos personajes encargados de transcribir y conservar las sagradas escrituras; si recordamos que los menesteres religiosos y políticos estuvieron ligados desde la antigüedad hasta el siglo XIX, entenderemos la liga entre los profesionales de la pluma, pues ambos dan fe y legalidad a lo que tienen anotado, uno en libros sagrados y el otro en libros legales. Pudiera pensarse que serían y son personas de privilegio, lo que posiblemente sea en el sentido del manejo de cierta información, sin embargo, con la aparición de la imprenta, el escriba desapareció o cambió su forma de trabajo y el escribano debió mecanizar el suyo quitándose de ese halo de dignidad real, pasando a ser un artesano de la escritura de contenido legal.

2. Servicios públicos directos. Era fascinante ver en la plaza de Santo Domingo, a toda hora del día, a los llamados «evangelistas», emulados por el mimo de México, Mario Moreno en la película de 1976 «El ministro y yo», donde lo más curioso es que cambia el nombre y dirección de un destinatario, lo pasa de Jacinta Cabañas, calle del Cañón # 150 a Jacinta Jacales, calle del Rifle # 150, porque su máquina era gringa y no tenía «ñ», pero si ponía las comas y las tildes a mano, ¿por qué no las virgulillas? Con ello comienza a satirizar a los servidores públicos sobre lo que dicen qué pueden y qué no pueden hacer, así el evangelista se proponía como un facilitador de trámites antes de la aparición de los nefastos «coyotes», que com idea eran buenos, pero en la práctica no eran deseables.

3. Adaptados a la tecnología. A veces, sin que nos lo propongamos, dejamos pasar a la nostalgia a que aderece nuestros recuerdos y la muy canija acepta y parece sentar sus reales por un buen tiempo, distrayéndonos del presente; no hacen falta sesiones espiritistas, basta con un detalle para detonar escenas completas de una película que jamás volverá a rodarse; salía yo, una extrañamente fría mañana de las oficinas de rentas en la ciudad de León, Guanajuato, cuando al tocar la banqueta casi tropiezo con un cable que casi recorría quince metros del concreto a mis pies, lo extraño no era la longitud de dicho cable, sino en dónde iba a parar. En plena calle, haciendo alarde de la tecnología existente, un moderno evangelista alimentaba su ordenador y una impresora portátiles.

4. De incógnito. Lo más sorprendente del asunto, no sé si por la novedad o por el manejo que tenía de los formatos en la pantalla, es que había una fila igual de larga en espera de ser atendida. Me detuve unos segundos a observar la escena por curiosidad y porque esperar a que el semáforo de la esquina de Juárez y 5 de febrero se pusiera en verde; no alcancé a descubrir qué programa estaría usando ni de dónde estaba tomando la electricidad, pero imagino que ambas cosas se las prestarían o habría pagado alguna especie de renta, pues la línea naranja salía de algún lado de las oficinas y él no era empleado en ninguna de ellas y los formatos le salían cadi perfectos en su impresión. Como la impresión que me llevé al ya no verlo allí después de un tiempo. Salud.

Beto

martes, 3 de febrero de 2026

La práctica epistolar

Para contarnos lo que nos pasa,
no hay como la escritura. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La pluma de verdad. Desde el tintero y la pluma de ganso han pasado varias etapas en las que la tecnología, como en todo, ha facilitado el accionar cotidiano; el punto más alto entre comodidad y portabilidad se alcanzó con el bolígrafo, pero ha estado acompañado por otro tipo de instrumentos donde la estilográfica es la reina; cuando la comunicación habitual se hacía por carta, el tener la mejor pluma posible era una legítima aspiración, dado que era una de las tarjetas de presentación de todo individuo que se preciara de serlo. Junto con la calidad de la pluma iba la calidad de la escritura o, eso era lo deseable porque sacar del bolsillo una Mont Blanc y garabatear rayas sin estética alguna, dejaba mucho que desear; lo contrario tampoco era bueno, pero ésa sería la condición normal de todos, tener una Waterman no era fácil.

2. Todo está en la mano. Una pluma chapada en oro, un repuesto Parker y un papel lacrado no compensan una mala caligrafía, tampoco el papel y la tinta escolares embellecerán más el dibujo redondeado de una letra bien hecha, pero no le hará mella. Una mano educada realizará el mismo trabajo en cualquier superficie y con cualquier instrumento, lo mejor del caso es que no es imperioso aprender desde pequeños, el entrenamiento caligráfico puede realizarse a cualquier edad, con resultados satisfactorios si se tiene paciencia. No tenemos una cultura caligráfica como la que desarrollaron los pueblos prehispánicos o como la que aún conservan en el lejano oriente, pero sin duda apreciamos en el fondo, una buena letra y con mayor razón, si ésta va dirigida a nosotros en una misiva o en una invitación.

3. Retomar el formato. La tecnología pareciera impedirnos el voltear atrás y revalorar a los instrumentos de escritura a mano, lo mismo pasa entre la mensajería tradicional y la electrónica, pero es que aún no hemos descubierto el nicho de oportunidad que el correo analógico (si se me permite llamarlo así) nos presenta hoy en día; ya varias voces se han levantado a opinar y a difundir sobre los beneficios a nivel sináptico que obtenemos empuñando una pluma, algo de razón de haber debido a que la mecanización de movimientos se reduce al dibujo de letras, pero no trasciende a la manera en que vamos a plasmar el pensamiento. Por otro lado, el contacto con el papel, tanto de la pluma como de la mano, nos brinda sensaciones en dos sentidos de valoración, herramienta y ser.

4. Regreso a la personalización. El estilo de escritura necesita ciertos apoyos que faciliten la identificación del autor epistolar, para empezar están el papel y los sobres, nada identifica más rápida y efectivamente que un color o una forma que digan algo sobre su personalidad; junto a esos vehículos de tinta, podríamos aplicar una manera específica de doblar el papel, para aumentar un poco la emoción de descubrir el contenido. No está prohibido el uso de etiquetas o sellos, pero teniendo la precaución de no interferir con los del servicio postal si va a hacerse uso de él; en última instancia están la pluma y la tinta, lo que va más allá de la compra de bolígrafos en una papelería cualquiera, pero por algo hay que empezar, lo más importante será el adquirir el gusto por los colores y las texturas. Salud.

Beto

martes, 27 de enero de 2026

Un poco en el destierro

En la búsqueda de uno mismo, el destino
se logra en solitario. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La introspección. No es necesario un traslado físico para alejarnos del mundanal ruido, basta con un aislamiento en algún rincón de nuestra casa en el que podamos estar solos por unos instantes para meternos en nuestros pensamientos y revisar un poco lo que la pluma ha plasmado en nuestra libreta (los que escriban directo, traduzcan a teclado); sin tratarse de saber si estamos haciendo bien o si fue prudente invertir tiempo en una práctica que a lo mejor no representa un beneficio monetario, ponernos a reflexionar sobre qué tanto nos ha gustado escribir es importante para evaluar la posibilidad de seguir y, en un futuro cercano, imprimir y publicar nuestros textos. Otro punto a considerar sería la revisión de los temas que hayamos tratado o el orden y coherencia del trabajo.

2. Un análisis puntual. Hay una infinidad de temas sobre los cuales escribir, sin embargo, sólo un único camino para hacerlo que es el tratar de encontrarnos a nosotros mismos; cada palabra, cada oración, cada cuartilla, van atrapando una parte de nosotros dibujada a fuerza de tinta y movimientos de muñeca, depositada en hojas blancas, de colores, a rayas o a cuadros, retrato que nos gustaría que los demás vieran con los mismos ojos que nosotros aunque sabemos que eso no es posible. Si existe una conexión entre un ser humano y un objeto, ésta debe ser la que hay entre un redactor y su instrumento de escritura, sin importar que sea fino o desechable, mecánico o electrónico, porque unos tendrían que ser cuidados como lo que son, objetos de alta calidad, los otros, al ser replicados en serie, serán como si estuvieran siempre presentes.

3. Cambiar el punto de vista. La búsqueda de lo que somos abre el apetito hacia otros ámbitos en los que otras personas plantean sus gustos e intereses con el fin de establecer igualdades que nos aseguren que estamos haciendo bien; las inseguridades rondan por todos lados y debemos asegurarnos la paz sin importar el esfuerzo que tengamos que realizar, pero hay ocasiones en las que debemos tomar distancia para tener una mejor perspectiva de lo que nos proponemos observar. Alejarnos como una manera de activar nuestro sentido creativo, presenta la ventaja de que ya no contaminaremos, por un momento, el entorno con las valoraciones inmediatas de las relaciones que solemos tener, pues por afinidad o simpatía, nos hacen ver las cosas con más filtros que los que nos gustaría aceptar.

4. El lobo solitario. No, no voy a hablar de José ni de su hijo Luis Roberto, tampoco del personaje de Herman Hesse, sino de esa sensación que nos tienta a apartarnos de nuestra «manada» para tratar de encontrar en otros horizontes, lo que los límites que nos rodean impiden. Tal vez no sepamos qué es, ni siquiera nos pase por la cabeza una manera de averiguarlo, pero nuestra pluma, llena de curiosidad, marcará aquel camino que parezca más incierto y poco explorado, camino que debemos transitar solos, porque cualquier compañía se volvería una distracción del intento de reencontrar motivos para andar. Los pies apuntan también hacia el mismo rumbo que señaló la tinta, las manchas que ésta dejó como señal, crean una burbuja que, confiamos, facilita el propio encuentro. Salud.

Beto

martes, 20 de enero de 2026

Vida ensimismada

La socialización puede no ser fácil
para algunos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La óptica externa. De alguna manera el cine y la televisión han contribuido a la fábula de la vida glamorosa y excitante del escritor con personajes como Richard Castle quien, además de escribir sobre misterios policiacos, se daba el tiempo de resolverlos él mismo en su realidad como apoyo del Departamento de Nueva York; nuestra realidad dista mucho de esos escenarios, no hay demasiadas aventuras en vivo aunque sí bastantes horas de lectura de donde sacar referencias para otras nuevas. El imaginar que un escritor debe por fuerza haber vivido de la manera en que plasma sus obras, debe venir de la idea de que no es posible hablar de algo si lo has experimentado, así que resulta recurrente el escuchar preguntas como «¿de dónde sacas tus historias?», quizá para saber si de verdad eres imaginativo.

2. El anacoreta. No todo el que se aísla lo es, sin embargo, quien decide alejarse de diferentes temas que componen su vida social, se transforma en uno, obligado quizá por saturación o por ya no encontrar motivo para seguir en ellos; el anacoreta actual ya no se exilia en lugares remotos nada más, también se deslinda de medios de información y redes sociales porque los contactos, aunque virtuales, suelen exponer la vida de quien los usa, dejando a la imaginación de los demás, todo aquello que ose ocultar. El alejarse de los grupos sociales implica pensar en la posibilidad de no volver o de tener una explicación lo suficientemente convincente para pasar bien librado de un juicio por malagradecido, lo que de todos modos sucedería, aunque no de cuerpo presente, pues hay que mantener las formas.

3. El social intermitente. La sensación de inseguridad puede ser buen pretexto para desconectarnos a ratos y planear una estrategia para poder mantener contacto con nuestros seres más cercanos, aunque sea a distancia; las redes sociales permiten eso ahora sin más esfuerzo que pensar qué decir o inventar un pretexto si creemos no tener una razón, pero al parecer, entre más facilidades tenemos, más nos encerramos en nosotros mismos pues «en cualquier momento les podemos hablar». Un escritor desconocido no tendrá problemas con lidiar con las intermitencias en la vida social pues quizá sus lectores y su editorial no le exijan una producción continua, sin embargo, si su deseo es ser reconocido o ya lo es, no sólo tendrá la presión de aquellos, sino él mismo se la impondrá para mantenerse vigente.

4. El desconocido. Es ése que goza de la libertad casi absoluta, fuera del alcance de la auto censura que impone la fama; podría decirse que los límites de cada escritor se reducen proporcionalmente conforme se hace más conocido. Algún precio hay que pagar si lo que se desea es reconocimiento y éste, generalmente, se cobra en las letras mismas, ya sea mediante el patrocinio particular o estatal, el número de ediciones a tratar y hasta los lugares de distribución. Pueden decirnos qué sí y qué no escribir, pero las restricciones más severas nos las ponemos nosotros mismos aunque la contraparte suele tener un peso importante, es decir, si vamos a tener cierta permisividad, la más grande será la nuestra, cosa que puede pasernos factura, en cómodas mensualidades. Salud.

Beto

martes, 13 de enero de 2026

Las letras como contactos

Hacer castillos en el aire
puede ser productivo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No es para nosotros. En el estudio de la filosofía se tiene la idea de que por fuerza debe llegarse a la escritura y no está del todo alejado de la realidad; pensemos en la filosofía no como una carrera universitaria (porque no es una ciencia) sino como un derecho que todos tenemos de ejercitar el pensamiento y ya estando en esos menesteres, es posible que se nos ocurran ideas que pudieran ser aplicables a un aspecto de nuestra realidad, por lo tanto, si no queremos perderlas, tendríamos que apuntarlas en algún lado, entonces sí, filosofar nos llevaría en algún momento a escribir. El meollo del asunto está en convencernos de que pensamos con un fin determinado, ya que es poco común el imaginarnos compartiendo nuestras ideas, con gente que no pertenezca a nuestros círculos cercanos y sólo de manera oral.

2. El chisme funcional. Aquel que encuentra en rumores, chismes o interpretaciones variadas de los hechos la materia prima de sus comentarios o escritos, debe decidir si con ello servirá para proveer de puntos de vista o para desinformar; la novela histórica, como se ha estado manejando, confirma un poco lo anterior, es por así decirlo un chisme funcional en el que se humanizan los personajes patrios haciéndolos convivir con otros ficticios. Por supuesto, no son argumentos que debamos creer a rajatabla, sólo son referencias que requieren corroborarse o desmentirse por medio de otras fuentes pues, aunque se trata de investigadores serios quienes las escriben, también es cierto que producen ficción. Las obras literarias de este tipo nos proveen de perspectiva que ayuda a desmitificar a las figuras que tenemos en un altar, total, un poco de humanidad no les daña.

3. Inspiración e identificación. Lo mejor de la imaginación es que nos permite sentir sobre lo que leemos, por lo tanto, la simpatía, enojo, indignación o aprecio que podamos sentir por un personaje es real y, a veces, los proyectamos hacia una persona cercana o no; para los creadores de contenido, la letras son una buena fuente de inspiración, entendiendo a ésta, como el disparar referencias semejantes utilizables para crear una nueva obra, ya sea escultórica, pictórica, fílmica o escrita. Por cada obra inspirada, hay también una identificación con los personajes retratados en ellas; algunos podemos afirmar que tenemos rasgos semejantes a los de Casanova, Dorian Grey, Hércules Poirot o alguno que nunca aparezca como Godot. Pareciera algo inútil, pero algo de cada personaje nos impregna y, por un tiempo, somos ellos.

4. Seguidores o fanáticos. No importa el terreno, cuando el gusto se fanatiza, la razón pierde terreno; es incuestionable que el sentido de propiedad al que sometemos a nuestras relaciones sociales, transforma en objeto a lo que debería tratarse como sinónimo de igualdad. A partir de la racionalización de nuestro status, todo gira en torno a nosotros, ya sea como individuos o como grupo, por lo tanto, todo nos pertenece en exclusividad y en abstracto, por ejemplo, el trabajo, la patria, las fiestas. Es fácil, debido a la emotividad que exigen esas concepciones, tener un alto grado de agresividad en cuanto percibimos cualquier enfrentamiento como si fuera un ataque, ya sea por mantener una imagen, ya por manifestar alguna inseguridad, el caso es que al aferrarnos a ello, fanatizamos sobrepasando la admiración. Salud.

Beto

martes, 6 de enero de 2026

Crear comunidad

Nos agrupamos para estar
con los iguales. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Para varias cosas. Las afinidades dan parámetros para que nos juntemos en grupos más o menos numerosos, los tipos de esas agrupaciones son tan variados como los gustos que presentamos en actividades manuales o intelectuales, sin que la exclusividad de ellas sea tajante, es decir, que si varias personas se agrupan para formar un equipo deportivo, podrían considerar también, el juntarse para ver películas o realizar composturas que tuvieran que ver o no con su idea original. Aunque la lectura y escritura son actividades netamente individuales, el compartir y crear en comuna no está peleada con la introyección de lo que captamos o producimos, puesto que por medio de la comparación o el comentario, podemos ser capaces de adherir nuevas ideas o cambiar de perspectiva.

2. Contra el pánico escénico. Dicen que cuando se le teme a algo, lo mejor es echarle montón porque, «mal de muchos...»; eso último fue un permiso literario, pero no me negarán que los grupos sociales que más miedo tienen, suelen ser más violentos, para el caso podríamos analizar el tipo de lecturas que producen los movimientos sociales, ya sean minorías por convicciones políticas o por preferencias sexuales y es lógico que presenten miedo, pues el supuesto es que van a enfrentar a grupos en el poder que, de alguna manera, podrían matarlos. También está el miedo natural a sentirse expuesto, ya que una vez publicado un texto, no puede ser defendido por el autor y la conexión entre ambos difícilmente puede ser disuelta, entonces la sensación de abandono crea cierta vulnerabilidad e indecisión para repetir la experiencia.

3. Seguimiento de las formas. Desde que tengo uso de razón, las mujeres han luchado por un trato laboral igual a los hombres, lo cual entiendo, se refiere a lo legal para poder aspirar al respeto y al salario cuando se trata de los mismos puestos; sabemos que en la parte biológica eso no es posible porque las características físicas de cada sexo no lo permiten, lo cual a su vez debería ser tratado como una ventaja si se piensa en el potencial que esto debe traer consigo. El ejemplo más sencillo que se me ocurre en este momento es el embarazo; si lo pensamos, la ausencia por tres meses de la titular de un puesto, le permitirá a una empresa probar a los elementos que pudieran tener características afines. Para el mundo editorial serviría de la misma manera porque, después de todo, todo lo involucrado es una empresa.

4. La temporalidad. Aunque repitamos que nada es para siempre, sólo es cuestión de voluntad y decidir qué sí lo es; por supuesto, las cosas tienen categorías y las hay heredables si se les cuida bien, la mayoría, por desgaste natural, pues no. En cuanto a las personas o lo referente a ellas, el concepto de «siempre» debe adaptarse a lo que pretendemos; el «siempre» natural es lo que dura nuestra vida, así las cosas que duran para siempre, lo hacen mientras estamos vivos; si nos referimos a trascender, dependemos de la voluntad ajena pues el «siempre» depende en cuánto estaremos presentes en la memoria de los demás, por ejemplo, Juan Rulfo suele ser más mencionado de Agustín Yáñez. Las agrupaciones serán eternas según dure la voluntad de sus integrantes, sin importar el cambio generacional. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...