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| Quizá lo que llamemos avanzado se exprese con embotellamientos en el aire. Foto: BAER |
1. Aquí espero. Podría echarle la culpa a Julio Verne, a Isaac Asimov o a Ray Bradbury, pero la verdad es que mi imaginación es tan volátil que nada más necesita un pequeñísimo pretexto para salir disparada hacia los confines del universo; las horas invertidas en imaginar en lo que pudiera convertirse este mundo, a pesar de no ser lo más oportuno que pudiera haber hecho por los lugares donde sucedió, la escuela principalmente, me han servido de base para lo que hice después. Pero los maestros tenían la culpa de que me evadiera de sus clases, pues mencionaban cosas que me hacían pensar en otras que se encadenaban a otras y así sucesivamente, por lo que ahora, con las coincidencias de lo que se ha fabricado con lo que escuché en clases y leí en los libros, aquí estoy esperando lo que sigue.
2. Eternidad onírica. A veces soñamos vuelos nocturnos sin ortopedias mecánicas, el aire nos golpea el rostro mientras planeamos trayectorias que nos llevan de techo en techo de manera pausada, pues tenemos que ubicar el lugar donde nos encontramos; o quizá sí conducimos una máquina anfibia con la cual conquistaremos grandes territorios aún no ocupados por otros seres humanos en un futuro distante. Los cuadros aparecidos en nuestra mente podrían tomarse como la solución de problemas para los que tenemos poca capacidad de respuesta en el momento real; no se trata nada más de dinero, sino también de conexiones que nos permitan entender cómo está funcionando el mundo desde la perspectiva más simple que es la relación entre productores y consumidores.
3. La mecánica actual. Hay muchos avances, eso es evidente desde el momento en que ya no es posible que los ciudadanos comunes le metamos mano a los motores actuales y cualquier fallo en sus computadoras es casi objeto de estudio de la NASA; también lo notamos en los electrodomésticos a los que no es tan sencillo encontrarles refacciones y, si llegamos a conseguirlas, éstas tendrán un precio prohibitivo, de tal manera que saldría mejor comprar un aparato nuevo, además de que las generaciones son cada vez más breves. Otro punto se trata de las herramientas, cada vez son más especializadas y caras, loo que impide que pensemos en adquirirlas porque, ya sea que se trate de instrumentos de precisión o de una electrónica que difícilmente usaremos en otros aparatos.
4. Lo que me perderé. Ojalá tuviera una bola de cristal o la imaginación de un escritor de ciencia ficción, pero por lo proyectado por ellos, seguramente lo que no veré serán los autómatas antropomórficos de servicio común, los viajes casi instantáneos a gran distancia (o teletransportación), las comidas para rehidratación y la automatización total de casas habitación y transportes de uso convencional; quizá ya haya varios de esos avances, sin embargo, mi fantasía llega hasta la democratización total. No menciono las exploraciones espaciales porque de todos los avances que han anunciado las agencias espaciales del mundo, ésos son los que más lento van y está también el asunto de los contactos alienígenas, pero eso es más bien, tema de H. G. Wells. Salud.
Beto










