martes, 30 de agosto de 2022

La familia Grande 87a. entrega

“Desde pequeños, Abraham tuvo que responsabilizarse
por sus hermanos” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Y es que Abraham Corcuera creía tener la obligación de cuidar la reputación de sus hermanos, aunque su fama -incluido él- superara sus esfuerzos de mantener una imagen de honestidad y buenas conciencias; la causa de que sus hermanos Eulalio el segundo y Vicente el menor no tomaran tan en serio sus amonestaciones, era porque en alguna de sus escapadas nocturnas había desposado a la primera tiple de una reconocida revista musical que Eulalio producía, para comidilla de la alta sociedad capitalina de ese tiempo. Abraham tuvo que invertir mucho tiempo y dinero para hacer de la fama de su mujer algo respetado por todos, llegó a inventarle un pasado casi cortesano en alguna sociedad europea en la que, por mala suerte, su familia había perdido todo.

Los libros de historia se encargarían del resto, un tiempo por tergiversar los hechos y posteriormente, por su desaparición de esas páginas. La vida en esas condiciones transcurría en periodos de paz seguidos de etapas convulsionadas que le tocó a Emilio el primogénito de Abraham y orgullo del clan entero, poner remedio definitivo, lo que implicó la desaparición de un prominente periodista que estaba metiéndose demasiado en asuntos que no le concernían y la muerte de la compañera que trabajaba con él en ese momento, en la escena sólo encontraron el cuerpo de la mujer. Obviamente, todo fue silenciado y negaron toda participación, al más puro estilo de los gobiernos de ese tiempo, corría la década de los setenta.

Otro detalle que hacía célebres a los famosos hermanos era su longevidad, en ellos parecían cumplirse las proverbiales palabras “hierba mala nunca muere”, las cuales repetían continuamente para sí mismos con mucho orgullo, aseguraban que así debía ser ya que no habían sido una familia numerosa, característica que repetirían en sus propios matrimonios pero por distintas razones a las de sus padres que tuvieron que salir huyendo de España y no podían cargar con más de tres, por otro lado, su muerte prematura selló en definitiva el número de hermanos que serían eso sí, muy unidos y con un sentido de protección algo torcido. Abraham tuvo que dedicarse un tiempo a estafar turistas en París o a jugar apuestas en Bruselas con el fin de alimentar a sus hermanos.

Su llegada a México como polizones en un barco carguero en 1910, vino a abrirles posibilidades que no hubieran imaginado tener en Europa; los días convulsionados por la Revolución les obligaron a buscar adaptarse lo más pronto posible, para ello la simpatía y don de gentes de Eulalio, les consiguió gozar de los favores de varios de los “científicos” que quedaban en activo una vez terminada la dictadura porfiriana, personajes oscuros algunos de ellos que necesitaban hacerse de recursos e información para mantenerse en el gabinete de Madero, para ello estaba hecho Abraham, que sabía medir los ritmos de la ambición y los intereses que ésta crea. El equipo Corcuera funcionaba a la perfección, Eulalio concertaba citas, Abraham era el operativo y Vicente el financiero. Continuará.

Beto

martes, 23 de agosto de 2022

La familia Grande 86a. entrega

“Él y sus hermanos supieron siempre colocarse
a la sombra del poder”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La riqueza de los Corcuera se había fincado desde la Revolución, a decir de algunos miembros de la “corte” porfiriana, se trataba de una familia de advenedizos que se unieron a las filas del maderismo para ver de qué podían apoderarse, no se les reconoció nunca alguna acción bélica de trascendencia, tan sólo se sabía que habían sido muy hábiles para colocarse cerca de los personajes que iban ostentando el poder; el episodio más oscuro en el que se les ubicaba era el supuesto apoyo que brindaron a Victoriano Huerta para ejecutar a Madero y a Pino Suárez, sin que necesariamente hubieran estado presentes, algo que evidentemente ellos siempre negaron con la misma cantaleta: “¿usted cree que nuestro sentido patrio lo hubiera permitido?”.

Todos los conocidos de esa época concordaban en que el abuelo de Estévan había sido el artífice de la traición, facilitando la información a los soldados bajo las órdenes de Huerta sobre la ubicación del presidente esa fatídica noche, acción que vino a beneficiarlo con la primera de muchas concesiones que él y sus hermanos disfrutaron en el futuro colocándose siempre en las cercanías del poder, eso sí, con la habilidad de saber siempre cuál era el “bueno”; así, desde Pedro Lascuráin y Francisco Carvajal, la posición de los Corcuera se vio beneficiada con permisos para explotar minas o sembrar en terrenos que nadie reclamaba, al menos eso decían ellos, pero su golpe maestro lo dieron en 1915, estando Roque González en la silla.

Dada la premura de su interinato, parecía que el presidente González no se daba cuenta de que estaba entregando algo que en el futuro sería primordial para la industria petrolera que tenía que ver con el refinamiento del crudo, esto era la comercialización y distribución de químicos en exclusiva, la cual se haría patente a partir de 1938; los planes de expropiación, a decir de algunos, venían gestándose desde el gobierno de Álvaro Obregón, pero no se habían materializado debido a lo convulsionado que se encontraba el país entonces, sin embargo, los Corcuera tuvieron la paciencia de esperar el momento oportuno para cobrar la factura, gracias a que en el camino iban enterándose de asuntos turbios de cada uno de los candidatos y futuros presidentes de la República.

Pero el petróleo no fue lo único en lo que incursionaron, la explotación de la plata en Zacatecas y Guanajuato vio cómo la mano del menor de los hermanos hacía de las suyas gracias a que su ambición no estaba peleada con la discreción, es decir, fue lo suficientemente inteligente como para no aparecer ante ninguna autoridad como responsable de las excavaciones y manejar con mano dura a cada uno de sus prestanombres; el de en medio, más dado a la farándula, se hizo de permisos para distribuir licores en centros nocturnos de su propiedad, ideados para el solaz de políticos y empresarios, algo que don Abraham Corcuera, padre de don Emilio, nunca vio con buenos ojos, aunque más de una vez salió favorecido de esos servicios. Continuará.

Beto

martes, 16 de agosto de 2022

La familia Grande 85a. entrega

“¿De verdad creen que alguno de éstos
es responsable?” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El nuevo día sorprendió a los dos fabricándose conjeturas sobre los enemigos que habían hecho a lo largo los años, así los encontró el Gato, se acercó sin que lo notaran y le asombró lo que habían descubierto, después del saludo matutino y el consabido café, les cuestionó sobre el hallazgo. “Hemos estado buscando mal; si alguien no quiere ser encontrado nunca aparecerá. Lo que debemos hacer es sondear a quienes están alrededor”, afirmó Ruth con autoridad. “Es algo complicado a estas alturas, ha pasado mucho tiempo”, dijo Efraín aún sin entender. “Pero no hay lucha que la que no sa hace”, respondió Saúl extendiéndole un papel que contenía una lista de nombres en la que destacaban algunos conocidos de ellos, víctimas de varios de sus trabajos.

“¿de verdad creen que alguno de éstos es el responsable de que tengamos a la policía pisándonos los talones?” increpó el Gato con un tono entre la sorpresa y la retórica. “¡Y no sólo de eso! Creo que ha estado cerca de nosotros desde siempre”, afirmó Saúl mientras Ruth asentaba con la cabeza. Efraín caminó hacia la ventana que daba a un jardín, asomó para perder la mirada en el horizonte apenas iluminado por los primeros rayos del sol; ¿sería posible que cada paso que dieron había sido vigilado, pero ¿quién habría tenido el interés y para qué? Era cierto que sus trabajos se interpusieron a prácticas deshonestas y a espionajes corporativos y que sus métodos estaban fuera de la ley, pero no consideraba que tuvieran tal importancia como para que fueran objeto de vigilancia continua.

Un nombre resaltó de entre todos, Sergio aparecía circulado como lo había sido en otras ocasiones en los que discutían su participación en muchas de las redadas en las que habían estado a punto de caer; obviamente era alguien inteligente pero por lo mismo, habían tenido el cuidado extremo de no dejar que se filtrara ninguna información en la familia, relativa a sus operaciones, pero el hecho era que su hermano adoptivo era un elemento de la policía, uno muy bueno a decir de sus superiores y quienes lo conocían. La única mancha en su expediente, era el no haber atrapado a la banda que había perpetrado tantos asaltos a prominentes empresarios capitalinos que clamaban justicia, a pesar de que los casos no tenían el suficiente sustento.

Claro, tampoco podían exigir demasiado porque lo que el gato y su grupo había entorpecido, generalmente eran actividades que salían de la legalidad y que eran por propio encargo, como lo que actualmente estaba en curso y que de pronto parecía sospechoso. Cada instante que mantenían al joven heredero de los Corcuera, éste se veía ajeno a lo que su padre les había confiado, pero ¿qué tan probable era que el gran empresario quisiera deshacerse de su hijo? La versión que el joven daba sonaba descabellada en algunas de sus partes, como sacadas de una novela de intrigas; justo la lista se cerraba con el nombre del prominente empresario, Saúl y Ruth dejaron ver sus dudas al respecto de que el trabajo que les encomendó fuera tan inocente como un simple castigo. Continuará.

Beto

martes, 9 de agosto de 2022

La familia Grande 84a. entrega

“¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria?”
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Algunas otras cosas no encajaron durante el tiempo que duraron los trámites, por ejemplo, la insistencia de un detective judicial de realizar la autopsia y la rotunda negativa del médico a realizarla, una lucha de egos se dijo en su momento; el repentino interés de Saúl de revisar las pertenencias de su madre, principalmente de las libretas que usaba para apuntar sus pendientes, porque no usaba agendas pues decía que no quería que otros controlaran su tiempo y un número telefónico anotado en el pequeño block a un lado del aparato. El impulso guardarlo emergió en Saúl desde el fondo de sus entrañas y, para no perderlo u olvidarlo, mandó hacer una sencilla esclava en la que le grabaron con él la parte interior. Claro que muchas veces trató de comunicarse, pero sólo tenía como respuesta el timbre de llamada.

“¿A dónde te fuiste? Llevas allí sentado más de una hora sobándole a la esclava”, preguntó Ruth un tanto intrigada. “Nada en realidad. Al menos nada que la paciencia no supere”, contestó Saúl que parecía haber envejecido varios años en pocos minutos. “Volviste a Austria ¿no? ¿Hasta cuándo vas a dejar de culparte? No podías haber estado en dos lugares a la vez”. El tono maternal que estaba usando la mujer logró acentuar la nostalgia que Saúl sentía en ese momento, los ojos se le rasaron con lágrimas que tomaron un sabor extraño, de ésas que salen una vez cada mucho tiempo. “¿Es por tu madre o por otra cosa?” “Son muchas, tantas que ya no sé a qué poner atención”. “No, esa mirada no es por lo que se fue, sino por lo que pudo haber sido. La conozco perfectamente.

Nunca debí contarte lo que viví en Austria, sabes demasiado de mí”. “Sólo lo suficiente para cuidarte las espaldas, viejo cascarrabias”. Rieron con la complicidad que de el trato prolongado y cercano. “Aún la extrañas”. “¿ A quién te refieres?” “¿De verdad quieres jugar conmigo? Bien sabes que a la ‘güera’”. “Por supuesto, después de tantos años pareciera que la esperanza no ha muerto”. “Yo que tú no dejaría de buscar”. “Eso es lo que he hecho, aún conservo los datos del restaurante y de la casa donde vivía, pero es como si la tierra se la hubiera tragado. No entiendo cómo alguien puede desaparecer de esa manera; la única vez que pude volver, ya nadie sabía de ella y ni siquiera quedaba alguno de sus compañeros de trabajo”. “¿Y es cierto que nunca supiste su nombre?” “Sí, fue la mayor estupidez de mi vida”.

“Estúpido o no, a mí me parece muy romántico, más la parte en la que pareciera que se ha ocultado para que la encuentres”. “Un juego demasiado cruel ¿no crees?” “Bueno, a menos que no lo hubiera planeado y la forzaran a alejarse de ti”. “Suena a telenovela, ¿quién tendría in..?” Detuvo en seco la interrogante, de pronto varias cosas parecían encajar. “¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria? ¿Y si todo lo negativo que nos ha pasado tuviera algo que ver?” “¿Lo crees?” “Así las cosas tendrían lógica; las muertes, los secuestros, la supuesta suerte. Alguien ha tenido que ver con todo esto”. La convicción en sus palabras puso en alerta a Ruth que no alcanzaba a entender a qué se refería exactamente, además ¿quién tendría el interés o el poder de hacerles daño de esa manera? Continuará.

Beto

martes, 2 de agosto de 2022

La familia Grande 83a. entrega

“Tomó la mano de la mujer que lo había hecho
todo por él”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En el aeropuerto ya lo esperaban Efraín y Luis, ambos con un semblante poco promisorio; trataron de calmarlo diciéndole que la familia del Gato la cuidaba mientras el papá de Luis proveía de lo necesario para su mantenimiento. a todo decía que sí, pero sus pensamientos iban y venían de una imagen catastrófica a otra, en su interior deseaba con todas sus fuerzas que su madre se compusiera pero en el fondo sabía que sería muy difícil que eso sucediera. Tan ensimismado estaba, que no se dio cuenta a qué hora llegaron a su casa, esto le sorprendió pues suponía que estarían atendiéndola en algún hospital, a lo que le aclararon que ése no era el deseo que su madre había externado, puesto que deseaba morir, si es que eso sucedía, de la manera más digna posible, sin que tuvieran que entubarla ni conectarla a alguna máquina.

El impacto fue tremendo, aquella mujer otrora vigorosa y llena de planes estaba reducida a un pequeño bulto que apenas ocupaba una porción de la cama matrimonial, regalo de los abuelos paternos de Saúl cuando recién se había casado con su padre; casi saltando sobre un taburete, se acercó y tomó la mano de la mujer que se había abocado a su cuidado sin restricciones y que, aunque nunca rompió relaciones con su familia política, no recibió ayuda de ellos, así que tuvo que vérselas sola en un mundo que pasaba por la transición de tener lástima por las mujeres abandonadas a la de aceptar que hay relaciones que simplemente terminan sin razón aparente. Y allí estaba, tratando de consolar a su hijo en el cual había depositado sus esperanzas de tener el mejor de los futuros posibles.

Los sentimientos encontrados provocaron que las palabras se hicieran nudo en la garganta del muchacho; por un lado su escepticismo le decía que ahí terminaba todo y por otro, la gran religiosidad de la mujer le obligaba a mostrar respeto y esperar de verdad que fuera al lugar que ella le había platicado desde niño que iban las almas que partían de este plano. La tristeza de no volver a verla y la alegría de que partiría conforme con lo que había logrado, le creaban imágenes contradictorias en la cabeza a Saúl. Su madre extendió la mano hacia su frente con la señal de la cruz y con la mirada indicó a Efraín y a Luis que se acercaran también para recibir la bendición; no hubo en la vida de esos tres, una escena más conmovedora que ésa en que la moribunda reiteraba su alegría de verlos como hermanos.

Como un relámpago, el último suspiro recorrió de su rostro a su mano dando un apretón que Saúl atesoró por todos los días de su propia vida, pero aún antes tuvieron tiempo, él para agradecerle todo lo que había hecho y ella, para recomendarles que extremaran precauciones y se cuidaran mucho en ese trabajo extraño que emprendían juntos; pasó el muchacho su palma sobre los ojos de la mujer, en silencio le reiteró su promesa de ser precavido y velar por los demás. Una extraña tranquilidad lo invadió, dibujó su rostro una leve sonrisa, besó loa mano de su madre y dirigiéndose a Efraín, pidió que se hiciera cargo de los detalles funerarios mientras él, en compañía de Luis, escogía la vestimenta con la que enterrarían el cadáver. Pero antes, buscó algo en los cajones del buró, con cierta prisa. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...