![]() |
| “¿Quiere que le traiga otra cosa antes de irme a acostar?” Foto: BAER |
La idea era tenerlo allí hasta que pasara todo el borlote y fuera seguro salir a las calles nuevamente; su estancia no sería incómoda puesto que el lugar contaba con todos los servicios ya que servía de alojamiento temporal a los nuevos empleados que llegaban de provincia y no contaban de inmediato con un lugar para vivir, lo que privaba al muchacho era el aislamiento que no le permitía saber de Isabel ni de sus amigos; sus pensamientos se concentraron en salir, no importaba la manera. La voz de don Eustaquio, el velador, lo sacó de sus cavilaciones, “Coma un poco, joven. A su edad debe estar fuerte para soportar problemas como estos”. En primera instancia no entendió si se refería a lo del movimiento o al encierro, pero, ¿ese viejo qué iba a saber de problemas sociales?
Probó un poco del sandwich de jamón con queso que el anciano le dejó sobre la mesita que estaba sirviéndole de escritorio, ya que tampoco podía darse el lujo de desatender sus deberes escolares, menos con la imagen que se había formado su padre en las últimas horas. “¿Quiere que le traiga otra cosa antes de irme a acostar?” “No, gracias don Taquio, con esto tengo suficiente, además creo que el cafesito me va a tener despierto toda la noche”. “No debería ocuparse de tanto, hay cosas que nada más les interesa a los adultos”. “No creo que sepa exactamente de lo que se trata, don Taquio. Nada más fíjese en cómo estoy, soy el vivo retrato de lo que estamos padeciendo en el país. Una generación que cree que lo sabe todo y oprime a la otra”. “Será como dice, joven, pero...”.
Luis se quedó callado, ya se veía tratando de instruir sobre movimientos sociales a un hombre que lo único que le urgía era saber si tendría algo que llevarse a la boca al día siguiente; ¿¡qué estaba pensando!? Ése era el objeto de estar en el movimiento, sacar a la gente que, como Eustaquio, se encontraba en un marasmo que los hacía víctimas de un montón de abusos por parte de autoritarios enfocados nada más en explotarlos, aunque en ese esquema encajara también su padre. “Don Eustaquio, debería dejarme salir”. “¿Qué dices muchacho? Tu padre me mataría si hago eso”. “No tiene que enterarse del cómo sucedieron las cosas Le puede decir que lo sorprendí y de un empujón lo tiré al suelo. Sería entendible y yo podría ir a pelear por lo que nos han quitado”. Continuará. Salud.
Beto

No hay comentarios:
Publicar un comentario