martes, 22 de marzo de 2022

La familia Grande 64a. entrega

“No se había sentido tan abandonado a su suerte”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “De ti depende que no te haga daño; no pienses que por estar desatado o por mi edad no puedo reducirte, pero no quiero llegar a ningún extremo antes de entender en qué estamos metidos”. La voz del Gato no dejó duda de su determinación, así que Estévan se mostró cooperativo en todo momento, de cualquier forma a él también le había llamado la atención la perturbación de todos y empezaba a entender la situación. Bastaron unas cuantas preguntas para que ambos hombres supieran que habían sido víctimas de una trampa en la que si se hubiera dado un enfrentamiento, era muy probable que estuvieran muertos, pero ¿qué escondía Emilio Corcuera como para exponer a su hijo de tal manera? Era sabido que el comando especial que dirigía Sergio, primero disparaba y luego averiguaba.

Eso no era por otra razón que se les encomendaban misiones en las que no importaba capturar, sino eliminar a sus objetivos y ante tales órdenes, su hermano era capaz de desconocer el parentesco en aras de cumplir la ley. Estaba Efraín a punto de hacer otra pregunta cuando entró José con unas hojas en la mano; era notorio que acababa de imprimirlas pues añun no terminaba de leer las últimas líneas cuando el Gato le extendió la mano para que se las entregara. “Ya revisamos una y otra vez la información y nada encontramos”, dijo con voz algo agitada, “¿quieres decir que Corcuera está fuera de sospecha?” “Todo lo contrario, esa ‘nada’ evidencia unos huecos temporales que podrían significar muchas cosas, como evasión de impuestos o nexos con el crimen organizado.

“¡Eso es imposible”, interrumpió Estévan, “mi  padre sería incapaz de cometer cualquier delito”. Aunque su afirmación sonó alto en la estancia, carecía de convencimiento pues tenía claro que él nunca había estado al pendiente de todos los negocios, salvo de los que tenía a cargo. Tuvo que aceptar que ignoraba mucho acerca de su padre, la imagen que se había forjado estaba basada en el respeto que le mostraban sus allegados y subordinados; a decir de la mayoría, don Emilio Corcuera era un hombre de una sola pieza. Muchos de ellos le profesaban admiración y agradecimiento por apoyos brindados en momentos de apremio; sólo un pequeño grupo se abstenía de emitir alguna opinión y solían ausentarse de todo lo que no fuera su trabajo.

El caso era que Estévan desconocía buena parte de las actividades de su padre y, por ende, la duda le taladraba la cabeza ahora que José y el Gato especulaban sobre esos huecos de información que habían encontrado. Debían contactar a los “neutrales” y tratar de que dijeran algo que les permitiera entender su situación, lo que les ayudaría a formarse mejor el perfil de su cliente. Para su hijo, darse cuenta de que había sido objeto de una trampa por parte de su progenitor, por muy buenas intenciones que éste tuviera, le ponía en una plataforma que removía viejos resentimientos. Desde la muerte de su abuelo, no se había percibido tan abandonado a su suerte; unas delicadas manos rodearon su cuello por su espalda. Continuará.

Beto

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