martes, 26 de julio de 2022

La familia Grande 82a. entrega

“Esas observaciones lo hacían más metódico”.
Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Si Efraín se hubiera enterado de sus pensamientos en ese instante, seguramente le diría que le pasaba lo mismo que a la lechera de la fábula, que en el camino al mercado ya tenía comprados una serie de animales y una granja donde meterlos y aún no vendía ni un litro de leche, pero estaba seguro que a él no se le caería el bote ni dejaría sus sueños a la mitad. Por el contrario, confiaba en que la sinceridad de la mirada de la güerita le garantizaría al menos, que lo pensaría y ¿por qué no? que aceptara su propuesta aunque fuera para probar. La esperanza lo mantenía optimista y jovial, su rendimiento en clases aumentó de la misma manera que sus calificaciones, lo que le garantizaba la extensión de la beca o la oportunidad de pedir otra.

Saúl mismo se sorprendió de sus propios pensamientos, nunca había considerado una vida matrimonial, bueno, ni siquiera que en algún momento fuera a tener la suerte de atraer a alguna mujer, pero allí estaba, en un país extraño apoyado por dos individuos que prácticamente acababa de conocer y siendo partícipe de la vida de una beldad europea; al paso de las semanas, la relación fue fortaleciéndose y el celo de los compañeros meseros de ella desapareció dando lugar a un trato muy familiar para con el mexicano que con ello, se veía como un reconquistador del “penacho” de Moctezuma, algo que a todos les hizo gracia hasta que, con un gesto serio Saúl les comentó un plan para robarlo y regresarlo a México. El estupor los aplastó por unos segundos y entonces tuvo que aclararles que era una broma.

Lejos estaba de imaginar que el esquema que había ideado, le serviría como base para los futuros asaltos que llevaron a cabo en los años siguientes, por algo insistía en visitar los museos de la ciudad y comer o pasear por sus alrededores. Esas salidas le permitieron trabajar en la tesina que presentaría como trabajo final, por supuesto, disfrazado de un sistema de seguridad para recintos de alta gama manejados por ordenadores electrónicos, una especie de sistema inverso de protección. Sólo a su virtual mujer le comentó sus ideas, las que ella tomó de buen humor puesto que ese mismo esquema mental le proporcionó una forma muy imaginativa de producción artística y le pidió autorización para usar su metodología en su propio trabajo de la carrera, algo que llenó de orgullo al muchacho.

Esas observaciones le hicieron más metódico, más que el propio trabajo en la universidad a la que asistía y todo hubiera sido placentero hasta que recibió un telegrama que le indicaba que debía presentarse en México con carácter de urgente debido a la repentina precaria salud en la que se encontraba su madre. El sobresalto fue mayúsculo y sólo tuvo tiempo de dar aviso a la escuela, despedirse de sus amigos y su novia y tomar el vuelo de regreso a México; fueron las catorce horas más angustiantes que había vivido hasta ese momento y únicamente pensaba en llegar para poner solución inmediata a la situación de su progenitora. Confiaba en ello y en cumplir la promesa de regresar a Austria a la brevedad para casarse con su “güerita”, aunque poco espacio le quedaba en la cabeza para pensar en eso. Continuará.

Beto

martes, 19 de julio de 2022

La familia Grande 81a. entrega

“Saúl resolvía unos problemas de física mientras
sus padres discutían”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Él, lo único que esperaba era volver a verla, el enamoramiento en el que había caído lo tenía reconciliado con la vida; los tiempos en que vio a su familia desmoronarse por las infidelidades de su padre estaban quedando en el pasado, al menos eso quería pensar ya que las pesadillas en las que recordaba el accidente donde había perecido su hermana del cual se culpaba por no haber ido a acompañarla, habían disminuido, sin embargo, la razón por la que se negó de ninguna manera compensaba la que ella externó para aislarse de su casa con ese viaje. No estaba huyendo, sólo se tomaba esas vacaciones para no cargar en sus hombros con la responsabilidad de tomar partido por alguno de sus progenitores, sin sospechar que su percance aceleraría el proceso de separación.

La noticia les llegó la misma tarde del incidente, Saúl resolvía unos problemas de física que le había enviado Luis, ya que esa mañana no se presentó a clases por un asunto al que acompañó al Gato por haber ganado un volado entre los dos; sus padres discutían la razón por la que su padre había dado el permiso para que la muchacha fuera al viaje cuando su mujer se lo había negado. El timbre del teléfono ceso al ser levantado el auricular por el señor (), la sangre se le fue a los pies y ni los reclamos de su mujer le hicieron reaccionar hasta que, una vez concluidos los servicios funerarios, sin decir una palabra a ninguno de los dos, se marchó y nunca más supieron de él.

Esa semiorfandad en la que de pronto se vio pudo haberle hecho blanco de las bromas del grupillo de facinerosos de la prepa, si no hubiera sido por la intervención de Efraín y Luis, que en todo tiempo lo cuidaron conscientes de que sus obligaciones como “hermanos” era protegerlo. Siempre lo agradeció, aunque a veces no se enteraba de que lo habían salvado, como aquella ocasión en que el el quipo de básketbol de la escuela disputaba un encuentro en contra de la Preparatoria del Centro, una institución particular que buscaba, mediante el deporte también, posicionarse en la ciudad; el “Fideo” y sus compañeros habían planeado bajarle el short s Saúl mientras éste tomaba fotos del partido para el periódico escolar, acto que no se cumplió gracias al Gato y a Luis.

Además de esa protección, estaba la de toda la familia Grande, que lo acogió como uno más con los mismos privilegios y él, por su cuenta, asumió los obligaciones en correspondencia a tal distinción; con ellos aprendió a ser cuidadoso y protector, costumbre que extendió hacia su madre hasta los últimos días de ésta y que por esos días, encontraba en la hermosa austriaca, un medio más para ampliarlo. La noche se presentaba propicia para miles de remembranzas y planes a futuro---, se veía presentando a la rubia a su círculo de amistades, a su madre, invitándolos a ser partícipes de la alegría a la que pensaba abandonarse con ella, siempre con ella, visitando los lugares más remotos de México, sólo faltaba un detalle, convencerla. Continuará.

Beto

martes, 12 de julio de 2022

La familia Grande 80a. entrega

“Evangelina fue muy clara con todos ellos”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los trataron de “amantes de judíos”, les congelaron sus cuentas bancarias y los acusaron de conspirar contra el régimen, algo que el pangermanismo hubiera condenado abiertamente, pero que en el cierre de la primara mitad del siglo veinte, se había distorsionado desde una perspectiva doctrinaria. La decisión de que Evangelina se hiciera cargo del negocio se dio de manera natural, viuda y sin hijos, podía dedicarse a él de tiempo completo porque tampoco hizo mucho por hacerse de una nueva pareja y no fue porque no tuviera oportunidades -algunas de las cuales aprovechó en su momento- sino porque varias de ellas pretendían llevársela a otros lares y los que más, atarla a una vida hogareña que francamente no le atraía en lo más mínimo.

Evangelina pudo decidir sobre los destinos de la casa como de su propia vida, allí había visto desfilar un sin fín de pretendientes de todo tipo, algunos adecuados para las ínfulas aristocráticas de sus parientes y otros no tanto. A ninguno hizo caso más allá de sus muy particulares gustos, pero siempre fue honesta con todos ellos; sólo uno se le puso “flamenco” alegando derechos de sangre azul, alcurnia o vaya usted a saber qué más, las lógicas de cada uno no concordaron en absoluto y el hombre osó entonces sustraerla de su casa a la fuerza, atrevimiento que pagó con creces durante un buen tiempo. Lo bueno de ello es que una organización sin fines de lucro que daba asistencia a personas de la tercera edad se vio beneficiada.

Pero la insistencia no quedó ahí, las peticiones, los ruegos y los reclamos amorosos se multiplicaban y aderezaban con escenas de celos dignas de las incipientes telenovelas que comenzaban a pulular, principalmente en hispanoamérica; la rebelión juvenil de los cincuenta y sesenta les pasó de largo pues no coincidió con su adolescencia, así que ni pensar en modas exóticas del amor libre en exclusividad y abiertamente, ella prefirió siempre el encanto de la discreción y el acuerdo temporal, que resultó más revolucionario que las ondas hippies. Lo importante, como ella misma sostenía, era mantenerse en una elegante distancia que mantuviera la curiosidad pero sin tentar a las pasiones abrasadoras que a nada conducían, menos para una mujer “sola”.

Los relatos que a veces confiaba a sus comensales, le ponían los pelos de punta a Saúl, que rezaba por que “su” güerita no fuera a tomarlo de la misma manera, aunque la década de los ochenta también tenía lo suyo en rebuscamientos sociales, cuyo reflejo parecía darse en lo estrambótico de la ropa y los peinados. Evangelina lo calmó diciéndole que las generaciones habían cambiado porque la suya había visto el riesgo y la educación que brindaba seguía el derrotero de la disciplina, con lo que ella no contaba es que la respuesta generacional voltearía precisamente a los devaneos de la suya, como decían las abuelas, los ochenta “abuelearon” y se volvieron consentidores, que algo de ello sabía muy bien el grupo al que pertenecía Saúl. Continuará.

Beto

martes, 5 de julio de 2022

La familia Grande 79a. entrega

“Soñaba con las cortes vienesas caminando
en esos pasillos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Les contó su día y lo que había sucedido, incluso el incidente con su amiga y el vestido prestado, lamentó haber faltado a la cita con ellos pero confiaba en que pudieran comprender la situación; se alegraron de que todo le hubiera salido muy bien, lo que se imponía en ese momento era festejar con un buen pastel austriaco y un café de Jalapa. Saúl tuvo miedo de preguntar cómo fue que un kilo de café había pasado las aduanas europeas, puesto que conseguirlo legalmente por allá en esos años resultaba carísimo. La aromática infusión inundó de inmediato la estancia, que no debió significarle demasiado esfuerzo puesto que el piso que ocupaban era muy pequeño, aunque habían tenido la suerte de encontrar uno que no compartía el baño con los demás departamentos del vetusto edificio.

La casera, una mujer entrada en años pero muy lúcida, contaba que ésa era una casa de veraneo de unos parientes muy pudientes en el tiempo de Bismark cuya desgracia acaeció en el momento en que decidieron seguir ideas contrarias  al régimen que estuviera vigente, el golpe fatal lo recibieron cuando espías alemanes los sorprendieron ayudando a varios judíos que huían del nazismo; habían perdido su fortuna y, por supuesto, la casa. Después de mucho tiempo, con la apertura que los gobiernos austriacos implementaron en el país, los sobrevivientes hicieron gestiones para recuperarla, lo que les exigió una gran inversión de tiempo y dinero, pero con una idea magistral, lograron hacerse del inmueble que milagrosamente se había conservado.

La idea era ceder a las autoridades un ala de la construcción para fines culturales, dada la historia que se observaba en esos muros y los usos que había tenido durante todo ese tiempo, el Instituto de Cultura no tuvo empacho en aceptar la oferta, a cambio de permitir que la familia pudiera habitar la parte cuyo interés fuera mínimo; por supuesto no iban a meterse todos en esas paredes, menos cuando todos ya gozaban de una posición, así que decidieron convertir esa parte en un hostal a cargo de Evangelina, la dama en cuestión, teniendo a los demás como socios del negocio. No se había recuperado del todo la construcción, pero de alguna forma habían garantizado que la memoria familiar no se perdiera e, incluso, se difundiera.

Por el tiempo en que, de niña, Evangelina escuchaba las historias de lo sucedido en esa construcción, soñaba con las cortes vienesas y la aristocracia deambulando por esos pasillos iluminados en toda su extensión, con muebles que mostraban más la opulencia que la utilidad y los ventanales que le gritaban al mundo que en esa casa era factible vivir un cuento de hadas, mucho antes de darse cuenta de que todo en la vida tenía un precio y el que su familia tuvo que pagar había sido muy alto. Hasta esa fecha no comprendía cómo es que una creencia podía marcar a un ser humano para ser objeto del odio de otro, tomando en cuenta que ninguno de sus antepasados se había aprovechado de nadie, ni siquiera de aquellos a los que había ayudado. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...