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| “Jacinto le profesaba agradecimiento desde que lo salvó de ser apuñalado”. Foto: BAER |
La prudencia indicó a Carlota que pidiera tanto a Luis como a Saúl se retiraran, ofreciéndoles una disculpa a nombre de toda su familia; El Gato se les unió sin voltear a ver si se le permitía la retirada, se limitó a cerrar la puerta con cuidado para evitar hacer notoria su salida. Una vez en la calle, le preguntó a Luis si se encontraba bien y aunque no externó disculpa alguna, su amigó entendió que su gesto la implicaba. Ambos voltearon a ver a Saúl que miraba insistentemente hacia la puerta de la casa, al percatarse de que era objeto de la atención de sus camaradas, sólo atinó a decir “entonces, ¿ya no va a haber enchiladas?”
La risa de esa tercia de chamacos resonaba en la cabeza del Gato, ya listo para salir a reunirse con sus compañeros para cumplir con el reciente encargo, que sería la llave para encontrar a los asesinos de su familia. Hacía mucho tiempo que había decidido dejar de conducir, así que se hizo de los servicios de un conocido que, debido al despido masivo en una tienda de autoservicio en la que trabajaba, decidió enlistarse en el mundo del traslado de gente por aplicación. Al instante en que abrió la puerta de la calle, Jacinto ya estaba esperándolo con su inefable sonrisa, tatuada en su rostro a fuerza de permanecer ocho horas diarias de pie, atendiendo clientes en el departamento de blancos.
La familiaridad con la que se saludaban no correspondía a la de un servidor con su cliente, debido al agradecimiento que Jacinto le profesaba desde la vez que el Gato lo salvó de ser apuñalado cuando cargaba gasolina allá por Calzada de Tlalpan, con lo que evitó que se convirtiera en una estadística más. “¿A la oficina?”, preguntó el conductor sabiendo de antemano la respuesta; tomaron rumbo al Circuito Interior para llegar a Polanco. Una vez que Jacinto identificó la calle donde siempre lo dejaba, detuvo el carro y como era usual, se negó a recibir el dinero que su amigo le ofrecía. “cuando me dejes llevarte hasta la puerta”. “Bien sabes que no es posible, por tu bien”. Continuará. Salud.
Beto

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