martes, 28 de octubre de 2025

Habla antes que lenguaje

Los lenguajes están hechos para entendernos,
no para lo contrario. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Los tres niveles. El habla fue la primera manifestación de emisión de sonidos articulados que los hombres primitivos pudieron tener; aún sin reglas gramaticales ni un vocabulario extenso, porque las necesidades básicas se satisfacían con un número reducido de acciones; conforme se sofisticaron las tareas, se tuvo la necesidad de crear lenguajes para agrupar en tipos, los conocimientos que se iban generando con la división del trabajo y la aparición de las jerarquías en los grupos sociales. A la vez que nómadas, esas jerarquías pudieron ser eventuales, pero con la aparición de la agricultura, los sistemas de poder se especializaron, por lo tanto, también aparecieron símbolos y conceptos más rebuscados y se requirió de manifestar la pertenencia a un grupo mediante la lengua o idioma.

2. ¿Por qué es habla? Primero que nada, el habla es la facultad que tenemos los seres humanos de emitir sonidos coherentes para transmitir, de forma oral, ideas, pensamiento y conocimiento; en su siguiente nivel, es la forma particular que tienen pequeños grupos de hablantes dedicados a una forma de producción artesanal o que han creado una variante muy particular de la lengua. Un habla es un sistema lingüístico diferenciador como el caló gitano o el español yucateco; la aparición de lo que llaman «lenguaje inclusivo» es en realidad un habla puesto que, como tal, no aporta un aspecto técnico especializado, como podría tenerlo el lenguaje matemático, sino que sólo propone cambios cosméticos en ciertas palabras, pero en su lógica, pierden de vista otros términos.

3. Usan las reglas. El supuesto aporte para la inclusión no es la invitación a su entendimiento como quieren hacernos pensar, por el contrario, dentro del mismo sistema gramatical van jugando con ciertas palabras tratando de volverla «neutras» sin darse cuenta de que en español ya existen tales, por ejemplo, si no queremos usar hombre y mujer, persona ya ofrece en sí misma la neutralidad que presumen buscar, pero caen en el absurdo de tratar de imponer «persone», cuando no es posible hacer neutro a lo neutro. Claro, tampoco lo usan con todos los sustantivos, sólo en aquellos que la moda les ha impuesto y nada más en eventos especiales, porque cuando se les olvida, terminan hablando como cualquier hijo de vecino, comprobando con ello que es muy difícil actuar fuera de las reglas.

4. Mesura en las pretensiones. No soy quién para indicarles lo que deben hacer hacia el interior del movimiento feminista ni a ningún otro, si deben seguir usando esa manera de hablar, están en su derecho, pero antes de tratar de imponerlo a quienes no pertenecemos a la comunidad de las letras y los colores, piensen en que sus principales protestas están dirigidas contra las imposiciones del «patriarcado opresor» y con sus delirios, están cometiendo el mismo error; sean libres pero sean conscientes también de la libertad de los demás porque jaulas ya hay demasiadas. Esto me lleva a otro punto, cuando se habla de libertad, generalmente se piensa en los oprimidos como un sector especial (piensen es todas sus acepciones) pero casi nunca se piensa en liberar a todo el mundo, pues no contamos con la cadena de los dos grilletes. Salud.

Beto

martes, 21 de octubre de 2025

Movimiento cultural

No vale decir «no me enteré». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Despertar a los creativos. En las semanas anteriores me encontré con la novedad de que los creativos ya están despiertos, que su producción es copiosa y que han logrado colocar sus textos en editoriales importantes tanto en el estado como en el país; la ciudad es un campo de cultivo para la creación literaria, pero adolece de un buen sistema de difusión, lo cual se nota por las apariciones esporádicas en eventos especiales de aquellos, nuevos o viejos, dedicados a la pluma. Las ferias de libros no bastan (aquí han mejorado), es necesario que esos escritores de mantengan presentes todos los días, que todos sepamos que existen y que están produciendo; la librería Emma Godoy hace buena parte de esa difusión que, insisto, aún no alcanza para tener presentes a los creadores locales y sentir en consecuencia, que hay aquí un movimiento cultural.

2. Convencernos de participar. Una cosa es que haya oferta de cultura y otra, que los de a pie vayamos a consumirla; podemos pretextar costos, falta de información, grandes ocupaciones o, incluso, la clase de los eventos ofertados, ninguno estará a la altura de ellos por una sencilla razón, todavía quedan restos de ignorancia clasista que se conforma con explicaciones vanas como «es que aquí nadie lee» o «este pueblo es de apáticos», sin pensar que cuando decimos oraciones así, sólo estamos reflejando lo que somos a nivel individual. Nuestra adolescencia social nos impone criticar y quejarnos sin saber, pero está en nosotros el cambiar la dinámica y hacernos responsables de nuestra información, la cual no debería tener complicaciones, sólo hay que regular nuestro consumo en redes.

3. ¿Qué más hay? Una pregunta semejante a «aquí nunca hay qué hacer» que escuché cotidianamente de mis alumnos de Silao, Irapuato, León y ¡Guanajuato!, allá entre los años ochenta y el inicio del nuevo milenio; ¿por qué el desdén manifiesto? Podría argumentar ignorancia, pero ¿¡en la capital!? Donde casi todo el estado sabe lo que se puede hacer, parece inconcebible que no tuvieran idea; ellos decían estar hartos de lo que tenían que pasar en los festivales, sin embargo, si dependían de ello para vivir todo el año, lo mínimo que podían hacer era, al menos, disfrutarlo. En las otras ciudades, si de verdad prevalece la ignorancia, entonces, lo mínimo que deberían hacer, sería averiguar sobre sus atractivos y en una de ésas, hasta descubren nuevas tradiciones.

4. Lo que debería ser. En un sistema de información guanajuatense ideal, tanto en los periódicos (los que queden), la radio y canal cuatro, deberían tener un espacio para dar a conocer las carteleras culturales de los municipios, con la anticipación necesaria para que los usuarios tuviéramos la oportunidad de calcular las posibilidades de asistir a los de nuestra localidad o a los de otros municipios, tomando en cuenta los tiempos de traslado para cada ubicación, es decir, si radicamos en Uriangato, a lo mejor podría sernos útil un día antes, que habrá una muestra gastronómica, pero para los habitantes de Ocampo les sería totalmente inútil si no se les avisara al menos con una semana de anticipación. Mantener una economía activa no sólo se trata de producir carros o zapatos, la cultura también vende. Salud.

Beto

martes, 14 de octubre de 2025

Uno más para la reconciliación

Es bueno contar con creadores
tan cercanos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Descubriendo otras plumas. El pasado 12 de julio, la licenciada Rodríguez y un servidor, tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación del libro «La mujer que amaba los insectos» de la autora Zyanya Mariana en la librería Emma Godoy del CREA; un evento que superó nuestras expectativas dado que en las presentaciones a las que asistimos anteriormente, la figura del escritor se mostraba distante, casi inaccesible aunque hubiera firma de libros, en esta ocasión fue lo contrario, una parte porque el espacio se presta para que todos estemos a la misma altura y otra, porque la cercanía no fue incómoda de ninguna manera; Zyanya tuvo el tino de ser ella, lo sé no porque la conozca, sino porque en ningún momento apareció su charola de escritora, lo cual para alguien casi antisocial como un servidor, resulta muy valioso.

2. La obra. Hasta donde iba en el momento de escribir estas líneas, los personajes resultan entrañables, las ficciones en las que la autora inserta a Magdalena, Hiparquía y Marilyn nos ofrecen tal cercanía que no nos queda de otra que hacernos cómplices, porque la testificación muda no es bien recibida por las abejas en las que ha convertido a sus palabras y no, no es de ellas -las abejas- de las que habla en «La mujer que amaba los insectos», lo hace de unos animalitos que no gozan de muy buena fama que son las chinches. Son muy buen pretexto para ubicarnos en el entendido de que es muy importante atender a las enseñanzas ancestrales para poder vivir en armonía con la naturaleza, fuera de la moda de lo «orgánico»; me faltan páginas, pero creo que me encontraré gratamente con la misma línea narrativa.

3. Los personajes. La imaginación reposará en la realidad pero no estará de ociosa, provocará a aquella para que revele todo eso que, fuera de la embriaguez literaria, no se atrevería a decir; Marilyn abre su corazón para mostrar al mundo de lo que es capaz, para mostrar que la valentía no sólo es la ausencia de miedos (en plural, porque los orígenes son diversos) sino la reiteración de un yo que, a pesar de la ignorancia de los demás, siempre estará aferrada a defender lo que es; Magdalena se fue, no parece haber querido dejar rastro, podríamos asegurar que el pie del cual se prendió le cantó al oído para que los más grandes misterios del mundo le fueran revelados al ritmo del danzón, por lo que es lógico que un escalón abajo de un salón de baile, se encuentre un burdel de pies, historia que se abre más allá de una foja del ministerio público.

4. Esfuerzo a compartir. Descubrir que, a pesar de que mantenemos la idea de que somos un pueblo que no lee, hay plumas empecinadas en que haya letras al alcance de cualquier mano y presupuesto, es digno de admirarse y Zyanya nos devuelve la confianza de que es bueno hacerlo y vale la pena el esfuerzo; seguramente tendremos otras oportunidades de coincidir con ella y con otros autores que nos saquen del marasmo en que parece estamos. Se preguntarán por qué no sigo comentando el libro, bueno, son dos razones la primera, para no cometer la grosería de contarles todo y la segunda, porque al momento de escribir estas líneas, aún no terminaba de leerlo; podría prometerles el conseguir más títulos de ella u otros creadores para contarles porqué me gustan o no, ya veremos cómo ando de ánimo. Salud.

Beto

martes, 7 de octubre de 2025

Talleres de escritores

Si llegara a colarse un error en una publicación,
existe la fe de erratas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No todos. Quien piense en participar en un taller de escritura creativa debe despojarse de la idea de que va a adquirir con su cuota, una forma mágica de escribir y contar historias, pues como la palabra lo indica, es un taller y por lo tanto, hay que meter las manos, hacer el trabajo que de cualquier manera es lo divertido en un evento así; también sería prudente aclarar que en un taller se puede encontrar un estilo claro, la mayoría de nosotros no lo buscamos conscientemente, pero sí es deseable no copiar todo un formato ajeno, claro, sin condenar la búsqueda por medio de referencias literarias. Una consideración más, tampoco hay garantía de que el asistir a todas las sesiones de un taller convertirá a todos en escritores, también surgen de ellos, buenos lectores y críticos literarios.

2. Trabajo mental. Dos trabajos hay que superar al momento de considerar una participación en un taller de escritores, el primero tiene que ver con suponer que no somos buenos para ello, ya que eso no es requisito y si resulta que teníamos razón, entonces sirvió para quitarnos la duda; el segundo, suponer que lo que vayamos a escribir debe ser perfecto y nada hay más alejado de la realidad, ni siquiera Heminway hizo que todos sus escritos fueran best sellers; el trabajo mental previo se basa en ubicar que en un taller se aprende cometiendo errores y ésos los realizamos de manera natural con la única consecuencia de que debemos remediarlos, lo mejor de todo es que los errores literarios en un taller no tienen graves consecuencias, ya que la sangre que corre en las páginas, no es necesario que se limpie.

3. Aprendiendo al mostrar. En un taller se espera que cada tallerista se convenza de que no existe tal cosa como «escribir para uno», que muy en el fondo todos escribimos para que nos lean; la humildad está bien, pero no al momento de dar a conocer la obra, en ese instante hay que ser generosos con la cercanía, ser accesibles con los lectores para que haya una asociación de esa actitud con el texto. Y más que las ventas, está el aprendizaje sobre los temas que el gran público (en algunos casos es un número reducido de personas) acepta o rechaza, hacia dónde dirige su curiosidad y con qué ahínco muestra inconformidad. Es sumamente importante que haya otros ojos sobre las líneas escritas por nuestra mano sin que esto signifique que mágicamente vamos a hacer narraciones impecables, pero seguramente con sus comentarios, nos pondrán en ese camino.

4. El pánico. No se dará en un escenario pero es igual de impactante el enfrentar una hoja en blanco debido a que solemos pensar que si no podemos escribir en ella, de nada sirvió todo lo que escuchamos y dijimos haber aprendido; la hoja en blanco abre sus fauces dispuesta a tragarse todas las palabras que se nos ocurran hasta dejarnos secos del cerebro, pero no cuenta con que el idioma es un recurso renovable que produce más ideas conforme se le explota más. No obstante, tras de sí vienen otras hojas níveas, inmaculadas que retan a la pluma a dejar sus marcas, entendibles para muchos o para pocos, es lo de menos, el punto está en terminar el juego donde el ganador siempre es un tercero; la escritura lleva a la lectura y ésta, a su vez, exige un nuevo repaso sobre las palabras conocidas, para traer nuevas ideas. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...