martes, 29 de abril de 2025

La investigación en la escritura

Cómo se cuente algo, será la base
de su éxito. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Saber para divulgar. La lectura es indispensable, es un principio que nadie quien quiera escribir sobre algo que le llama la atención puede negar, pero si hablamos de investigación se impone más una lectura dirigida, lo que se logra sabiendo hacer preguntas; pareciera extraño que, fuera del primero o segundo año de primaria, tuviéramos que aprender a preguntar pero así es, tanto si vamos a entrevistar a alguien como si vamos a hacer una investigación de campo o documental, tampoco es igual cuestionar a un documento que a una persona, evidentemente por la cualidades de las respuestas que podamos obtener, así distinguimos también el ánimo de cada una de ellas, por así decirlo, de un documento se percibe mayor neutralidad y de una persona, más estados de ánimo.

2. Línea documental. La calidad de la información puede medirse por el tiempo que se mantiene vigente en los distintos archivos de uso común, es decir, los medios impresos de difusión; el orden en que serán mencionados se establecerá de menor a mayor permanencia empezando pro los periódicos cuya información tiene vigencia de veinticuatro horas, les siguen las revistas generales, entre un mes y una semana, la revistas especializadas, entre seis meses y un mes, los estados del conocimiento que son la antesala de las enciclopedias pueden durar entre uno y cinco años y de aquellas hay generales de entre cinco y diez años y las temáticas con la misma duración, casi. Con esta referencia, podemos establecer un ritmo de consulta para cualquier investigación documental.

3. Búsqueda dirigida. Los perfiles de los personajes, los parajes y las ciudades que estarán de fondo, las culturas en general, merecen ser tratados con respeto, por lo tanto, a diferencia de cierto cineasta francés, debemos averiguar sobre las condiciones que privan en los países, las regiones o los poblados, así como la gente y sus costumbres a los que va a hacerse referencia en un escrito. Hay grados de conocimiento, esto es porque la profundidad de lo averiguado depende del tipo de texto que va a producirse, ya que sería ilógico poner un artículo de diez páginas en un cuento corto. Peor sería que tratáramos de sustentar una novela histórica sobre la vida de José María Morelos con una estampita comprada en la papelería de la esquina o quedarnos con la información de wikipedia.

4. Tener qué contar. No todo lo que está en nuestra mente es digno de ser contado, a menos que podamos encontrar la oportunidad y la pertinencia para hacerlo; puede ser que no toda anécdota sea bien recibida si la intención al contarla es mostrar una moraleja cuando estamos en una reunión informal cuyo fin es divertirse, quizá sea mejor recibido un chiste en un velorio en ciertos momentos de éste; el problema al escribir no es si se tiene algo que contar, sino el cómo contarlo para que sea interesante tanto a uno mismo como a los demás. Si consultáramos un manual sobre cómo escribir, lo que encontraríamos serían sugerencias basadas en reglas gramaticales, sin embargo, si lo que necesitamos es la orientación para hacerlo de forma amena, lo que queda es observar las reacciones de los demás a lo que decimos. Salud.

Beto

martes, 22 de abril de 2025

Vuelos no contemplados

Los simples mortales invocamos
a lo que aprendimos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. El costo de la fortuna. En cierto sentido, la imaginación se activa más rápido y más fácilmente cuando nos encontramos en tiempos de crisis, al parecer, la angustia que provoca hace que nuestras neuronas busquen enlaces entre ellas sin ningún tipo de trabas, por lo que la espectacularidad de los resultados es de llamar la atención; la novela de nuestros sueños, la pintura que nos abre la puerta del éxito, el invento que atraerá los grandes capitales, están por ahí, agazapados en un rincón de nuestro cerebro esperando a que tengamos una situación emergente y entonces salir con bombo y platillo a salvar la situación, pero como la atención del gran público suele ser adictiva, nuestro nuevo status se vuelve una exigencia que a la larga, terminará minando nuestra salud.

2. Me gusta todo lo bueno. El pertenecer a una clase social es un accidente, lo único que podemos controlar frente a los demás es nuestro comportamiento; un tema de educación, es cierto, puesto que la ropa, el auto que conducimos, los accesorios o cualquier otro adorno que tengamos o no, son sólo indicativos de la posesión o falta de dinero, sin embargo, los buenos modales son los que nos hacen atractivos al trato. «Lo bueno», lo valioso y lo costoso no siempre son la misma cosa para todos ya que están sumidas esas palabras en un mar de ambigüedades conceptuales debido a la apreciación eventual (si me permiten el término) que desarrollemos a la par de nuestra propia evolución, es decir, las cosas y las personas adquieren más o menos valor según haya o no los insumos para desenvolvernos.

3. Y tendrán que soportarme. O en la batalla me muero, sin mayor reserva que la que haya en las barricas; activarnos siempre ha requerido de algún «aditivo», la diferencia se encuentra en cuánto queremos el efecto y por cuánto tiempo, lo que estará delimitado por la importancia o por las urgencia que nos invada. La vida creativa requiere a veces de «empujones» anímicos, de los cuales algunos son legales y otros no; lo ideal sería no tener que recurrir a alguno, pero un café sí que cae bien en esos días en los que las ideas deciden embotellarse en las autopistas mentales y no atinamos a poner a punto otras vialidades. Otros tendrán la oportunidad de utilizarlo también como parte de su imagen cuando salgan a derrochar su talento a algún establecimiento especializado en esas infusiones.

4. Nada más un simple mortal. Dado entonces que no somos capaces de producir la suficiente dopamina para mantenernos estables por mucho tiempo, necesitamos de «aditivos» que lo hagan por nosotros, desde los más inocuos brebajes caseros hasta elíxires de Baco; habrá quienes opten por seguir los pasos de María Sabina o el novelado don Juan, pero sé que la mayoría preferimos prescindir de la ortopedia de cualquier tipo, porque de esa manera, podemos sentir que aquello creado es verdaderamente nuestro, de nada serviría producir algo maravilloso, si tratar de replicarlo requeriría el uso de «muletas» cada vez más grandes; echar a volar la imaginación no necesariamente requiere de los artilugios de Ícaro, ya de sí es volátil como el aire. Salud.

Beto

martes, 15 de abril de 2025

Inmersos en el éter

Más que olvidar, pareciera que nuestro cerebro
se mete en un frasco con humo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. Magia y melancolía. Es una etapa pasada en la historia de la humanidad, mantenida vigente por medio de casualidades en la realidad y fantasías arrancadas de los más oscuros miedos; para poder sostener el discurso han tenido que inventarse formatos de interpretación, como paliativo para medio aliviar errores de interpretación. Se dividió arbitrariamente (como todo lo que hacemos) en buena y mala, blanca y negra, magia y hechicería, que más que comprenderla, se buscaban pretextos para usarla como un arma condenatoria; pero algún atractivo debió tener pues en los discursos literarios se le dio un lugar entrañable por lo que se convirtió en un elemento indispensable en ciertos géneros, principalmente en los dedicados al público infantil.

2. Evolución histórica. La imaginación produce cualquier cosa, sólo necesita una pequeña referencia para volar sin restricción ni fronteras por un mundo creado para ser totalmente libre; de ella surgen inventos e inventores como si se tratara de un gran titiritero que dicta lo que ha de escribirse y lo que pasará en el escrito porque su hermana gemela, la que vive en la lectura, hará lo propio haciéndose dueña de todas las historias que lleguen a sus terrenos. Así, la creadora y la lectora llegan a la complicidad que sólo el anonimato puede proveer ya que, aunque nunca llegan a tener un contacto formal, sí que lo tienen en los espacios que van desenvolviéndose como en los que se producen con los espejos encontrados. No es raro que se produzcan coincidencias cuando la imaginación es una.

3. Historicidad remota. Nuestro cerebro trabaja por presuntas referencias interconectadas, como cuando no nos aprendemos una dirección pero podemos identificar lo que hay al rededor, por lo que decimos que sabemos llegar pero no sabemos el nombre de las calles, así nos creamos imágenes y no textos para aprender a ubicarnos; en historia, las fechas en abstracto carecen de sentido y los cuentos se amarran a nuestra cabeza con tres nudos ciegos, pero eso no significa que no se muevan, suelen hacerlo jugándonos mil y una travesuras que nos harán confundir los datos; las escenas cambian junto con los personajes teniendo la coherencia que se ajusta a cada instante de nuestras vidas y aun las filmáramos, en nuestros recuerdos no serían así.

4. Recuerdos para repetir. Si lo que almacenamos en nuestra memoria tiene un grado importante de invención, ¿cómo es que distinguimos lo real de lo que no lo es?; prácticamente nos encontraremos en una disyuntiva al momento de discernir si recordamos algo o no, por ejemplo, una fecha importante, los gustos de alguien que nos importa o cómo debíamos vestir para una reunión específica. La temporalidad nos sirve de referencia tanto como nos confunde al momento de tratar de integrarla como si fuera un rompecabezas; hay prácticas dentro de la educación en general que ya no utilizamos para aprender, sino para recordar, aspecto que en la lectura se hace cada vez más relevante conforme alargamos nuestra estancia en este mundo. Salud.

Beto

martes, 8 de abril de 2025

El ataque al realismo mágico

Los charros usaban las canciones para enamorar,
no para disertar. Foto: BAER

Irapuato, Gto. 

1. Las suposiciones. Como especialista en temas pasados, estuve dándole vueltas sobre si dar mi opinión a cerca de una producción cinematográfica que, desde el nombre, mostró la poca imaginación para tocar unos temas que no dudo que se relacionen en la realidad, pero que metiéndolos en poco más de noventa minutos, resultó en algo muy desafortunado, por no decir una verdadera porquería. Aclararé dos cosas, no fui a verla pero sí pude acceder a varios avances y a algunas críticas de personas que respeto mucho, tampoco me mueve ningún tipo de nacionalismo puesto que comencé defendiéndola antes de saber de ella lo suficiente ya que el mal acento de Selena Gómez o el que los personajes no fueran hechos por actores mexicanos no se me hacían suficientes argumentos para condenarla, como si nosotros nunca lo hubiéramos hecho.

2. La malformada realidad. Entonces sucumbí a la curiosidad, me apoyé en la opinión de los que saben, porque se han dedicado a ver cine y a emitir su visión sobre él, exponentes de diferentes edades con gustos distintos, bueno, hasta Álvaro de la Cueva pasó por la revisión. Emilia Pérez no pasó ninguna de las pruebas a las que fue sometida y por mucho que el actor protagonista se la haya pasado defendiéndola (al igual que de la Cueva, tratándonos de ignorantes) desde sus pobres argumentos como soy más mexicano que los nopales, la verdad es que su postura resultó tan falsa como el supuesto de que es mujer, ya que si fuera tan mexicano como afirmó, debió darse cuenta desde el primer instante de que esa producción ni siquiera entra en el rubro de la farsa.

3. Tirando hacia la caricatura. Los estereotipos caricaturizan, mediante la exageración, aquello a lo que apuntan con sus descripciones, utilizando aquellos rasgos que, según la visión a la que responden (generalmente sesgada), ayudarán a evidenciar lo más grotesco o lo más ridículo con el supuesto de hacer un retrato fiel para uso de los demás. Por mucho tiempo (y quizá todavía), gracias al cine de temática rural, el mundo supuso que en México sólo había charros a caballo que solucionaban sus problemas a balazos, desde los noventa, el paisaje mexicano presenta para el colectivo, un sepia impuesto por Hollywood y ahora, en el culmen de la ignorancia, se pretende que nuestras historias giren en torno a los narcotraficantes, pero sin una averiguación de por medio.

4. Y los musicales. No sé a cuántos de ustedes les suceda lo mismo pero a mí los musicales me causan pereza, salvo por uno o dos segmentos en películas específicas y eso que el cine de oro mexicano en su mayoría era musical y sin el afán de ser patriotero, agradezco que en nada se pareciera lo producido aquí, a las películas de Hollywood, al menos así lo creo. La razón es muy simple, si algo que sale de tu cabeza en una plática normal debe ser cantado totalmente, ahí hay un problema, porque sí he estado en charlas donde para afirmar algo se utiliza un segmento de una canción (no me digas que te vas), pero ya que se hace todo un discurso cantado en lugar de hablar simplemente, es seguro que me pierden, más si usan palabras repetitivas. Cada medio es completo en sí mismo. Salud.

Beto

martes, 1 de abril de 2025

Hacer pan

Es hora de hornear un libro. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. La pre masa. Escribir es como hacer pan, los pasos que hay que dar sin que se trate de una ley inamovible, están perfectamente identificados; podría haber dicho el símil con el método científico, hay más puntos lógicos en ello, pero no sería igual de sabroso. Si empiezo con algo preconcebido, no es porque con ello ya tenga la idea completa, sin al igual que la masa madre (que es en realidad la masa fermentada de un día anterior, quizá sobrante) una idea preconcebida podría servirnos para muchos relatos, pues se trata de una guía (o trama) a la que se le pueden agregar desde los mismos componentes, hasta otros que parecieran no combinar pero que, al final, le vendrán a dar el sabor especial que requiere el producto y el toque personal del panadero-escritor.

2. Los ingredientes. La trama es como la harina, la materia que va a moldearse para conseguir con las formas obtenidas, el gusto por parte del lector, la textura que logre dirigirá el tacto con el cual se tratará la obra en la que el protagonista irá dejando rastros de su presencia en todo el proceso. En toda receta, el agua es el vehículo en el que todo fluye, así como hace la historia con los personajes involucrados; ésta suele fluir según el recipiente que la contenga, el cual puede parecer tan apacible como una palangana, tan caprichosa como un río o tan poderosa como el mar. Algo debe hacer que la harina-trama reaccione y sucedan cosas en las que las relaciones-levadura, provoque que la química haga lo suyo. Por último, quienes darán el sabor como la sal de la historia serán los personajes.

3. El amasado. En el símil que intento establecer, esta parte tendría que ver con dos momentos, la escritura como tal y la revisión y corrección del texto; las consistencias de los lugares, los personajes y las situaciones son importantes para mantener la coherencia en la obra pues eso será precisamente lo que permitirá agarrarle el sabor a los que estamos leyendo. Cada personaje requiere de un tratamiento especial pues los tiempos de «fermentación» serán particulares debido a que, aunque se hornearán en «el mismo horno», no están hechos con la misma pasta y pues, se toman su tiempo. y ese tiempo sirve para reflexionar y saber si los dobleces a la masa o los sesgos de los moldes van a darnos un buen «pan», con el cual acompañar el chocolatito que saldrá de la lectura.

4. El horneado. Es hora de embarrar de tinta las hojas, de herirlas con el estilete caligráfico y ver cómo danzan las palabras a un ritmo que complazca al ejecutor de tan despiadado acto amoroso; las temperaturas aumentan y disminuyen según lo requiera la masa fermentada en la imaginación. Habrá algunas que se cocinen perfectamente en veinte minutos, otras exigirán tres horas diarias por algunas semanas, eso depende de por cuánto tiempo pretende alimentar el autor a sus lectores. Un biscocho-cuento puede ser el complemento de una banquete-novela, tan sofisticados o simples como detectemos a sus ingredientes, porque los chiles verdes combinados con aguacate, se percibirán solos de manera distinta que si van acompañando a un trozo de hígado encebollado. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...