martes, 30 de abril de 2024

Argumentar como en litigio

El juicio a un libro se ejerce en la lectura
misma. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pareciera que un argumento teatral, cinematográfico o televisivo nada tendrían que ver con un juicio legal, pero es todo lo contrario, es precisamente de los juicios orales en la antigua Grecia al principio y después en los de la modernidad, donde ya había un registro mecanizado de lo que se exponía, de donde la dramaturgia se nutrió para plasmar la dinámica de los diálogos en sus guiones, que después heredó a los medios electrónicos de difusión, ver la similitud es sencillo si ponemos atención en sus particularidades, primero hay un problema por resolver por parte de un protagonista (algunas veces la defensa, otras la fiscalía) que intentará obstruir un antagonista (de la manera anterior) que tendrán que ser juzgados y apoyados (jurados y testigos).

Plantear un escrito nos lleva a imaginar que lo plasmado en él, pasará por los mismos filtros y tendrá que enfrentar juicios que lo ensalzarán o lo condenarán, pocas veces la satisfacción nos llega a la primera así que la parte buena es que, con la experiencia, vamos haciéndonos más resistentes tanto a los argumentos en contra como a los que están a favor. No podemos, como autores, ser los abogados defensores pero éstos saldrán del mismo lugar que los fiscales: del texto en sí; los preparativos para el juicio comienzan con la compra de la obra, su naturaleza es lo de menos, el placer esperado se busca en el gusto del lector, en segundo término en el autor y no hay más. La defensa exitosa o la condena perpetua dependen totalmente de la historia.

Al contrario de lo que sucede en los juzgados, en la literatura sí es preferible un buen pleito, las partes dan sus puntos de vista haciendo que tomemos el papel de jueces, aprovechando nuestra propensión al chisme; las pistas desfilan frente a nuestros ojos obligándonos a mantener nuestra atención en los posibles cambios que seguramente surgirán. La dicotomía maniquea de buenos y malos pasa a segundo término pues siempre estaremos tentados a ponernos en cada uno de los bandos expuestos para poder imaginar lo que piensan los personajes, sean víctimas o perpetradores. El argumento del cual hacen uso, es una oportunidad de experimentar diferentes formas de pensamiento con la ventaja de que será más vivencial que teórico.

El argumento, plasmado en un guión, manifiesta el sentir de cada personaje, las razones de sus acciones y comportamientos, sus filias y sus fobias, en fin, todo eso que le dará forma a su figura moral y que expondrán ante un jurado conformado por los lectores para ser comprendidos más que absueltos de sus pecados, para encontrar con el cual minimizar el impacto de sus tropelías o la magnitud de sus virtudes por el hecho de estar todos expuestos a las mismas tentaciones y con ello, comparar las maneras que tenemos de salir de ellas o evitarlas en lo posible. La lectura, en ese sentido, se volverá un acto de constricción en el que podríamos observar comparativamente nuestros posibles comportamientos en situaciones similares y argumentar sobre ello. Salud.

Beto

martes, 23 de abril de 2024

Cuando el sonido enamora

El sonido atrapa de la manera más inesperada.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde plasmar las primeras líneas de un guión que ha de gozar de múltiples intenciones provocando un sinfín de emociones en quienes lo escucharán, los sonidos son el perfecto envoltorio para todo aquello que deseamos plasmar en imágenes; hablamos porque es la manera más efectiva para transmitir ideas y conocimiento, ahora tenemos formatos más efectivos para almacenar la voz, por fortuna a la música siempre se le dio preponderancia para conservar todo tipo de géneros y así tener referencia sobre lo que se produce en cada época y, hablando de eso, es seguro que en nuestra adolescencia odiamos la frase «la música de mis tiempos era mejor», en cualquiera de sus variantes, también es seguro que ya la hemos dicho a las nuevas generaciones al menor pretexto.

Pero si repasamos mentalmente los sonidos que nos atraparon en nuestra juventud coincidiremos en que, independientemente de la emoción que nos provocaron, ésta fue lo suficientemente intensa para quedar grabada en nuestra memoria; a lo que voy, es que pudiéramos haber estado tranquilos en la sala de nuestra casa, jugando con algún obsequio dado por alguien especial (o no) y en ese momento la radio reproducía una melodía a la que, en apariencia, no prestamos atención pero años después, al recordar el juguete, de pronto se reproducen en nuestra cabeza las notas que suponíamos olvidadas y se repiten y se repiten como si quisieran cavar un hoyo en nuestro cerebro para quedarse allí eternamente y la lucha para que pare, resulta infructuosa.

Puede ser que, si no nos gustaba antes, termine por hacerlo así o en definitiva la odiemos pero de que seguirá en nuestra cabeza, eso sin duda; la producción musical sigue siendo un aspecto de la inventiva humana que nos distingue de los demás lenguajes animales, pues aunque calificamos de cantos a lo que emiten los pájaros, las ballenas o las hienas y a pesar de que podemos codificar con notas sus voces, aún no somos capaces de saber qué significan, porque algo deben significar pues si así no fuera, ninguno de ellos respondería a la voz de otros y lo hacen. A pesar de nuestra ignorancia esos trinos, ladridos y como se llame la voz de los cetáceos, nos gustan al grado de usarlos como sonidos ambientales en ocasiones.

Aunque es lo más común, elegir una canción como digna para ser percibida por nuestros oídos, es una acción compleja en la que intervienen, además del gusto adquirido, las influencias latentes y presentes, el impacto instrumental, los recuerdos producidos y la factibilidad de ser compartida mediante el baile o la escucha. La música es una especie de investidura que muestra lo que somos sin necesidad de una descripción detallada de nuestra mente o nuestro interior, basta con escuchar los primeros acordes para hacer una asociación en automático de quien la está consumiendo por cualquiera de los instrumentos portátiles aún existentes. Escuchar sonidos nos remite a nuestra animalidad original, nos excita o nos calma porque es el estímulo primigenio. Salud.

Beto

martes, 16 de abril de 2024

El manejo de la imagen

Es muy atractivo para los creadores
difundir su propia imagen. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde la década de los cincuenta del siglo pasado, la vida se ve transcurrir en un cuadro dentro de nuestras casas, con el antecedente de la gran pantalla normalizada desde inicios de la misma centuria; escribir para esos medios requiere de una muy marcada imaginación visual o al menos, haber tenido una larga trayectoria de consumo de medios audiovisuales, que lo académico es sólo un complemento. Debo aclarar mi exageración, no trato de implicar que no sea necesario estudiar cine, periodismo o comunicación para escribir buenos guiones, pero el estudio sin el talento sirve lo mismo que peste sin el otro, es decir, son complementarios; cada una de esas carreras dará el sustento teórico necesario para que la imaginación pueda guiar al talento de manera coherente.

Para entender la distribución de las imágenes que han de insertarse en el cuadro hay que recurrir a la regla de los tercios que, como toda receta, es más una recomendación pero es muy útil para desarrollar la apreciación estética; para los aficionados a la fotografía la recomendación les parecerá totalmente lógica, para quienes no lo sean, el reto es preguntarse ¿por qué unas fotos les gustan más que otras? A veces, incluso aunque se trate de los mismos objetos, las mismas personas o los mismos lugares retratados preferimos unos cuadros sobre otros, la clave está en entender qué es lo que vemos y saber qué es lo que está fotografiado -de qué es la foto, pues- y para ello, debemos saber de qué se tratan los planos en un mismo cuadro.

Si bien son importantes los aspectos técnicos, no son urgentes en términos de apreciación pues lo que más importa es el gusto por lo que se ve, ahora bien, si es la práctica lo que nos interesa, entonces sí habría que averiguar cómo sacarle provecho a la cámara que tengamos a la mano sin importar que esté en función manual o automática; si se trata de la contenida en el teléfono móvil, lo que se impondrá será el buen manejo de los filtros pues en términos comunicacionales, tanto formas, colores y dimensiones tienen una intencionalidad pero también una respuesta que pocas veces es controlada. El uso de la imagen fija ha servido desde tiempos antiguos para informar sobre todo lo acontecido a nivel individual y a nivel colectivo aunque no libre de interpretación.

Sabrán ustedes del atractivo en el uso de los audiovisuales en la difusión de la información, un ejemplo lo encontramos en todos los canales en la red dedicados a hacer resúmenes de películas o análisis de las mismas, lo que en las salas cinematográficas podían ser los cortos de las próximas proyecciones; el manejo de las expresiones ha tomado relevancia principalmente por la cercanía que proveen los equipos móviles dado lo cual, la cara, los gestos y los movimientos de los conductores nos crean la historia, más que los movimientos de cámara o la iluminación; se hace televisión subalterna puesto que las producciones, salvo algunas excepciones, no cuentan con los recursos necesarios para tener los espacios, las cámaras ni el personal en funcionamiento. Salud.

Beto

martes, 9 de abril de 2024

Tendencia a lo fácil

Como los correctores ortográficos, el autotune
es de relativa ayuda. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las cargas afectivas y lo que tenemos por cierto, suelen nublar nuestro entendimiento; tomamos como verdadero sólo lo que entendemos y lo que no, lo lanzamos a la canasta de lo sobrenatural o de lo inútil. Simplificar nuestro entorno es lo más común que hacemos para entender lo que sucede en él y la búsqueda de explicaciones, en estos tiempos, cuenta con muchas herramientas menos de paciencia; la inmediatez a la que rendimos pleitesía en estos días posiblemente responda a una idea mal encausada de productividad (término que ya de sí nos amarra a ritmos poco sanos) por lo cual es en lo que nos enfocamos sin dejar de ser urgente, pero sólo nos mantiene entretenidos dejando poco a la inventiva y al uso de la iniciativa como elementos de un crecimiento integral que nos prepare para el futuro.

En el mundo de las letras, el crear contenido con textos supone dos cosas, la primera, una vez que el escrito está terminado y publicado ya no pertenece al autor sino a cada lector que hace el favor de consumirlo y dos, no puede controlar la crítica a su trabajo menos aspirar a ello, la perspectiva parece aterradora pues si algo tememos socialmente es a la crítica, ya que no nos hemos educado para soportar ningún tipo de presión extra de lo que estamos dedicados y eso se debe a que, generalmente, no estamos seguros de emprender cosas nuevas lo que nos deja con una estima frágil frente a los demás; en el otro lado, está la mayoría que realmente no sabe emitir una crítica, pues no suelen ser certeros en sus comentarios o, por el contrario, tienden a ser condescendientes.

La parte tecnológica también tiende a facilitar los esfuerzos de creación literaria pues vino a democratizar por ejemplo, la impresión, más que nada en el ahorro del tiempo y la simplicidad de los procedimientos, la encuadernación artesanal sigue los mismos pasos desde el siglo XVI, sólo han cambiado los materiales, lo que no debe bajar la calidad del producto en sí mismo pues sería tanto como permitirnos el vivir del pasado y nunca volver a producir; se puede mantener la fama por una única canción pero no por un solo libro, pareciera que los lectores son más exigentes y están más ávidos de letras que consumir mientras que la música puede escucharse una y otra vez y ni siquiera se pide que la producción sea basta, aún recuerdo la primera canción que escuchaba a diario.

Es posible que nuestra capacidad de olvido (en mi caso anosognosia) juegue en nuestro favor para evitarnos el tener presentes aquellas lecturas que nada nos dijeron, eran insufribles o de plano, estaban muy mal hechas; si no lo creen, tratan de recordar algún pasaje del libro que menos les haya gustado. Todo lo contrario pasa con las canciones, podría apostar a que recuerdan el estribillo de la peor canción que hayan escuchado. No menciono lo que yo recuerdo porque la lista es bastante extensa, lo bueno es que a la música actual no la escucho, aumentaría exponencialmente el número. Hay cosas sencillas que tienen el potencial de hacernos reflexionar y las hay muy rebuscadas que usan el ruido, tanto auditivo como visual nada más para ocultar la falta de interés o talento. Salud.

Beto

martes, 2 de abril de 2024

El estilo y uno

Que nos identifiquen depende de
qué tan definidos estamos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es como cualquier práctica humana cuando, para poder apreciarlo, deben observarse detalles que nos diferencian de los demás junto con el dominio de las características comunes y cuando llegamos a ello, podemos estar seguros de que vamos en camino de tener una identidad propia como escritores. L afirmación puede ser algo rara, pero si les dijera que plumas de la talla de García Márquez o Agustín Yáñez también estaban enfrascados en esa misma búsqueda ¿qué dirían? Un estilo no puede estar terminado puesto que cambiamos todo el tiempo, nuestros intereses mutan y, de alguna manera, las palabras que usamos van adecuándose a la idea que tenemos de nuestra propia edad y a veces, a la idea que creemos que los demás tienen de nosotros.

Hay palabras o frases que nos definen y hacen que la identificación por parte de los demás se facilite, sin embargo, no es eso lo que pudiéramos llamar estilo ya que en ese nivel, sólo estaríamos ubicando los gags al más puro estilo de Chespirito, recuerden los famosos «eso, eso, eso», «¡chanfle!», «no contaban con mi astucia», etc.; para el estilo, habría que considerar el manejo de imágenes, de los tiempos, la utilización de los géneros literarios, si hay mezcla de ellos y, en fin, todo aquello que modifique las historias que contamos. Ahora bien, aunque hay cambios que suelen hacer atractivas las producciones literarias, no todo atrevimiento es digno de admiración como en el caso de las novelas de José Agustín, que al utilizar el intento de adjetivo de uno de sus personajes, queda en algo ridículo.

Si hay alguien seguidor del recientemente fallecido autor, que me perdone pero su personaje Oliverio dista una enormidad de ser clásico como para calificar de «olivérico» su hombro, la verdad, fue más un truco barato. El lado contrario y en un género musical, si escuchamos las composiciones de Chava Flores, con un uso magistral del lenguaje popular y las imágenes que logra con su libre uso de los ritmos de narración y palabras de uso cotidiano que, a pesar del tiempo, siguen estando vigentes. Podríamos pensar que tener un estilo definido es sólo para aquellos que tienen un gran talento pero no es así, como un pequeño secreto, los que nos iniciamos en el oficio de la pluma, comenzamos trazando las primeras líneas tal y cual solemos hablar cotidianamente.

Debe ser muy gratificante saber que alguien que lea nuestros ensayos, novelas, cuentos o poemas, sepa identificarnos en ellos, que cuando sea calificada su calidad, nuestra imagen sea un detonante para que puedan disfrutarlos y que si los van a recomendar, nuestro nombre vaya incluido. Ambicionar algo menos que eso, sería casi perder el tiempo; nuestra firma como nuestro nombre deben pesar lo mismo que nuestra obra como una pequeña contribución al bienestar de los demás que fuera por información, enseñanza o entretenimiento. Es entonces el cómo se maneja la información más que el insertarse en un género determinado lo que llamaremos estilo y es en donde se establezcan los diálogos entre nuestras letras y las distintas imaginaciones de los lectores. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...