martes, 15 de marzo de 2022

La familia Grande 63a. entrega

“Estévan trago grueso mientras
el Gato se le acercaba”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Paró su búsqueda pero sin satisfacer sus dudas; la idea de haber sido traicionados empezaba a crecer en su cabeza. Por supuesto, su equipo estaba fuera de sospecha, aunue Luis había mostrado un comportamiento errático en los últimos meses, pero lo conocía lo suficiente como para sospechar de él. No, la trampa debía venir del exterior por alguien que tenía algo en su contra y ya que Estévan parecía saber nada del asunto, dejó de molestarlo con su enojo. Saúl le aseguró que lo había sondeado lo suficiente así que no tenía duda de que el muchacho estaba limpio. Lina no dejaba de mirarlos con una expresión de súplica, pidiendo en su interior que Estévan no fuera más que la víctima de la operación que les habían encargado.

“La lealtad aquí no está a discusión; alguien nos ha puesto un cuatro y posiblemente tengamos al señuelo”, dijo el Gato una vez que pudo clamar sus ímpetus. Ruth se prestó a llevarle un té, que en realidad era para mantenerle las manos ocupadas pues bien sabía que no tomaba otra cosa que café cuando estaban reunidos por cuestiones de trabajo. Efarín ni siquiera sintió lo caliente de la casa. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que tampoco dio pie a que alguno le dirigiera la palabra. Esta vez Sergio había estado demasiado cerca, en un caso que no le correspondía por jurisdicción; estaba claro, era una trampa y el único sospechoso era justo el padre de Estévan, quien aunque no conocía los detalles del plan, sí tenía las ubicaciones en las que el equipo estaría, incluida la primera casa de seguridad.

Afuera, Jacinto daba las últimas instrucciones a la cuadrilla encargada de la vigilancia de Luis, más con la idea de protegerlo que por saber en qué estaba metido; terminó y dirigió sus pasos al interior de la casa, fue directamente adonde estaba Efraín y le susurró algo al oído. “Vamos a tener que dividir al grupo de vigilancia”, dijo al fin; en la mirada mostraba algo de frustración, para alguien como él acostumbrado a tener el control de todo, la situación lo sacaba de sus casillas. Había ocasiones en que manifestaba fuertes dolores de cabeza hasta que lograba solucionar aquello que le preocupaba, pero ésta no encajaba del todo. Repasó mentalmente lo sucedido desde que había aceptado el trabajo y la única variable suelta era el mismo contratante.

Pero, ¿qué interés podía tener en hacer caer su propio encargo? Le había asegurado que su hijo no sufriría ningún daño, así que carecía de lógica que hubiera él llamado a la policía tan pronto. Además, Estévan estaba seguro de que su padre lo buscaría, así que sospechar de él resultaba absurdo, a menos que... “Saúl, ¿podrías averiguar si Emilio Corcuera participa en otras actividades, además de las que asegura? Que te auxilie José, entre los dos podrán sondear las bases de datos de la policía”. “¿A todos los niveles?”. “Sí. Sospecho que tiene que ver con otros rubros en el mundo. Mientras me encargaré de sacarle la sopa a este muchachito. Rosa y Ruth, lleven a Lina a que reconozca las alrededores y planeen un escape, por si acaso”. Estévan tragó grueso mientras el Gato se le acercaba. Continuará.

Beto

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