martes, 28 de enero de 2025

Temas casi negados

Algunos temas parecieran para Judas Tadeo.
Foto: BAER

Irapuato, Gto. Aunque revisara, estoy seguro que mis emisiones de Co2 son mínimas ya que no cuento son estufa de leña, calentador de combustibles ni siquiera automóvil, mis instrumentos de cocina son de gas y no los uso muy seguido; so sé si sumarme a las huestes que conforman el frente contra las emisiones de bióxido de carbono con tan poca experiencia en el ramo, tanto en el cuidado como en la difusión de la información. En la literatura es difícil encontrar obras que traten sobre el cuidado del ambiente y si los hay, tendrán un tono como de película cristiana; puede ser que para niños hasta los incluyan en los libros de texto, dado que en otros medios, como la televisión, las producciones sobre el tema parecen estar hachas para Plaza Sésamo; ¿podría el ambiente ser tratado como un tema para la lectura de adultos?

Posiblemente sí, pero la tendencia a romantizar situaciones y relaciones, provoca que los escritos se balanceen entre el academismo y la victimización de «los buenos» salen adelante claro, pero sería el colmo que no fuera así ni en la ficción; la justicia, por lo tanto, difícilmente llega por medio del sistema o alguna institución gubernamental, por lo cual aparecen súper héroes o justicieros que aunque fuera de la ley, tratan de equilibrar las cosas, sabiendo que sus acciones los convierten en delincuentes como a Arsène Lupin, lo que pocas veces ponemos a discusión es la calidad moral de todo aquello que callan quienes están en torno a esos personajes, ya que al parecer, se han olvidado de sus obligaciones como ciudadanos y están esperanzados sólo a la protección que esos paladines les brindan.

Un tema difícil éste de la justicia dado que, como es tratada, más que ajustar las consecuencias de nuestras acciones, se busca un desquite que se le parece mucho y que podemos ver claramente en «El conde de Montecristo», una historia como otras tantas que propone dejar de lado a las instituciones pues sólo convirtiéndonos en caudillos es como logramos justicia, ya que las policías o los ejércitos para nada son confiables, como se manejan también en «El hombre araña» o en «El Zorro» pero, ¿por qué nos parece tan natural que se plasmen historias así, si casi nadie se anima a ser «justiciero solitario»? Porque todos sabemos en desenlace en la vida real y dado que lo único organizado en este país es la delincuencia, ese final sería poco apreciable o heroico. Miren que a más de uno pudo habérsele ocurrido emular las hazañas de «El Santo».

La eterna frase de que «de política, religión y fútbol mejor ni hablar», sólo muestra el nivel de adoctrinamiento al que hemos llegado que somos capaces de suponer que podríamos tener entre nosotros un intercambio de ideas civilizado, buscando con ello el consenso, pues creemos que nuestro punto de vista debe imponerse sobre el de los demás. Otra ilusión en la que solemos insertarnos al no considerar nuestras debilidades que ni siquiera llamamos así, sino que nos referimos a ellas con el eufemismo áreas de oportunidad que apunta y apuesta a la ambigüedad con el único fin, supongo, de evitar responsabilidades. ¿Cuáles? El tener que dar explicaciones de nuestros fracasos, como si eso fuera pecado; el tener que aceptar las razones de los demás, como si la verdad fuera única y exclusivamente nuestra. Sólo gajes del egocentrismo. Salud.

Beto

martes, 21 de enero de 2025

Historias paralelas

No es necesario imaginar a todo el orbe,
donde vivimos no nos conocernos. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Es normal pensar que ya todo está escrito, lógico si pensamos en los miles de relatos que se han contado en todas las épocas de la humanidad, lo que creo es que desde el inicio, por los corto de las referencias y los lenguajes en desarrollo, hemos contado las mismas historias, con la diferencia del estilo de cada narrador; no recuerdo si fue Fuentes, Cortázar o García Márquez quien dijo justo eso, que en Hispanoamérica se escribe una misma novela pero a cada país le toca un capítulo; pero no serán éstos totalmente distintos, ni siquiera cronológicos dado que todos tenemos una visión particular de nuestra realidad como continente, misma que nos sirve de referencia para entender en qué momento nuestras narrativas serán fantasía, romanticismo o la más cruenta crudeza para describir un mismo evento.

Por otro lado, existe también el recurso de correr dos historias al mismo tiempo, complementarias pero totalmente distintas; esto sirve para dar dinamismo a los relatos, sin embargo, es una manera de mantener el interés y la concentración del escritor, lo que garantiza una mayor dedicación y esmero a la creación literaria. Un beneficio extra es que dicho recurso ayuda a ejercitar la memoria a corto plazo ya que nos obliga a poner atención en distintos personajes en situaciones diferentes y hasta en tiempo que nada parecen tener en común. Leer una obra que nos cuenta dos o más historias que pueden entrelazarse, nos crea un ambiente en el que parece capacitarnos para entender, desde un mismo punto de vista, todas aquellas situaciones posiblemente cercanas.

Esta cercanía no sólo es geográfica, posiblemente la menos importante puesto que con la velocidad de pensamiento es más fácil establecer lazos más fuertes; la afinidad es más un trabajo de autosugestión porque somos nosotros mismos quienes justificamos lo que sentimos y esperamos que los demás sientan, si eso hacemos con personas reales, con mayor razón con personajes ficticios. Podríamos pensar al principio que la identificación con ellos, de manera natural debe ser con «los buenos», pero no siempre es así, por ejemplo lo que sucede con el monstruo de Frankenstein o con el jorobado de Notre Dame, con los cuales somos capaces de identificar otro tipo de belleza, paralela a la que estamos acostumbrados por estar basada en la fealdad, lo que podría ayudarnos a ser más abiertos.

Si pensamos en la cantidad de personas que somos en el lugar donde estemos cada uno, la comparación entre las que hemos tratado, las que conocemos y las que potencialmente conoceremos contra las que nunca tendremos contacto alguno, la diferencia es perturbadora y aunque popularmente o de manera intuitiva sabemos que tenemos semejanzas cono otros, en realidad preferimos pensar en las diferencias esperando que eso nos haga únicos. Aun así fuera, los paralelismos nos delatarían ya que estamos insertos en una misma cultura, a decir de algunos, desde el río Bravo hasta Tierra de Fuego; todos solemos contar cosas familiares hasta hacer un chiste, hablar de antiguos amores hasta crear una novela o sobre los amigos hasta revelar sociedades secretas y todo con el maravilloso medio que es el español. Salud.

Beto

martes, 14 de enero de 2025

Retomando prioridades

A un lado que ahí les voy. Foto: BAER

Irapuato, Gto. En los últimos días del año pasado, estuve pensando sobre el posible avance en mi idea original de la editorial, supuse que no habría problema con la producción de textos y sin adornarme, no lo ha habido, pero el complemento que serían otras visiones, aún no se ha concretado; en cuanto a la producción de audio, La Ranita Cuántica va viento en popa hacia la séptima temporada, las ideas con las cuales hemos llenado ese espacio han funcionado y, lo mejor de todo, sigue siendo divertido. A las novelas se les unió una puesta en escena, los blogs no han tenido tregua y ha vuelto un poco mi interés sobre los dibujos a lápiz negro o de colores; sigue emocionándome escribir con mi pluma fuente o comprar cajas de bolígrafos o adquirir libretas. Resulta muy interesante ver cómo van llenándose de letras los renglones.

Lo que podría faltar es la publicación en físico de todo el material ya producido o, al menos, lo que está formateado y en espera del visto bueno del consejo editorial (me adorné); en realidad sólo debo darle una nueva revisada para establecer fechas, por ejemplo, de la adquisición de una nueva impresora, de la impresión de los pliegos, la producción de los volúmenes y la difusión y venta de los mismos, cosa que en estos momentos adquiere más importancia porque hace mucho que no hay nuevas historias en el estanquillo, podría decir que no recuerdo qué tanto tengo en bodega. Fuera de los textos que ya di por perdidos como lo que escribí en mi estancia en Juárez o lo que alguna vez envié a un concurso en la Ibero, lo demás está en carpetas que sólo cambian de lugar, por fortuna, virtual.

Tengo además una asignatura pendiente que es la de nombrar a uno de mis personajes principales, lo que está tomando tintes de urgencia puesto que ya lo he pensado para conformar con ella una trilogía, ahora que eso está en boga; y no es que lo haya pensado así desde el principio, el caso fue que en la libreta donde escribo los temas que pudieran interesarme, dos de ellos parecen acoplarse a lo que mi detective está resolviendo en otro escrito, aunque siento que hago trampa porque no los había pensado para ella. Sólo espero hacerle justicia y que sus aventuras sean de verdad atractivas. Todo eso ha provocado que recuerde los escritos que tengo caso olvidados, como el segundo cuento de Pánfila, la hormiga exploradora, el segundo también que trata sobre las fiestas del mes pasado y algunos otros por ahí guardados.

Ahora recuerdo que me había propuesto el ser más sociable (no sé si lo comenté por este medio), lo que he quedado a deber porque lo de estar contactando gente no se me da en la realidad, aunque debo admitir que mis relaciones más cercanas han sabido más de mí, nada espectacular, pero más. La búsqueda de la justificación profesional sigue en pie, lo bueno es que va teniendo cada día una forma más definida; tomo todo como un nuevo inicio, posiblemente como si se tratara del último cuarto en un partido de americano, tengo el balón en la yarda veinte a punto de iniciar, quizá con una corrida para ir reubicando la táctica con la que la vida ha venido aporreándome en los otros cuartos, después un buen pase para estar a tiro de tres puntos, sin embargo, lo que importa es el touch down. Salud.

Beto

martes, 7 de enero de 2025

Los regresos a clases

Pero era bueno tener todos los días
un público cautivo. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Pensamientos previos, nerviosismo por no tener claro si se podrá mantener el nivel, la exigencia diaria, las tareas otra vez y todo lo que el aula significa, tejen en cada cabeza certezas y dudas sobre lo que cada uno debe hacer en esas cuatro paredes; y si creen que estoy hablando de los estudiantes, están muy equivocados. cada cabeza de cada docente da vueltas en lo que cada nuevo curso representa para su carrera, ¿será acaso un aprendizaje o una tortura? Si posiblemente fuera otra cosa, ¿estará preparado para ello? La relación maestro-alumno, en mi manera de ver las cosas, se encuentra en una especie de limbo en el que la estructura jerárquica que la sostenía, se ha fracturado en sus cimientos por lo que se tambalea entre el respeto vertical arriba-abajo y otra horizontal supuestamente amistosa. No digo que no pueda existir la segunda de ninguna manera, pero no puede darse por decreto desde un escritorio.

Recuerdo la manera que tenía de ver a los maestros de las escuelas donde estuve, en el primer año aún tenía fresca la imagen materna que la maestra de segundo se empeñó en destrozar; del tercero al sexto fluctué entre la imagen que añoraba y de la que quería alejarme a toda costa. En la secundaria entendí que los acercamientos eran imposibles dado que los trabajos de los profesionistas que fungían como maestros eran más importantes que atender a chiquillos inquietos y aquellos que estaban de tiempo completo, seguramente cumplían un castigo. En la prepa la cosa cambió poco, tal vez sólo en el aire de suficiencia que flotaba en el alumnado porque la información (de todo tipo), fluía por la libre (en términos de la tecnología imperante en ese momento) y su manejo requería de cierto toque que no todos tenían por lo que había que escoger un tópico que pudiéramos manejar con soltura.

El cambio radical se dio en la universidad; para empezar, el trato entre compañeros era muy distinto a lo que yo estaba acostumbrado, cambio que atribuí a mi entonces visión clasista de las cosas, ¿qué era eso de saludarse de beso entre adolescentes? ¿Acaso nunca les dijeron que se hacía sólo con familiares? ¿Qué tal lo de andar preguntando por nuestros estados de salud? ¿No era territorio exclusivo de los adultos? El colmo fue cuando escuché, en la primera clase, referirse como «Luis Fernando» por parte de una alumna ¡al director de la carrera! ¿Lo conocía lo suficiente como para tutearlo así? ¿O es que el señor no tenía título alguno? Llegué a pensar que se trataba de una novatada para el último que llegara ¡y ése había sido yo! Pero no, respiré tranquilo una vez que me di cuenta que así era la costumbre y que debía adaptarme ¡otra vez!

¡Otra cosa era comenzar cursos como docente! Ni siquiera cabe la comparación; le di la despedida a los tropiezos, los nervios y los temores de hacer el ridículo y di paso al terror, la incertidumbre y la constatación de que era más viable parecer un payaso desde el frente del salón; cada enero y cada agosto eran precedidos por dos o tres noches de insomnio, algunas laxitudes estomacales y otros tantos sueños extraños en los que me veía corriendo por los callejones oscuros de una ciudad perdida buscando... no sé qué demonios. Para empezar, no tengo idea de lo que debía estar haciendo en un lugar así, a menos que se tratara de una protesta onírica por lo poco que pagan en las escuelas o tal vez, por recordarme que yo era un impostor frente a grupo. En mi defensa debo decir que nunca me llamé maestro, sólo era un comunicólogo dando clases. Salud.

Beto

El que no sabe

La sospecha no siempre está bien documentada. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. S ospecha. Varios son los personajes que en una novela cuestiona...