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| Los grandes personajes suelen cocinarnos muy buenas tramas. Foto: BAER |
El lector es un investigador en potencia, hurga en las páginas con el entusiasmo de un niño bajo el árbol en día de navidad, con la diferencia de que tal fiesta se puede repetir a diario con un libro. Habrá quien diga que leer les da la oportunidad de reflexionar y ordenar las ideas, otros preferirán la versión de que sirve primordialmente como entretenimiento, ambas versiones son válidas puesto que ninguna excluye a la otra, la diferencia entre uno y otro lector, será la profundidad que le otorgue a lo que sus ojos captan. Un lector asiduo aprende además a calificar su entorno porque al contrario del decir de algunos, las comparaciones no son odiosas, lo que molesta es la intención con la cual se hace; el que tiene la costumbre de leer, encuentra en todo lo que le rodea, referencias que le ayuden a comprender situaciones o acontecimientos con los cuales valorar sus propias acciones y la pertinencia de mantenerlas igual.
Algo en lo que pocas veces reparamos y ni qué decir de mencionarlo, es el sentido crítico; lo ejercemos, es cierto, pero sin la parte que de verdad lo hace valioso que es la propuesta. Es relativamente fácil señalar fallas o errores, pero pocas veces esos señalamientos vienen con la sugerencia de qué hacer al respecto y, antes de que protesten por esta afirmación, pregúntense si es que lo hacen, cuántas veces iniciaron sus «sugerencias» con «lo que debes hacer», «es que no pones atención» o «se te ha dicho varias veces», todas indicando que en realidad no hay un interés de acompañamiento y quien todo el tiempo, quien cometa un error, estará solo. Eso significa que no hemos aprendido a leer a las personas o que no nos interesa más que saber sobre los resultados, por lo que -si trasladamos eso a un libro- pocas veces estaremos seguros y satisfechos sobre lo que obtuvimos de las páginas a las que les dimos tiempo.
La complicidad se hace presente con cada paso de página, el sonido es la garantía de que el gusto va dirigiendo la lectura, que el apetito aumenta conforme va en aumento el lado izquierdo del libro y la satisfacción es en lo último en lo que se piensa porque conforme se acerca el final, se desearía que mágicamente aumentaran las hojas, pero como eso no es posible, habrá que empezar otro proceso de enamoramiento con otra obra. Al convertirnos en lectores adquirimos un compromiso por conocimiento personal, no necesariamente con el autor, sino con los personajes que éste nos presenta; hay diálogo con cada uno de ellos por todo aquello que nos refieren ya sea por coincidencia con personas reales, otros personajes u objetos en ciertos lugares o por lo que provocan que sintamos, según el estado de ánimo que nos domine, aunque por lo general, somos bastante empáticos a la hora de posar la mirada en sus hojas. Salud.
Beto

Coincido en varios de los puntos que explicas y efectivamente leer nos lleva a recrear la imaginación y en ocasiones a reflexionar en coincidencias que encontramos en las lecturas y nuestra vida cotidiana. Saludos
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