martes, 25 de julio de 2023

Ser justos

El escritor debe pretender ser maestro
de la retórica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El concepto puede que sea absoluto, pero su uso cotidiano, no; apelamos a la justicia cuando detectamos una carencia exigiendo su solución respecto de lo más relativo que tenemos convirtiéndolo antes en algo ambiguo, que es el tiempo. No hay -en los seres humanos- un tiempo justo para madurar, no lo hay para solucionar problemas sociales, menos podemos tener justo un vaso de agua porque siempre lo “llenamos” hasta antes del borde, no se diga una copa de vino porque ésta quedará siempre a la mitad. Para ser sinceros, tampoco nos medimos a la hora de ser generosos pues toda la vida daremos el “pilón” ya que “¿qué tanto es tantito?” y “pocas veces se tiene de eso” por lo que hay que aprovechar y agradecer que podamos tener la oportunidad de darnos cuenta de todo ello.

La justicia en este país se maneja como el chiste del pato: “¿qué hace con una pata?” ¡Cojea! Así México al enfrentar actos delictivos en general y disimulos en lo particular; dar con cosas robadas se torna imposible, aunque sepamos a dónde van a dar; encontrar asesinos también lo es, debido a que sus familiares y amigos los esconden; los asaltantes gozan de pases automáticos en las cárceles, lo que les permite ser libres a las pocas horas de haber sido detenidos y todos hemos normalizado esas situaciones porque vemos inútiles los esfuerzos por mejorar las cosas, ya que entendemos que los procesos legales están hechos para cansar a los denunciantes y abandonen o, en el peor de los casos, su acusación se revierta en su contra y pasen a ser acusados.

Si ser justo es un término relativo, ¿cuáles son los puntos en común que nos hacen llegar a acuerdos entre todos? Ya medio mencionamos las escalas que identificamos en términos generales, como pesos y medidas (lineales y de volumen) y si en todo lo medible puede haber discrepancias, imaginemos en lo abstracto; las conceptualizaciones, como prácticas definitorias, han venido apoyándose en una interpretación vaga de lo relativo, confundiéndolo generalmente con la ambigüedad. Cuando se trata de temas escolares, hasta dan para el juego y la imaginación, pero si nos ubicamos en algo práctico como el sistema legal, la cosa cambia porque entonces pensamos en los derechos humanos de seres que, al delinquir, renunciaron a ellos.

La literatura (o la manufactura de ella) no puede estar alejada de estas consideraciones, si acaso el grupo social al que pertenecemos tiende a la supuesta “relativización” de su accionar, el escritor debe observar los cambios para apoyar los que benefician el entendimiento de la realidad y obstaculizar los que lo deterioran o pretenden imponer ambigüedades que impidan el desarrollo social. De cierta manera el escritor es un vigilante que retratará o denunciará, según sea el caso, aquello que llame su atención y crea que concentre el interés social, con el fin de establecer parámetros de decisión popular, es decir, propondrá posibilidades y dejará que el publico decida sobre lo que haría con su vida. Se puede ser convincente pero nunca determinante. Salud.

Beto

martes, 18 de julio de 2023

Los valores al escribir

Los personajes se comportarán de acuerdo
a los valores manejados. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Cualquiera de las perspectivas por las que observáramos el ejercicio de la pluma, tendría forzosamente que considerar el régimen de los valores en el orden que se desee, pero su presencia es indiscutible; incluso si el escrito a realizar tenga como esencia, el transgredir la escala prevaleciente. El valor rector de un escritor es la libertad tanto de pensamiento como de expresión, conmemorada el pasado siete de junio, representa asimismo el compromiso y la responsabilidad de exponer ideas claras y útiles para los demás puesto que, esgrimir un bolígrafo, suele ser tan peligroso como portar un arma de fuego, más en estos tiempos en que hay quienes ponen el pecho a las balas aunque el disparo no fuera dirigido a ellos y luego se quejan y acusan abuso.

Supongamos por un momento que todos nos manejamos con escalas de valores semejantes, para no decir iguales, que dichas escalas preponderan la verdad o la verosimilitud al menos, la coherencia y la libertad de expresión, por señalar algunos, el compromiso adquirido entre escritores y lectores se fundamentará en la confianza de que el primero ofrecerá historias memorables y el segundo, toda su atención; esa especie de contrato se adquiere al momento de pagar el costo y se hace efectivo cuando se abren las páginas; convierte a ambos actores en cómplices de un mismo plan para el uso de la imaginación. La valoración que haga el escritor de su lector será un acto de fe, por su parte, el lector tendrá en sus manos la prueba de su propia valoración.

¿Qué cosas de valor se utilizan o se retratan en un escrito? La intrepidez o el coraje, para crear expectación y admiración por lo hecho por los personajes; la bondad o el estoicismo, para crear vínculos; el compañerismo o la amistad, posiblemente para justificar esas relaciones en el entorno inmediato. Las escalas expuestas podrán tener cualquier orden y un análisis psicológico de la obra nos haría entender muchas cosas sobre el autor, pero la aplicación real de los valores por parte del lector, se hará según sus propias referencias y lo que suela identificar en cada lectura que haga, además del momento que esté viviendo. Quien no esté inmerso en un ambiente amoroso, se le dificultará no reparará en los pasajes de esa índole en una novela de aventuras o ciencia ficción.

Optar por una u otra obra dependerá de la situación en la que se encuentre el lector, obligado o no por circunstancias que dependan de su tiempo, ocupación y gustos arraigados; la pericia del escritor será preponderante al momento de elegir con qué valores se manejarán sus personajes y con cuáles de ellos llamará la atención de su posible público. Los indicadores como status, edad, escolarización, sirven para los estudios estadísticos, sin embargo, no se escribe pensando en ellos, pues es el lector el que decide en qué va a utilizar su tiempo, así que un público puede estar compuesto por adolescentes clasemedieros de secundaria, ancianos proletarios sin escolarización alta o adultos pudientes con maestría que tendrán diferentes opiniones sobre la misma obra aunque de diferentes pasajes. La importancia del valor. Salud.

Beto

martes, 11 de julio de 2023

Mirar el entorno

Cada espacio es un laboratorio para experimentar
la visión. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es el segundo escalón en la función que tienen nuestros ojos para desenvolvernos en este mundo; poner atención en lo que se ve sin analizarlo, sólo por el hecho de disfrutar sus colores, dimensiones o formas apunta hacia el disfrute de lo mirado. Pareciera una etapa del enamoramiento y es quizá por ello, que decidimos escribir, dibujar, pintar o fotografiar lo que miramos. Porque ya pusimos atención y comenzamos a valorar los detalles que vamos descubriendo, aquello que es útil, lo que embellece o lo que se dispone a señalar algo de interés; lo capturamos por distintas razones y el medio para hacerlo, dictará las maneras y proporcionará los formatos para que queden a nuestro gusto y puedan agradarles a los demás.

lo que nos rodea, si no ha pasado al baúl de lo poco interesante, con sus cambios puede invadirnos con sus historias llenas de costumbre que tienen la magia de funcionar como los espejos distorsionados de las ferias de los pueblos; los colores pueden ser los de siempre, pero con cada cambio de iluminación, toman diferentes brillos y texturas; si hay letreros temporales, pasarán por momentos a ser parte del paisaje pero el viento los moverá de maneras diversas cada día; lo cotidiano se transforma en novedoso una vez que cambiamos las gafas con las cuales verlo, para después absorberlo en la costumbre nuevamente, dando como resultado un juego mediante el cual mantenemos en forma nuestra capacidad de asombro, el único rasgo infantil que vale la pena seguir conservando.

Las sorpresas pueden aparecer donde menos imaginemos, dicen los entusiastas que han encontrado un nuevo sentido a su vida o aquellos que reciben un sueldo por fingir que son felices vendiendo ollas y sartenes por televisión, pero la esencia de la frase recupera su vigencia cuando la aplicamos a nuestro diario acontecer, sin permitir influencias comercializadoras ni querer influir en los demás cual predicador-cambaceador; si soportamos un momento la tentación de presumir que somos capaces de ver lo que los demás no perciben, nuestras acciones se encargarán de hacerlo por nosotros y habrá mas de uno que nos pregunte al respecto, con lo que aseguraremos que nuestras palabras sean tomadas en cuenta y valoradas en su justa dimensión.

Incluso, los propios cuestionamientos cambiarán del “¿por qué todo está mal?” al “¿qué puedo hacer para mejorar?”

Incluso, los propios cuestionamientos cambiarán del “¿por qué todo está mal?” al “¿qué puedo hacer para mejorar?” Obviamente, habrá que medir nuestras fuerzas porque no todas las batallas están a nuestro alcance ni son factibles de ser ganadas; el conocimiento juega un papel importante para adaptar la visión a lo acontecido diariamente, el saber implica la detección del más mínimo cambio y su valoración sobre la pertinencia de abordarlos. Ser conocedor del entorno nos hace voceros de lo nuevo, conservadores de lo viejo y quienes mejor disfrutan del presente; no nos proveerá de una plataforma que nos haga parecer superiores, pero sí nos mantendrá alertas, a la disposición de quienes quieran sumarse a la contemplación de lo que nos rodea, enriqueciendo así a la colectividad. Salud.

Beto

martes, 4 de julio de 2023

El reto de la mejora

A veces hay que cambiar por completo
para mejorar. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En alguna oportunidad tuve el privilegio de guiar a un grupo de jóvenes universitarios en una materia que la institución dio en llamar “Creatividad”; mi primera reacción fue preguntarme “¿cómo demonios voy a enseñarles a tener creatividad?” Suponía que eso era una facultad con la que se nacía o no, por otro lado, ¿por qué yo? Si hasta ese momento no me había visto como alguien creativo, pero otro sí lo pensó y ¡zaz! Que me dan la clase. Debo decir que al menos pasé dos noches en vela imaginando cómo sería la clase, máxime que se trataba de la carrera de Comunicación; no podía darme el lujo de ser mediocre; por supuesto, tampoco contaba con bibliografía ni una idea clara de dónde conseguirla, así que ése sería mi primer reto creativo, conseguir textos que hablaran al respecto.

Porque imaginativo sí soy, así que me propuse a indagar al respecto pero lo que encontré, debía ser interpretado desde varios puntos de vista, entendiendo de que nada de lo que había leído me sacaría del atolladero en el corto plazo. Para colmo de males, una vez iniciadas las hostilidades, mis “alumnillos de Indias” pensaron que se trataba de una materia de relleno y no se aplicaron como yo suponía debían hacerlo. Por ahí dicen que no se aprende realmente hasta que se enseña y el tener que preparar actividades que para ellos les despertara su imaginación, terminó por hacerme entender que si bien no les enseñaría a ser creativos, sí podía ayudarles a agudizar algunos sentidos para que pudieran crear a partir de elementos propuestos de diferentes calidades y los más diversos orígenes.

Usamos papel, cartón, plástico vasos y platos desechables y piezas de metal que conseguí en un deshuesadero; como dije, las cosas no caminaban a buen ritmo por lo que tuve que cambiar varias veces de estrategia, nada más que no se me ocurriera dejar tareas porque entonces sí, la puerca torcía el rabo. Tuve que hacer acopio de mi total paciencia las ocasiones en las que tuvieron a bien salir con la vieja frase confiable de “¡Ay! Se me olvidó”. Y claro que tenía actividades para contingencias como ésas, pero por muy eficaz que fuera el dalai en mí, también tengo mis límites y apliqué la de Dios es grande; excuso decirles que sí hay cabezas que funcionan bajo presión y la que ejercí sobre ellos dio frutos, ¡hasta pude presumir en la dirección que trabajaron solos!

Con lo anterior no quiero decir que la coerción sea el detonante idóneo para que la creatividad se dispare, que si bien la amenaza de reprobación funcionó en ese momento, bien pudo ser contraproducente y dejarme sin resultados que reportar a la institución; lo que aprendí es que como en todo, el convencimiento es esencial para que nos volvamos productivos utilizando la imaginación, que esa cualidad se haga transformadora del entorno y que ese lugar en donde se aplicará tenga permanencia prolongada para que pueda hablarse de cierta validez universal, cosas que constituyen la creatividad. Ser creativo, entonces, no es nacer con un don, sino un proceso donde nuestros sentidos filtrarán la información que nos rodea para mejorar en todo lo posible donde vivimos y lo que usamos. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...