martes, 27 de mayo de 2025

El lenguaje personal

Y todos me entienden. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Como tarjeta de presentación. Es un subproducto, claro está, pero es otro elemento que en nuestra vida nos define como un segundo juego de huellas dactilares; hay frases que se adhieren a la memoria de los demás con las cuales suelen identificarnos, ya sea por la continuidad de su uso o por la oportunidad en las que fueron pronunciadas, lo más seguro es que haya sido por ambas causas combinadas pues suelen funcionar como fórmulas para ilustrar cada aspecto a aclarar o ejemplificar en una plática; a pesar de que al usar un lenguaje manejado de distinta manera, nos permitimos ciertas licencias, la verdad es que no podemos desligarnos de las reglas universales de la lengua con la cual nos comunicamos, pues hasta un hablante yucateco se toma el tiempo para explicar la forma en la que está usando sus palabras en maya.

2. Deben compartirse. Es obvio si se piensa que el lenguaje es un medio de comunicación y ésa es la razón por la que la fórmula inventada por un individuo deja de ser personal, al igual que los valores sociales, si no se comparte el lenguaje, de nada sirve; más de alguno de ustedes habrá usado el de la «f» (efe) «nufuncafa efestafaráfas a gufustofo cofon tigofo mifismofo nifi cofon nafadiefe» y habrán sobrevivido para contarlo pues se habrán dado cuenta de que era muy difícil que se desarrollara si no había suficientes hablantes con los cuales usarlo y, si bien, se trataba de un experimento social divertido, también era cierto que no facilitaba la comunicación fluida por lo tanto, al poco tiempo se abandonaba por ser poco práctico para las prisas que íbamos adquiriendo.

3. El cuerpo. Es extremadamente difícil dejar de expresar, dado que existe algo que se llama lenguaje corporal que tiene un componente involuntario que, por desgracia, es el que está más cargado de información, nada más que para estudiarlo u observarlo al menos, debe tenerse un nivel de atención mayor que el promedio, lo que no significa que no lo entendamos, por el contrario, reaccionamos a él de manera correcta en un noventa y cinco por ciento, sólo es que nos toma más tiempo el tratar de explicarlo. Gestos y movimientos pueden ser tan sutiles como contundentes y suelen no dejar dudas sobre el efecto que buscan producir, por ello la pantomima sigue siendo un espectáculo muy apreciado, considerada en sí misma un lenguaje universal de fácil acceso.

4. Palabras distintivas. Funcionan como huellas dactilares e identificamos con ellas a las personas que las usan para las ocasiones aparentemente oportunas; pueden ser sentencias (tuve un amigo, que en paz descanse, así empezó, con una tos como ésa), advertencias (tú porque poco has visto...), aclaraciones (ahora sí, soy tu payaso) o incredulidad (¿cómo voy a creer eso?); el último ejemplo ha ido transformándose (o reduciéndose) como tantas otras cosas en esta vida y ha pasado de esa primera forma a ¿cómo voy a creer?, ¡voy a creer! hasta llegar a sólo ¡¿voooy!?, con las cuales podríamos distinguir regiones o épocas. En diversas ocasiones son producto de la moda, las cuales por cuestión de espacio, no voy a citar, pero confío en que las tendrán muy en mente. Éso, éso, éso. Salud.

Beto

martes, 20 de mayo de 2025

La ortopedia

¿Un nuevo iphone? ¡Viva!. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. Lo físico y las máquinas. A la mayoría nos quedará claro que los instrumentos manuales de escritura han cedido terreno a la maquinaria electrónica para producir textos, los argumentos pueden ser muy variados, pero la razón que solemos exponer como la principal es la rapidez; es cierto, incluso los menos diestros en el arte de la mecanografía, suelen perder menos tiempo al escribir, sin embargo, también se pierde algo de intimidad al no tener un contacto directo con la hoja en la que se plasmarán las palabras. Utilizar una pluma estilográfica o un bolígrafo, nos permite dejar parte de nosotros, identificable en las variaciones de tamaño, forma e intensidad en el trazo de nuestra letra; sí, es nuestra porque fuimos nosotros quienes la plasmamos, no así la hecha en impresora que hasta suele llevar el nombre de su creador.

2. Lo químico y la mente. Todo aquello que ingresando a nuestros cuerpos afecte al sistema nervioso central y cambie nuestros comportamientos, es considerado una droga; las hay para calmarnos, para activarnos, para mejorar el rendimiento tanto físico como intelectual, para abrir el apetito, para inhibirlo, psicotrópicos y no sé para qué más, pero se supone que todas y cada una tienen su razón de ser, benéfica y saludable si son prescritas y vigiladas por un médico, pero ahí es donde la puerca tuerce el rabo, porque en este pueblo estamos acostumbrados a seguir los pasos del melatismo como método y el rumor compadrístico como solución. No están de más ni el mágico tecito ni el profiláctico menjurge para alegrar los corazones y meter la cabeza en la psicodelia, hacen falta los aditivos etílicos para las letras.

3. Convalecencia o cruda. Las ayudas externas suelen ser muy demandantes al mismo tiempo que ineficientes, no resulta lógico que haya que recurrir a «muletas mentales» cuando se necesita ser creativo, debido a que en cada evento, es imperioso aumentar el estímulo para al menos, alcanzar el nivel de la primera vez; los periodos de abstinencia vienen acompañados de culpa pues, en el fondo, sabemos que hicimos mal al recurrir a estimulantes para creernos creativos y en el peor de los casos, ni siquiera para eso sino para evadirnos de aquello que no hemos sabido manejar, intentando mostrar un aire de suficiencia pues tan fuertes somos, que podemos parar cuando queramos y no nos damos cuenta que la actividad creativa en sí misma ya es adictiva.

4. Cuidados paliativos. Así como un médico, un contador o un abogado, todos deberíamos tener un ingeniero o un técnico en computación de cabecera, pues la confianza invertida en esos menesteres es equiparable a la del cuidado de la salud, de las finanzas y de los derechos, ahora que, por la poca gravedad en el manejo de los equipos de cómputo (salvo por la urgencia que le imprimimos a lo que hacemos con ellos) aprender a usar un ordenador es una necesidad generacional que va de ser útiles para todo (en los jóvenes) o sólo para algunas cosas en específico (en los adultos). Lo que nos uniforma a veces, es verlos como artículos de entretenimiento, lo que resulta en la suposición de que ya aprendimos a usarlos y que ya nada podría sorprendernos, hasta la aparición de la nueva generación de aparatos. Salud.

Beto

martes, 13 de mayo de 2025

Candados en la mente

Todo mejora con un punto
de vista distinto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Creencia y convicción. Hay ataduras a las que nos acostumbramos más rápido que otras, todo depende del nivel de gratificación que nos representen, unos podrían quedarse en el nivel de costumbre y otros trascenderán hacia la dependencia, sin más argumento que «así deben ser las cosas» que algunas figuras de autoridad utilizan cuando no cuentan con argumentos convincentes para justificar sus actividades; por mucho tiempo, el esclavista se sostuvo por argumentos sobre el destino dictado por los dioses (en plural), el señor feudal, por la voluntad de un único dios (un cambio de rostro) y el capitalista, por un destino manifiesto, curiosamente, todos apoyados por un mejor armamento comparado con los pueblos con los que buscaban tener conflictos, claro ejemplo de ello se dio con las cruzadas, por un problema comercial.

2. El tiempo y la madurez social. Sabemos que estamos listos para la vida social cuando ya no nos incomoda todo el tiempo la presencia de la gente; no nos hagamos, a veces la adolescencia regresa a recordarnos cómo se percibe que ni la ropa nos siente bien; tanto estas sensaciones como lo que sustentamos como sistema de creencias, lo transportamos a nuestros escritos, a veces de manera inconsciente, acto que los lectores más versados pueden captar sin la necesidad de un análisis lingüístico o psicológico, tan sólo requieren de su intuición para captar con qué ánimo aporreamos el teclado de nuestra máquina. Un ensayista promedio sabrá bien dosificar sus emociones, mientras que un cuentista, poeta o novelista, las usará como materia prima para medir los terrenos que están pisando.

3. Despertares a fuerza. Las contradicciones en las que nos vemos envueltos comienzan cuando niños porque queremos ser grandes para poder hacer lo que queremos y nos gusta, sin que estén vigilando nuestros pasos, ya de grandes, queremos volver a ser niños para que esa vigilancia no sea tan pesada, total, que no solemos ser libres ni en lo que pensamos en esto que llamamos realidad siendo esto, lo que plasmamos en los escritos que salen de nuestra imaginación, sin importar que los productos sean fantásticos o cotidianos; en el contexto periodístico la realidad golpea nuestro rostro inmisericordemente, mostrando una crudeza que no nos da margen a imaginar cómo podrían ser las cosas si no estuviéramos en estas circunstancias, los reportes diarios nos mantienen con «el agua hasta el cuello» sin poder relajarnos.

4. Queda la literatura. Los espacios creados en una obra literaria nos permiten aspirar a abarcar más terreno del que ya manejamos, imaginar que podemos volar con la fuerza que nos permite la voluntad, solos o acompañados, considerando que nuestro primer compañero es el autor mismo, como guía que prestó su voz a distintos personajes que en todo momento intercambian con él sus roles para contar su versión de la historia, sin más conflicto que el que podamos sus lectores imputarles. Los temores se disipan en cuanto desciframos las combinaciones representadas en las relaciones plasmadas en las obras, la incertidumbre se disipará puesto que para ocupar su lugar, estará al pendiente la pertenencia. Salud.

Beto

martes, 6 de mayo de 2025

El protagonista que quiero

Sólo se distinguía una arte de su ser. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Grandioso a fuerza. Ni don Alonso Quijano, el capitán Nemo, Aquiles o Sandokán se imaginan la que se les viene encima, de entre todos los que movemos la pluma a diario va a surgir el personaje que va a revolucionar las letras nacionales; será grandioso que tenga las facultades mentales de Sherlock Holmes, Hércules Poirot, o Augusto Dupin, la valentía de doña Leonor, Jane Eyre o Jane Adler, la astucia de miss Marple, Pepe Carvalho o el padre J. Brown pero con la ternura que emana de Ender Wiggin, sin olvidar el misticismo de Kalimán por supuesto. Pero para no vernos muy ostentosos, ese personaje maravilloso debe residir en el cuerpo de un vendedor de fayuca de Tepito o en el de una verdulera de La Merced, para que no digan que va a ser igual de fresa que la bibliotecaria pueblerina Aurora Teagarden.

2. Que enternezca. Líneas arriba mencioné a Eder Wiggin, pero creo que lo buena onda lo capté del actor Asa Butterfield; para el cine suele ser sencillo causar estados de ánimo dado que tiene recursos que potencializan los efectos. Los libros, en cambio, requieren de la ayuda y complicidad del lector, por mucho que hayan sido escritos por grandes talentos. La lectura será la dinámica que decida si seguir o no, el camino trazado por el texto, pero éste debe especificar una tendencia. El triunfo de cualquier obra literaria va más allá de las ventas de copias, se encuentra en las recomendaciones y comentarios de los lectores que coinciden entre sí, los sentimientos desarrollados por el paso de las páginas.

3. Búsqueda dirigida. Aunque está claro el camino del héroe o viaje del héroe, establecido por Joseph Campbell en 1949, algunas veces suelo complicar las historias tratando de simplificar a los personajes intentando, en el fondo, salirme de esa estructura de las tres etapas y de los doce pasos (aportación de Christopher Vogler en los noventa), para darme cuenta después, que repetía invariablemente el mismo entarimado. Pues bien, dicho viaje tratado en sus tres partes (planteamiento, nudo, desenlace) se dividirá en: mundo ordinario; llamada a la aventura; rechazo a la llamada; encuentro con el maestro; cruce del primer umbral; pruebas, aliados y enemigos; acercamiento a la caverna más profunda; prueba suprema; recompensa; el camino de vuelta; resurrección; regreso con el elixir. Estructura usada en todo tipo de historias, tanto en cine como en impresos.

4. Un antihéroe. Cuando en un ejercicio Héctor Gómez Várgas nos preguntó sobre algún personaje que nos gustaría ser, yo pensé en dos, el primero quizá no era tan importante puesto que ni recuerdo la razón por la que lo mencioné, lo que sí puedo decir es que era todo lo contrario del segundo, éste era un vagabundo que tomaba camino para, a ratos, lamentar su situación, en otro momento, alegrarse por no tener presiones de dinero ni tener que preocuparse por la suerte de los demás, alguien cuyo pasado pudo ser próspero pero que su presente era el reflejo de un desencanto por lo que en su tiempo llamaban sociedad, pero que no alcanzaba a tocar un ápice su enamoramiento por la vida, encanto que no podía compartir, así era Pito Pérez. Salud.

Beto

El que no sabe

La sospecha no siempre está bien documentada. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. S ospecha. Varios son los personajes que en una novela cuestiona...