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| «Como dijo Westinghouse...». Foto: BAER |
1. Motivos aventureros. No es posible, con la economía como está, que tengamos la libertad de deambular por el mundo dado que tenemos asuntos más urgentes que atender, por lo tanto, el viajar a otras latitudes debe hacerse de manera virtual y no hablo de computadoras nada más, los libros fueron la manera anterior de conocer otras tierras, los grandes escritores se forjaron con esfuerzos de acercar al lector de a pie a los rincones más recónditos del mundo, porque no es en el privilegio donde mora el asombro, sino en los sectores donde las limitaciones han establecido sus reales. Quien ha descubierto una pluma que le ha hecho viajar, se engancha de tal manera que podríamos hablar de cierta fidelidad por autoría y, en menor medida, por las editoriales.
2. El sabroso homenaje. No todas las copias de estilo o de letras lo son, pero las que logran la simpatía de los seguidores del «homenajeado», podrán afirmar que conservaron algo de la originalidad de su antecesor, de cualquier manera, una imitación no será igual al «molde», no por falta de calidad, sino porque el desarrollo de cada uno es distinto, dos escritores pueden usar las mismas metáforas o los mismos giros dramáticos, pero gracias a sus distintas relaciones familiares y afectivas, habrá usos sutiles que los caracterizará a cada uno. También habrá que tomar en cuenta que tratar de imitar a Rulfo, Yáñez, Fuentes o Garro es sumamente complicado, el único camino sería tratar de encontrar el propio que, al final de cuentas, es lo que esas grandes plumas hicieron.
3. Las citas como aval. Siempre habrá alguien que sepa más que nosotros sobre cualquier tema, pero nadie lo sabrá en la manera en que nosotros lo sabemos, así que siempre tendremos algo que decir, nada más hay que encontrar el espacio adecuado en el cual decirlo; volvamos a la idea inicial, el citar a otro, especialmente a una autoridad sobre el tema que estemos tratando, nos sirve de respaldo ante el posible escrutinio de otros, algo así como echarles montón para que nos crean. También habla bien de uno cuando damos el lugar que le corresponde a otro escritor, es como hacer de anfitrión y tener en nuestro texto a un invitado especial, claro está, los honores que vayamos a prodigarle, se adaptarán a la envergadura de su prestigio, aun con el mismo respeto.
4. Las cercanías según las páginas. Así como con las palabras en forma oral, las escritas tienen la facultad de acercarnos entre escritores y lectores o entre lectores que comparten las mismas obras y entre más páginas sean leídas, más cercanas se sentirán las relaciones, por muy nuevas que sean; es muy grato platicar sobre autores y cómo llevaron sus vidas o de dónde habrá salido la inspiración para escribir tal o cual obra y si acaso hay manera, en qué se diferenciarían sus tiempos a los nuestros. Cada página leída es un paso dado en la misma dirección de quien plasmó en ella sus pensamientos, sería algo así como la invitación a visitar su casa y él o ella serían nuestros guías, con la calidez, la brutalidad, la intriga o el desparpajo de esas grandes plumas que provocan nuestra imaginación. Salud.
Beto

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