martes, 5 de octubre de 2021

La familia Grande 42a. entrega

“La explanada empezaba a cubrirse
de inquietos jóvenes...”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El rector Barros Sierra había convocado a una reunión en la explanada de Ciudad Universitaria donde su discurso sobre la autonomía universitaria, dijeron posteriormente las crónicas sobre el movimiento estudiantil, había encendido las alarmas en el seno del poder ejecutivo, por lo que se seleccionaron algunos elementos jóvenes que pudieran pasar por estudiantes para vigilar el orden, mezclados con la gente presente en el acto. Las órdenes para Sergio y algunos otros fueron que estuvieran alertas y sólo intervinieran únicamente si se ponía fea la cosa pero otros, además con las armas con las que los equiparon, llevaban pequeños dispositivos de grabación, con la indicación de que se movieran en las filas cercanas al estrado.

Habían pasado varios días de zozobra para el Consejo Nacional de Huelga, cada dirigente temía ser vigilado las veinticuatro horas del día y en lo único en que Luis había hecho caso a Efraín era en no hacerse muy visible para que esa vigilancia no lo alcanzara; fueron esporádicas sus apariciones y su participación fue más de producción ejecutiva, se dedicó a aprender sobre movilizaciones y formas de enfrentar a la policía, algo en lo que el Gato estaba especializándose por otra vía. Por su lado, Saúl se interesó en el análisis de mensajes, por lo que su afición les fue de suma utilidad a sus compañeros en su futura asociación. Tanto Efraín como Luis se movían muy bien en el campo, Saúl tenía que conformarse con esperar a que llegara la información.

La explanada empezaba a cubrirse de inquietos jóvenes ávidos de entender porqué se habían convertido en el blanco de la censura de adultos y autoridades; rodeados por los murales de David Alfaro Siqueiros, Juan O’Gorman y Diego Rivera, cada uno de los asistentes parecía sentirse parte de los retablos de la historia que los observaban desde el edificio de Rectoría, la Biblioteca Central y el Estadio Olímpico. La voz del ingeniero Javier Barros cortó el murmullo generado por el izamiento de la bandera a media asta, su sentencia de “no aceptaremos provocaciones de ninguna provocaciones de ninguna especie, vengan de donde vengan”, soltó las amarras de un sentimiento guardado por semanas y la ovación no se hizo esperar estallando y confundiéndose con el viento.

Pero las palabras que se tomaron como una afrenta personal en Los Pinos, golpearon de lleno a la sensibilidad de una figura presidencial acostumbrada a hacer su santa voluntad (al fin poblano) e imponer criterios tanto de comportamiento como de pensamiento, algo que heredó a su remplazo en el siguiente sexenio: “Defenderemos la autonomía universitaria, cueste lo que cueste... y contra las intervenciones de todo tipo”. Cada palabra fue grabada y escrita tanto por los agentes encubiertos como por los medios de información, de los cuales algunos gozaban de las dádivas gubernamentales, lo que se deducía por su tendencia a magnificar los enfrentamientos violentos y sacar de contexto las afirmaciones de los dirigentes estudiantiles. Continuará. Salud.

Beto

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