martes, 2 de marzo de 2021

La familia Grande 11a. entrega

“... no tardó en mostrar entendimiento y lealtad
con esos dos tipos...”. Foto: BAER

Sólo dime que nada tuviste que ver y lo creeré”, le dijo Sergio tratando de disimular su perturbación al descubrir que varias pistas señalaban al Gato como responsable del incidente del desaparecido; “nada más tienes que preguntarle a él si yo fui quien lo puso así” contestó con su característica inexpresividad sabiendo que con ello, su hermano desistiría de seguir cuestionándolo. A regañadientes, Sergio se apartó de su hermano, dio algunas órdenes a un subalterno y se dirigió a su escritorio, desde allí, en voz alta, le indicó al Gato que podía retirarse. Éste, con cierto tono de condescendencia le dijo “le dices a mamá que iré a verla mañana” y dando media vuelta, salió sin esperar respuesta.

El policía se quedó rumiando sus pensamientos; encargó a otro agente el reporte a pesar de saber que se replicaría lo de los casos anteriores donde las pistas brillaban por su ausencia, pero al saber que había la posibilidad de que su hermano estuviera involucrado, lo llenaba de congoja imaginar que debía arrestarlo. El Gato esbozó una sonrisa, mezcla de gusto y melancolía que por poco lo traiciona en el momento en que Saúl contestó su llamada; aunque era el número tres en su escalafón, su cercanía era suficiente como para tenerse una confianza especial, una que no compartía con Luis, a pesar de la relación que mantenían desde niños y que habían sabido madurar.

“Ya sabes que conmigo no hay problema Gato; me contarás cuando creas conveniente. Ahora dime, ¿qué trabajo me tienes?” Efraín le contó escuetamente sobre la llamada que había recibido instantes previos, pero que los detalles los aclararían cuando estuvieran todos juntos en la tarde. La instrucción dejó claro a Saúl que el “trabajo” era importante; conociendo a su “jefe”, sabía que debía tener el equipo alistado a tiempo, pues no quería otro episodio como el del anterior “José”. Repasó su lista confiando en que a Luis le avisaría el mismo Gato, así que se dispuso a localizar a José, Rosa, Ruth y Lina, los cuales no eran sus verdaderos nombres, sino sus claves de filiación.

La razón era simple, con nombres cortos era fácil memorizar a quién se le había encomendado qué tarea, así como los perfiles de los que habían sido reclutados, por lo que cada agente nuevo adquiría el nombre de la vacante. Los únicos que se habían mantenido todo el tiempo, habían sido el Gato, Luis y Saúl, los viejos y los únicos que usaban sus propios nombres para realizar y repartirse las tareas. a pesar de que Saúl se había unido a ellos en la secundaria, no tardo en mostrar entendimiento y lealtad a esos dos tipos que en nada se les parecía, pues mientras ellos hacían alarde de hazañas atléticas, Saúl era un ratón de biblioteca. Continuará. Salud.

Beto

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