martes, 2 de noviembre de 2021

La familia Grande 46a. entrega

“Don Efraín empezó a ver al movimiento
con otros ojos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- A la mañana siguiente, las notas de los periódicos sólo dieron parte de lo que llamaron la “manifestación silenciosa”, sin dejar de develar eventos violentos como el de dos estudiantes heridos en la madrugada de lo que el MURO (Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, calificado como reaccionario) responsabilizaba a los “comunistas”, todo porque según ellos, habían externado su interés de que se reanudaran las clases el siguiente Martes; por otro lado, una escueta nota en Excélsior daba a conocer que cinco empleados de la Universidad de Puebla habían sido linchados la noche anterior en San Miguel Canoa, con la aclaración “los creyeron estudiantes”. Luis lamentó que todo estuviera tergiversándose de forma que empezaba a verse a través de una nebulosa.

Aun con las noticias, la sonrisa no se le borraba de la cara; la tarde con Isabel había sido mejor de lo que había pensado y la promesa de seguir viéndose en clases como fuera de ellas, le hizo despertar esperanzas de tener una relación duradera, muy a pesar de lo que su padre opinaba. “Una muchachita que se meta en eso que llaman ‘movimiento’, no puede, de ninguna manera, tener buenas intenciones”, la repetía cada vez que había oportunidad. Cuando sucedía eso, Luis prefería ir a casa de los Grande a refugiarse pues, conociéndose, sabía que si se quedaba, la discusión con su progenitor duraría horas sin que lograra convencerlo de que Isabel hacía que él mismo fuera mejor persona y, que si le diera una oportunidad... No, eso no sucedería.

Los días siguientes transcurrieron entre declaraciones poco agraciadas del secretario de Gobernación acerca de la ocupación de Ciudad Universitaria ese 18 de septiembre y los llamados del rector a la cordura, además de la denuncia en seis puntos que publicaron varios intelectuales, encabezando una lista de doscientos los escritores Inés Arredondo, Emmanuel Carballo, Jorge Carreón y Carlos Monsiváis junto con el director de teatro Héctor Mendoza. Y mientras las autoridades universitarias apelaban a la autonomía, el gobierno de la República defendía su postura de asegurar la celebración de los Juegos Olímpicos. Cuando don Efraín, como ya llamaban al padre del Gato, descubrió que en esa lista publicada por el diario El Día aparecía José Chávez Morado, empezó a ver al movimiento con otros ojos.

Bajo la sentencia de que el ejército no permitiría más desorden emitida por el secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán, siguieron detenciones como las del maestro Elí de Gortari y el ingeniero Heriberto Castillo, sin darse a conocer claramente las razones de ello; María Luisa “La China” Mendoza, en su escrito del 21 de septiembre, trataba de explicar la incertidumbre que vivía la población en cuanto a las acciones llevadas a cabo por las autoridades y las formas establecidas por el periodismo para narrar los hechos, sugiriendo con ello que el resultado era una atroz desinformación. Por esas fechas, la efervescencia se había extendido a otras latitudes como en la manifestación en la ciudad de Puebla, realizada por seis mil estudiantes y grupos de obreros y campesinos. Continuará. Salud.

Beto

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