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| Nunca hay que ignorar las reglas de seguridad. Foto: BAER |
1. El ámbito literario. Cómo estará este concepto que necesita un día especial para conmemorarlo; hoy recordamos que los espacios de trabajo deben estar libres de riesgos, no sólo físicos sino legales también. Damos prioridad a los primeros por resultarnos dramáticos, pero los que tienen mayor efecto en el desarrollo económico de un grupo son los segundos; ¿es un tema de interés literario? Debió serlo en el origen del materialismo histórico, pero a la distancia vemos que no ha sido así. Jilgueros van, jilgueros vienen con discursos libertarios envueltos en celofanes democráticos recamados de chispitas de izquierda, el manifiesto del partido comunista se ha interpretado a conveniencia creando personajes que parecen buenos como Lenin o Trotsky y realmente malvados como Stalin o Mao.
2. Un giro se impone. Si ponemos atención, en la afirmación anterior, el tiempo que separa a esos personajes es bastante amplio de los que han aparecido en los últimos tiempos, como los venezolanos Chávez y Maduro; en lo que respecta a nuestro país, la inexistente izquierda o, mejor dicho, el populismo disfrazado de ella, sigue produciendo copias al carbón de dictadores, nada más que aquí eran velados hasta antes del arribo de la transformación de cuarta. Tendríamos que hacer una nueva lectura de los textos que avalan al socialismo como un sistema económico y social que asegura la igualdad de oportunidades en el desarrollo nacional, la seguridad plena de encontrar y mantener un espacio laboral y que todo en él sea realmente productivo.
3. Los libros del trabajo. Mientras las izquierdas se interesan por las condiciones en las que laboramos, las derechas se preocupan por la productividad de las empresas, temas que se topan en un punto, la explotación. Al trabajador se le dice que es indebidamente explotado por lo cual debe luchar por sus derechos y al empresario y mandos medios se les conmina a hacer que sus empleados produzcan cada vez más, con los recursos que se tienen. Detrás de todo ese panorama está el tratar de copiar el estilo de vida estadounidense, pero no sabemos cómo dejar de ser una economía emergente y dependiente de ellos, tampoco nos vemos como los tiranos que presumimos que ellos son, para explotar a los demás países, en resumen, no nos interesa ser mal vistos, pero tampoco los héroes de la historia.
4. Escribir un manual. El primer paso para ello es estar convencidos (por comprobación) que los pasos sugeridos para la resolución del o de los problemas en cuestión, serán de utilidad para cualquiera o, al menos, a un sector específico ya sea por interés o por especialización en su práctica. Lo segundo a considerar es encontrar la estructura de pensamiento adecuada para que, quien lo siga, no requiera una sobre explicación ni en conceptos ni en procedimientos. Algo muy importante a considerar es la temporalidad, ya que un manual responde exclusivamente a un problema o dispositivo en particular, por lo que su utilidad podría ser intermitente o tener una fecha de caducidad por lo que, al terminar el evento, lo mejor es desecharlo, es decir, un manual no es una obra literaria, a menos que se trate de una maquinaria muy sofisticada y requiera de composturas. Salud.
Beto

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