martes, 27 de febrero de 2024

Letras mexicanas

Quizá encontremos a la nueva Sor Juana.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No se trata de un caso de nacionalismo a ultranza, ni de la búsqueda de artistas perdidos, sólo es una pequeña revisión de la obra de algunas plumas nacidas en el territorio que me han significado mucho a lo largo de mi vida lectora, pensar en mexicanos que escriben es meternos en un mundo surrealista dentro de otro igual que presumimos como nuestra realidad, donde impera el “así somos y qué”. Las plumas nacionales exploran un basto espectro de posibilidades de creación, los universos se renuevan en ciclos que vuelven a topar con búsquedas ancestrales que mantienen vigente el deseo de tener identidad propia, un poco más alejado de lo que vamos descubriendo a diario. Podríamos tomar los ejemplos de Rulfo, Fuentes, Novo, Guzmán, De Asbaje o Garro para abrir boca.

Tan mexicanas son también las producidas por personas poco conocidas que escriben para un número reducido de lectores tomándose la libertad de observar e interpretar su entorno para hacer eco del sentir de su población. Podemos encontrarlos en los diferentes medios locales de cada ciudad, principalmente los diarios, por desgracia éstos se han transformado en vehículos del amarillismo y la nota roja, sin dar mucha oportunidad a sus escritores de explorar otras áreas, además de que las agencias de noticias tienen acaparado un buen porcentaje de sus espacios, por lo que es más factible ubicar a columnistas o editorialistas del centro del país, que a los propios; es un panorama injusto que se replica por todos lados aunque los medios de información se hayan democratizado con la red.

Porque es cierto, ahora todos tenemos la oportunidad de tener un canal de televisión o uno de radio o un periodiquito, pero la centralización es una práctica muy arraigada; aquellos que gozan de la aceptación de más de un millar de seguidores son los mismos que, desde los canales tradicionales de televisión han aprovechado su fama para llamar la atención, lo cual también centraliza la misma en la capital de la República, claro está, con excepciones muy buenas que migraron de la red a las televisoras. Los más profesionales siguieron los esquemas impuestos por las grandes cadenas y producen con los guiones escritos por especialistas pagados, lo que hace más creíbles sus historias, lo cual no significa que sean verdad, sólo que literariamente son suficientemente coherentes para ponerles atención.

Nuestra cultura, nuestras tradiciones, se prestan mucho para crear historias y están a la espera de quien desea sacarlas a la luz y pasen a formar parte de eso que nos es significativo, encontrarlas es el verdadero reto en un tiempo en el que prevalecen otras prioridades menos importantes pero más urgentes. Desde cronistas hasta novelistas, habrá que descubrir sus paraderos y entonces convencerlos de que aporten su punto de vista sobre lo que ha sido su estancia en este mundo, qué les ha significado la complejidad de su grupo social y a quiénes creen que debe hacerles partícipes de eso que quieren contar, tarea noble que desde hace algún tiempo, varios entusiastas del pasado han realizado con un éxito respetable. Salud.

Beto

martes, 20 de febrero de 2024

El cuento como herramienta didáctica

El día de hoy les voy a contar... Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Ponemos atención an cuanto algo se cuece en patio ajeno, el drama se vive en tercera persona pues esto nos permite emitir una opinión sin más compromiso que el abonar para la especulación, lo que pueda pasar será mucho más manejable en cuanto que podamos emitir un juicio sin que eso afecte nuestro accionar, por lo cual, la enseñanza usando historias resulta mucho más interesante para quien va a escucharlas. Basta recordar a los practicantes de las normales del país de nuestro tiempo, cuando iban a las aulas y al explicar un problema o un hecho histórico, utilizaban cuentos que, unidos a las melodiosas voces con las que los ambientaban, lograban más que la atención de los niños que desde entonces ocupábamos las bancas de dos en dos en las cinco o seis filas que apuntaban hacia el frente.

Lo mejor de ello era salir del rutinario discurso de clases sin importar el grado en el que nos encontráramos; además de las practicantes en la primaria, recuerdo en la secundaria a la maestra de biología, que se tomaba su tiempo, de vez en cuando, para contarnos cómo vivían los científicos como Mendel en la época en la que realizaron sus descubrimientos o al de geografía que tuvo algunos detalles, aunque nunca logró mantener un ritmo. Pero al que más ubico como un buen narrador, quizá por la naturaleza de su materia, es al licenciado José Héctor Arturo González Solís, quien nos daba la clase de historia y tenía la facilidad de convertir en episodios novelados, las vidas de los héroes nacionales, dejando de lado la memorización a ultranza de fechas y lugares.

La preparatoria nos obligó a dar un giro pues nuestros docentes parecían no querer “perder” el tiempo pues la información que manejaban era demasiado importante como para andar contando cuentitos, excepto en el propedéutico, en la materia de biología (curioso), el titular no sólo se tomaba el tiempo de contarnos historias, sino que nos conminaba a que también nosotros las construyéramos para repasar la información; en ese entonces estaba lejos de imaginar que dedicaría tres décadas de mi vida a la docencia y tomaría como referencia varias de las pláticas con las que el “Motor” nos enseñó su materia y de eso, sólo me separaban dos años. Posiblemente en mi pequeño tour por el Cemsi, los mismos maestros de la Oficial se relajaban un poco y mostraban otra cara y aunque no contaban cuentos, sí algunos chistes.

Bien manejado, un cuento tiene los elementos necesarios para presentar una enseñanza práctica, pues involucra en su trama a quien lo escucha, le plantea un problema a resolver y sugiere una posible solución, no sin antes proporcionar alternativas que lleven a distintos puntos de vista sobre el resultado obtenido; las reflexiones éticas van incluidas junto con las valoraciones sobre la lógica, la pertinencia y el método de la argumentación. Por así decirlo, cada cuento se plantea a sí mismo como un manual de procedimientos para situaciones de la vida diaria y, parafraseando al dicho popular, todo cabe en un cuentito sabiéndolo acomodar. Por el lado lúdico, es una buena oportunidad para hacer de cualquier materia algo divertido explotando nuestra vena literaria. Salud.

Beto

martes, 13 de febrero de 2024

Un instante, una eternidad

También la pluma puede dar un
soplo divino. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las narraciones fantásticas, aparte del contenido, logran su magia mediante el manejo del tiempo, donde un minuto puede durar una década o cien años un instante; la relatividad del tiempo toma forma en las narraciones pues la velocidad en que transcurren no es necesariamente la misma en la que se reproducen los cuadros en cada cabeza que las perciben, es decir, avanzarán más o menos rápido según sean los detalles que más llamen la atención de los lectores, escuchas o videntes. Si se juega a la vez con dos tiempos básicos, el que transcurre en el relato y el de lectura, (de los cuales se desprenden otros tantos) pues si la segunda nos atrapa, el tiempo de ésta pasará inadvertido y el de la narración podría durar “mucho” si nos adentramos en los detalles o “poco” si nos deslizamos en la trama.

Podríamos introducir la variable de la edad; recordemos que cuando niños, las esperas nos parecían eternas y ahora ya mayores, sentimos que el tiempo nunca alcanza, no voy a meterme en cuestiones neurológicas porque no soy autoridad en ello, sin embargo, coincidiremos en que así nos pasa a todos con aquello que nos es significativo y de ello ¿qué es lo que solemos presumir? En términos generales, deseamos que los demás se enteren de lo que nos gusta y usamos el porqué para revestir de importancia cada una de nuestras palabras, el tiempo que nos toma el escribirlo se ve compensado con la réplica del mismo a la hora de la lectura, físicamente no tienen la misma duración, pero la historia se compactará para que ambas partes puedan relacionarse.

En física se afirma que, al menos en nuestra realidad tridimensional, nada hay más rápido que la luz, sin embargo, en términos literarios lo es mucho más la imaginación; con ella podemos viajar por el cosmos sin necesidad de un cohete o de un traje espacial, podemos desplazarnos hasta donde se encuentra el objeto de nuestro deseo o el ser amado en un segundo, cruzamos las épocas hasta un pasado remoto o un futuro idílico mucho antes de poder describirlo. Por el contrario, estaríamos en disposición de ver pasar cada etapa de la historia de la humanidad, basados en una fantástica idea de inmortalidad, lo que nos convierte en viajeros en el tiempo sin la necesidad de ortopedias tecnológicas que sólo representan contratiempos.

Ejemplos los tenemos variados que responden a los designios de la imaginación desde los súper héroes de los cómics, hasta los protagonistas de novelas de aventuras, de ciencia ficción o románticas quienes pueden tener una larga vida ya sea en las mismas narraciones como en el Retrato de Dorian Grey o en la memoria de los lectores como Feneas Fogg y Paspartú; leer y escribir es la oportunidad de compartir con esos personajes sus andanzas, imaginar cómo lo haríamos en su lugar e inventarnos reacciones ajenas acordes a los que nuestra voluntad vaya transformando. Lo más cerca de la creación divina no está en lo raros, fantásticos, hermosos o repugnantes que describamos a los personajes y lugares, sino en el ejercicio de esa voluntad para que sean tan eternos como mortales. Salud.

Beto

martes, 6 de febrero de 2024

Remembranzas y narrativa

La memoria no es exacta. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En el pasado he vuelto a recorrer calles que transitaba en mi niñez o en mi juventud en las distintas ciudades en las que viví y los ejercicios mentales a los que me sometí, trajeron a mi memoria situaciones que me gustaría repetir y otras que francamente quisiera haber olvidado de una buena vez; cuando inicié en el oficio de la pluma, mi máxima preocupación era el tener mis recuerdos lo más intactos posible pues estaba imponiendo mi yo periodista a mi yo literario, lo cual era lógico, venía de un gran ciclo de clases de comunicación, de haber retomado los blogs con los que mantenía mi mente activa y de considerar el integrarme a alguno de los medios escritos locales, incluso le envié algunos textos a Martha Acevedo a su sistema de noticias de la red, los cuales me hizo el favor de publicar.

He tenido que hacer varios ejercicios de lectura de obras realizadas por novelistas de la historia (si me permiten el término) como Juan Miguel Zunzunegui, Pedro Fernández, Francisco Martín Moreno y Paco Ignacio Taibo II para entender que no se traiciona a la nación, si se hace buena ficción basándose en hechos históricos, lo importante es no hacer de la cronología, un motivo de falseamiento ni mucho menos, como diría el buen Juen Elías Cordero, matar vivos y revivir muertos en las épocas sobre las que se vaya a escribir pero, si la ficción lo permite dándole coherencia a la historia ¿por qué no? Desde los diálogos de Platón, el permiso o libertad literaria se utiliza para dar un marco entendible a la teoría que desea enseñarse a una colectividad.

La historia es como se recuerda, tan exacta como los datos olvidados y tan precisa como los lugares confundidos; aquellos con una memoria fotográfica que se unen con los que la basan en sus oídos y en los que recuerdan las transformaciones en su entorno, logran tener un panorama global que ilustra lo mejor posible cualquier narración, ésta es una buena pista para quien quisiera hacer una novela tomando como escenario su propia ciudad ya que las historias de vida suelen conformar un banco de datos sumamente prolífico para tomar referencias de posibles personajes, lugares y situaciones, además, cada localidad de este país cuentan con sujetos que mantienen en su memoria, anécdotas que les gustaría contar. Los pueblos y las ciudades pequeñas rebozan de esas piezas de historia valiosas para todos.

Los nombres de las calles, las bancas de ciertas plazas, las tienditas de abarrotes o las rutas de autobuses van tejiendo cuentos, novelas o poemas que sólo necesitan un par de ojos que los identifiquen para escribirlas y hasta uno que otro guión para audio o video saltaría de algún rincón. ¿Qué es lo que contaríamos si tuviéramos la oportunidad? Pero lo importante es cómo lo contaríamos, ¿sería una historia de terror? ¿Romance? ¿Ciencia ficción? ¿Para qué dan los espacios que nos rodean? Y las personas que habitan esos espacios ¿quiénes son? Seguramente cada uno es la prueba viviente de los cambios que ha experimentado la ciudad, puede ser que varios de ustedes como un servidor, hayan vivido en más de una localidad, lo cual aumenta exponencialmente las historias potenciales. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...