martes, 30 de septiembre de 2025

Hacer historia

Hacer historia requiere de la paciencia
de un monje. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. ¿Cómo financiarla? No debe resultar sencillo ser historiador a menos que quien decida serlo tenga una beca de Conahcyt (la «h» es uno de esos cambios inútiles de la 4T) o haya sido contratado por una empresa que tenga departamento de divulgación cultural como BBVA o TAC, de lo contrario, el historiador como muchos otros profesionistas, debe proponerse a sí mismo como una empresa con la posibilidad de crear productos para la divulgación de su materia, ya sea porque teorice en su práctica o porque le interese una etapa o un personaje en particular; esa empresa podría tener éxito en cualquier lugar y con cualquiera que realice investigaciones serias, debido a que a los mexicanos nos encanta que nos cuenten historias y si éstas están llenas de misterio, intriga y traición, pues qué mejor.

2. Ahorro como no gasto. Lejos del «aprovechar ofertas», ahorrar implica el tratar de mantener la capacidad de compra del dinero y eso no se logra gastando ni poco ni mucho; la respuesta está en la inversión, con el cuidado que merece el esfuerzo de haber juntado el dinero en la cantidad que sea, pues representa lo mismo el perder mil que un millón de pesos si es lo único con lo que se cuenta. Ahora bien, el simplemente guardarlo también representa una pérdida ya que las monedas (todas) se deprecian a diario desde que no se rigen por el oro, aunque todos los países deben tenerlo como respaldo. Por otro lado, el hecho de que en este tiempo las economías estén basadas en la producción, nos pone en un panorama en el que la fluctuación de las monedas fuertes, se llevan de corbata a las economías emergentes.

3. ¿Qué consideramos importante? Historiar también implica un ahorro en las palabras que van a usarse en uno de sus relatos, es decir, de tratar de mantener la atención del lector o escucha en una narrativa que le informe con la mayor verosimilitud posible con las palabras adecuadas ya que, para ser sinceros, lo que se narra es resultado de que ese episodio en particular le es importante a alguien con poder, ya sea desde la óptica gubernamental o la de una fundación particular; a la historia no la escriben nada más los vencedores (porque eso implicaría que todos los que la hacen han estado luchando todo el tiempo contra alguien más) sino también sus herederos, que su único mérito es tratar de mantener lo conquistado por sus antecesores. Esa tendencia ha dejado la sensación, por el centralismo con que se maneja, de que no todos estamos considerados en ella.

4. Alternativas. Si pudiéramos, le preguntaríamos al historiador Alejandro Rosas, qué opciones hay en una ciudad como la nuestra para que las indagaciones en documentos y la creación de nuevos tengan la mayor credibilidad posible. Supongo que su sugerencia iría por establecer el rigor al momento de consultar cada foja o libro que asegure haber registrado un momento de la vida local y que pudiera ser de interés general, susceptible de una narrativa coherente y verosímil. Esto supone un gran trabajo de indagación y el establecimiento de una cronología no lineal como forma de entender las coincidencias hacia el interior del municipio y hacia el exterior del mismo. No tenemos a la mano a Alejandro, pero  hay esfuerzos individuales que han establecido bases para aquellos que deseen aclarar o dar a conocer un detalle de nuestra historia. Salud.

Beto

martes, 23 de septiembre de 2025

Las vacas sagradas

Las opiniones de una gran pluma
siguen vigentes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Cuando la palabra es ley. Hay frases que en los labios indicados pueden revivir o aplastar a pueblos enteros, basta con que un grupo numeroso compre la idea de que una persona es enviado y habla en representación de un ser superior para que de manera «patriótica» defienda una posición o para que, convertida en una turba iracunda, linche a todo aquel que no comulgue con sus ideas. Por fortuna, los episodios de esa índole se han reducido (aunque no las guerras) y han dado paso a la literatura para retratarlos. En otro sentido, cuando un escritor reputado habla sobre el trabajo que realiza, parece dictar cátedra para que los demás aumentemos nuestros referentes y así comprender mejor nuestro entorno, su credibilidad se ve aumentada en relación a sus publicaciones, principalmente en libros.

2. Aunque no siempre haya razón. En algún momento, allá por mediados de los noventa, tuve la oportunidad de leer en un cartel, una declaración de Gabriel García Márquez sobre «liberarnos» del uso de las tildes en el español, puesto que se había visto que en otros idiomas (que yo sepa, sólo en el inglés) que las palabras adquirían su significado por el contexto de la oración. ¿Tenía razón? Sí, en parte, pero hay un detalle que no tomó en cuenta y es que en nuestro idioma hay palabras que se significan a sí mismas mediante las tildes como el pronombre «él», por lo tanto dentro del texto, es importante facilitar la comprensión del lector no confundiéndolo con palabras similares que tienen distinto significado. Supuse que en el fondo, el Gabo tenía mala ortografía y era su editor el que se aventaba largas jornadas corrigiéndolo.

3. Desde París. En entrevista con el periodista James R. Fortson, Carlos Fuentes dicta sus impresiones sobre lo que le vendría a la ciudad de México como capital y al país entero si las tendencias de ese ya lejano diciembre de 1973 seguían vigentes y algo de eso podemos constatar en nuestros días; Fortson pudo sacar las, hasta ese momento, opiniones más significativas sobre la situación que prevalecía en las letras, la política y la economía nacionales que el futuro embajador mexicano en Francia podía externar y aunque el encuentro con el escritor le costó mil dólares, la publicación en la revista Eros (censurada y cerrada por Luis Echeverría) que después publico en formato de libro con el nombre de «Perspectivas mexicanas desde París, un diálogo con Carlos Fuentes», le valió su primer premio nacional de periodismo.

4. ¿Qué dijo? Con su entrevista, James R. Fortson sacó una cara que el mismo Fuentes pudo haber ensayado la noche anterior a que se llevara a cabo, pero establece dos puntos importantes, el que en la lengua española se escribe una única novela y cada escritor plasma en su obra un capítulo de ella y que la escritura, como oficio y acto común, no es una práctica natural, yo agregaría que lo es como afirma, pero no nada más por «estar doblado dibujando patas de mosca», sino tampoco porque moldea la manera de pensar incluso por el instrumento de escritura que se utilice; para colmo de males, es una actividad tan a contra natura (según Carlos) que requiere de una compensación física, la suya era hacer el amor, ya que no gustaba de deporte alguno, ni siquiera de caminar. Salud.

Beto

martes, 16 de septiembre de 2025

Literatura de la independencia

Escribir es una forma de encontrar
el «yo». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Autores poco nombrados. Las páginas que se escribieron con sus rúbricas dejaron de circular con la frecuencia que debieran, su valor radica en un punto que debería importarnos porque son la muestra del pensamiento decimonónico aún inyectado del costumbrismo del siglo anterior y con el que nos daríamos cuenta si el actual ha evolucionado de verdad o sólo ha cambiado superficialmente; sólo puedo imaginar el grado de compromiso que sintieron escritores como Anastasio de Ochoa (1783-1833), Andrés Quintana Roo (1787-1851), Francisco Sánchez de Tagle (1782-1847), José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827) quienes venían observando los tiempos convulsos que les tocó vivir en su juventud y que, cada uno desde su práctica literaria, retrataron para acercarlos a las masas.

2. La invasión de los héroes. Una vez inventados, además de alhóndigas o sanjuanesdeulúa, los héroes patrios sitian nuestros cerebros con actuaciones inmaculadas donde «agarraron gachupines» o salvaron la vida porque «los valientes no asesinan» se prestan a aumentar las barricadas para mantener a su grupo como un club social al que el ingreso será bastante difícil. El manejo maniqueo al que se han sometido a las figuras históricas mundiales mantiene en una plataforma de casi santidad a unos y guardianes del infierno a otros dando pie a que con esas historias supongamos que la vida cotidiana es igual, lo malo es que como están contadas, pareciera que todo lo sucedido es producto de la casualidad o de la fatalidad, aumentado la idea de que somos telenoveleros y melodramáticos.

3. De propio puño y letra. Nunca he podido explicarme el porqué no leímos en la primaria, la secundaria o la preparatoria «Los sentimientos de la Nación» o «Los tratados de las Cortes de Cádiz» o todos esos textos que fueron dando forma a la idea de independencia como país soberano y, sobre todo, ¿por qué hemos hecho de la lectura de las Constituciones algo aburrido? ¿Acaso no sería interesante interpretar los artículos? ¿O poder analizar el pensamiento de intelectuales como Andrés Quintana Roo? Sé que está en cada quien el atender a lecturas como ésas, pero tampoco se encuentran en cualquier estanquillo, así que se requiere de una buena búsqueda para tener un compendio (si existe) o las obras sueltas de los escritores de la época de independencia, empezando por las biografías, que es otro cantar.

4. Manuel Payno. Varios escritores del siglo XIX apuntaron hacia el costumbrismo mexicano pero pocos tan prolíficos como Manuel Payno, militar, periodista, político y diplomático que colaboró para periódicos como El Ateneo Mexicano, El Siglo Diez y Nueve, El Año Nuevo, El Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística, El Federalista y Don Simplicio, además de ser miembro de la Real Academia Española. En su obra podemos contar El fistol del diablo, El hombre de la situación, Los bandidos de Río Frío (escrita bajo el seudónimo de «Un ingenio mexicano») y la muy afamada María. Al parecer, Payno resume en sus escritos el sentimiento del naciente mexicano a la vida independiente que antes debe resolver, en un cuestionamiento colectivo, la eterna pregunta: «¿quién soy?». Salud.

Beto

martes, 9 de septiembre de 2025

Leyes de Asimov

Suplirán todo lo manual, pero nunca
lo afectivo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No hacer daño a un humano. Aunque quizás a este gran escritor de ciencia ficción no le interesara realizar jurisprudencia, sí que su propuesta de leyes para los robots sentaron las bases para nuestra relación con las máquinas; por supuesto, Asimov debe haber partido de la base instintiva de los seres vivos para preservar su existencia, aunque las presenta al revés por tratarse de reglas en defensa de los seres humanos, pero hay al menos dos implicaciones semi ocultas en la primera ley. Si advierte el no dañar está dando un margen amplio de decisión a algo que está programado, segundo, hay el supuesto de que al creador de la máquina aplicará a su creación la posibilidad de actuar para bien o para mal en su convivencia con los humanos, si no fuera así, ¿para qué la advertencia?

2. Cumplir órdenes. Es posible que no lleguemos a ver máquinas que cumplan órdenes como lo exige el concepto, es decir, que sean conscientes de la satisfacción que deben producir al realizar una tarea que les encomendemos pues, hasta el día de hoy con todo y las inteligencias artificiales y las fisonomías antropomórficas, requieren de comandos específicos para moverse, éstos diseñados por un ser humano. Dicho de otra manera, una máquina no hará nada más allá de lo que le fue programado según los lenguajes que utilice. No va a sentir pena u orgullo por terminar los pasos de una receta y obtener un pastel, lo bueno o malo que le salga dependerá de qué tan claras hayan sido nuestras instrucciones o que me desmientan los usuarios de Alexa.

3. Proteger su propia existencia. Esta parte es más novelesca, no porque las anteriores tengan menos programación, sino todo lo contrario, existe la parte en la que una máquina difícilmente tendrá la capacidad de discernir cuándo una situación le es tan desfavorable que pinga en riesgo su integridad, dado que por mucho que una persona o equipo de personas pueda imaginar un buen número de situaciones de peligro, nunca podrán cubrir todas las posibilidades puesto que las hay tantas como seres humanos hay en el mundo. Es cierto, existen coincidencias, pero tan sólo por variantes culturales, las cantidades los rebasarían completamente; lo anterior implica lo que el manejo de la ciencia ficción ha tratado en múltiples obras, que las inteligencias artificiales se defenderán de los seres humanos, pero ¿cómo interpretarían el peligro?

4. Futuros usos de la robótica. Su utilidad es innegable, la discusión sobre si debe suplir la mano de obra humana está de más porque la tendencia es ésa precisamente, lo que nos dejaría un tiempo mayor para dedicar al divino ocio, sin embargo, la tecnología crece a pasos agigantados pero la conciencia social no; la verdad, en ninguna parte del mundo (quizás excepto en Suecia) tenemos una economía que garantice el bienestar de todos los miembros del grupo, por el contrario, ha servido como instrumento de dominación de unos sobre otros, con inversiones que priorizan el consumo por sobre el trabajo y leyes que no buscan la justicia; dentro de este panorama, la tecnología no es otra cosa que una mercancía más cuyo uso lleva el riesgo, no de enajenarla y esclavizarnos a ella, sino de mantenernos subordinados a quienes las producen. Salud.

Beto

martes, 2 de septiembre de 2025

Paramnesia

Lo malo está en que la tecnología
también se extravía. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Término nuevo. Al menos lo es en mi mente ya que, cuando aprendí su contraparte en francés, supuse que era uno de esos términos que adoptamos sin que haya una traducción, además, debemos aceptar que hay algo en los extranjerismos que nos hace sentir que de verdad sabemos mucho, aunque sea en detrimento de nuestro idioma; en mi caso, me da mucho gusto haberme topado con la palabra «paramnesia», porque me crea el mismo efecto nada más que al revés, ahora podré mencionarla y a quien no sepa de qué se trata, le explicaré que es el equivalente de «deja vú», claro está, también debo tener presente la definición, puesto que nadie fuera de la psicología tiene la obligación académica de saberla, sin embargo, sí sería mía por mi presunción de corregirla o afirmarla.

2. No cualquier recuerdo. No es necesario hacer referencia a «La interpretación de los sueños» para sentir que ya hemos vivido algo, esa sensación la presentamos debido a más de un factor que inciden en nuestra memoria que, por fortuna, mayormente son agradables; rara vez si no es que nunca, he escuchado que alguien se refiera a un evento desastroso como algo que ya le hubiera pasado, mucho menos que se refiera a él como un evento digno de sorpresa o siquiera de mención en el momento. Algo digno de traer al presente por medio de una paramnesia deberá componerse de eventos significativos y evocadores, para invertir el tiempo en tratar de describirlo pues, sin que necesariamente haya ocurrido en ese preciso lugar, debe ser el indicativo de que una parte de ello es de nuestro agrado.

3. ¿Premonición? Para nada. Si la paramnesia no es necesariamente haber estado (astralmente) en un lugar con antelación, mucho menos es una premonición; lo más cercano a las dos sería nuestra capacidad de asociar datos para conformar escenarios mentales semejantes y ubicarlos en el tiempo que vivimos; así, una casa que visitamos de niños cuya arquitectura pertenece a las edificadas en las décadas de los cuarenta o cincuenta, pudo dejarnos una impresión grande por los ambientes producidos por cómo reflejaba la luz al atardecer y si ese ambiente llegara a repetirse en otro lado sin que recordáramos a detalle las distribuciones, las dimensiones o los colores, nuestro cerebro sólo traerá al presente la sensación de estar en ese lugar semejante y el ánimo con el que lo guardamos.

4. Registro mental. Los recuerdos de base apoyan todo eso que nos definen como seres inacabados, los sueños podrían ser la búsqueda inconsciente de eso que nos hace falta, por tanto, la paramnesia sería algo así como la proyección de lo que queremos ser o donde queremos estar; lo cierto es que con el acervo acumulado en nuestras cabecitas a lo largo de los años, es muy probable que podamos mezclar imágenes que nos trasladen a diversos espacios con la sensación de haber estado allí en varias ocasiones. La memoria en sí se ha devaluado un poco debido a que hay rubros de la vida cotidiana que hemos reservado a la tecnología, como los números telefónicos, direcciones, horarios, hasta escritos cortos que sirven de recordatorio para tareas o apuntes de historias; esta tendencia nos obliga a buscarle a nuestras neuronas otro tipo de actividades. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...