| “Su interés por el periodismo se debía a Elena Poniatowska”. Foto: BAER |
Pero el “pecado” mayor habría sido el haber ayudado a un civil, por encima de las instrucciones explícitas de no dejar cabos sueltos; en su fuero interno, sólo podía alegar que se trataba del hijo de uno de los principales colaboradores del presidente en materia de los que ellos llamaban “importaciones y exportaciones”, si no lo sacaba del atolladero, varias de las rutas del “negocio” se hubieran visto afectadas. Ya se escuchaban rumores de que había una agrupación que buscaba una redistribución de las áreas de influencia, plan que al suegro del secretario de Gobernación para nada complacían. Por fin levantó la mirada, “¿Terminaron de hacer la limpieza?” “Sí señor, personalmente me encargué de dar las órdenes pertinentes”. “Bien, ahora los del chisme”.
Los periodistas se arremolinaron en torno a la figura del general, su guardia personal se vio en dificultades para contener la avalancha de micrófonos y libretas que buscaban captar las primeras palabras que salieran de su boca. Una mano blanca como la nieve, sostenía con dificultad una grabadora portátil, una novedad que pocos medios se habían dado el lujo de adquirir, atrás quedarían las de carrete. Para Teresa Grande, ésa era una oportunidad de oro para ingresar en las filas del periodismo político de Excélsior y justificar, de una vez por todas, el no haber cumplido con el esquema familiar del matrimonio estable y el hogar con hijos. A pesar de contar en ese momento con veintiún años, la presión social se dejaba sentir en forma de susurros y preguntas incómodas.
Estaba en la última etapa de la carrera de periodismo en la que debía presentar su anteproyecto de tesis, la que trataba sobre el movimiento estudiantil, aunque fuera un tema muy sensible para la UNAM; se había entrevistado en varias ocasiones con el rector Barros Sierra, con los dirigentes estudiantiles y ahora seguía los pasos del general Marcelino, lo que significó entablar amistad con un elemento del ejército para que no le impidieran el paso a las conferencias por no tener una acreditación oficial. Pero eso debía cambiar una vez que consiguiera el trabajo en el periódico. Parte de su interés por ese mundo del periodismo, se debía a la obra de una joven escritora franco-mexicana llamada Elena Poniatowska. Continuará. Salud.
Beto
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