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| Se podrá decir lo que sea, pero espíritu de servicio lo hay. Foto: BAER vía Gemini |
1. Empieza por el estómago. La herencia, el vecindario social, la naturaleza, la sensibilidad de los pobladores y todo lo que sea factible de transformarse en un beneficio para el humano, va convirtiéndose en rasgos culturales que definen lo que queremos ser y hacer; el primer contacto con los sentimientos lo realizamos con el estómago, en teatro es la zona abdominal en donde expresamos mayormente las sensaciones junto con los sentimientos, éstos ubicados en el pecho, algo natural ya que pudiera tratarse como una zona única y, biológicamente hablando, nuestras madres nos transmitieron todo mediante el cordón umbilical en nuestra vida intrauterina. Gran parte de lo que sabemos, lo adquirimos de esa manera también, por lo cual podríamos afirmar que nuestra tendencia a identificarnos así se da.
2. La distinción por etnias. Si debemos encontrar diferencias entre los grupos sociales que pueblan nuestro territorio, éstas vamos a encontrarlas en las costumbres, porque los elementos que utilizamos para expresarnos culturalmente, suelen ser los mismos en todos lados, como el uso del maíz, la iconografía, los géneros musicales, hasta los adornos en las casas; tratar de diferenciarnos por el origen de nuestros grupos étnicos resulta a veces ocioso, dado que de lo que más orgullosos nos sentimos es mestizo y de nuestras raíces prehispánicas sabemos muy poco y la mayoría son sólo especulaciones en la vida cotidiana. Para los que tenemos conexiones con la parte sur del estado de Puebla, podemos intuir que una parte de nuestros antepasados sean mixtecos o los de Guanajuato tengan que ver con los otomíes.
3. Férreo pero accesible. La separación voluntaria por grupos muestra afinidades por etnia, escolaridad o dinero, al menos en la parte evidente, las demás negociaciones tendrán que ver con otro tipo de intereses secundarios, como el deportivo, por ejemplo. El poblano es difícil de comprender y convencer, pero cuando se ha logrado, se conquista a un fuerte aliado que quizá no esté sobre nosotros todo el tiempo, pero sí estará al pendiente de lo que pueda pasarnos; por otro lado, no hay una única forma de ser poblano, aunque la referencia más fuerte la tengamos en la ciudad capital, la franqueza se puede sondear hacia la zona de los ingenios que colinda y es parte de la franja mixteca, mientras que el misterio va a refugiarse hacia el norte.
4. Mezcla diferenciadora. Es inevitable concentrar nuestros pensamientos en el mestizaje tanto en lo arquitectónico como en lo culinario, si es que hablamos de la Angelópolis, pues para reconocerlo en otras ciudades como Atlixco, Izúcar o Tehuacán, hay que adentrarse en los detalles que cada mancha urbana, pequeña o grande, las hace características. La modernidad las ha alcanzado a muchas, pero mantienen un visible arraigo a costumbres y tradiciones capaces de enternecer al corazón más duro; me tomé la libertad de hablar someramente sobre Puebla, porque consideré importante organizar mis filias sobre mi origen maternal y comprender qué debo buscar en próximas visitas, porque me queda mucho por recorrer. Salud.
Beto

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