martes, 30 de diciembre de 2025

Consumo inteligente

En toda ocasión, un libro es
un buen regalo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Encontrar la línea. Los géneros en la literatura coquetean con la idea de mantenerse sin cambios por toda la eternidad, sin embargo, en ese empeño no pueden evitarse mezclas entre sí dando como resultado, amalgamas que llegan a convertirse en referentes para satisfacer gustos, aprendizajes y producciones; el caso de Mary Shelley y su moderno Prometeo considerado por unos como de horror y ficción, es calificado por otros como de amor y sufrimiento, será porque tiene de todo; Frankenstein es un personaje, creador en sí mismo, que pareciera no medir las consecuencias de sus actos, simplemente se fija una meta y se hace de los medios para lograrla, pero su creación cobra tal fuerza que llega a arrebatarle el protagonismo, tanto en la historia como en la imaginación de los lectores, moldeando a voluntad los aspectos más sensibles en esa relación.

2. Autores importantes. Más que un listado amplio, lo que debemos tener presente son pasajes que nos sirvan para identificar e ilustrar o que sucede en nuestro entorno, al final, ubicar a los autores es un adorno para reuniones literarias y lo verdaderamente útil es lo aplicable de sus enseñanzas, en nuestra realidad palpable. Fuera del mundo académico, si no recordamos el nombre de un autor nada pasa, sin embargo, si cambiamos una cita o nos olvidamos de ella, prácticamente nos quedamos sin mensaje. Pero lo deseable es que cada autor adquiera importancia y eso lo logra en la medida en que entra en el gusto de los lectores, entre más profundo, más importante será, ya lo que digan los críticos servirá como una referencia. todo es cuestión de gustos.

3. Búsqueda de ofertas. En términos estrictos todo el mercado es una oferta puesto que todo es ofertado, claro que entendemos no sólo el ofrecimiento de un producto para su consumo, sino que además se realiza con un costo menos al de la normalidad del momento; buscar satisfactores con esa característica exige un entrenamiento previo basado en la observación de tiendas y movimientos de consumo, a las primeras para comparar los precios y a los segundos, para saber qué es lo que está apareciendo en el gusto popular, así se tendrá la suficiente información para saber dónde comprar lo que «nos gusta» a un precio más bajo. Por supuesto, eso no garantiza que en realidad su costo haya sido menor al de su fabricación porque para la fecha en que lo adquirimos, el precio habrá subido unas cuantas veces.

4. Las ferias. Dentro de los mundos imaginarios perfectos que describe cada obra literaria difícilmente nos encontraremos una feria en donde se vendan libros; es posible que a los escritores no les llame la atención el crear meta historias en donde ellos mismos estén exhibidos y a la venta, aunque también podría tratarse de una estrategia, de mal gusto quizá, pero estrategia al fin. En una feria del libro se tiene la oportunidad de conocer escritores de todo tipo que presenten su visión particular de la realidad que compartimos; hay precios para todos los bolsillos, pero la tendencia es que se encuentren libros más baratos que en las librerías establecidas, sin embargo, los precios están en la mente, pues la necesidad y el gusto dictarán lo que nos es caro o barato. Salud.

Beto

martes, 23 de diciembre de 2025

Verter la opinión

Una opinión puede llevarnos
a lugares insospechados. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Decantación desmesurada. Para quienes escriben rodeados de millares de lectores, se ha vuelto riesgoso exponer sus ideas y, sin importar el medio, la exposición resulta a veces insoportable; la censura ya no es de uso exclusivo del gobierno, ahora se ha vuelto algo así como un patrimonio por contagio de los seguidores aplaudidores del régimen, que suponen defenderlo en contra de las «fuerzas fácticas» de los emisarios del pasado, neoliberales fifíes que sólo buscan tener el poder sin ejercerlo debidamente, sin darse cuenta de que con ese discurso, han descrito a todos los gobiernos (incluido el actual), nada más que con otros calificativos. Periodistas principalmente, pero también aquel hijo de vecino que se atreva a criticar a las autoridades vigentes, enfrentará a una horda (cada día más diezmada) de entes iracundos que sólo repiten el discurso institucional.

2. Grandilocuencia desmesurada. Un barril hace más ruido cuando está vacío, lo mismo pasa con las cabezas que tienen poco dentro, versa la sabiduría popular; es fácil darnos cuenta cuando alguien tiene poco que decir y encima está inseguro de lo que piensa, por lo cual alza la voz, arrebata la palabra y se rehusa a escuchar a los demás. En una publicación sucede algo semejante, si leemos líneas en la que se denosta un hecho u otra opinión, se pretende que lo escrito ahí sea la única verdad y encima se oculta otro tipo de información respecto de lo tratado, nos encontraremos con un texto que, de inicio, es inseguro y tiene poca estima, por lo cual debe «manotear», «vociferar» y utilizar palabras «extremadamente cultas» que en realidad dan muestra de poca tolerancia a la crítica y al error.

3. Paraíso de metiches. El panorama actual de la información ha tomado tantas vertientes como usuarios de redes sociales hay, por desgracia, aquí se cumple el viejo adagio que dice que la cantidad no asegura la calidad, pero no todo es malo o perverso, hay esfuerzos por mantener un alto nivel de notas, teniendo conciencia de que lo deseable es combatir la desinformación; en los vaivenes entre estar enterado e ignorar lo que sucede, se cuelan aquellos a los que solamente les interesa meterse en la vida de los demás, con el pretexto de que todo lo que se sube a la red es del dominio público y hasta ahí, todo parece adecuado, pero nada dice que debamos opinar a fuerza sobre todo lo publicado, el hacerlo nos convierte en simples chismosos pues, en realidad, nadie pide nuestra opinión.

4. El dogma no es opinión. Bueno, algunos sí, los que están interesados en monetizar mediante sus publicaciones o para quienes se empecinan en ser farautes de pseudo leyes naturales con las cuales se rigen y pretenden que lo hagamos los demás; al parecer verdad, el dogma dicta sin suponer una contraparte pero sí se inventa un enemigo para validarse, porque lo que no está a su favor, está en su contra. Conceptualmente, el dogma es una pared monolítica que pretende no tener fisuras, mucho menos errores que puedan poner en duda su integridad, pero esa pretensión está sustentada solamente por la afirmación de que quien lo sustenta, es la autoridad en esa materia. Por definición, un científico no puede ser dogmático porque la ciencia no busca la verdad y está abierta a la opinión. Salud.

Beto

martes, 16 de diciembre de 2025

No estamos preparados

La lectura libera sólo si abre
nuestra perspectiva. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Lecturas subversivas. El mero acto de leer ya nos convierte en rebeldes dentro de una aldea global que parece desmoronarse al tomar nuevos bríos el regionalismo comercial, el extrañamiento del otro y la individualidad ambigua, hoy, como hace muchos años no pasaba, la apreciación de los textos se basa en las preferencias cerradas de toda índole, las cuales no parecen encontrar coincidencias, sino imponer una visión particular sobre comportamientos sociales, visión dictada al parecer, por un grupo específico con cierto poder en alguna disciplina. Cuando en los ochenta empezábamos a hablar de las tribus urbanas, eran en su mayoría agentes externos a ellas los que escribían sobre su naturaleza, sus intereses o sus aficiones y el porqué había que ponerles atención, todo desde un marco periodístico que permitía cierta neutralidad de criterio.

2. Lecturas partidarias. Ahora, los textos más intensos se producen desde el interior de las agrupaciones, algunos buscando consolidarse y otras, tratando de lograr legitimidad, el caso es tratar de convencer a un número importante de personas a que se unan a causas que pretenden tener razones para que la visión que tenemos de la sociedad cambie. Hay, eso sí, un riesgo latente de adoctrinamiento que se nota en el momento en el que se pasa del convencimiento a la imposición mediante argumentos (algunas veces falaces) que sesgan la información que debería ser educativa en general, pero que se queda en el señalamiento de «bondades» en favor de un solo sector de la comunidad, lo cual no es necesariamente malo, pero sí parcializa el entendimiento de la sociedad.

3. Lecturas conservadoras. Pareciera que con este término calificaré a las lecturas no reaccionarias que están dedicadas a mantener las condiciones de desigualdad, lo cual es cierto an alguna medida; a lo que me referiré es a algunos textos que toman para sí, el mantener vigentes los conocimientos de utilidad, comenzando por una obra que dio la pauta para el registro de datos históricos que es «México a través de los siglos» (1884) llevada a cabo por Vicente Riva Palacio coordinando el trabajo de varios historiadores; «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» (1605), parodia de la novela caballeresca pero que sentó las bases para la reglamentación gramatical del idioma español; «Lisístrata» (411 a. C.)en la que Aristófanes retrata, de una manera cómica, la vida cotidiana de los atenienses, obras todas por las que vale la pena decirse conservador.

4. Lecturas liberadoras. Desde hace algún tiempo he pensado que si algo despierta la ira de los sectores retrógradas de este país, definitivamente yo tengo que probarlo, como sucedió con «Aura» de Carlos Fuentes, «Los versos satánicos» de Salman Rushdie o «Nosotros» de Yevgueni Zemiatin. De la segunda y tercera obras entiendo que hay una crítica abierta a la religión (musulmana) y velada al régimen (socialista ruso), pero ¡Aura! Si algo caracterizó a Fuentes fue su poco activismo político, social o económico, aunque sí crítico, por lo que nunca entendí el prohibir su lectura, principalmente tratándose de la que pudiera ser su mejor obra. No creo tener la autoridad moral para decir a los demás qué deban o no leer, pero si hay un ejercicio de absoluta libertad, es precisamente la lectura. Salud.

Beto

martes, 9 de diciembre de 2025

El humanismo local

Todo argumento puede tener lógica,
pero no por eso es confiable. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Su prerrequisito. Educación y escolaridad se han visto envueltas en un manoseo teórico que poco ha aportado al desarrollo humano, ya sea por la indefinición de los papeles que juegan las instituciones o porque no hemos atinado a juntarlas para poder hablar de acción integral; no podemos declararnos humanistas cuando los juicios hacia la sociedad se hacen de manera indolente basada en una educación que ha marcado diferencias como medios para relacionarnos. Tratar bien a alguien y respetarlo son cosas muy distintas y sus diferencias son de grado; para empezar, la temporalidad es diametralmente distinta, pues el buen trato es eventual mientras que el respeto es perpetuo, uno es para hacer sentir cómodo al otro y el segundo es para que se sienta seguro; un buen trato se presenta donde sea, la seguridad no.

2. El refuerzo académico. Por supuesto, hay escuelas que se autodenominan humanistas, principalmente (o son las únicas) las de nivel superior, lo que pensándolo bien, sonaría lógico si pensamos que los años de primaria, secundaria y preparatoria son etapas de acondicionamiento para entender al humanismo como un estilo de vida y no como una simple teoría con buenas intenciones, al parecer, ser humanista requiere de una conciencia especial en donde, para empezar, la valoración de lo netamente humano es única, pues las diferencias son sólo formas distintas de expresar lo mismo que tienen en la academia, una manera de poner orden a las estructuras mentales para identificar primordialmente, aquello que nos semeja en cualquier situación en cualquier parte del mundo.

3. Aplicabilidad social. Pensar en que los humanos somos buenos o malos por naturaleza pareciera el inicio de una discusión bizarra que a nada más conduciría que a huecos teóricos que no se han solucionado del todo, puesto que el humanismo no se ha caracterizado por ser determinante en sus postulados por un detalle primordial, sus observaciones están influidas por el comportamiento social. Y no debe ser de otra manera, pues es el único rasgo que posiblemente se registre numéricamente; conciencia social, mentalidad, identidad, no tienen una escala con la cual pueda darse una clasificación o se contabilice la cantidad de eventos en las que aparecen. Ser humanista en estos tiempos parece más una pose que sirve en las campañas políticas de ciertos demagogos que aprovechan muy bien sus detalles ambiguos.

4. La tragedia de la desconfianza. No por haberlo mencionado varias veces quiere decir que haya encontrado la respuesta, tener confianza en los demás no se da de un día para otro, ni siquiera en uno mismo, es un trabajo gradual que lleva un buen tiempo, pero que puede perderse en un instante. Así parece haber sido por toda nuestra existencia, ya que el miedo a morir se presentó primero (o con mayor fuerza y frecuencia) que la necesidad de socializar. Lo peor del caso, es que hemos tenido razones para desconfiar de todo y de todos significativamente porque nuestra vida no ha dejado de estar en riesgo siendo la razón la misma de siempre: la búsqueda del poder. No importa la naturaleza de éste, la fascinación por sojuzgar al otro ha mantenido a algunos inadaptados, interesados en satisfacer sus perversiones. Salud.

Beto

martes, 2 de diciembre de 2025

La reflexión

Reflexionar no es igual a preocuparse,
el resultado es distinto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Contraria a la oración. Una buena dinámica reflexiva se compone de los elementos dictados por René Descartes y mucho antes de establecer afirmaciones, lo más importante es establecer interrogantes para guiar nuestros pensamientos, una oración como tal podría ser el resultado de un ejercicio de reflexión, al poner en relieve aquello que no termine de encajar en nuestros pensamientos, ya sea para adecuarlos o para rechazarlos. Cada uno de nosotros entenderemos que no hay lugares específicos para reflexionar, el deseo de hacerlo puede surgir donde sea, sin embargo, sí es factible tener un lugar especial para la oración, en la forma de un nicho o de un templo entero puesto que se trata de un ritual personal. Como última diferencia, al orar hay intrínseco un pedimento, mientras que de una reflexión surge una respuesta.

2. Toque medicinal. No tengo una idea clara de cuál pueda ser la diferencia entre meditar y reflexionar, parecen iguales a simple vista, pero la primera sí tiene fama de ser hasta cierto punto, medo curativa; como supongo que nunca he meditado, me quedo con la reflexión como una manera terapéutica de mantenerme cuerdo, por aquello de las visitas del alemán. El poner a trabajar las neuronas no es sólo para distraernos de preocupaciones y dolores, ni mucho menos para que nuestra cabeza dé vueltas sobre lo mismo sin llegar a algo concreto, por el contrario, reflexionar debe ser un ejercicio que nos relaje y nos permita ver las cosas desde diferentes perspectivas, alguna de ellas podría ser el germen de una teoría o un tratado sobre el cuidado del adulto mayor o los beneficios de combinar el baile con las artes marciales.

3. Productora de conocimiento. Reflexionamos con o por lo que sabemos, recordamos palabras, frases y oraciones con la fruición que da la curiosidad, reinventamos órdenes u orientaciones sin que la insatisfacción merme nuestro ímpetu creativo; rebautizamos a las cosas porque podemos, no se diga cuando hay que otorgar un sobrenombre a alguien que queremos, porque ahí ponemos en juego toda nuestra imaginación, aunque el esfuerzo sólo alcance a señalar lo evidente. Pero tuvimos que poner en una balanza a la oportunidad con la pertinencia, valorar qué tanto afectaría el ánimo de quien recibirá nuestro «obsequio» y cuidar que los demás lo pronuncien con el mismo respeto que nosotros. Si el efecto resulta ser el buscado, podríamos afirmar que se ha dado un paso hacia el conocimiento sobre el talante de esa persona y la confianza que pueda representar.

4. Su justo valor. Debería ser como acompañante cotidiana para realizar cualquier tipo de tarea, desde hacer las compras de la despensa, hasta tomar la decisión de continuar con los estudios de postgrado, dado que todo lo que decidamos, trazará el curso que tome nuestras vidas, por su pertinencia, oportunidad o la cantidad de recursos que tengamos. Obviamente no son igual de importantes unas compras que realizar estudios si los vemos como un evento único, pero si a las primeras las vemos como un plan a tres o cinco años, su dimensión cambia, esto es porque la estructura de pensamiento para tomar decisiones es la misma si planeamos grandes cosas como unas vacaciones o si saltamos un charco en un día lluvioso, pero ¿qué tal si tenemos ochenta años y el charco mide dos metros? Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...