martes, 29 de agosto de 2023

Ejercicio de identidad

Hay de todo, ¿irapuatenses ilustres
que conozcan?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pararse en cualquier lugar del extranjero y afirmar que se es mexicano, requiere de todo un trabajo de autoaceptación para el cual no estamos realmente preparados; las afinidades se acentúan con las ausencias, al faltar un miembro familiar, al perder un objeto obsequiado por alguien muy querido o al poner distancia del lugar de origen (en palabras llanas, “el síndrome del Jamaicón”); la identidad personal está íntimamente ligada a la de pertenencia a un grupo pues requerimos de afinidades que nos den certeza de quienes somos y para qué servimos. Estas identidades se ejercitan a diario con nuestras actividades cotidianas, independientemente del giro de éstas, pues los temas que se tratan no son siempre al cien por ciento exclusivos de dichas actividades, dando paso a intercambios de opiniones y apreciaciones.

Tan sólo por no andar de ocioso improductivo, pensaré en qué puntaje alcanzaría si me aplicara un cuestionario de identidad regional o nacional y, como no tengo uno a la mano, me inventaré algunas preguntas que me guíen por el camino de la participación en aspectos culturales. Las primeras que se me ocurren tienen que ver con el consumo local: 1) ¿Cuantos platillos conoces que estén hechos con su producto agrícola local); 2) ¿Sabes en qué terrenos comenzó su producción?; 3) ¿Quiénes fueron los que iniciaron su producción?; las siguientes observan la geografía: 4) ¿Cómo se llama la zona que habitas?; 5) ¿Tuvo algún otro nombre en la antigüedad?; 6) ¿Qué significa el nombre de tu ciudad?; por último, sobre el ofrecimiento: 7) ¿Hay lugares en tu ciudad que, al tener visitas, les presumas de primera instancia?

¿Qué hay de las rutas de tránsito para llegar a los lugares de interés? ¿Conoces la mayoría o unas cuantas? ¿A qué tipos de lugares te conectan? Si los hay, ¿cuáles son los pueblos mágicos? Claro que nadie, además de mí, está obligado a contestar estas preguntas, pero si tienen las respuestas, me gustaría conocerlas, sólo recuerden anotarlas en la caja de comentarios que se encuentra ubicada abajo de estas líneas con su nombre y lugar de procedencia, será un placer leerlos. Por lo que a mí respecta, aunque mis recorridos han sido muy variados, me temo que tocaría lugares comunes que cualquier irapuatense nombraría sin pestañear, aunque sí podría aportar mi impresión personal de lo que significa tenerlos en la localidad esperando hacerles justicia.

Empezaría por una salsa de fresa que tengo en mente, que lleve cebolla, un poco de ajo y chile habanero, con lo que espero que lo agridulce de la frutilla se sienta potenciado con los demás ingredientes, y una vez que logre cuajarla, con gusto compartiré la receta, no podría recitar de memoria cómo es que la trajeron pero tengo una idea de dónde la habrían plantado siguiendo el antiguo lecho del río Silao que solía “bañar” los terrenos de lo que se llamó alguna vez Eratzicutzio, cuyo significado (al menos el que me gusta) es: “lugar donde la luna baja a mirarse”, retratado por el maestro Almaráz en su mural de la escalinata de Presidencia Municipal. Lo anterior sería un buen pretexto para implementar mi tour “negro” sobre la historia de Fresópolis. Salud.

Beto

martes, 22 de agosto de 2023

¿Qué solemos exponer?

Terminamos ofendiendo queriendo parecer
“buena onda”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Posiblemente sea una cuestión de edad o de grado académico, pero nos resulta históricamente más difícil exponer lo que sabemos que lo que conocemos; el saber es una certeza, el conocer tiene que ver con las evidencias, lo que a su vez son el conjunto de certezas que forman un consenso. Cuando en una plática exponemos lo que sabemos, nuestra palabra es el único aval con el que contamos, sin embargo, cuando se trata de lo que conocemos, hay todo un bagaje social detrás de nosotros. Las exposiciones académicas se basan en el conocimiento, las demás en lo que sabemos; por otro lado, la sabiduría nos vuelve una autoridad ante los demás gracias al trabajo que hayamos realizado y que haya solucionado algún problema de carácter social aunque sólo sea en un radio muy pequeño.

La vida cotidiana es el escenario donde nos exponemos ante los demás y al mismo tiempo, somos los espectadores de las exposiciones de ellos; exponemos lo que nos interesa, lo que nos gusta, lo que nos es importante, lo que nos hace personas; dicen los amantes de los animales que en la manera en que los tratamos es la misma en la que nos conducimos con las personas, afirmación que podríamos hacer extensiva a las plantas y objetos, pues aunque no protesten evidentemente, funcionan como espejo de nuestra esencia, en palabras sencillas, depende a lo que nos comprometamos será la manera en la que seremos percibidos. Así, nos esforzamos por presentar nuestra mejor cara en los inicios de cada relación sin importar el tipo de éstas, lo que puede cambiar al paso del tiempo.

Y no sólo cambian por el tipo de personas con las cuales nos relacionamos, sino por los cambios que adoptamos con la edad; al paso del tiempo, junto con la seguridad que adquirimos, revaloramos nuestras formas de expresión y, en palabras de Niz (mi abuela) hasta nos volvemos imprudentes para hablar. No creo que sea porque ya no nos importe la opinión de los demás, sino porque en los ajustes que hicimos a lo largo del tiempo, supimos que algunas de ellas nos lo hacían perder y, para evitar hacer lo mismo, nos volvemos más directos y casi sin filtros. Si a eso le sumamos que cada vez tenemos menos horas para compartir, entonces debemos hacer resúmenes de lo que pensamos en el mismo momento en que vamos a hablar, ya que los demás siempre tienen prisa, quién sabe porqué.

Y apoyamos y protestamos y nos afiliamos desde una plataforma donde los sobreentendidos se agazapan y saltan cuando menos se les espera; posiblemente nos satisfaga lo que a nivel individual hacemos, sin embargo, lo social siempre nos deja dudas respecto de los rumbos que decidimos tomar; en términos retóricos, amalgamamos ethos y pathos principalmente para ubicarnos como seres con emociones que, consciente o inconscientemente, esperan su turno para expresar lo que pensamos o sentimos respecto de los que nos rodea sin que esto signifique que confiemos en que nuestra opinión, por muy acertada y verdadera que sea, no vaya a herir a nuestros interlocutores. Que de la gesticulación no somos del todo responsables y a veces una levantada de ceja puede traicionarnos. Salud.

Beto

martes, 15 de agosto de 2023

Codificación del saber

Hasta las tareas más simples requieren
de explicación. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como patrimonio individual, saber algo es susceptible de ser cambiado en un corto plazo, porque cuando afirmamos que algo se sabe, la pregunta inmediata es “¿quién lo sabe?”, es decir, podemos personalizar el saber; incluso su expresión, aunque acorde o igual que otros saberes, es totalmente personal; la semana antepasada hacía la distinción con el conocimiento (El salón de Beto, 2 de agosto), la segunda que haré refiere a cómo buscamos alternativas para dar a entender eso que hemos descubierto de nuestro entorno, usando la información que el conocimiento nos proporciona y que tenemos almacenado en libros, revistas, periódicos y ordenadores, así como los lugares propios para guardarlos como bibliotecas o hemerotecas en la ciudad.

Saber tiene una concepción de acumulación, no de inversión (para eso utilizamos otras herramientas) por lo que los archivos mentales que nos fabricamos (la memoria) son pasto del olvido. Generalmente no llevamos un registro de lo que sabemos porque la parte académica está impresa en documentos socialmente aceptados como libros o enciclopedias, la parte utilitaria la tenemos aprendida de manera mecánica y lo cotidiano suele considerársele trivial, así que escribir suele ser también, una actividad accesoria. Pero el saber es importante, aun antes de convertirse en sabiduría, pues la experiencia toma valor en cuanto sirve para otros, como sucede con las recetas de cocina que se pasan entre generaciones por amistad o, incluso, como moneda de cambio.

En esa misma línea de pensamiento, al pasar una receta no podemos asegurar el resultado debido al talento y al seguimiento de las instrucciones que den los demás, pero tendríamos que responsabilizarnos de la manera en que el mensaje fuera elaborado, las palabras a utilizar y el medio en el que éste fuera transmitido, ya que no es lo mismo explicar algo verbalmente en persona que por mensaje de texto en un móvil. Si pensamos en que lo que compartimos es una versión propia de algo que está registrado en el conocimiento universal, la adaptación de los ingredientes que no se encuentren de manera cotidiana en nuestro lugar de origen, los tiempos de cocción por el clima, los utensilios a usar y otras diferencias, marcarán la elaboración de lo que vaya a producirse.

Porque no es lo mismo hacer un pastel de tres leches como lo hacen en Pakistán, que hacerlo con las condiciones prevalecientes en el Bajío; si esos cuidados hay que tener con algo ya establecido, imaginemos el tratar de adaptar una novela, implementar un programa de transporte urbano o descubrir la cura para una enfermedad. Se trata de traducir un conocimiento general a un saber particular, algo que parece dedicado a momentos especiales pero que en realidad realizamos todos los días en cada una de las actividades que llevamos a cabo y en donde debemos buscar y aplicar las palabras adecuadas para que el saber que portamos, les sea claro a los demás. Uno nunca sabe, quién quita y una de las maneras que solemos aplicar para la elaboración de cremas faciales, se registre en las enciclopedias. Salud.

Beto

martes, 8 de agosto de 2023

Libreta multipropósito

Anotar para no tener que guardar todo
en la memoria. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Algunas veces no escribimos sobre lo que sabemos sino sobre lo que nos gustaría saber, así que las dudas no quedan en el aire y las capturamos de manera que puedan retomarse cuando estemos preparados para disiparlas; una buena herramienta para que las ideas emergentes no se pierdan en el olvido, es una libreta donde lo que menos importe sea el orden estricto o la extensión de los textos, ni siquiera debe ser de gran formato, tan sólo debe permitir la escritura cómoda y fluida en cualquier lugar donde estemos y si es de las que tienen un espacio para colocar el bolígrafo de nuestra preferencia, mucho mejor. Si somos de los escritores que no tienen un lugar específico para trabajar, que viajan continuamente o que prefieren los exteriores, una libreta así es ideal.

Podrán decirme que ya hay ordenadores compactos o tabletas manuables, pero la magia de la escritura a mano no puede ser sustituida debido a la conexión que la pluma nos permite con el papel; nada más hay que pensar en el gasto de energía que significa el cargar un aditamento electrónico, mientras que portar un encuadernado de 10 x 15 cm, permite escribir sobre cualquier superficie, de manera relajada, sabiendo que las palabras dibujadas son enteramente de nuestra propiedad; escribir sobre una superficie de papel con un bolígrafo suele ser liberador y si se realiza en una libreta en la que se puede disponer tanto del espacio como del orden, el ejercicio se vuelve más interesante dado que lo plasmado será, de alguna manera, un pensamiento algo más puro.

La efectividad de una libreta no especializada, radica en que tenemos la conciencia de que lo anotado allí va a servirnos en algún momento y no tendremos la necesidad de memorizarlo, con la ventaja de que, al tratarse de cosas que se nos ocurrieron en un instante no específico, podrían servirnos en varias ocasiones para ilustrar algo más amplio o profundo. No requiere ser un receptáculo de la sabiduría ancestral, cualquier pensamiento lógico tiene cabida puesto que más que un ejercicio de memoria o prueba de inteligencia, se trata de mejorar nuestra capacidad de expresión y tener en cuenta con humildad que hay aspectos del saber que no están claros del todo, pero que es factible de aumentarse o definirse mediante una consulta.

Una libreta de tales características puede transformarse en una caja de sorpresas, ya que con lo volátiles que suelen ser algunas notas, los temas que de ahí pudieran surgir tendrían un abanico muy amplio de posibilidades; lo importante es no caer en angustias por no recordar cuál era el propósito de la anotación, pues podría evocarnos otros episodios que bien nos servirían para el nuevo texto. Las posibilidades se amplían un poco más, si las anotaciones van conformando una especie de “circuito de conocimiento”, es decir, de contener esas frases u oraciones que juntas integren la parte del conocimiento universal que más nos llame la atención y si esas anotaciones son de nuestra autoría, la cosa redunda en un manual de procedimientos de redacción. Salud.

Beto

martes, 1 de agosto de 2023

Aprender a ser políticamente correctos

Terminamos ofendiendo queriendo parecer
“buena onda”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las escalas de valores han venido adaptándose a los tiempos que mal vivimos, puesto que no se pierden, sólo cambian el orden de importancia que les damos, así entonces, la honradez ha perdido algunos escalones y la comercialización toma la punta; la oportunidad de revertir el proceso que tenemos actualmente, se va diluyendo conforme aflojamos las perspectivas. Hay una holgura que ha sido abusada debido a un discurso trasnochado de defensa de derechos que para nada toca las obligaciones, tendencia que sólo ah servido para deteriorar relaciones y los propios lenguajes utilizados en ellas, por ejemplo, atacar la violencia contra la mujer está muy bien, pero que algunos usen ese discurso para calificar cualquier tontería como violencia, es un abuso.

La corrección y las buenas maneras son un constructo que vamos aceptando conforme nos son de utilidad, es decir, cuando vemos que van a ayudarnos a encajar en un grupo al que deseamos pertenecer, antes de eso, todo es una imposición educativa. En este punto estarán imaginándose que transito por el lado oscuro de la conveniencia, pero díganme si no todo lo que hacemos se busca que sea conveniente; con ello apelo a la equidad, que convenga a las partes involucradas y creo que ahí está el secreto del cómo nos hemos dejado arrastrar por una visión parcializada de una expresión cultural. En lo particular me choca que me corrijan sin sentido lo que por costumbre he expresado desde que era niño y a nadie le importaba.

La moda del “ya no se dice así” ha venido a trastocar nuestros lenguajes sin haber una explicación lo suficientemente clara como para satisfacer la curiosidad general, sólo se sabe que algunas expresiones pasaron a ser ofensivas ¿para quién? A alguna señora copetona de sociedad, con marido influyente, se le habrá ocurrido que era buena idea seguir la tendencia de algunos sectores de la comunidad gringa de sentirse mal en pasado, como si nosotros no supiéramos lo que es guardar rencores por siglos. Esa misma señora agarró las mismas causas y decidió aplicarlas, sin realizar un estudio previo para comprobar la pertinencia de hacerlo, en “defensa” de los más desfavorecidos, aunque no sean iguales a los que producen los Estados Unidos en sus histerias colectivas.

Estamos aprendiendo a ser frágiles, pero no a manejar esa fragilidad; nos regodeamos repitiendo nuevas conceptualizaciones, pero no averiguamos sus significados ni menos sus implicaciones; debido a lo anterior, desde esta aguerrida tribuna, reclamos el derecho a seguir llamando “negro” al negro que más estimo, porque decirle “güero” a un blanco a nadie ofende; deseo poder usar la palabra “maricón” porque sé que con ella me refiero a la persona que “tira la piedra y esconde la mano” y nada tiene que ver con su preferencia de expresión de la sexualidad; por último, quiero que antes de censurar y ofendernos por algo, averigüemos si estamos hablando desde nuestra estupidez. Es más ofensivo usar indiscriminadamente el “wey” creyendo que sabemos cuál es su origen. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...