martes, 14 de marzo de 2023

La familia Grande 115a. entrega

“Tarde o temprano daría con ustedes”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Es curioso, lo mismo pienso de usted”, contestó el Gato apenas mostrando cierta molestia. Las insinuaciones continuaron por unos minutos, hasta que Efraín mostró las copias de unos documentos que incriminaban a don Abraham Corcuera en la muerte de su hermano; pudo ser un accidente o pudo ser planeado así, el hecho es que fueron sus hombres los que, de un balazo, ultimaron a Eulalio Corcuera en ese fatídico año. Lo del engaño con la esposa de Emilio estaba de más tratar de explicarlo, pues hasta para Efraín resultaba difícil creer que había sido una coincidencia, lo que importaba ahora, era dejar las cosas lo mejor posible para que cesaran las persecuciones y las muertes porque de seguir así, era inevitable un enfrentamiento fatal con Sergio.

“Ya que también estamos ciertos de que de ahora en adelante la protección de Estévan correrá a cargo de mi equipo, deseo externarle las condiciones de nuestro futuro trato”, la voz del Gato tornó de casi calmada y cínica a un tono grave. “Ni crea que voy a aceptar sus condiciones, en cuanto me libere de usted...”. “No sé por qué insiste en pensar que va a librarse, pero en fin, sólo debe decirnos en dónde tiene escondido el testamento que deja a Estévan como heredero universal de los bienes de su familia, para que el muchacho pueda disponer de ellos en cuanto usted muera”. “De nada le serviría, en estos días mis abogados deben haber terminado el nuevo testamento que lo deja sin efecto, porque la orden de su muerte sigue vigente; un plan alterno, usted sabe”.

“¿Se refiere al grupo de matones que contrató en caso de que nosotros no cumpliéramos con sus planes? Déjeme decirle que también están en custodia pues por casualidad contrataron el servicio de taxis de mi hermano Jacinto. ¿Le sorprende? Fue el único que se salvó del ‘accidente’ que usted ordenó, sí, también lo averiguamos, así como todos los ‘eventos infortunados’ en los que se encargó de fastidiar a mi familia. Pero algo de ella va a quedar, mientras la suya aquí acaba”. La sentencia dejó sin palabras a Emilio, así como a todos los que escuchaban en el departamento de Estévan. Una voz ajena interrumpió sus cavilaciones. “Sí, es lo que están pensando”, dijo Sergio con voz algo apagada. “¿Por qué se sorprenden? Tarde o temprano daría con ustedes”.

“Bien sabes que no puedes impedir que terminemos este trabajo”, atinó a contestar Saúl, antes de que Luis se le echara encima. “Técnicamente no hay delito que perseguir, veo al señor Corcuera y no parece estar a la fuerza, además de que se trata de su domicilio. Según la parte de los vigilantes del condominio, ustedes trabajan para él”, dijo en un tono de resignación que estaba muy lejos de sentir. De pronto Ruth, Rosa y José irrumpieron en el departamento, agitados como si hubieran corrido la maratón. “¡Tenemos que salir de inmediato! Acabamos de ver patrullas afue...”. “Sí, también nos acabamos de enterar”, respondió Luis un poco más clamado. “Dejémonos de cosas, tenemos que seguir monitoreando los movimientos de Efraín”. Continuará.

Beto

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