martes, 14 de abril de 2026

Formación de hábitos

La información en un tesoro que
no está seguro en cualquier caja. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Valores antes que todo. En la niñez parece un acto natural de transmisión de conocimientos, una forma de integración al grupo y la manera más adecuada de formación de individuos; los adultos suponemos que con los que adquirimos a temprana edad, es suficiente para desarrollarnos con plenitud y en armonía con el entorno, sin pensar que quizá, lo aprendido en casa era apenas el inicio de un aprendizaje mucho más amplio que debía darse día con día, lo que nos coloca en una plataforma en la que las decisiones a tomar, dependan no sólo de los valores, sino de cómo vamos a acomodarlos según las circunstancias. Habitualmente nos comportamos de una manera uniforme, esquematizada según la escala de valores a la que estemos acostumbrados, pero ésta no es monolítica.

2. Piezas móviles. Cada hábito adquirido y vuelto valor ante la percepción de los demás es factible de colocarse en una lista con la que daremos forma a nuestro comportamiento social; podemos presentarnos como amigables, liberales, disciplinados y tenaces, pero no en todas las circunstancias en las que nos encontremos, los tendremos en el mismo orden, sino que los adecuaremos a las necesidades que vayan presentándosenos. Quizá hay un ritmo en los cambios, ni muy seguido ni tan lento, quizá no, lo que sí podríamos afirmar es que debemos estar atentos a cómo debemos reaccionar ante lo que esté estimulándonos, sea agradable o desagradable. La importancia que le demos a los valores dependerá del interés que demos a las cosas, simples o complicadas.

3. Cuando las repeticiones no sirven. Algunas rutinas (si no es que todas) no logran convertirse en hábitos, por mucho que mecanicemos movimientos y formas de observar el entorno, incluso la manera en que nos bañamos puede cambiar debido a una diferencia en los productos, una lesión o un viaje; claro que podemos regresar a hacer las cosas como antes, pero algo ya no será igual. A pesar de que tengamos un buen dominio sobre nuestro ser, tanto nuestro cuerpo como nuestra mente nos exigirán cambios para poder funcionar adecuadamente, un asunto de curiosidad en ciertos casos y otros, por mera circunstancia, lo importante es entender que no es malo cambiar las formas cuando éstas ya no responden a nuestras necesidades; y si bien, los cambios son necesarios, éstos no por fuerza deberán darse de manera abrupta.

4. Todo está en la memoria. No se trata de aprendizaje sino de un buen almacenamiento de información para confiar en que hacemos las cosas como se debe, mecanizamos así nuestra memoria muscular y tenemos presentes los esquemas de pensamiento más útiles en el momento, por lo tanto, la repetición de ambos deberá ser sencilla. Tener hábitos es incuestionable, el cómo hacerlos es materia de cada uno por cuestiones de ritmo, de tiempo y de orden, sin embargo, los estándares se establecen en grupo sin importar el tamaño, por ejemplo, la limpieza y el orden en el espacio de trabajo es semejante e igualmente obligatoria en Mazda que en la papelería Trazo, lo que implica saber en dónde van las herramientas como las comandas realizando un cotidiano ejercicio mental. Salud.

Beto

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