martes, 29 de marzo de 2022

La familia Grande 65a. entrega

“Señorita, está usted entre amigos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “No te preocupes, todo va a salir bien”, escuchó la voz de Isabel que intentaba compartir su confusión, volteó la mirada hacia ese rostro amable que le ofreció cierta tranquilidad y que, a pesar de su corta edad, sabía cómo y cuando intervenir para apaciguar los ánimos. Decidieron hacer una pausa para pensar entre todos lo que debía hacerse, por lo pronto, con los datos obtenidos por Saúl y José, tenían un buen comienzo para enfrentar la situación; descansarían y temprano por la mañana comenzarían a ajustar los detalles del plan original. No convenía que ni el cliente ni la policía volvieran a descubrir sus movimientos. Tras dos horas de haberse acostado, el timbre de la puerta principal comenzó a sonar insistentemente.

Somnoliento y apenas despegando los párpados, Saúl se dirigió a abrir antes de que la puerta diera de sí; “ya voy, ¡qué prisa, caramba!” Al recorrer la hoja de madera, sus globos oculares casi se salen de sus cuencas; Luis, acompañado de la muchacha que había sido motivo de que lo vigilaran en las últimas semanas, se le quedó viendo sin expresión, nada que evidenciara emoción alguna. “¿Vas a dejarnos pasar?”, “Claro, pasen. Está haciendo frío. No te esperábamos hoy”. “Eso es seguro, por eso tuve que tomar un taxi”. En ese momento Saúl se dio cuenta de que Jacinto venía detrás de ellos, haciendo un gesto de total sorpresa. “Así fue, tomé una de las unidades de Jacinto, ya que la teníamos tan a la mano. No, ni te esfuerces en explicar; desde el principio me di cuenta”.

Media sonrisa se dibujó en su rostro al ver la turbación de su socio y la cara de incógnita al ver a su acompañante; todavía se dio el lujo de gozar la situación por unos interminables segundos antes de presentarla con Saúl. “Nora, este vejete que ves aquí, es el cerebrito del que te he platicado. No prestes mucha atención a su aspecto, debajo de esa piel se cordero, se esconde un tigre”, dijo burlón para atizar un poco la incertidumbre del pobre hombre. “Mi padre se ha expresado muy bien de usted todo el tiempo”, afirmó la muchacha al momento en que le extendía la mano; Saúl la tomó con delicadeza sin poder creer del todo lo que escuchaba. “¿Tu hija? ¿Cómo has podido ocultarlo todo el tiempo? Mira que seremos brutos y malpensados”.

“Es usted tal como mi padre lo describió”, Saúl se mostró un poco turbado, sin embargo, le tranquilizó el haber escuchado antes que Luis se había expresado bien de él. Pasaron todos a la sala y antes de que hubieran tomado asiento, la figura de Efraín recortó el marco de la estancia. “No se levanten, espero que hayan tenido buen viaje hasta acá”, los observó unos segundos como un tutor satisfecho por el logro de sus pupilos”. No es necesario que me expliques de nuevo. Lo escuché todo mientras bajaba la escalera. Me agrada la idea de que hayas sabido ocultarnos semejante sorpresa. ¿Nora, verdad? Señorita, está usted entre amigos”. “Gracias, usted debe ser el Gato. Hace honor a su apodo, no lo escuché llegar”. “Para servirle; aunque sí debo saber el porqué hasta ahora”. Continuará.

Beto

martes, 22 de marzo de 2022

La familia Grande 64a. entrega

“No se había sentido tan abandonado a su suerte”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “De ti depende que no te haga daño; no pienses que por estar desatado o por mi edad no puedo reducirte, pero no quiero llegar a ningún extremo antes de entender en qué estamos metidos”. La voz del Gato no dejó duda de su determinación, así que Estévan se mostró cooperativo en todo momento, de cualquier forma a él también le había llamado la atención la perturbación de todos y empezaba a entender la situación. Bastaron unas cuantas preguntas para que ambos hombres supieran que habían sido víctimas de una trampa en la que si se hubiera dado un enfrentamiento, era muy probable que estuvieran muertos, pero ¿qué escondía Emilio Corcuera como para exponer a su hijo de tal manera? Era sabido que el comando especial que dirigía Sergio, primero disparaba y luego averiguaba.

Eso no era por otra razón que se les encomendaban misiones en las que no importaba capturar, sino eliminar a sus objetivos y ante tales órdenes, su hermano era capaz de desconocer el parentesco en aras de cumplir la ley. Estaba Efraín a punto de hacer otra pregunta cuando entró José con unas hojas en la mano; era notorio que acababa de imprimirlas pues añun no terminaba de leer las últimas líneas cuando el Gato le extendió la mano para que se las entregara. “Ya revisamos una y otra vez la información y nada encontramos”, dijo con voz algo agitada, “¿quieres decir que Corcuera está fuera de sospecha?” “Todo lo contrario, esa ‘nada’ evidencia unos huecos temporales que podrían significar muchas cosas, como evasión de impuestos o nexos con el crimen organizado.

“¡Eso es imposible”, interrumpió Estévan, “mi  padre sería incapaz de cometer cualquier delito”. Aunque su afirmación sonó alto en la estancia, carecía de convencimiento pues tenía claro que él nunca había estado al pendiente de todos los negocios, salvo de los que tenía a cargo. Tuvo que aceptar que ignoraba mucho acerca de su padre, la imagen que se había forjado estaba basada en el respeto que le mostraban sus allegados y subordinados; a decir de la mayoría, don Emilio Corcuera era un hombre de una sola pieza. Muchos de ellos le profesaban admiración y agradecimiento por apoyos brindados en momentos de apremio; sólo un pequeño grupo se abstenía de emitir alguna opinión y solían ausentarse de todo lo que no fuera su trabajo.

El caso era que Estévan desconocía buena parte de las actividades de su padre y, por ende, la duda le taladraba la cabeza ahora que José y el Gato especulaban sobre esos huecos de información que habían encontrado. Debían contactar a los “neutrales” y tratar de que dijeran algo que les permitiera entender su situación, lo que les ayudaría a formarse mejor el perfil de su cliente. Para su hijo, darse cuenta de que había sido objeto de una trampa por parte de su progenitor, por muy buenas intenciones que éste tuviera, le ponía en una plataforma que removía viejos resentimientos. Desde la muerte de su abuelo, no se había percibido tan abandonado a su suerte; unas delicadas manos rodearon su cuello por su espalda. Continuará.

Beto

martes, 15 de marzo de 2022

La familia Grande 63a. entrega

“Estévan trago grueso mientras
el Gato se le acercaba”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Paró su búsqueda pero sin satisfacer sus dudas; la idea de haber sido traicionados empezaba a crecer en su cabeza. Por supuesto, su equipo estaba fuera de sospecha, aunue Luis había mostrado un comportamiento errático en los últimos meses, pero lo conocía lo suficiente como para sospechar de él. No, la trampa debía venir del exterior por alguien que tenía algo en su contra y ya que Estévan parecía saber nada del asunto, dejó de molestarlo con su enojo. Saúl le aseguró que lo había sondeado lo suficiente así que no tenía duda de que el muchacho estaba limpio. Lina no dejaba de mirarlos con una expresión de súplica, pidiendo en su interior que Estévan no fuera más que la víctima de la operación que les habían encargado.

“La lealtad aquí no está a discusión; alguien nos ha puesto un cuatro y posiblemente tengamos al señuelo”, dijo el Gato una vez que pudo clamar sus ímpetus. Ruth se prestó a llevarle un té, que en realidad era para mantenerle las manos ocupadas pues bien sabía que no tomaba otra cosa que café cuando estaban reunidos por cuestiones de trabajo. Efarín ni siquiera sintió lo caliente de la casa. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que tampoco dio pie a que alguno le dirigiera la palabra. Esta vez Sergio había estado demasiado cerca, en un caso que no le correspondía por jurisdicción; estaba claro, era una trampa y el único sospechoso era justo el padre de Estévan, quien aunque no conocía los detalles del plan, sí tenía las ubicaciones en las que el equipo estaría, incluida la primera casa de seguridad.

Afuera, Jacinto daba las últimas instrucciones a la cuadrilla encargada de la vigilancia de Luis, más con la idea de protegerlo que por saber en qué estaba metido; terminó y dirigió sus pasos al interior de la casa, fue directamente adonde estaba Efraín y le susurró algo al oído. “Vamos a tener que dividir al grupo de vigilancia”, dijo al fin; en la mirada mostraba algo de frustración, para alguien como él acostumbrado a tener el control de todo, la situación lo sacaba de sus casillas. Había ocasiones en que manifestaba fuertes dolores de cabeza hasta que lograba solucionar aquello que le preocupaba, pero ésta no encajaba del todo. Repasó mentalmente lo sucedido desde que había aceptado el trabajo y la única variable suelta era el mismo contratante.

Pero, ¿qué interés podía tener en hacer caer su propio encargo? Le había asegurado que su hijo no sufriría ningún daño, así que carecía de lógica que hubiera él llamado a la policía tan pronto. Además, Estévan estaba seguro de que su padre lo buscaría, así que sospechar de él resultaba absurdo, a menos que... “Saúl, ¿podrías averiguar si Emilio Corcuera participa en otras actividades, además de las que asegura? Que te auxilie José, entre los dos podrán sondear las bases de datos de la policía”. “¿A todos los niveles?”. “Sí. Sospecho que tiene que ver con otros rubros en el mundo. Mientras me encargaré de sacarle la sopa a este muchachito. Rosa y Ruth, lleven a Lina a que reconozca las alrededores y planeen un escape, por si acaso”. Estévan tragó grueso mientras el Gato se le acercaba. Continuará.

Beto

martes, 8 de marzo de 2022

La familia Grande 62a. entrega

“¿Desde cuándo cambiaste tu rutina?”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “¿Qué tal, jefe? ¿A la casa de seguridad?” “Así es y te repito que no me llames jefe. Somos hermanos”. “Por disposición de papá”. No, Jacinto. Por elección, que es mucho más significativo que la consaguineidad”. “Sé a qué te refieres, pero bien sabes que no es el caso de...” No lo dejó terminar, con una señal le indicó que se encargaría de unos asuntos pendientes vía telefónica, lo que Jacinto aprovechó para probar el nuevo equipo de sonido que le había instalado a su unidad, el cual permitía leer una memoria USB, que era en realidad lo que quería presumirle pues en ella había compilado casi medio millar de canciones, una locura para ellos, que apenas habían aceptado el formato mp3 en un disco compacto. Contradictorio para quienes tenían a la tecnología como principal herramienta.

El viaje, a pesar de lo que acababan de pasar, fue tranquilo; el asunto de Estévan le había puesto a pensar que algo no cuadraba del todo, ¿por qué había sido tan relativamente sencillo dar con él y capturarlo? Era obvio que su equipo estaba suficientemente entrenado, pero sus escoltas no parecían haber puesto mucha resistencia y sus movimientos fueron en realidad erráticos. También estaba la parte de la policía; el tiempo de respuesta resultó demasiado corto, aunque estaban advertidos que, para evitar sospechas, el padre daría aviso a las autoridades en caso de ser necesario, pero no debía hacerlo hasta pasadas tres horas. El caso es que el comando llegó como si tuvieran conocimiento de causa, sin titubeos ni pausas; la sospecha de una traición crecía en su cabeza.

A unos cuantos kilómetros de su destino, el Gato hizo otra llamada, pero se limitó a escuchar lo que le llegaba al auricular, por su parte Jacinto hizo lo propio organizando lo que sería otra jornada de vigilancia en torno a las salidas de la ciudad con el propósito de enterarse de los movimientos que realizaran las unidades de las diferentes corporaciones policiacas, lo que incluía el monitoreo de radios, teléfonos y redes. En cualquier caso, no volverían a sorprenderlos de la misma manera en el futuro cercano. La finca estaba en silencio, sólo una luz tenue marcaba el camino hacia la puerta de acceso desde la reja que Jacinto abrió accionando un control remoto; el clima parecía favorecer sus intenciones de pasar inadvertidos por los nubarrones que oscurecieron el cielo.

Entraron, a pesar del recibimiento de los noveles, la costumbre ganó como siempre, Efraín escudriñó cada rincón que su vista alcanzaba; topó con los ojos de Estévan. De inmediato se fue directo a él y tomándolo por la camisa le soltó sin más varias preguntas: “¿Quién de tus escoltas fue contratado por tu padre?” “¿Desde cuándo cambiaste tu rutina?” “¿Cómo es que la policía se enteró dónde estábamos?” La cara del muchacho no podía reflejar más estupor que en ese instante; el que lo cuestionara de esa manera indicaba que el Garto suponía un error en la operación y que lo que le importaba, era encontrar al responsable de la posible filtración de información. A las palabras siguieron las manos buscando algún dispositivo entre sus ropas. Continuará.

Beto

martes, 1 de marzo de 2022

La familia Grande 61a. entrega

“Ya no podía confiar en su velocidad
para correr”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las discusiones con respecto de lo que debía ser la justicia fueron distanciando la relación entre los hermanos hasta llegar al punto en que sólo convivían lo mínimo indispensable con la pena que esto generaba en Carlota quien, con su silencio, sólo lograba poner más presión en una dinámica que estaba lejos de imaginar que trascendería su muerte. El deceso de Teresa le quitó una buena parte de su interés por vivir y lo que la mantenía respirando, era la esperanza de ver a todos sus hijos formando sus propias familias. Su concepción de la vida no le permitía entender cómo es que casi ninguno se preparaba para ello, le parecía que sólo deseaban pasarla bien y deslindarse de sus obligaciones, por mucho que alegaran que ésos eran otros tiempos.

Su estado era comparable al sincretismo con el que se manejaba el Gato; siempre había sido reservado pero esto se acentuó con los problemas que se les vinieron encima y los trabajos para los que era contratado junto con Luis y Saúl. Ellos también le salían con evasivas cuando les cuestionaba al respecto, hasta hicieron de las contradicciones en las que caían, un juego en el que apostaban sobre quién daría las versiones más absurdas. Algunos de esos trabajos se limitaban a advertencias de individuos que querían intimidar a otros o de grupos que deseaban evitar conflictos mayores; el espionaje vino conforme fueron perfeccionando su modus operandi y tuvieron el cuidado de no realizarlo más que para corporaciones privadas, pues sabían que el gobierno no les representaría ninguna seguridad.

Los recuerdos se desvanecieron poco a poco en la cabeza de Efraín; una sonrisa melancólica terminó por sellar el momento de recoger los instrumentos de vigilancia que había llevado consigo. Esperó pacientemente a que la calle se quedara sola nuevamente para salir de su escondite. Debía tomar todas las precauciones posibles dado que ya no podía confiar en su velocidad para correr, ni siquiera sabía si sus piernas le responderían al instante en que lo necesitara, aunque siempre se había preocupado por mantenerse en buena forma, pero comprendía que el tener sesenta y cuatro años no le permitiría competir en igualdad con muchachos de veinticinco o treinta. Salió por la puerta principal con paso calmo para no llamar la atención de posibles vigías.

La memoria de su hermana Teresa le hizo pensar de nuevo que el propósito principal de su organización todavía no se cumplía, que era encontrar al responsable de su muerte y la de casi todos los miembros de su familia; sabía que gozaba de una vida holgada en alguna parte del país y que mantenía una vigilancia estrecha sobre todo su equipo, lo que le obligaba a cambiarlo cada cierto tiempo. tecleó algunos números en su móvil, en el que no tenía registro de ninguno en su memoria por si acaso llegara a perderlo, una precaución que exigía a todo el equipo; su espera no se prolongó por más de diez minutos cuando apareció el carro que Jacinto utilizaba para coordinar los movimientos y traslados de cada operación en la que la PES se involucraba. Continuará. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...