martes, 31 de mayo de 2022

La familia Grande 74a. entrega

“Las figuras aprovecharon para danzar
en el cielo raso”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los minutos transcurrieron sin que ninguno se diera cuenta, hasta que uno de los compañeros de la muchacha interrumpió solicitándole un número, quizá una clave, Saúl no entendió en realidad. Eso hizo que ella recordara para qué estaba allí. “Bien, ¿qué le ofrezco de tomar?” “Es cierto, a eso entré; un té y una rebanada de eso que parece pastel de chocolate”. “¿Gusta que le traduzca alguna otra cosa de la carta?” “No, gracias, en realidad no tengo apetito, con eso será suficiente... y con algunos minutos de conversación contigo, si fuera posible”. No supo en ese momento de dónde había sacado tal arrojo, él que nunca se atrevió a hablar con desconocidos, ahora se manifestaba casi como un conquistador, gesto que la rubia contestó con un “salgo a las dos”.

Terminó en silencio lo que había pedido, alguien le entregó la cuenta unos minutos despues de solicitarla, se encaminó a la puerta y al abrirla buscó entre las mesas, que parecían haberse ocupado de pronto, a la rubia, la encontró, se despidieron con una señal discreta y enfiló hacia el cuarto que compartía con los “mellizos”. Sus pasos hacían juego con el bullicio de una calle que cambió su rostro en menos de dos horas; al estar frente a la puerta de entrada, reparó un instante pues no se dio cuenta del momento en que atravesó tanta calle. Se encerró en el cuarto para repasar lo que había vivido en esos días además de los sentimientos que eso le provocaba; dos bellezas totalmente iguales pero una era totalmente cercana como para llenarlo de entusiasmo.

Recostado en su cama, tomó como referencia los pliegues que tenía el techo para dibujar mentalmente las escenas que había “descubierto” noches atrás con las sombras que producía la luz de su lámpara; le costó trabajo recordarlas todas y localizarlas puesto que las producidas por la luz de la ventana no eran las mismas. Surgió una nueva que curiosamente implicaba a una rosa, un pastel y dos figuras humanas tomadas de la mano, seguro estaba de que una era mujer y la otra, no terminaba por definirse, aunque para el caso, no importaba. Si hubiera querido, la figura inconclusa podía ser él y la mujer, la rubia; seguía pensando en ella así porque ni siquiera había sido capaz de preguntar su nombre, lo bueno es que tendría la oportunidad de hacerlo en unas horas.

Los párpados se le cerraron por unos instantes, mismos que las figuras del cielo raso aprovecharon para danzar por el espacio que tenían disponible; una de esas personas tomó la rosa y poniéndosela en la boca corrió formando círculos cada vez más grandes hasta abarcar la frontera con las paredes en una carrera frenética sin destino definido, mientras tanto, la otra parecía divertirse con el espectáculo a la vez que daba grandes mordiscos al pastel en una pose que sugería que pronto se sumaría a la carrera. Una vez que hubo concluido con ese manjar, con grandes saltos se dio a la tarea de perseguir a la primera a la que atrapó al tercer intento; rodaron por una colina y todo volvió a la calma. Continuará.

Beto

martes, 24 de mayo de 2022

La familia Grande 73a. entrega

“Seguramente ya lo adivinó, se trata de mi
hermana gemela”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “¿Puedo servirle en algo?” Saúl levantó lentamente la mirada y no pudo más que enmudecer; “si no le parece la forma en cómo hablo español, puedo ir a buscar a alguien más”. “No te vayas, es que...”. Sintió cómo el color le invadía el rostro sin darse cuenta que con ese dejo de desesperación, le había tomado la mano a la muchacha que apenas dos días antes le había arrebatado la tranquilidad. Los ojos azules de la mesera se le clavaron de inmediato pero ésta guardó compostura y le pidió amablemente que la soltara; la vergüenza creció en el interior de Saúl que no encontró rápido las palabras para disculparse. “Sé que tú no deber haberte percatado de mi existencia pero yo llevo dos días sin poder apartarte de mi memoria”, al fin pudo decir con algo de dificultad.

“No tengo idea de lo que dice, no recuerdo haberlo visto por aquí”. “Eso lo sé, no fue aquí”. “Qué extraño, yo no he salido del café, este fin de semana ha estado muy ocupado”. Saúl estaba entrando en el estado que más detestaba, nunca había soportado que la duda lo invadiera, más por sentirse ridículo que por la supuesta equivocación en la que pudiera incurrir, así que las palabras de rubia lo ponían en una situación que estaba fura de su control. Otro de los meseros se acercó: “Ingerdein problem?” “Keiner”, contestó la chica con la calma de sentirse protegida. “Es que estoy seguro de que eras tú; no creo que haya dos mujeres con tu belleza”. Los ojos femeninos se rasgaron con una mezcla de entendimiento y diversión, por lo que sonrió complacida.

“Agradezco en lo que valen sus palabras pero creo entender lo que sucede; imagino que fue en Stockerau”. “Ya ves que sí lo recuerdas”, interrumpió Saúl inquieto. “Insisto, no puedo recordar algo que no viví”. “Entonces, ¿cómo es que sabes que fue allí?” “Porque sé que vio esta cara pero no precisamente a mí; seré curiosa, ¿la mujer que vio lo miró a usted?” “Seguramente lo hubiera hecho si mis amigos no me hubieran apartado del camino hacia ella”. “Ahí lo tiene, aunque hubiera llegado, ella no lo hubiera visto, es ciega y sí, seguramente ya lo adivinó, se trata de mi hermana gemela”. “Pero no es posible”. “¿Qué parte, que sea mi hermana o que sea ciega?” Una risa nerviosa hizo presa del muchacho, incrédulo de lo que escuchaba.

Las dos trabajábamos aquí, pero en un accidente de auto, mientras salía de una fiesta, se golpeó la cabeza y sus ojos se apagaron posiblemente para siempre”. “Lamento escucharlo, entonces ahora canta para vivir”. “Así es, dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana; pero no sé por qué le cuento todo esto. No creo que le interese escuchar una triste historia sobre dos mujeres comunes y corrientes”. “para nada me parecen ni lo uno ni lo otro. Entonces ¿están dedicadas cada una a estas actividades de tiempo completo?” “No, lo hacemos para pagar nuestras carreras; ella se interesó en la música y yo en historia del arte”. Con cada palabra, ambos sintieron que empezaba a formarse un vínculo en el que la empatía se daba de manera natural. Continuará.

Beto

martes, 17 de mayo de 2022

La familia Grande 72a. entrega

“Unas palabras un poco rasposas lo sacaron
de su concentración”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Sí, eso haría, ¿qué podía pasar? ¿Acaso no le habían dicho que le ayudarían en lo que fuera? Claro que estaba lo del dinero, pero para cuando lo tuviera ya tendría un itinerario acorde a su austeridad. Por lo pronto Viena tendría que paliar sus ansias contenidas ya que tampoco se trataba de desperdiciar el viaje. Era el tercer día, la víspera del regreso a las actividades normales y la capital debía ser recorrida con una minuciosidad casi arqueológica pues, a pesar de vivir en ella, el programa de estudios les dejaba poco tiempo para recorridos turísticos. Su caminar los llevó justo frente al edificio del Parlamento, pensando que desde ese punto podrían decidir mejor hacia dónde dirigirse con mayor efectividad, algo en que los tres estuvieron totalmente de acuerdo.

Podían estar compartiendo estudios y cuarto pero sus gustos distaban de ser los mismos; mientras Rafael estaba interesado en el jazz, Gustavo prefería los museos. Saúl sólo escuchaba los argumentos de uno y otro mientras fantaseaba sobre encontrarse por casualidad a la rubia cantante. Dado que ese día el Parlamento permanecería cerrado, decidieron caminar cada uno por su lado e informar después a los otros lo que había visto, así no perderían tiempo y abarcarían un mayor espacio, en alguna otra ocasión, esa información les serviría para asistir a lo más llamativo que hubieran encontrado. Saúl decidió ir hacia el sur por la avenida Burgring y al dar la vuelta hacia la derecha se encontró el café Bellaria del cual había oído hablar.

La fachada blanca con filos de un dorado suave invitaba a sentarse en una de las mesitas tubulares rematadas cada una por dos sillitas de colores vivos que daban a la porción de la calle Bellariastraße que ocupaban, un aspecto minimalista; el interior tenía un ambiente clásico como de los cuarenta, quizá herencia del tiempo de la postguerra, las ventanas casi del tamaño del muro, terminaban en un arco de medio punto dejando pasar la luz suficiente para darle al lugar un tono apacible. Sin pensarlo mucho, entró al lugar, algunos meseros afanados en colocar los cubiertos para el desayuno, se pusieron de acuerdo para atenderlo, uno de ellos se aproximó amablemente: “Womit kann ich lhnen behilflich sein?”

En un segundó recordó el porqué no debía separarse de Rafael, los ojos casi se le salen de la cuenca y sólo pudo balbucear “disculpe, no hablo alemán”. “Warden Sie bitte einen moment”, respondió el muchacho y sin más se retiró. Un poco avergonzado, tomó la carta que le dejó en la mesa, pero tuvo que conformarse con ver las ilustraciones pues nada entendía de lo que estaba escrito. Si los pastelillos que aparecían en esas hojas estaban la mitad de buenos de lo que aparentaban en las fotos, seguramente sabrían a gloria. Tan ensimismado estaba en la revisión de menú que no se dio cuenta en qué momento una grácil figura se había posicionado a su lado, hasta que unas palabras un poco rasposas lo sacaron de su concentración. Continuará.

Beto

martes, 10 de mayo de 2022

La familia Grande 71a. entrega

“Ni los paisajes vieneses lo distrajeron
de sus pensamientos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Esa noche no durmió del todo, la imagen del rostro angelical de la rubia se había incrustado en su memoria, además era poseedora de una gran voz; obviamente no entendió lo que había cantado la tarde anterior, esas palabras no sonaban a nada "austriaco" o alemán que hubiera escuchado, pero seguramente era una hermosa canción. Estaba seguro que si iba a buscarla al otro día, la encontraría en el mismo lugar, no le importaba en lo absoluto trastocar el itinerario del viaje y confiaba en que “los mellizos” lo apoyarían en lo que fuera necesario. Si no se hubiera tratado de un hombre acostumbrado a resistir los reveses, la rotunda negativa que Rafael y Gustavo le dieron al otro día, lo hubiesen devastado al grado de querer desaparecer del mapa.

La razón de ello era simple, debido a la naturaleza de sus pasajes, no podían darse el lujo de perder una corrida, ya que el tren no abría esas plazas sino cada semana, lo que significaba que no habría manera de sobrevivir siete días en una ciudad distinta a la que habitaban. Saúl sintió que un hueco se abría en su interior; estaba seguro de que había encontrado la razón de su existencia y se prometió que, en la primera oportunidad que le diera el precario presupuesto de su beca, iría a buscarla. Su determinación conmovió a sus compañeros que le prometieron ayudarlo en lo posible pero que, por lo pronto, se durmiera porque saldrían muy temprano a Ottenschlag donde transbordarían a Salzburgo, ambas paradas por corto tiempo.

El destino seguía siendo Viena, aunque la aventura del recorrido fuera en un círculo en lugar de una recta; debido a que ambos poblados eran relativamente pequeños, pudieron visitar los sitios de interés en poco tiempo. Lo que más les llamó la atención del primero fue lo apacible de su ambiente, sólo tomaron un refrigerio en lo que parecía un hostal y abordaron el tren nuevamente. Salzburgo fue otra cosa; el recorrido entre la Fortaleza de Hohensalzburgo y el Palacio de Mirabell estuvo cargado de grandes sorpresas en las que contaron la casa donde nació Mozart, el Palacio de Hellbrunn, la Catedral, el Zoológico y la calle de Getreidegasse. Especularon sobre quién habitaría la residencia de la familia Mozart.

Ni el lujo de los vagones ni los paisajes en la periferia vienesa distrajeron a Saúl de sus pensamientos, sólo tenía cabeza para imaginar un reencuentro con la rubia deidad que había quedado atrás, no consideraba en esos momentos la situación en la que ella pudiera encontrarse, lo que le importaba era saciar su curiosidad, bueno, tampoco reparó en las posibles dificultades en casa que ninguno de los dos tuviera la manera de comunicarse con el otro, principalmente él, que sólo había utilizado un guten morgen de vez en cuando. Pero no lo detendrían pequeñeces como ésa, si fuera preciso, le pediría a Gustavo que fungiera como traductor ya que él parecía masticar bien el idioma teutón, así que usaría su mente en preparar un encuentro de ensueño. Continuará.

Beto

martes, 3 de mayo de 2022

La familia Grande 70a. entrega

“La muchacha sacó un micrófono
de quién sabe dónde”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Era curioso saber que existían sujetos que, a pesar de toda su inteligencia, sólo les importaba pasarla bien; los dos amigos en cuestión se caracterizaban por hacer todo juntos desde el momento en que se conocieron; se decía que confiaban demasiado en su suerte puesto que nunca se había sabido que no consiguieran algo que se proponían; hasta la decisión del bachillerato estuvo marcada por la irresponsabilidad de un volado, pero tenían claro que lo importante era terminar la preparatoria, lo que seguiría podrían abordarlo desde un punto más serio. Gustavo y Rafael eran sus nombres y nunca respondieron al arquetipo del niño genio, no al menos en su vida académica, siguieron los procesos como cualquier estudiante normal.

En buena parte ellos fueron los causantes de que Saúl gozara de buena fama entre quienes lo conocían, debido a la buena dirección que daba a todo lo que este dúo le proveía, pues a decir del Gato, entre genios se entendían. La estancia en Europa de esos tres peculiares personajes transcurrió siempre bajo la sospecha de que no era del todo legal, pero ni las autoridades austriacas ni las mexicanas pudieron probar nada, menos con la intervención de los “invitados” que pusieron manos a la obra para mantener el fraude sin mácula que les pudiera echar a perder la beca. Eso sí, la aprovecharon al máximo, pues tanto Gustavo como a Rafael se entusiasmaron con la idea de participar como staff en la agencia que recién formaba Saúl con Luis y el Gato.

De los recuerdos más gratos, resultado de su convivencia en el viejo continente, fue que en alguna ocasión aprovechando un fin de semana de asueto por ser fiesta nacional, decidieron recorrer en tren algunos de los poblados cercanos a la ciudad de Viena, rumbo al norte. Su primera parada fue en Stockerau donde casualmente había un concierto al aire libre de una orquesta de cámara; allí, cobijados por un conjunto de edificios del s. XVI, los músicos parecían dar serenata a una rubia de ojos tan azules como el cielo de esa tarde de octubre; sus cabellos danzaban sobre sus hombros al ritmo que el viento que empezaba a anunciar la proximidad de nubes de lluvia, les marcaba. Saúl no pudo evitar sentir que el tiempo se detenía a su alrededor.

Dio unos pasos en dirección de esa maravillosa aparición que le había quitado el aliento y, a punto de abordarla, la muchacha sacó un micrófono de quién sabe dónde y comenzó a cantar una melodía que los oídos de Saúl nunca habían percibido, debió tratarse de alguna canción tradicional austriaca pues, después de un momento, las personas congregadas la acompañaron en un coro polifónico de inicio a fin. Por un instante, la turbación de Saúl se hizo evidente hasta que los “mellizos” como los había bautizado semanas antes, lo arrastraron casi en vilo hasta uno de los extremos de la plaza. Lo único que atinó a preguntar fue si la mujer se había dado cuenta de toda la escena, a lo que Gustavo contestó que era posible que ni siquiera se hubiera percatado de su existencia. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...