martes, 13 de octubre de 2020

Nada de altruismos mentales

Ver el arte, es como encontrar parecidos.
Foto: Oldskull

Un libro es totalmente inútil si no se lee, lo mismo pasa con los eventos cotidianos, las noticias y hasta las personas. Cada una con tipos de lecturas que ya hemos aprendido consciente o inconscientemente por ensayo y error o porque lo consultamos de alguna manera. Aprendemos a leer guiados por la necesidad de hacernos entender, de saber cómo pedir las cosas, de situarnos temporal y espacialmente en lugares determinados por las actividades que realizamos cotidianamente, para dar respuesta a interrogantes y dar solución a los problemas que se nos vayan presentando a diario.

Si lo anterior es cierto, ¿cómo aprendemos a ser creativos? O mejor aún, ¿cómo deberíamos aprender a aceptarnos como tales? Siguiendo con la tendencia oficial es posible que, si preguntara en la calle, muchos contestarían que ser creativo es una cualidad propia de los artistas, entendiendo que éstos son personajes capaces de hacer algo que los demás no pueden, que ello cauda admiración y que pueden vivir de eso. Una definición poco académica, pero que podría ilustrar un poco la exclusión que hacemos normalmente de nuestras capacidades, para limitarnos a una actividad contemplativa.

Porque, ¿qué de artístico puede tener el cocinar bien, medio combinar colores, saber definiciones de palabras o diagnosticar comportamientos? Si los sacamos del esquema comercializador, mucho. Cada una de esas actividades requiere de su propia lectura específica que todos podemos dominar en mayor o menor medida y donde la máxima ganancia es el aprender a apreciar el trabajo de los demás; es ahí donde se encierra todo el juego del arte pues, para que algo sea considerado como tal, la afirmación debe surgir de alguien que ostente algún tipo de poder en su grupo social.

Es por ello, quizá, que muchos artistas no son reconocidos sino hasta el día de su muerte, ya que ese alguien con poder es conmovido por una obra en particular o porque sus intereses se ven beneficiados; ninguno es malo, aunque lo óptimo sería reconocer al artista mientras éste vive. Representa esto mucho trabajo, sin que ello signifique una proyección universal de cada sujeto capaz de trazar líneas, dirigir orquestas o crear historias, es algo tan sencillo y complicado como provocar el reconocimiento de su entorno inmediato, aunque no se convierta en profeta. Salud.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...