martes, 21 de marzo de 2023

La familia Grande 116a. entrega

“... habrán visto también mi propio testamento”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Todos guardaron silencio, las dos figuras en la pantalla parecían tener una plática apacible, como si hubieran terminado alguna ríspida negociación de compra-venta internacional. El audio siguió su curso, el diálogo entre los dos hombres aun calmado, no fue otra cosa que la sentencia de dos seres que habían acumulado demasiado rencor como para contenerse un día más. “Bien, ya tiene lo que deseaba, seguro sus secuaces ya encontraron los documentos así que terminemos con todo esto. ¡Libéreme!” “Voy a hacerlo, eso es seguro, pero antes debo confesarle algo. La vida era triste pero tranquila, la posibilidad de encontrar el descanso para mi familia y el mío propio era remota, hasta que usted se le dio la gana aparecer, lo cual le agradezco”.

“Me ahorró una búsqueda que ya daba por inútil, también debo aceptar que cuando nos encargó ocuparnos de Estévan, algo no encajó desde el principio. Sólo tuve que apretar algunos botones, hacer unas llamadas y voilá, todo apuntó hacia usted. Lo demás lo tiene conocido”. El Gato observó su reloj y sacó de su bolsillo un pequeño dispositivo que mantuvo en su mano izquierda mientras siguió hablando. “¿Le parece extraño que tenga esto en mi poder? Es la prueba de que sus empleados no saben buscar; debe disculparme por haberle mentido porque, efectivamente, sí traje conmigo el detonador”. “Pero usted dijo que el control lo tenían sus compañeros en ¿cómo lo llamó? Su centro de control”.

“Exactamente, también le dije que quería evitarle a mi muchacho la pena de enfrentarlo en este trance; ojalá él pueda perdonarme el que le haya puesto un somnífero en su café”. Los presentes en casa de Estévan no daban crédito a lo que escuchaban. “¿De qué está hablando?”, preguntó Luis. “No tengo idea”, contestó Saúl conmocionado. “No sé qué piensen ustedes, pero creo que está a punto de cometer una locura”, dijo Sergio tratando de no mostrar su incertidumbre. “Fíjate si la conexión del detonador remoto aún está vigente, tengo un mal presentimiento, apuró Ruth a Saúl, mientras José revisaba desde su máquina los enlaces periféricos. “He estado tratando de rehacer los protocolos, pero ninguno de los enlaces responde”.

De pronto, ambas pantallas se volvieron negras, daba la impresión de que se había suspendido la energía eléctrica; unos segundos después, la imagen de Efraín apareció en el monitor principal, estaba sentado frente a la cámara vistiendo otras ropas con una actitud serena, podría decirse que nada le perturbaba. “Si están viendo esto, seguramente se ha cumplido la última parte de mi plan. Tengan por seguro que estoy tranquilo y satisfecho con el resultado. Si encontraron los documentos que acreditan a Estévan como heredero absoluto de la fortuna de los Corcuera, habrán visto también mi propio testamento junto con instrucciones... perdón, sugerencias de lo que podrían hacer con nuestra organización. Continuará.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El que no sabe

La sospecha no siempre está bien documentada. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. S ospecha. Varios son los personajes que en una novela cuestiona...