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| No todos los horizontes son aptos para la creatividad. Foto: BAER |
Un libro difícilmente se convertirá en un arma mortal, aunque sea posible que tenga en su interior más muertes que la espada de César, por otro lado, un puñal matará a una persona una sola vez mientras que un libro lo hará cada vez que sea leído; la restauración de un cuchillo lo vuelve a una única utilidad, la de un libro traerá un sinfín de enseñanzas según sea la cualidad de las manos que la lleven a cabo en cada caso. Las heridas que producen son diametralmente opuestas, pues mientras las del cuchillo pueden sanar, las de un libro son perennes.
Como ejercicio mental, traté de recordar un episodio entrañable con algún cuchillo Lenox o Barrilito y, fuera de que pude casi rebanarme un dedo cortando cebolla, no tuve algo que contar, en cambio, podría volver a sorprenderme repasando las páginas de La metamorfosis o tratar de imaginar a qué hora se transformaba y desdoblaba doña Consuelo en Aura o de qué otra manera debo observar a la publicidad en Seducción subliminal o angustiarme de nueva cuenta porque de las novecientas sesenta y ocho páginas de contenido del libro de Cálculo y geometría analítica, no entendí ni una.
Por todo lo anterior, creo que me resulta más satisfactorio fabricar y reparar libros, aunque sea de manera artesanal, con herramientas poco ortodoxas y adaptadas por la urgencia en un espacio que comparten equipos de sonido, fotográfico y de video, que a veces es un taller de micro carpintería y costura, que al mismo tiempo hace las veces de hemeroteca, discoteca y sala de ejercicio. Que a pesar del caos imperante, mantiene todo a la mano para que el plagado, cosido y pegado de hojas quede a mi gusto y a la entera satisfacción del cliente, que generalmente soy yo. Salud.
Beto

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