martes, 9 de marzo de 2021

La familia Grande 12a. entrega

“Sergio, sin pensarlo mucho, le reclamó
el atrevimiento”. Foto: BAER

Ambos muchachos encajaron en la dinámica de los Grande, al grado de compartir hasta la ropa entre sí, sin mencionar que eran unos entusiastas de la comida de Carlota y de los panes de don Efraín, que conservaba la costumbre de hacerlo, aunque fuera en su casa. Un detalle fraccionó la relación idílica; una mañana Luis llegó muy temprano a sabiendas de que era día de chilaquiles y había sido invitado desde la tarde anterior. Vicky le abrió la puerta, se había levantado unas horas antes junto con Teresa, pues tenían por costumbre ver un programa de ejercicio conducido por la futura gurú de la salud Evelyn Lapuente, en el recién adquirido aparato por su papá.

Los ojos de Luis se abrieron como platos por la sorpresa y no pudo ocultar su turbación, Vicky tuvo que repetirle que pasara, pero las piernas del muchacho no atinaban a obedecerle. “No querrás que te traiga los chilaquiles hasta acá”, dijo con su voz juguetona, “no, claro. Ya voy”, apenas contestó el adolescente tratando de contenerse. No habían dado un paso al interior de la sala cuando se escuchó el rechinido de unas llantas “espérenme”, era Saúl que llegaba después de haber esquivado un automóvil que sonaba la bocina a manera de reclamo por la imprudencia del chamaco. A pesar del mohín de Virginia, los tres entraron riendo por la ocurrencia de Saúl de minimizar el asunto.

Carlota bajó las escaleras un tanto cuanto alterada por el ruido y al enterarse de lo que había pasado, dio a Saúl un regaño como si se tratara de otro de sus hijos, detrás de ella, don Efraín también se unió a la llamada de atención, pero debió desistir al momento en que iba a hacer alusión a sus propias hazañas de joven allá en Dr. Mora, dado que la mirada inquisidora de Carlota lo detuvo en seco “¿hay algo de lo que deba enterarme?”, dijo la mujer en el tono que usaba para sus interrogatorios, “no, ya sabes que a veces me gusta andar de hablador”. Aparentando ya no hacer caso, Carlota se dirigió a la cocina a preparar todo para el desayuno.

Después de unas diestras maniobras entre cazuelas y sartenes por parte de Teresa y su madre, todos pasaron a la mesa a disfrutar del aromático platillo acompañado de leche y jugo de naranja, donde no podía faltar el pan dulce de don Efraín; mientras los platos y las tazas pasaban de un lado a otro, Luis no podía dejar de mirar a Vicky, incluso contestaba en automático a las preguntas de Pedro sobre los futuros Juegos Olímpicos en México, gesto que no pasó inadvertido a Sergio, quien sin pensarlo mucho, le reclamó el atrevimiento como quien se ve amenazado en lo más preciado, “¿qué, acaso te gusta mi hermana?”. Continuará. Salud.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...