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| “Las figuras aprovecharon para danzar en el cielo raso”. Foto: BAER |
Terminó en silencio lo que había pedido, alguien le entregó la cuenta unos minutos despues de solicitarla, se encaminó a la puerta y al abrirla buscó entre las mesas, que parecían haberse ocupado de pronto, a la rubia, la encontró, se despidieron con una señal discreta y enfiló hacia el cuarto que compartía con los “mellizos”. Sus pasos hacían juego con el bullicio de una calle que cambió su rostro en menos de dos horas; al estar frente a la puerta de entrada, reparó un instante pues no se dio cuenta del momento en que atravesó tanta calle. Se encerró en el cuarto para repasar lo que había vivido en esos días además de los sentimientos que eso le provocaba; dos bellezas totalmente iguales pero una era totalmente cercana como para llenarlo de entusiasmo.
Recostado en su cama, tomó como referencia los pliegues que tenía el techo para dibujar mentalmente las escenas que había “descubierto” noches atrás con las sombras que producía la luz de su lámpara; le costó trabajo recordarlas todas y localizarlas puesto que las producidas por la luz de la ventana no eran las mismas. Surgió una nueva que curiosamente implicaba a una rosa, un pastel y dos figuras humanas tomadas de la mano, seguro estaba de que una era mujer y la otra, no terminaba por definirse, aunque para el caso, no importaba. Si hubiera querido, la figura inconclusa podía ser él y la mujer, la rubia; seguía pensando en ella así porque ni siquiera había sido capaz de preguntar su nombre, lo bueno es que tendría la oportunidad de hacerlo en unas horas.
Los párpados se le cerraron por unos instantes, mismos que las figuras del cielo raso aprovecharon para danzar por el espacio que tenían disponible; una de esas personas tomó la rosa y poniéndosela en la boca corrió formando círculos cada vez más grandes hasta abarcar la frontera con las paredes en una carrera frenética sin destino definido, mientras tanto, la otra parecía divertirse con el espectáculo a la vez que daba grandes mordiscos al pastel en una pose que sugería que pronto se sumaría a la carrera. Una vez que hubo concluido con ese manjar, con grandes saltos se dio a la tarea de perseguir a la primera a la que atrapó al tercer intento; rodaron por una colina y todo volvió a la calma. Continuará.
Beto




