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| Como Dios quiso que el hombre volara, le dio imaginación: Foto: BAER |
Ya que las distancias no importan, no se preocupa por quedar mal en una cita pues siempre llegará a tiempo, así la haya concertado tres meses atrás para ese mismo instante, tampoco importa si tuvo que interrumpirla a la mitad, podrá retomarla cuantas veces sea necesario sin que ello demerite lo que estuviera tratando, pues su interlocutor podría nunca envejecer. El viajero tampoco, al menos no en el universo que está creando donde cada paso, cada avance lo actualiza encontrando así, nuevos mediadores que le den indicios para adaptarse a lo que se considere coetáneo.
Torna a pasados inexplorados o bien conocidos con la misma curiosidad, pues lo que importa tiene que ver más con lo que pueda averiguar que con lo que pueda enseñar; no busca la verdad, sino razones para seguir viajando. Puede convertirse en un argonauta, un cosmonauta o un simple peatón, el medio sigue sin importar pues su voluntad bastará para cubrir las distancias, eso sí, llevando el morral colmado con lo mejor de su arsenal. ¿Las armas? Papel y plumas, su prodigiosa memoria, el don de la empatía y la inteligencia para usar la más devastadora: su juicio crítico.
El viajero virtual no reparará en historias, no se desvanecerá en búsquedas, no cejará sin sensatez; prudencia, su eterna acompañante, dictará los rumbos sin más restricción que la libertad. Regresará a sus muchos puntos de origen sabedor de que abren nuevas rutas, de que cada nueva variante ofrece la oportunidad de crear nuevas historias aun los actores sean los mismos. Él como muchos otros viajeros, sabe que las redundancias en su oficio no son otra cosa que nuevas creaciones originales, variaciones de un concierto que jamás acabará. Salud.
Beto

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