martes, 7 de marzo de 2023

La familia Grande 114a. entrega

“¿Qué más va a inventar para evadir
su responsabilidad?”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Muy dentro de sí don Emilio sintió quizá por primera vez, el desamparo que produce el sentimiento de soledad. “Tanto usted como yo, hemos hecho cosas de las que deberíamos arrepentirnos, bueno, quizás usted más que yo pero, ¿quién quiere entrar en detalles?” “Ya, termine de una buena vez. No estoy dispuesto a escuchar cursilerías tontas”. “El que usted no esté dispuesto es irrelevante. No está en posición de ordenar o discutir nada. Ahora le toca escuchar y pedir que su creador lo perdone”. El Gato se acomodó en la silla frente a Corcuera, acomodó los papeles y algunas figurillas que tenía éste en su escritorio para después posar su brazo en el descansabrazos y sostener su mentón con la mano izquierda ya que en la derecha mantuvo un pequeño auto rojo convertible.

Corcuera empezaba a impacientarse, se recargó con ambos brazos en su escritorio y apuró a Efraín a que de una vez le dijera qué quería. “Para empezar, déjeme decirle que iba a ser Estévan quien estuviera aquí negociando, pero no lo creí conveniente; supongo que ese poco de paternal que me queda, brotó para impedirle este mal momento. Además, con el único con quien tiene usted que arreglar cuentas, es conmigo”, dijo el Gato seguro de dominar la situación. “No sé qué es lo que pudiera preocuparle en lo que a mi hijo respecta”, contestó don Emilio con cierto sarcasmo. “En su boca suena muy hueco. Imagino que siempre le resultó una carga tener que verlo a diario”. “No veo la razón de esa suposición”. “Es tiempo de dejar de fingir, señor Corcuera, ambos sabemos a qué me refiero”.

“Si así lo desea”. “Bien, ya que estamos claros, permítame decirle que no vengo más que a acabar con todo lo que haya planeado para seguir interfiriendo en nuestro trabajo y, en lo posible, a cobrarme lo sucedido en el pasado”, la expresión de Corcuera cambió, ya no era el fastidio por estar soportando la trampa en la que estaba metido, sino el odio insatisfecho durante tantos años acumulado. “Entonces entiende bien, señor Gato, que lo hecho apenas retribuye un poco la afrenta que usted me hizo”. “Ahora compruebo todas mis sospechas de estos últimos días, comprenderá a su vez que no podía quedarme cruzado de brazos”. “Así como yo debía continuar la venganza por la muerte de mi tío y el engaño de mi mujer. La coincidencia fue lo más desagradable en todo este embrollo”.

“Nunca entendí ese afán de desquitarse por algo de lo que no fuimos responsables, ni siquiera la policía pudo dar cuenta del suceso. Lo he hablado largo y tendido con Estévan; nosotros nunca portamos armas y en esa ocasión, menos. Repasamos varias veces lo acontecido y todo apunta a una sola persona”. “Eso debe ser otro engaño como los que usan para engatusar incautos. Según usted, ¿quién sería esa persona?” “Espero que esté preparado para lo que va a escuchar. ¿Le resulta familiar la matrícula 456 AZF? Posiblemente no; es de uno de los carros que utilizaba su padre para algunos de sus negocios, usted sabrá cuáles”. “¡Eso es una vil calumnia! ¿Qué más va a inventar para evadir su responsabilidad? Acepte de una vez que es un vulgar asesino”. Continuará.

Beto

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