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| Algo que decir, es la cuestión. Foto: BAER |
1. La idea. El entorno actúa como un detonante para la imaginación y la creatividad, los tamaños, colores, formas y texturas de las cosas nos proveen de pistas para que, con paciencia y gusto, podamos capturar momentos significativos con la herramienta que mejor manejemos, para ello hay lápices, bolígrafos, plumas, papel, tela, cartón y una gran variedad de materiales moldeables para dibujar, iluminar o hacer imágenes de bulto, todo depende de la imaginación que tengamos en ese momento. Hay que pasar de la abstracción a lo material, por lo tanto, el uso de la técnica (cualquiera que sea) es imprescindible, claro está, lo mejor de ella es que podemos adaptarla a nuestras condiciones e intereses, haciéndonos cada vez más hábiles logrando productos mejor presentados.
2. El boceto. Necesitamos guías para todo, más cuando sabemos que lo que haremos no nos sale a la primera, lo que es subjetivo puesto que hay de gustos a gustos; han habido ocasiones en las que, al trazar a lápiz una imagen, quedo conforme y en otras, realmente requiere ajustes por aquí y por allá, tomando en cuenta que me llaman mucho la atención, aquellas imágenes que parecen inconclusas, por supuesto, hay que rodearlas de elementos llamativos complementarios o con una expresividad muy marcada. Un boceto en general, será la herramienta más importante en el proceso creativo de una imagen, porque nos dará una idea muy cercana de lo que será el dibujo final, con la ventaja de que pudiera tener más de un resultado.
3. Alguna técnica. Hay un montón de videos en la red dando instrucciones de cómo utilizar herramientas de escritura y dibujo, lo interesante es que todos coinciden en que, al final, están hechos para que quien los vea encuentre su propio estilo; desde la primaria, nuestros maestros se dieron a la tarea de enseñarnos a usar los juegos de geometría, a los que no les vi utilidad hasta que el maestro de dibujo de primero de secundaria nos mostró cómo hacer las proyecciones de un cubo y otros cuerpos geométricos, sin embargo, a algunos nos interesaba saber cuándo nos enseñaría a hacer caricaturas, como las que salían en el periódico por ese tiempo, pero no, nunca se le ocurrió ni a él ni a nadie, fue la maestra de biología la que nos contó que un buen caricaturista podía vivir bien con su trabajo.
4. La sensibilidad. Nace de la atención, del sentimiento profundo, de la observación del entorno que nos es significativo; podría surgir también de los manuales al estar repitiendo los ejercicios propuestos por ellos, pero es más una rutina de poner atención en los detalles que posiblemente a los demás pasen inadvertidos. De ninguna manera inferiré que para trazar líneas que enciendan nuestra imaginación y la de los demás, necesariamente debemos ser artistas, un dibujante medianamente bueno puede lograrlo encontrando los trazos que mejor le acomoden para repetirlos sin restricción, pero algo de lo que ningún diseñador de imágenes gráficas puede prescindir a riesgo de no encontrar el dibujo adecuado, es tener una historia que contar. Salud.
Beto

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