martes, 26 de marzo de 2024

Seguir las recetas

Las extravagancias lingüísticas se dan más
por ignorancia que por conocimiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Salvo la vez que el Gabo afirmó que sería buena idea no respetar las reglas de ortografía porque el contexto es el que da el significado a las palabras, he estado de acuerdo en todo lo que sugieren las grandes plumas para escribir; las reglas están hechas por algo, aunque hagamos el favor diario de completar ideas de los que suelen hablar con oraciones mochas, cambiar mentalmente las palabras que otros dijeron equivocadamente o corregir la acentuación discretamente, es cierto que llega a confundir que nos tomemos tantas libertades que podrían destrozar la estructura del idioma, nótese aquí mi intento de ser condescendiente ya que, por supuesto y aunque me sé todas las malas palabras proferibles hasta el momento, pienso que su uso indiscriminado sólo muestra falta de vocabulario.

Las reglas gramaticales se establecieron por algo, se estructuraron según las circunstancias que rodeaban al idioma en el siglo XVI, después aparece la RAE para darle formalidad al asunto (aunque a veces parezca que sufren de demencia senil), durante mucho tiempo dio la impresión de que, para que se produjeran cambios en las estructuras o palabras, se estudiaban los usos en los grupos sociales y después se decidía si era prudente registrarlos en las enciclopedias, actualmente pareciera que nada más se requiere que durante un corto tiempo, mucha gente diga algo (aunque esté errado) para registrarlo como bueno. Quizá ya estén muy viejitos los miembros de la Academia, pues qué otra cosa puede ser, porque resulta inexplicable que acepten sin más, una expresión como “wey”.

Aún recuerdo el libro «Ejercicios ortográficos» que llevamos en sexto año de primaria, al cual dábamos el ínfimo valor de una simple obligación escolar, cuando en realidad, era una de las mejores armas para tener una buena expresión escrita. De haber entendido la oportunidad de esas páginas nos brindaban, no estaríamos despotricando en contra de los textos que recibimos todos los días en las redes sociales con el pretexto de la eficiencia y el ahorro del tiempo, quizá para el que redacta, no así para el que lee. Una regla no escrita (para la escritura ¡qué redundancia!) afirma que el texto debe facilitar la lectura y no al revés, ni siquiera por querer parecer erudito o enigmático, pues eso se logra con la profundidad de los conceptos que usamos no con lo rebuscado de las palabras.

Debería ser hora de que pretextos como «es que está escrito en mayúsculas» o «pero me entendiste» prescriban al uso inadecuado de la lengua que, heredada o impuesta, es con la que nos levantamos en la mañana pensando en lo que haremos en el día y con la que nos acostamos en la noche planeando los días futuros; de jóvenes nos hacía gracia el inventar palabras o usar vocablos insultantes pues suponíamos que con ello adquiriríamos respeto, ni hablar de anglicismos o galicismos (exageré, nadie pela el francés), práctica posiblemente copiada de una deficiencia académica de aquellos que se van a los Estados Unidos de braceros, gente con una adolescencia tardía y crónica cuyos lenguajes no han madurado lo suficiente como para hablar correctamente dos idiomas. Puedo equivocarme. Salud.

Beto

martes, 19 de marzo de 2024

¿Existe la especialización temática?

La memoria no es exacta pero contamos
con casi el mismo entusiasmo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Agatha Chritie diría, con una amplia sonrisa, que sí y detrás de ella todos los autores de novelas de misterio y de terror, con lo que yo estaría de acuerdo pero la pregunta importante sería ¿cómo se llega a la especialización? La respuesta corta: escribiendo de todo. Ya lo habrán intuido, si tenemos un abanico amplio de posibilidades, es probable que encontremos un tema que nos guste por encima de los demás. La selección inicial puede ser algo complicada puesto que implica poner atención especial en aquello que suponemos debe ser de interés para los demás también, pero si lo pensamos de esa manera, nos costará más trabajo que si optamos que nos sea satisfactorio y sólo explicamos  y narramos porqué lo es, para lo que las anécdotas o los cuentos suelen ser de utilidad.

Prácticamente todo puede ser descrito, lo mejor de ello es que las bases de una buena descripción son móviles y variadas, lo que las hace si no infinitas en número, sí muy accesibles para cualquiera por la misma razón; los colores, las formas, la amplitud o lo estrecho de un espacio, la cantidad y variedad de plantas, las cicatrices en la cara o el cuerpo son material de primera para iniciar cualquier texto, tampoco hay un orden estricto para realizarlas así que, haciendo uso de la imaginación, cualquiera con un sincero interés por crear para los demás las escenas que les lleven por mundos alternos, puede convertirse en un gran exponente de la pluma. Buenas noticias, nunca un escritor más es demasiado, sólo hay por así decirlo, escasez de lectores.

Si en lugar de objetos tangibles optamos por sentimientos, la profundidad de la narración nos llevará por caminos más personales en los que el único responsable de los resultados es el lector, pues confiamos en que su interpretación lógica y racional, guiará (pero no determinará sus sentires; cuando encontramos un tema que nos apasiona y del cual podemos escribir sin restricciones, se crea un vínculo en el cual pareciera que nos enfrentamos a un reflejo de nosotros mismos al tiempo en que transformamos el compromiso por compartirlo con los demás en diversión. Es común que el tema sirva como tarjeta de presentación de escritores famosos como Loret de Mola, Sergio Sarmiento o Denisse Dresser con la política o a Catón y Germán Dehesa en la parte chusca.

Sin pretender que todos crean que hay una fórmula secreta para encontrar el tema que nos viene bien, sí podríamos pensar en un esquema básico de búsqueda y encuentro en, al menos, tres pasos. El primero tiene que ver con la lectura y el saber sobre los géneros literarios, para saber mucho hay que leer mucho; el segundo, identificar las obras que más llamaron nuestra atención por cualquier detalle, sin involucrar el gusto; y tercero, ¿qué tanto sabemos de esos datos y cuáles otros conocemos que se manejen de formas similares. Con estar tres pistas podemos tener conciencia sobre cómo vamos formando nuestras preferencias, las cuales seguramente se han mantenido como consumidores, lo que falta es convertirnos en seres a los que les gusta contar historias. Salud.

Beto

martes, 12 de marzo de 2024

La verosimilitud para el novelista

Como con los objetos, con las palabras también
encontramos similitudes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Fuera de la práctica de humanización de objetos y animales, jugar con los tiempos y los espacios ponen límites (aunque muy amplios) al ejercicio de la fantasía en la literatura o la producción de medios audiovisuales, pero incluso los monstruos, las hadas, los duendes y los ogros tienen sus límites lógicos; la razón de ello es que no tendría chiste el que todos fueran Supermán y aún él tiene aspectos que lo hacen mortal. La variedad es lo que hace interesantes a los personajes y entre más complejos sean, es más probable que la historia a contar sea buena; aparte de la temporalidad vital, las fortalezas y las debilidades van moldeando el carácter de los protagonistas y los apoyos que enfrentarán los problemas y a los antagonistas y sus apoyos en los lugares específicos que se narren.

Algunas de nuestras convicciones se dan por “contagio” al entrar en contacto con una persona o un grupo significativos que las tienen, por lo que para encajar, las adoptamos; habrá situaciones o personajes en nuestras lecturas que aceptamos sin reparo, pero otras nos saltarán por su propia coherencia; es posible aceptar la existencia literaria de animales parlantes, objetos animados, dragones escupe fuego, gnomos cuidadores de bosques, hadas que cumplen deseos y una infinidad de lugares que nos hacen abrir los ojos, pero no porque pensemos que fueron sacados de una realidad remota o alterna, sino porque se crearon con antelación, los códigos de comportamiento de cada uno de ellos por lo que pensar en monstruos benefactores, alimañas salvadoras o hechiceros que hacen el bien, requiere de una descodificación.

En los últimos tiempos hemos sido testigos de situaciones que antaño nos hubieran parecido extrañas o aberrantes (como ha sucedido en casi todas las épocas y casi por los mismos motivos) pero aún quedan algunas posibilidades de ficción, es decir, latrocinio, asalto, asesinato, fraude, corrupción, siempre han existido así como la bondad, la solidaridad, el trabajo, la cooperación y todos esos conceptos suelen dar temas para la escritura tan variados como la existencia de seres humanos en el mundo. En cada cultura, la fantasía juega un papel primordial, pero son las referencias en las que crecimos lo que le dará verosimilitud a una narración; dado que en casi todo el mundo tenemos nociones de lo que es un tótem, nos resulta creíble escuchar una historia donde un zorro tiene una plática con un cuervo.

La humanización, antropomorfización y adjudicación de valores a los objetos y animales en el mundo literario son prácticas heredadas de los grandes mitos emanados de las religiones y las historias épicas, los escritores no estamos ajenos a la cultura general, por el contrario, con nuestros trabajos tratamos de apuntalarla con un manejo complementario de las costumbres y tradiciones que nos identifican como pobladores de una región determinada. Son todos esos datos con los que logramos hacer creíbles las historias, haciendo coherente la fantasía teniendo como cómplice al imaginario colectivo; ahí donde la pluma deje huecos, llegará el lector a completarlos con la libertad y autoridad que le da el ejercicio pleno de sus facultades para leer. Salud.

Beto

martes, 5 de marzo de 2024

La verdad es para el periodista

Dos caras que ahora se presumen antagónicas.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En un juego centenario entre flexibilidad y rigidez, las páginas periodísticas tratan de ser la narración fiel de sucesos cotidianos que los ejecutores de los teclados suponen son dignos de ser tratados como algo importante para su difusión y eso está totalmente determinado por el criterio del investigador, bueno eso era hasta hace tiempo, porque ahora las directrices están determinadas por las agencias de noticias. Cualquier argumento a favor de la centralización del servicio (como en cualquier otro) se disipa en cuanto entendemos que eso no es otra cosa que una forma de control y se desea salir de ese esquema, habría que pagar un servicio adicional para saber qué acontece en el mundo además de bombazos, atentados, robos, alza de precios, inseguridad, decisiones gubernamentales absurdas y cuantas linduras más.

La verdad se ha convertido en el santo grial del periodismo puesto que queda claro que no es un lugar al cual llegar, sino porque con cada generación se vuelve más inaccesible; sin mencionar nombres se han señalado a varios periodistas como depositarios del sacro santo “chayote” para acallar sus conciencias o para mantenerse con vida o ambas. Si un argumento verdadero está compuesto por un consenso, esto significa que las afirmaciones expuestas en un medio de información deben ser comprobadas o comparadas con las fuentes; la práctica actual ha dejado de lado esos detalles porque pocas veces se ponen en duda las notas enviadas por las agencias de noticias por un lado, por el otro, el creciente e invasivo amarillismo que copa todos los espacios.

La verdad se fabrica al mismo tiempo que la veracidad se vuelva moneda de cambio para subir escaños, imponer una opinión o marcar tendencia; un medio que se vende por su veracidad supone que tendrá entre sus filas a un personal que nunca miente o eso es lo que dicta la teoría. Los casos de “chayote” copan a una larga lista que, por supuesto, yo no tengo en mis manos pero dos ejemplos (uno a favor y otro en contra) ilustran esa actividad en la que realidad se expone o se fabrica a conveniencia, el primero de ellos es Manuel Buendía, michoacano, escritor de una columna en el periódico Excelsior llamada “Red Privada” en la que abordaba temas como el narcotráfico, la corrupción gubernamental y la presencia de la CIA en el país.

Hasta la fecha, se tiene a José Antonio Zorrilla Pérez, el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad, como el autor intelectual del asesinato del periodista aquel 30 de mayo de 1984 ya que era objeto de investigación por parte de Buendía, por posibles vínculos con el crimen organizado. El segundo, Jacobo Zabludovsky, varias veces señalado como el vocero oficial (por parte de Televisa) de los gobiernos de la República, desde Luis Echeverría hasta Ernesto Zedillo, ya que por iniciativa de Emilio Azcárraga Jean, el noticiero 24 horas dejó de transmitirse el 19 de enero de 1998 por el canal 2 para trasladarse a Unicable hasta su renuncia el 29 de marzo del 2000. El primero por buscar la verdad fue asesinado, el segundo, por ocultarla, fue cesado cuando ya no sirvió para ello. Salud.

Beto

El que no sabe

La sospecha no siempre está bien documentada. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. S ospecha. Varios son los personajes que en una novela cuestiona...